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Sylvia Plath o la ouija como máquina de escritura

Por: Javier Raya - 02/27/2016

Utilizando un anillo de letras hechas a mano y un vaso de brandy bocabajo, Sylvia Plath y Ted Hughes tuvieron invitados sobrenaturales para la hora del té

Sylvia Plath y su esposo, el también poeta Ted Hughes, realizaron muchas incursiones en el territorio del ocultismo y la magia tanto para buscar material de escritura como para sortear dificultades en el mundo real. Además de la ocasional sesión de hipnotismo (dice la leyenda que Hughes la indujo a un trance durante el nacimiento de su primer hijo), Sylvia era especialmente afecta a una tabla oracular de producción industrial que se popularizó a mediados del siglo XX como instrumento de adivinación y como juego de mesa familiar, la ouija.

Sylvia encontró en la ouija un espíritu o álter ego llamado Pan, que remite al dios caprino y dionisíaco que acecha a las ninfas (una fuerza oculta, acechante y atenta, además de musical, por estar asociado a la flauta), quien se reveló también como lector: en una sesión les dijo que le gustaba "Pike" de Hughes y "Mussel-Hunter" de Plath. Este "espíritu guía" también los habría aconsejado sobre cómo nombrar a sus hijos, y sus poderes quedaron demostrados (al menos para Sylvia y Ted) cuando predijo acertadamente la editorial que habría de publicar el próximo libro de Sylvia (“Knopf”). Utilizando un vaso de brandy bocabajo y letras hechas por ella misma, dice Hughes, “ocasionalmente se entretenía” “haciéndole preguntas a los ‘espíritus’”. 

Es incierto que creyera que entidades demoníacas o espirituales movían el vaso que ella sostenía, o que fuera un mero "divertimento" como afirma Hughes, pero en una anotación de su diario de 1958 Sylvia escribió: “Incluso si nuestro propio inconsciente ardiente lo mueve (dice, cuando le preguntas, que es ‘como nosotros’), nos divertimos más que en el cine”. La poesía como labor mediúmnica, la magia como entretenimiento ilustrado, una tangente discursiva que propicia el estado de disponibilidad con los dedos sobre el vaso de vidrio en una sabia e infantil suspensión de la incredulidad. ¿Qué importa si soy yo quien mueve el vaso y no un espíritu? Letra a letra, la ouija compone su lento mensaje para fascinación de quienes se convierten, al invocarla, en sus lectores.

En el poema pánico “Ouija”, Sylvia traza un importante paralelismo entre su escritura poética y los mensajes de Pan:

También el viejo dios escribe poesía áurea.

En medidas sin lustre, deambulando entre los desperdicios,

cronista acertado de cada declinación errónea.

La edad y edades enteras de prosa, desenroscaron

su molino parlante, amainaron su talante excesivo

cuando las palabras, como una plaga, batieron por el aire ennegrecido

y dejaron las mazorcas agitadas, devoradas.

El “viejo dios” puede ser un epíteto de Pan, encerrado en la tabla oracular o convocado a ella como la Sibila de Propercio, aburrido de su propia inmortalidad. Puede tratarse de una caracterización de aquello que parece hablarle a Sylvia desde la tabla, pero también de una relación devastadora y destructora con las palabras: cuando nombrar el mundo deja de ser una labor de construcción y se vuelve una de erosión y desgaste.

Uno de los primeros editores y amigo de Sylvia, Al Alvarez, cree que de hecho el contacto con la "magia negra" "destruyó su matrimonio y también su vida". Aunque escandalosa, su conclusión está basada en hechos más o menos documentados, como que cuando Ted la dejó para irse con su amante, Sylvia tomó los manuscritos del esposo, pedazos de uña y caspa del escritorio, quemándolos de modo ritual. De entre las llamas salió un pedacito de papel con el nombre de la amante: Assia.

Alvarez adopta una posición en exceso supersticiosa al afirmar que el “pacto fáustico” de Sylvia con los espíritus dejó algunos de los mejores poemas de lengua inglesa pero a un coste excesivo: la vida y sanidad de su autora. Se trata de una conclusión morbosa, incluso indigna para una mujer que tuvo que buscar espacio y fuerza para escribir cada una de sus líneas. Sin embargo, Alvarez hace un promedio mucho más justo como lector de la poesía de Sylvia que como improbable amigo: según él, el arte genuino siempre tiene algo de arriesgado y peligroso, y es tarea del artista dotar de nueva vida a viejas formas; pero la novedad de Sylvia “no tenía casi nada que ver con experimentación técnica y casi todo que ver con explorar su propio mundo interno —con bajar a los sótanos y confrontarse con sus demonios”.

