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Jack Kerouac y Neal Cassady en San Miguel de Allende

Arte

Por: Adán de Abajo - 02/29/2016

Tras el primer encuentro en San Francisco entre Kerouac y Cassady, ambos personajes se constituyeron en un dúo legendario

I saw the best minds of my generation destroyed by madness, starving hysterical naked/ dragging themselves…

Allen Ginsberg, “Howl”

Comprendí que había muerto y renacido innumerable veces aunque no lo recordaba porque el paso de vida a muerte y de muerte a vida era fantasmalmente fácil; una acción mágica sin valor, lo mismo que dormir y despertar millones de veces, con una profunda ignorancia totalmente casual.

Jack Kerouac, On The Road

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Los extranjeros de apariencia anglosajona tenían décadas aterrizando en San Miguel de Allende, en particular los norteamericanos. Llegaban de paso algunos de ellos y se iban luego para siempre. Otros se quedaban, incluso a morir ahí, como Neal Cassady. Predominaban los de vestimenta desenfadada: viajeros, existencialistas, hipsters y hippies, no todos auténticos ni sinceros. Así es que el arribo de un nuevo gringo, quien desembarcó en un vuelo, primero en la Ciudad de México y luego en autobús hacia la pequeña ciudad de Guanajuato, expresamente para realizar una investigación periodística, no tenía nada de novedoso para los pobladores ni para los de nacionalidad mexicana; mucho menos para los numerosos inmigrantes europeos y norteamericanos que la habitaban, avecindados algunos de ellos desde muchos años antes de la llegada del forastero.

Enfundado en sandalias, con gorro de piel y barba blanca bien cuidada, la apariencia del gringo semejaba bastante un Hemingway resucitado y algo trasnochado. Experimentado periodista y escritor, con un par de novelas publicadas, una de ellas, la más reciente, Old Heart de 2015, la cual le hizo ganar un par de reconocimientos por parte de la prensa, con alto porcentaje de ventas en Amazon. De hecho, Peter Ferry provenía de la misma ciudad que Hemingway: Illinois. Escritor especializado en viajes, al mismo tiempo que publicaba sus novelas y se graduaba en literatura norteamericana, enseñó inglés en un bachillerato durante casi 27 años.

Ferry se dirigió a la oficina de un pequeño magazine para extranjeros publicado en inglés en el centro de San Miguel. La editora, una australiana “glamorosa”, como él mismo describiera, lo recibió amablemente, gustosa de hablar en inglés con él. Empero, las informaciones proporcionadas por ella resultaron desconcertantes: nadie en la actualidad hablaba ni había oído mencionar acerca de Neal Cassady, Jack Kerouac, Allen Ginsberg, Gregory Corso y W. S. Burroughs en la ciudad. No era la primera vez que una investigación se resistía a ser abordada por Ferry. Al contrario, cuanto más difícil de penetrar aparentaba ser un caso, más parecía estar seguro el escritor de encontrarse en el camino correcto (puedes acceder al artículo completo de Ferry aquí).

Suzanne, la bella australiana, señaló que muy pocos recordaban en San Miguel de Allende la época cuando los autores beats llegaron y se quedaron a vivir. También en Estados Unidos las informaciones al respecto eran nebulosas y contradictorias. Ferry había leído y escuchado a gente diversa, supuestos expertos y especialistas, afirmar que la estancia de la generación beat en esta pequeña ciudad del bajío mexicano era más un mito que un hecho comprobable.

De pronto, la editora recordó el nombre de un anciano norteamericano, jubilado del ejército y de un diario neoyorquino, quien vivía en San Miguel desde hace muchos años. “Ah… busca al viejo Lou Christine…. Él se dedica a recopilar historias antiguas y a menudo habla de Neal Cassady en ellas…”.

