*

X
Un recuento de 5 cualidades que hacen del catolicismo una religión más bien regresiva, en vez de progresista

La importancia de las religiones en el desarrollo civilizatorio de la humanidad es insoslayable. Las religiones han fomentado el sentido de comunidad y de pertenencia, en otros momentos han sido nodos de conocimiento que fomentaron la investigación de la realidad, proveyeron explicaciones del mundo y también soporte emotivo y, en suma, han ocupado un lugar preponderante en nuestra historia cultural, intelectual y aun de nuestra cotidianidad.

Sin embargo, que las religiones sean importantes no quiere decir que sean completamente provechosas. Hablando aún en términos generales, las religiones tienen un gran historial de obstrucción, censura y prohibiciones, nacidas en buena medida de esa cualidad tan inherente a su estructura que es imponer su manera de entender y vivir el mundo, sus valores, sus ideas, sus objetivos y más.

En el caso especifico del catolicismo, la historia de su desarrollo es sumamente interesante, pues pasó de ser una fe más bien marginal, surgida en una esquina del mundo, a convertirse en una religión mayoritaria, que cumplió tanto como pudo la vocación universalista que lleva etimológicamente en su nombre y que, a la fecha, congrega a poco más de mil millones de creyentes.

En este sentido, el impacto del catolicismo en la historia es notable y quizá incluso decisivo. De las esferas de lo social y lo político al corazón mismo de la psique del individuo, la estela del catolicismo se erige como uno de los elementos constituyentes de nuestra realidad, para bien y para mal.

A continuación compartimos una breve enumeración de cualidades y momentos por los que el catolicismo podría considerarse un sistema de creencias más bien regresivo, en vez de progresivo. La hemos elaborado con un espíritu crítico, el mismo que se encuentra en la famosa y elocuente línea del Evangelio de San Juan: “La verdad os hará libres”.

2412096496_6b90c580ac_b 

Su cercanía con las élites políticas

Desde que se volvió una religión mayoritaria y, con ello, demostró una enorme capacidad de influir en una enorme cantidad de personas, el catolicismo ha tenido una relación estrecha con las élites políticas. Desde los reinos medievales hasta las dictaduras latinoamericanas de mediados del siglo XX, es posible encontrar muchos momentos en que la jerarquía católica se ha alineado preferentemente con los gobiernos en turno en vez de con la grey a la que en el discurso asegura cuidar.

 

Su inclinación al conservadurismo

En términos generales, el ideario católico es conservador, desde casi cualquier ángulo que se le observe. En el ámbito sexual, por ejemplo, sabemos bien que la prohibición es el espíritu de sus “virtudes”. En el terreno intelectual existe una frontera que, por definición, vuelve imposible la libertad de pensamiento: el dogma. Socialmente su estructura jerárquica, piramidal, en donde se debe obediencia a alguien superior, también propicia la conservación del statu quo, antes que su revolución.

 

Y, por consecuencia, su desprecio por las oportunidades de cambiar

El catolicismo ha tenido oportunidades de ser diferente, pero en muchos de esos casos ha optado por permanecer igual. Uno de los momentos más revolucionarios de su historia reciente estuvo en el surgimiento de la Teología de la Liberación, un movimiento de sacerdotes latinoamericanos caracterizado por una lectura “social” del Evangelio. A diferencia de las directrices nacidas en el Vaticano, los teólogos de la liberación interpretaron las enseñanzas de Jesucristo como preceptos que llamaban a luchar por una mejor vida en este mundo, en especial para los más desfavorecidos, los “condenados de la Tierra”, por usar la expresión de Frantz Fanon, en vez de conformarse con la promesa de retribución en el Reino de los Cielos. Previsiblemente, las autoridades máximas de la fe reaccionaron en contra de tal postura (en especial por su cercanía con la manera marxista de entender el mundo) e impusieron severas sanciones a sus principales representantes.

7284476792_47ea0616ab_b

Por su contribución en la construcción de la neurosis, la histeria y otros trastornos mentales

Como mencionamos antes, la ideología católica se distingue por imponer sobre la sexualidad pesadas cadenas prohibitivas, lo cual, llevado al desarrollo psíquico del sujeto en un contexto social y familiar, deviene en la represión de ese elemento tan propio de nuestra naturaleza pero con el añadido de nociones como la culpa, el castigo, el cargo de conciencia y otras. El sujeto desea, porque es inevitable, pero por causa del catolicismo y sus prohibiciones se ve orillado a negar ese deseo, esconderlo, sentirse avergonzado de desear y más. Y eso, por decirlo de alguna manera, es el camino que lleva.

 

¿Moral de esclavos?

