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Medios iraníes ofrecen 600 mil dólares por la vida de Salman Rushdie

Por: pijamasurf - 02/23/2016

Las cadenas de medios iraníes han reunido un botín de más de medio millón de dólares como incentivo para cumplir la fatua que pesa sobre la vida del escritor inglés Salman Rushdie

Medios ligados al gobierno iraní han confirmado que existe un nuevo botín por la cabeza del novelista inglés Salman Rushdie por el equivalente a 600 mil dólares. En 1989 el ayatola Khomeini, líder supremo de Irán, emitió una fatua en contra de Rushdie por cargos de blasfemia, luego de la publicación de su novela Los versos satánicos.

Una fatua no es estrictamente una condena de muerte, sino una interpretación unilateral de la ley cuando existe una situación atípica; el ayatola Khomeini habría ordenado asesinar al autor y a "cualquiera involucrado en su publicación", lo que ha dejado un ominoso saldo de atentados contra traductores de la obra y obligó a Rushdie a andar siempre con protección. La orden entró en vigor el 15 de febrero de 1989.

A pesar de que el gobierno iraní afirmó en 1998 que la fatua ya no tenía efecto el sucesor de Khomeini, el ayatola Khamenei, dijo en 2005 que la orden sigue vigente. Hitoshi Igarashi, el traductor de Rusdhie al japonés, fue apuñalado y murió afuera de su oficina en la universidad de Tsukuba, y sus traductores al italiano y noruego sobrevivieron a violentos atentados en sus hogares. Decenas de personas ligadas a la edición del libro han sido asesinadas, por lo que no se trata de una amenaza menor.

Al momento de cerrar esta nota no se conocen declaraciones de Rushdie al respecto, aunque en el "aniversario" del año pasado (fecha que muchos musulmanes extremistas aprovechan para renovar los votos de odio contra Rushdie) afirmó no haberse sentido intimidado para escribir, pues "eso habría sido otro tipo de muerte". En su autobiografía, Joseph Anton: Memorias, publicada en 2012, Rushdie contó sobre su vida durante los 9 años en que vivió prácticamente a salto de mata con protección constante de la policía.

 

(Con información de y El comercio)

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Sylvia Plath o la ouija como máquina de escritura

Por: Javier Raya - 02/23/2016

Utilizando un anillo de letras hechas a mano y un vaso de brandy bocabajo, Sylvia Plath y Ted Hughes tuvieron invitados sobrenaturales para la hora del té

Sylvia Plath y su esposo, el también poeta Ted Hughes, realizaron muchas incursiones en el territorio del ocultismo y la magia tanto para buscar material de escritura como para sortear dificultades en el mundo real. Además de la ocasional sesión de hipnotismo (dice la leyenda que Hughes la indujo a un trance durante el nacimiento de su primer hijo), Sylvia era especialmente afecta a una tabla oracular de producción industrial que se popularizó a mediados del siglo XX como instrumento de adivinación y como juego de mesa familiar, la ouija.

Sylvia encontró en la ouija un espíritu o álter ego llamado Pan, que remite al dios caprino y dionisíaco que acecha a las ninfas (una fuerza oculta, acechante y atenta, además de musical, por estar asociado a la flauta), quien se reveló también como lector: en una sesión les dijo que le gustaba "Pike" de Hughes y "Mussel-Hunter" de Plath. Este "espíritu guía" también los habría aconsejado sobre cómo nombrar a sus hijos, y sus poderes quedaron demostrados (al menos para Sylvia y Ted) cuando predijo acertadamente la editorial que habría de publicar el próximo libro de Sylvia (“Knopf”). Utilizando un vaso de brandy bocabajo y letras hechas por ella misma, dice Hughes, “ocasionalmente se entretenía” “haciéndole preguntas a los ‘espíritus’”. 

Es incierto que creyera que entidades demoníacas o espirituales movían el vaso que ella sostenía, o que fuera un mero "divertimento" como afirma Hughes, pero en una anotación de su diario de 1958 Sylvia escribió: “Incluso si nuestro propio inconsciente ardiente lo mueve (dice, cuando le preguntas, que es ‘como nosotros’), nos divertimos más que en el cine”. La poesía como labor mediúmnica, la magia como entretenimiento ilustrado, una tangente discursiva que propicia el estado de disponibilidad con los dedos sobre el vaso de vidrio en una sabia e infantil suspensión de la incredulidad. ¿Qué importa si soy yo quien mueve el vaso y no un espíritu? Letra a letra, la ouija compone su lento mensaje para fascinación de quienes se convierten, al invocarla, en sus lectores.

En el poema pánico “Ouija”, Sylvia traza un importante paralelismo entre su escritura poética y los mensajes de Pan:

También el viejo dios escribe poesía áurea.

En medidas sin lustre, deambulando entre los desperdicios,

cronista acertado de cada declinación errónea.

La edad y edades enteras de prosa, desenroscaron

su molino parlante, amainaron su talante excesivo

cuando las palabras, como una plaga, batieron por el aire ennegrecido

y dejaron las mazorcas agitadas, devoradas.

El “viejo dios” puede ser un epíteto de Pan, encerrado en la tabla oracular o convocado a ella como la Sibila de Propercio, aburrido de su propia inmortalidad. Puede tratarse de una caracterización de aquello que parece hablarle a Sylvia desde la tabla, pero también de una relación devastadora y destructora con las palabras: cuando nombrar el mundo deja de ser una labor de construcción y se vuelve una de erosión y desgaste.

Uno de los primeros editores y amigo de Sylvia, Al Alvarez, cree que de hecho el contacto con la "magia negra" "destruyó su matrimonio y también su vida". Aunque escandalosa, su conclusión está basada en hechos más o menos documentados, como que cuando Ted la dejó para irse con su amante, Sylvia tomó los manuscritos del esposo, pedazos de uña y caspa del escritorio, quemándolos de modo ritual. De entre las llamas salió un pedacito de papel con el nombre de la amante: Assia.

Alvarez adopta una posición en exceso supersticiosa al afirmar que el “pacto fáustico” de Sylvia con los espíritus dejó algunos de los mejores poemas de lengua inglesa pero a un coste excesivo: la vida y sanidad de su autora. Se trata de una conclusión morbosa, incluso indigna para una mujer que tuvo que buscar espacio y fuerza para escribir cada una de sus líneas. Sin embargo, Alvarez hace un promedio mucho más justo como lector de la poesía de Sylvia que como improbable amigo: según él, el arte genuino siempre tiene algo de arriesgado y peligroso, y es tarea del artista dotar de nueva vida a viejas formas; pero la novedad de Sylvia “no tenía casi nada que ver con experimentación técnica y casi todo que ver con explorar su propio mundo interno —con bajar a los sótanos y confrontarse con sus demonios”.

 

Twitter del autor: @javier_raya