El bar Berlín, cerca del centro de la ciudad, era su oficina permanente. También Christine era un escritor veterano, coleccionista de mitos, historias y anécdotas de San Miguel de Allende y de muy diversos sitios del mundo en los que había vivido, escrito y laborado. Buen bebedor y mejor conversador. Entre cervezas artesanales y humo de tabaco accedió a compartir con el recién llegado todo lo que sabía al respecto: “¿Quién dice que Cassady no vivió en San Miguel, eh…? De hecho, te puedo señalar exactamente en dónde vivía: en la calle Beneficencia #17. Cerca de aquí…”, le dijo amablemente el viejo escritor. Gracias a él, Ferry dio con la primera pista importante acerca de la estancia de Cassady en la ciudad mexicana.

 

2

Jack Kerouac sat beside me on a busted rusty iron pole, we though the same thoughts of the soul…

Look at the sunflower, he said, there was a dead gray shadow against the sky, big as a man, sitting dry on top of a pile of ancient sawdust…

Allen Ginsberg, “Sunflower Sutra”

William S. Burroughs fue el primero de toda la jauría de escritores de su generación en aterrizar y desempacar en México a finales de los años 40, viajero incansable hasta su muerte, “Old Bull”, como lo llamaría Kerouac en su emblemática novela, el manifiesto indiscutible de la generación beat: On the Road. Hijo de padres adinerados, Burroughs estudió primero medicina en Viena, luego antropología en Frankfurt y EEUU. “Lo había leído todo….”, tal como dice de él Kerouac de nueva cuenta, al referirse con cariño y admiración al gran “Old Bull”. Estuvo en África, en Sudamérica, en Europa Oriental, en Rusia, inscrito en diversos cursos de medicina, etnología, literatura, botánica y antropología, leyendo, estudiando, escuchando, bebiendo, conversando, amistando, acostándose indistintamente con hombres y muyeres de su agrado, consiguiendo e introduciendo en su organismo toda clase de drogas extravagantes.

“Old Bull” o Burroughs estuvo en San Miguel de Allende varias veces y por largas temporadas, viviendo alternativamente ahí y en la Ciudad de México, antes de disparar en la cabeza a su esposa Joan ¿accidentalmente? mientras jugaban a Guillermo Tell en su departamento de la Ciudad, hasta atinarle en la frente. Con ella y sus dos hermosos hijos intentó comprar primero un rancho en alguna parte del norte del país para cultivar manzanas y cannabis o emprender cualquier tipo de negocio que le redituara, pero sus intentos fracasaron una y otra vez.

Ya instalado en México, lo siguieron Kerouac y Cassady. Más tarde el poeta Allen Ginsberg, Gregory Corso y toda una fauna de nombres conocidos y no tanto, de escritores y artistas norteamericanos que iban en la cola de los primeros y más importantes.

Imagen: Carolyn Cassady (www.nytimes.com)

Imagen: Carolyn Cassady (www.nytimes.com)

El encuentro entre Kerouac y Cassady es legendario y bastante conocido por todos, de hecho, constituye el inicio de la trama de la novela On the Road, de Kerouac. Paulatinamente Jack Kerouac comenzaba a ser bastante conocido y a abrir brecha en el mundo de las editoriales para los miembros de su generación, los cuales, en conjunto, llegarían a ser el grupo de autores en lengua inglesa más influyentes de su tiempo. Cassady era amigo de un estudiante universitario que conocía a Kerouac y a Burroughs. Escuchó hablar de ellos, particularmente de Kerouac, de quien se decía que había inventado un método de escritura literaria muy semejante al jazz, igual de libre, espontáneo y movido que las síncopas jazzísticas. Entonces recorrió cientos de kilómetros desde su natal Salt Lake City, donde previamente y desde niño fue ladrón de autos, pistolero, alcohólico y donde se casaría por primera vez con apenas 21 años de edad. Hijo de un barbero, viajero y vagabundo igual que él, su padre también sería un personaje secundario de la novela de Kerouac antes mencionada.

