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MDMA reduce la agresividad y aumenta la empatía, según estudio con macacos

Por: pijamasurf - 02/26/2016

El uso de MDMA en circunstancias clínicas con macacos permite avizorar un buen futuro a posibles aplicaciones de la sustancia en humanos para promover la empatía y la comunicación emocional

Un estudio dirigido por el doctor Sébastien Ballesta de la Universidad Lyon 1 buscó analizar en términos de comportamiento los conocidos efectos de apertura emocional (empatogenia o entactogenia) de la asimilación de MDMA. También conocida como éxtasis o Molly es una conocida droga de fiesta que aumenta la empatía y promueve el baile y el comportamiento festivo (en primates humanos), pero su dosificación ha sido poco estudiada, sin contar con que se trata de una sustancia ilegal, y por lo tanto su fórmula no está regulada sobre una base estándar. 

El MDMA puede ser utilizado en un campo clínico para incidir en las modulaciones farmacológicas de comportamientos afiliativos estimulando la descarga de serotonina, dopamina y noradrenalina en roedores, humanos y otros primates. Para la investigación se empleó a tres macacos cangrejeros machos, jóvenes y acostumbrados a un entorno social. Se administraron por vía subcutánea tres dosificaciones distintas (1, 1.5 y 2mg/kg, o pequeña, mediana y grande) y se filmaron con cámaras especiales los comportamientos de los primates durante 68 sesiones, con un intervalo de 1 semana entre las sesiones para no afectar negativamente la descarga hormonal de los macacos.

Un total de 200 horas de comportamiento fueron clasificadas en cinco categorías de conductas básicas: descansar, locomoción, búsqueda de alimento, contacto social (acicalamiento propio y compartido) y juego con un objeto. Con la dosis más baja (1mg/kg) aumenta la manipulación del objeto y el juego; esto es relevante porque los investigadores lo interpretan como un aumento de la curiosidad y probablemente relacionado con las propiedades alucinógenas del MDMA, además de que dichos animales no suelen manipular objetos en presencia de otros macacos en situaciones normales (i.e.: cuando los médicos no les están inyectando cosas).

A partir de la dosis mediana y grande los comportamientos tienden a hacerse más sociales y en las tres dosificaciones se inhibe el impulso de buscar comida, lo cual coincide con las conocidas propiedades anorexigénicas del MDMA. Con la dosis de 2mg/kg la locomoción se vuelve incesante, lo que verifica la propiedad estimulante de la sustancia. Los investigadores explican que "el MDMA sólo incrementa el acicalamiento social recibido, no el dado, lo que sugiere que tal efecto prosocial puede explicarse como un incremento en las posturas no agresivas más que un incremento genuino en la motivación de afiliación social".

En otras palabras, el aumento de la conducta social de los macacos no se debe a que el MDMA "incremente" la necesidad de contacto físico, sino a que reduce los mecanismos de defensa y vuelve a los animales más "abiertos" para socializar. En condiciones normales, los macacos no siempre quieren que otro macaco venga a rascarles la cabeza, pero con una dosis grande de MDMA la reticencia y el impulso de defensa bajan, pues por alguna razón no se sienten amenazados. Tal vez este estudio ayude a explicar por qué el MDMA puede funcionar en terapias de pareja para primates no humanos: nuestras reticencias contra el otro bajan y somos más proclives a empatizar con sus sentimientos y motivaciones, más que a enfrentarnos a ellos. 

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Las exclusivas y salvajes fiestas sexuales para mujeres bi-curiosas

Por: pijamasurf - 02/26/2016

Un exclusivo club sexual donde las mujeres se exploran unas a otras en un ambiente de confianza y deshinibición donde no todo se queda en "foreplay"

Genevieve LeJeune tiene 34 años y siempre le ha gustado asistir a fiestas sexuales en su natal Reino Unido. Sin embargo, muy pronto se dio cuenta de que todo estaba montado para disfrute de los hombres y que las mujeres —incluso en el caso de clubes swinger— parecen más como un adorno o parte del mobiliario que verdaderas participantes.