 

Twitter del autor: @javier_raya

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Las exclusivas y salvajes fiestas sexuales para mujeres bi-curiosas

Por: pijamasurf - 02/27/2016

Un exclusivo club sexual donde las mujeres se exploran unas a otras en un ambiente de confianza y deshinibición donde no todo se queda en "foreplay"

Genevieve LeJeune tiene 34 años y siempre le ha gustado asistir a fiestas sexuales en su natal Reino Unido. Sin embargo, muy pronto se dio cuenta de que todo estaba montado para disfrute de los hombres y que las mujeres —incluso en el caso de clubes swinger— parecen más como un adorno o parte del mobiliario que verdaderas participantes.

“Era tan clínico y aburrido. Es un mundo de hombres y sentí que necesitábamos un cambio”. Ese cambio llegó en la forma del Skirt Club, una forma de socializar la sexualidad femenina en un ambiente de respeto, exploración y apertura.

“Cuando se trata de sexo”, cuenta LeJeune, “para las mujeres, todo cuenta. Se trata de la estimulación mental, la suavidad, la conversación y la actuación, el ser seductoras. Es el tipo de cóctel que estás tomando, los chocolates que has estado comiendo, todo el ambiente”.

El Skirt Club no es un lugar sino una idea: es el equivalente a un Fight Club pero para mujeres que quieren explorar su sexualidad con otras mujeres. El experimento inglés ha sido sumamente exitoso, por lo que el club ha abierto sedes en Sidney, Australia, así como en Nueva York y Miami en Estados Unidos.

Women's Leg Underneath Table at Bar

 

La locación cambia cada vez y los miembros son informados a veces solamente con 24 horas de anticipación. Los teléfonos se apagan al llegar y no existe algo así como una ventanilla para entrar al Skirt Club: es necesario que alguien te recomiende, y puedes ser expulsada en cualquier momento. Cada fiesta es como una pequeña entrega de premios mezclada con Halloween en el palacio de Buckingham. Todos los detalles han sido cuidadosamente trabajados e, incluso, los asistentes escucharán presentaciones y charlas durante la fiesta que van de los afrodisíacos a aspectos de psicología corporal.

En suma, se trata de “un club privado para las curiosas, bi-curiosas, bisexuales y mujeres heterosexuales de mente abierta buscando aventuras”. Las nuevas se identifican con una llave alrededor de la muñeca; las anfitrionas del Skirt Club las hacen sentir como en casa. Hayley Quinn es una de dichas huéspedes frecuentes, y una especialista en cómo romper el hielo cuando una mujer quiere seducir a otra:

Les enseño a las mujeres cómo flirtear con otras mujeres. En particular cuando se trata de expresar que encuentran atractivas a otras mujeres aunque no se identifiquen como gay. Cuando se refiere a la sexualidad o la bicuriosidad, lo más valioso es saber que puedes hacer algo y que ese acto no te define como persona, ese acto no te cambia la identidad.

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Mucho se dice en nuestros días sobre el peligro de objetificar a la mujer o reducirla a su función sexual. Pero pensamos que tanto para hombres como para mujeres puede ser deseable —consensuado— verse de vez en cuando no como un objeto sino como parte de un organismo sexual con decenas de bocas, manos, senos, coños, hecho para proporcionarse placer. Quinn cuenta una historia que ilustra muy bien esto:

Una vez tuvimos un after del Skirt Club en mi casa, las chicas estaban en mi estudio usando dildos y vibradores, y no es broma, los muebles de la oficina nunca volvieron a ser los mismos. Una mujer era dominatrix y se cogió a todas las chicas del lugar. Todas practicábamos sexo seguro, usábamos condones en los juguetes sexuales. La dominatrix le pide a su sumisa que limpie los condones y la sumisa dice ‘no’, y luego la sumisa es castigada sobre el escritorio. Al final recuerdo solamente estar ahí a las 6 de la mañana luego de que todas se hubieran ido, recogiendo toneladas de condones usados.

A decir de su fundadora, LeJeune, “la misión del Skirt Club es el empoderamiento femenino. Estamos seguras de que la confianza en la cama deriva en confianza en lo demás”.

Con respecto a la sexualidad, llegamos a convencernos de que vivimos en una época de gran apertura y experimentación, de descubrir nuevos límites de placer y disfrute; la realidad es que la gama de identidades sexuales en pugna (cuyo correlato son los movimientos a favor de los derechos civiles de los homosexuales, así como leyes que determinan lo que una mujer debe hacer con su embarazo) coloca a hombres y mujeres en posiciones críticas: la sexualidad deja de ser una práctica personal o de pareja y puede transformarse en un estilo de vida.

Pero este estilo de vida también puede ser liberador.