Famosamente Nietzsche acusó al cristianismo de propagar una “moral de esclavos”. Más allá de las tergiversaciones que se dio a este concepto, vale la pena rescatar esa tendencia hacia la medianía y la pasividad que se detecta en los valores que el cristianismo, de origen, ha tenido en alta estima: la humildad, el sometimiento, la pobreza, la debilidad. El “Sermón de la Montaña” es la síntesis de dicha postura ante el mundo y la realidad, y aunque es cierto que, por ejemplo, los teólogos de la liberación dieron una lectura mucho más combativa a éste y otros textos, en general su interpretación se ha dado en el sentido de esperar antes que actuar, diferencia que, en breve, es uno de los núcleos de la crítica de Nietzsche al cristianismo.

A propósito de este tema, compartimos este enlace a una versión digitalizada de Nietzsche y el cristianismo, de Karl Jaspers.

 

¿Hay otras razones que hacen del catolicismo una de las peores religiones de la historia? Contribuye a esta lista en los comentarios.

 

Twitter del autor: @juanpablocahz

Te podría interesar:

Carl Jung sobre la relación entre la astrología y la psicología

AlterCultura

Por: pijamasurf - 02/13/2016

Una rara entrevista entre Carl Jung y un par de astrólogos franceses

El psicólogo suizo Carl Jung estudió largamente la astrología dentro de su labor psicológica, especialmente en lo referente a su concepto de la sincronicidad, las conexiones acausales, aquellos fenómenos que no podían explicarse por métodos científicos ordinarios pero que no por ello no eran reales. Jung entendió que existía un contínuum de unidad entre la mente, el espacio y el tiempo, una interdependencia que era posible debido a lo que llamó unus mundus (con Wolfgang Pauli). El unus mundus descansa en la "asunción de que la multiplicad del mundo empírico emerge de una unidad subyacente".

Dentro de su terapia, Jung solía también recurrir a la carta natal de sus pacientes para formarse una visión más completa de su perfil. Sabemos también que realizó un experimento estadístico tratando de validar la astrología, el cual discute en su libro Sincronicidad.

Hay que mencionar que la visión jungiana de la astrología ha generado numerosas interpretaciones psicologistas de esta antigua ciencia, donde los planetas ahora son entendidos como arquetipos, se habla de interpretaciones simbólicas e intuitivas y se llena de jerga psicoanalítica una disciplina que tiene su propio lenguaje y reglas, más ligada a la matemática y a la teología. Una crítica similar se ha hecho a Jung con la alquimia, la cual también redujo a una forma de psicología, interpretando que la piedra filosofal es la psique individuada. Dicho eso, las ideas de Jung son interesantes y constituyen una buena lectura para ahondar más en la reflexión del enigma de la relación entre los astros y el ser humano.

Reproducimos aquí algunos fragmentos de una entrevista que realizaron los astrólogos Jean Carteret y André Barbault a Jung en 1954. Puedes leer la entrevista en su totalidad en el sitio Astrotranspersonal:

Maestro, ¿qué relación encuentra entre la Astrología y la Psicología?

Ha habido muchos casos de analogías chocantes entre la constelación astrológica y el suceso psicológico, o entre el horóscopo y la disposición caracterológica. Incluso existe la posibilidad de una cierta predicción en cuanto al efecto psíquico de un tránsito, por ejemplo. Se puede esperar, con un grado de probabilidad bastante alto, que cierta situación psicológica bien definida venga acompañada por una configuración astrológica análoga. La Astrología consiste en configuraciones simbólicas, como el inconsciente colectivo del que se ocupa la Psicología: los “planetas” son los Dioses, símbolos de las potencias del inconsciente (en primera línea y más allá).

¿De qué modo: físico, causal, sincrónico…, piensa usted que pueden establecerse estas relaciones?

Me parece que en este caso se trata sobre todo de ese paralelismo o simpatía que llamo sincronicidad: relación acausal que expresa aquellos nexos que no se dejan formular por la causalidad, como por ejemplo la precognición, la premonición, la psicokinesia (PK), y también lo que se llama telepatía. Dado que la causalidad es una “verdad estadística” hay excepciones de naturaleza acausal que pertenecen a la categoría de los acontecimientos sincronísticos (y no sincrónicos). Guardan relación con el “tiempo cualificado”.

¿Qué actitud mantiene usted ante posiciones de los astrólogos que admiten la existencia de un terreno psicológico desde el nacimiento, y de los psicoanalistas que explican la etiología de las neurosis a partir de las primeras experiencias de la vida?

Las primeras experiencias de la vida deben su efecto específico (patógeno) a la influencia del medio por un lado y por otro a la predisposición psíquica, es decir, a la herencia, que parece expresarse de manera reconocible en el horóscopo. Este último parece corresponder a un cierto momento del diálogo mutuo de los dioses (lo que significa: de los arquetipos psíquicos).