“Era tan clínico y aburrido. Es un mundo de hombres y sentí que necesitábamos un cambio”. Ese cambio llegó en la forma del Skirt Club, una forma de socializar la sexualidad femenina en un ambiente de respeto, exploración y apertura.

“Cuando se trata de sexo”, cuenta LeJeune, “para las mujeres, todo cuenta. Se trata de la estimulación mental, la suavidad, la conversación y la actuación, el ser seductoras. Es el tipo de cóctel que estás tomando, los chocolates que has estado comiendo, todo el ambiente”.

El Skirt Club no es un lugar sino una idea: es el equivalente a un Fight Club pero para mujeres que quieren explorar su sexualidad con otras mujeres. El experimento inglés ha sido sumamente exitoso, por lo que el club ha abierto sedes en Sidney, Australia, así como en Nueva York y Miami en Estados Unidos.

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La locación cambia cada vez y los miembros son informados a veces solamente con 24 horas de anticipación. Los teléfonos se apagan al llegar y no existe algo así como una ventanilla para entrar al Skirt Club: es necesario que alguien te recomiende, y puedes ser expulsada en cualquier momento. Cada fiesta es como una pequeña entrega de premios mezclada con Halloween en el palacio de Buckingham. Todos los detalles han sido cuidadosamente trabajados e, incluso, los asistentes escucharán presentaciones y charlas durante la fiesta que van de los afrodisíacos a aspectos de psicología corporal.

En suma, se trata de “un club privado para las curiosas, bi-curiosas, bisexuales y mujeres heterosexuales de mente abierta buscando aventuras”. Las nuevas se identifican con una llave alrededor de la muñeca; las anfitrionas del Skirt Club las hacen sentir como en casa. Hayley Quinn es una de dichas huéspedes frecuentes, y una especialista en cómo romper el hielo cuando una mujer quiere seducir a otra:

Les enseño a las mujeres cómo flirtear con otras mujeres. En particular cuando se trata de expresar que encuentran atractivas a otras mujeres aunque no se identifiquen como gay. Cuando se refiere a la sexualidad o la bicuriosidad, lo más valioso es saber que puedes hacer algo y que ese acto no te define como persona, ese acto no te cambia la identidad.

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Mucho se dice en nuestros días sobre el peligro de objetificar a la mujer o reducirla a su función sexual. Pero pensamos que tanto para hombres como para mujeres puede ser deseable —consensuado— verse de vez en cuando no como un objeto sino como parte de un organismo sexual con decenas de bocas, manos, senos, coños, hecho para proporcionarse placer. Quinn cuenta una historia que ilustra muy bien esto:

Una vez tuvimos un after del Skirt Club en mi casa, las chicas estaban en mi estudio usando dildos y vibradores, y no es broma, los muebles de la oficina nunca volvieron a ser los mismos. Una mujer era dominatrix y se cogió a todas las chicas del lugar. Todas practicábamos sexo seguro, usábamos condones en los juguetes sexuales. La dominatrix le pide a su sumisa que limpie los condones y la sumisa dice ‘no’, y luego la sumisa es castigada sobre el escritorio. Al final recuerdo solamente estar ahí a las 6 de la mañana luego de que todas se hubieran ido, recogiendo toneladas de condones usados.

A decir de su fundadora, LeJeune, “la misión del Skirt Club es el empoderamiento femenino. Estamos seguras de que la confianza en la cama deriva en confianza en lo demás”.

Con respecto a la sexualidad, llegamos a convencernos de que vivimos en una época de gran apertura y experimentación, de descubrir nuevos límites de placer y disfrute; la realidad es que la gama de identidades sexuales en pugna (cuyo correlato son los movimientos a favor de los derechos civiles de los homosexuales, así como leyes que determinan lo que una mujer debe hacer con su embarazo) coloca a hombres y mujeres en posiciones críticas: la sexualidad deja de ser una práctica personal o de pareja y puede transformarse en un estilo de vida.

Pero este estilo de vida también puede ser liberador.