Una mañana, sin más ni más, Cassady se presentaría llamando a la puerta del departamento de Kerouac en San Francisco, en donde vivía con su tía. El joven, impetuoso e hiperactivo Cassady, sin conocer al novelista, le diría que había viajado desde su ciudad natal tan sólo para que le enseñara a ser escritor. Desde entonces se convertirían en amigos inseparables. En On the Road se relata algo de la formación que Kerouac intentó transmitirle brevemente al joven viajero, mostrándole algunos autores. Resulta fascinante imaginar a Cassady de niño y adolescente, hijo de padres divorciados, criado por un vagabundo y barbero que lo llevaba furtivamente a través de trenes de carga y lo hacía dormir en el bosque con otros homeless o en los suburbios de diferentes ciudades de EEU en las calles. Cassady estaría en varias ocasiones en reformatorios y en la cárcel por robo de autos, agresiones con arma blanca y asaltos. A pesar de su humilde y turbulento origen social, era un gran lector y admirador de la poesía y la literatura universal. Su única formación académica la obtuvo en la cárcel, estudiando cursos por correspondencia de literatura, inglés, mecánica, biología y química, y escuchando estaciones de música clásica en la radio norteamericana.

Cassady no tendría tiempo de escribir demasiado, viviendo como vivía, hiperactivamente casi en todo momento, sin tomar apenas muy breves descansos, cuando la bipolaridad se lo permitía. Dejaría escrita una autobiografía no muy fácil de conseguir y un conjunto de cartas entre él y sus amigos beats que conformarían su mayor producción literaria y un testimonio interesantísimo de los años vividos con ellos. Aunque no escribiera mucho, llegaría a ser un singular motor que impulsara a Kerouac a  convertirse cada vez más él mismo en su vida y en su literatura. También inspiraría a Ginsberg a escribir, quien le dedicaría su hermoso e implacable poema “Howl”.

Kerouac siempre necesitó tomar personalidades prestadas o álter egos de sus amigos más entrañables. Cassady no sería el único héroe-hermano o amigo-casi-amante con quien el novelista se encontrara y fusionara. Más tarde el poeta y naturalista Gary Snyder se volvería también el hermano inseparable de Kerouac, su maestro de budismo y hermano con quien protagonizara otra de sus mejores y más emblemáticas novelas: Los vagabundos del Dharma. Al parecer la homosexualidad no les era ajena ni causante del menor conflicto a la mayoría de los escritores beats. Aparentemente el macho alfa de la manada, W. S. Burroughs, iniciaba sexualmente a todo aquel que deseaba incorporarse a la jauría. Se sabe que Cassady, además de haber estado matrimoniado tres veces y tener por lo menos cuatro hijos, también fue durante un tiempo pareja de Allen Ginsberg. No resultaría raro, como sugieren algunos, que también hubo acercamientos íntimos bastante frecuentes e intensos entre alcohol, drogas y sexo, entre Kerouac y Cassady, y entre Kerouac y G. Snyder.

Tras el primer encuentro en San Francisco entre Kerouac y Cassady, se constituyen en un dúo legendario. Se les une al poco tiempo la hermosa e impredecible Marylou, la segunda esposa de Cassady. Esta parte de la trama de On the Road ha inspirado varias películas. El viaje que realizan los tres es igualmente mítico, en un enorme Ford a toda velocidad, desde la costa este a la oeste de EEUU, una y otra vez sin tomar más que unas pocas pausas para conseguir algún dinero de la tía de Kerouac para continuar en el camino, levantar a otros autostopistas y vagabundos  por la carretera, hacer el amor, beber y encontrarse en Texas con el viejo “Old Bull” o W. S. Burroughs en su rancho y con su esposa Joan, con la esperanza inacabable que mantiene Kerouac de que en algún momento, como se lo han prometido, se separen Marylou y Cassady al llegar a Los Ángeles, en donde le espera a este último su primera esposa, con quien se reencontrará. Al quedar libre Marylou, Kerouac, quien está enamorado de ella, podría tener el camino libre. De hecho, más o menos entre los tres tienen apalabrado este raro acuerdo. Pero la espera es inútil y nunca llega; en cuanto arriban a su destino y Cassady vuelve con su primera mujer, Marylou no da la menor muestra de amor hacia Kerouac, abandonándolo para dedicarse a la prostitución.

