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El Internet aumenta la brecha entre países ricos y pobres

Por: pijamasurf - 02/10/2016

El acceso a la tecnología abre nuevas oportunidades pero agudiza viejos problemas, especialmente en países en desarrollo

Un reporte del Banco Mundial desalienta el tecnooptimismo generalmente asociado al Internet como herramienta civilizatoria; se trata de una revisión del impacto que tienen las nuevas tecnologías (con especial énfasis en el uso y acceso a Internet y redes sociales) en países pobres y en vías de desarrollo.

El reporte está basado en lo que llaman “dividendos digitales” (si vemos el Internet como una inversión de los países en su propio desarrollo, ¿qué obtenemos?), los cuales se resumen en crecimiento económico para el país y acceso a la educación, especialmente de los más jóvenes.

El problema está en que los dividendos digitales no se reparten equitativamente entre las poblaciones vulnerables de los países en desarrollo, lo cual, a la larga, agudizará la brecha entre ricos y pobres.

A pesar de esfuerzos de compañías como Google y Facebook que han tratado de innovar en cuanto a opciones de cobertura global de Internet, garantizar el acceso a las herramientas digitales, al menos en los jóvenes, genera nuevas disputas y nuevos problemas de reparto de recursos.

brechadigital

Un ejemplo de esta desigualdad podemos verlo a gran escala en países en vías de desarrollo: mientras los países ricos pueden invertir en la educación de los niños incluyendo temas de gran auge económico, como la programación y la robótica (lo que a la larga producirá un proletariado digital con precariedades particulares), la brecha entre este tipo de educación y la que tienen muchos niños en las sierras de México o en las favelas de Brasil conduce a una especie de subordinación tecnológica con respecto a países más desarrollados y con mayor infraestructura digital. Eso sin olvidar lo que podríamos llamar problemas de primer mundo del Internet: la saturación informativa, la sobreexposición a la chatarra consumida y vuelta a consumir de las redes sociales y la participación en un mercado de consumibles abastecidos periódicamente por la industria informática (o síndrome "¿cuándo sale el nuevo iPhone?").

Aunque pudiera parecer que la alarma del Banco Mundial va dirigida a arruinar la fiesta de los nerds de Silicon Valley que tratan de salvar el mundo (y que parece dejar de lado el involucramiento de los gobiernos en los rezagos educativos previos a la “era de la información”), es conveniente recordarnos que el Internet sigue siendo lo que fue al principio: una herramienta, y que el acceso a las herramientas de cada época de desarrollo tecnológico (desde el fuego hasta el bronce) trae consigo nuevos repartos en el esquema de poder, que en nuestros días se juega en una arena global.

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Un curioso desorden mental llevó a este hombre a asegurar que su gato era un espía

Por: pijamasurf - 02/10/2016

¿Qué harías si tu gato, tu pareja o tu mejor amigo fuesen suplantados por el FBI para espiarte o conspirar en tu contra?

La mente humana es un laberinto de resquicios que a su vez son, en potencia, cada uno otro laberinto, y así sucesivamente. Y como parte de esta peculiaridad dinámica existen cientos de desórdenes mentales, desde los más predecibles hasta los más improbables. Un ejemplo de lo anterior es el síndrome de Capgras, el cual en pocas palabras orilla a su anfitrión a suponer que alguno o varios de sus seres queridos fueron suplantados por impostores y conspiran en su contra. 

La revista New York, citando a su vez un estudio publicado en la revista científica Neurocase, documenta el caso de un hombre que llevó este desorden a un lugar harto peculiar: se obsesionó con la idea de que su querido gato había sido reemplazado por un gato impostor, obra del FBI, y ahora ejercía meticulosas labores de espionaje sobre él. 

El paciente tiene antecedentes de alto consumo de alcohol durante su juventud, así como registro de múltiples golpes en la cabeza pues durante años jugó hockey. Tiempo después comenzó a experimentar destellos de paranoia, los cuales fueron acentuándose hasta que finalmente terminó por intuir la verdadera identidad de su gato (que ya no era su gato sino un malévolo suplente).

En fin, si alguna ve sientes que tu gato, tu pareja o tu mejor amigo pudieran haber sido sustituidos por agentes espías te recomendamos que no descartes que pueda tratarse de un episodio de Capgras y mejor te relajes, mires las estrellas, montañas o cualquier otro horizonte relajante que tengas a tu disposición, y dejes que la hipótesis se diluya.