Aquí terminan de hecho las dos primeras y más importantes partes de la trama de On the Road, que la mayoría de las personas conocen, sobre todo a través del ámbito del cine. Lo que sigue es el viaje a México de Kerouac y Cassady en la última y tercera parte de la obra.

 

3

En algún momento Jack Kerouac conoce a bordo de un autobús en California a Terry, una hermosa morenita, inmigrante mexicana, quien tiene un pequeño hijo y de quien se enamora. El novelista, aventurero y vagabundo decide por un instante en su vida tomar una pausa y tratar de sentar cabeza al lado de ella. Terry es una morena delicada y hermosa quien lo fascina y su niño un negrito simpático, el cual se encariña rápidamente con el escritor.

Kerouac intenta trabajar en los campos de algodón en California, pero gana demasiado poco, se mata en jornadas extenuantes bajo el sol y lo que gana apenas le alcanza para proporcionar una modesta cena de salchichas enlatadas y frijoles a la mujer y al chico en las noches. El intento por formar una familia con Terry dura tan sólo unos cuantos meses; una mañana Kerouac ya no puede más con el trabajo físico, ha dejado de escribir y de viajar, las dos actividades que conforman su naturaleza más esencial. Sobre todo, extraña a la jauría de escritores adictos y vagabundos amigos suyos. Se despide de Terry, prometiéndose que se reencontrarán en unos meses en Nueva York, pero esto jamás ocurre.

Es entonces que Kerouac y Cassady proyectan su viaje en compañía de otro joven expresidiario a quien Cassady conoció en un reformatorio. Entre los tres emprenderán el viaje, penetrando en el inhóspito y enigmático México a través de Ciudad Juárez, descargando en los prostíbulos en brazos de bellas y culonas hetairas latinas, mexicanas y venezolanas.

Beben, aman, escriben y describen su zigzagueante viaje con singulares escalas en cantinas, esquinas, desiertos, prostíbulos. Consiguiendo droga, haciendo nuevas amistades y proyectando conocer en breve la Ciudad de México, Zacatecas y San Miguel de Allende.

 

4

La estancia del escritor Peter Ferry en San Miguel no fue demasiado prolongada. Apenas tres noches y 4 días. En aquellas noches, gracias a la incansable conversación del viejo y veterano Lou Christine, pudo tomar bastantes notas y preparar a mano un borrador de lo que sería uno de sus reportajes más entrañables, sobre dos de sus escritores más queridos. Se reunieron varias veces en el bar Berlín, en el centro de la ciudad. Lou le presentó a varios extranjeros amables y alivianados amigos suyos, gustosos de hacer amistad con él y platicar de cualquier cosa. Desafortunadamente, nadie de ellos conocía demasiado acerca de los libros de Kerouac ni de la vida de Cassady en San Miguel. Algunos ni siquiera oyeron jamás hablar de ellos.

En la última noche, Christine le confesó que cuando niño encontró varias veces a Cassady en las cantinas de San Miguel, e incluso en un par de ocasiones entablaron alguna que otra conversación breve y cortante.

Una noche, la bebida pareció no caer demasiado bien al poeta beat. Algunos de sus amigos lo extrañaron por no despedirse de la fiesta donde bebían y se divertían alegremente. Cassady vivió demasiado aprisa, dicen que lucía algo cansado. Sin proponérselo, conseguiría convertirse en el personaje principal en las obras de muchos de sus compañeros escritores, apareciendo en casi todos los libros de ellos: desde Kerouac y Ginsberg hasta Tom Wolfe y Charles Bukowski.

Aquella noche de 1968 el poeta intentó regresar a su casa, algo congestionado en sus intestinos, tambaleándose. Al cruzar por el camino donde pasaba la vía del tren se desplomó sobre los rieles para nunca más levantarse. Al parecer estaba demasiado cansado.

 

Twitter del autor: @adandeabajo

¿Quieres practicar y mejorar tu pronunciación en inglés? Este poema es un ejercicio arduo pero efectivo (AUDIO)

Arte

Por: pijamasurf - 02/29/2016

Este poema lleva casi 100 años probando ser una de las mejores maneras de ejercitarse en la pronunciación del idioma inglés y sus 44 fonemas

Sabemos bien que en las últimas décadas el estudio del inglés se ha vuelto una actividad masiva y no sólo eso, sino además una habilidad que se nos presenta bajo los tintes de lo necesario y lo casi imprescindible. La educación formal, incluso desde los primeros niveles, incluye en muchos países el inglés como una materia obligatoria para los alumnos, y las academias privadas donde se imparte su enseñanza igualmente se han multiplicado como una opción alternativa para aprender el idioma.

Más allá de las implicaciones económicas y sociales de esta tendencia –relacionadas con el sistema dominante que, como sabemos, es angloparlante– estudiar otro idioma casi siempre es una iniciativa personal loable y vale la pena alentarla por todos los medios posibles. De manera individual, se han comprobado sus beneficios para la salud del cerebro, pues adentrarse en un lenguaje es llevar a nuestras neuronas por nuevos caminos, lo cual, sorprendentemente, genera placer.

El inglés, por otra parte, es algo así como la lingua franca de nuestro tiempo, un idioma que nos permite tener contacto con casi cualquier persona del mundo, con contenidos –artículos, películas, libros, etc.– que de otro modo nos serían inaccesibles, y más. Eso sin contar su propia riqueza, que va de Shakespeare a John Banville y Ruth Padel, de Londres a Sudáfrica, con todo lo que ello implica y que sería poco inteligente menospreciar.

Sin embargo, también es cierto que, como todo idioma, el inglés tiene sus propias dificultades, entre las que se encuentra su pronunciación, que en especial para nosotros los hispanohablantes puede parecer mucho más amplia en comparación a lo que estamos habituados. En efecto, mientras que en nuestro idioma existen tan sólo 22 fonemas (17 consonánticos y 5 vocálicos), en inglés nos encontramos con el doble exacto, 44, a pesar de que nuestros alfabetos son prácticamente idénticos. Tan sólo sus sonidos vocálicos son 20, pues en especial sus vocales tienen distintos sonidos dependiendo de cómo se encuentren en una palabra.

Teniendo en cuenta esta peculiaridad del inglés, hace casi 100 años un hombre escribió un poema en el que se sirvió de su pericia para hacer algo así como un retrato sonoro del idioma y sus cualidades. Curiosamente el autor no fue un angloparlante, sino un holandés de curiosidad notable, Gerard Nolst Trenité, alias Charivarius, pseudónimo que utilizó para publicar The Chaos, un título sumamente elocuente para esa compilación lírica de las varias pronunciaciones posibles dentro del inglés. En su origen, el poema figuró como apéndice del libro Drop Your Foreign Accent: engelsche uitspraakoefeningen, de 1920, un manual con ejercicios de pronunciación para estudiantes holandeses.

A continuación compartimos una grabación del poema y su transcripción, disponible también en el video, para seguir el audio y notar las inflexiones propias de las palabras. La traducción queda a cargo de quien quiera practicar esta habilidad.

 

Dearest creature in creation,
Study English pronunciation.
I will teach you in my verse
Sounds like corpse, corps, horse, and worse.
I will keep you, Suzy, busy,
Make your head with heat grow dizzy.
Tear in eye, your dress will tear.
So shall I! Oh hear my prayer.
Just compare heart, beard, and heard,
Dies and diet, lord and word,
Sword and sward, retain and Britain.
(Mind the latter, how it’s written.)
Now I surely will not plague you
With such words as plaque and ague.
But be careful how you speak:
Say break and steak, but bleak and streak;
Cloven, oven, how and low,
Script, receipt, show, poem, and toe.
Hear me say, devoid of trickery,
Daughter, laughter, and Terpsichore,
Typhoid, measles, topsails, aisles,
Exiles, similes, and reviles;
Scholar, vicar, and cigar,
Solar, mica, war and far;
One, anemone, Balmoral,
Kitchen, lichen, laundry, laurel;
Gertrude, German, wind and mind,
Scene, Melpomene, mankind.
Billet does not rhyme with ballet,
Bouquet, wallet, mallet, chalet.
Blood and flood are not like food,
Nor is mould like should and would.
Viscous, viscount, load and broad,
Toward, to forward, to reward.
And your pronunciation’s OK
When you correctly say croquet,
Rounded, wounded, grieve and sieve,
Friend and fiend, alive and live.
Ivy, privy, famous; clamour
And enamour rhyme with hammer.
River, rival, tomb, bomb, comb,
Doll and roll and some and home.
Stranger does not rhyme with anger,
Neither does devour with clangour.
Souls but foul, haunt but aunt,
Font, front, wont, want, grand, and grant,
Shoes, goes, does. Now first say finger,
And then singer, ginger, linger,
Real, zeal, mauve, gauze, gouge and gauge,
Marriage, foliage, mirage, and age.
Query does not rhyme with very,
Nor does fury sound like bury.
Dost, lost, post and doth, cloth, loth.
Job, nob, bosom, transom, oath.
Though the differences seem little,
We say actual but victual.
Refer does not rhyme with deafer.
Fe0ffer does, and zephyr, heifer.
Mint, pint, senate and sedate;
Dull, bull, and George ate late.
Scenic, Arabic, Pacific,
Science, conscience, scientific.
Liberty, library, heave and heaven,
Rachel, ache, moustache, eleven.
We say hallowed, but allowed,
People, leopard, towed, but vowed.
Mark the differences, moreover,
Between mover, cover, clover;
Leeches, breeches, wise, precise,
Chalice, but police and lice;
Camel, constable, unstable,
Principle, disciple, label.
Petal, panel, and canal,
Wait, surprise, plait, promise, pal.
Worm and storm, chaise, chaos, chair,
Senator, spectator, mayor.
Tour, but our and succour, four.
Gas, alas, and Arkansas.
Sea, idea, Korea, area,
Psalm, Maria, but malaria.
Youth, south, southern, cleanse and clean.
Doctrine, turpentine, marine.
Compare alien with Italian,
Dandelion and battalion.
Sally with ally, yea, ye,
Eye, I, ay, aye, whey, and key.
Say aver, but ever, fever,
Neither, leisure, skein, deceiver.
Heron, granary, canary.
Crevice and device and aerie.
Face, but preface, not efface.
Phlegm, phlegmatic, ass, glass, bass.
Large, but target, gin, give, verging,
Ought, out, joust and scour, scourging.
Ear, but earn and wear and tear
Do not rhyme with here but ere.
Seven is right, but so is even,
Hyphen, roughen, nephew Stephen,
Monkey, donkey, Turk and jerk,
Ask, grasp, wasp, and cork and work.
Pronunciation (think of Psyche!)
Is a paling stout and spikey?
Won’t it make you lose your wits,
Writing groats and saying grits?
It’s a dark abyss or tunnel:
Strewn with stones, stowed, solace, gunwale,
Islington and Isle of Wight,
Housewife, verdict and indict.
Finally, which rhymes with enough,
Though, through, plough, or dough, or cough?
Hiccough has the sound of cup.
My advice is to give up!!!

 

El sitio Open Culture, por cierto, tiene una buena oferta de cursos de inglés (entre otros idiomas) en línea y gratuitos.