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El eco de la llama: dimensionando la obra de Umberto Eco

Libros

Por: Rafael Toriz - 02/21/2016

Una reflexión en torno a la obra del recientemente fallecido titán cultural, Umberto Eco

“Cada que muere un anciano, arde con él una biblioteca”, dice un hermoso proverbio africano y que en esta ocasión, cuando el occiso es Umberto Eco, se cumple por partida doble: ha muerto un hombre que contuvo multitudes.

La figura de Umberto Eco, que ya con vida había adquirido el tamaño de mitológica a partir de la década de los 60 con sus insólitos análisis sobre los medios de comunicación y la cultura de masas, encuadra una de las mayores y más nobles tradiciones europeas: la del humanista total; un renacentista riguroso para el que prácticamente nada de lo humano fue ajeno. Tales fueron las palabras de obituario de La Repubblica: adiós al hombre que lo supo todo.

Sin embargo, el hecho de ser un erudito –sobre quienes declaró que “suelen ser perdedores; vivimos en un mundo en que el físico que gana el premio Nobel no sabe nada de la historia de la literatura. Puede haber un corrector de libros que sea un sabio, pero ese conocimiento excelso no le sirve para nada en la vida” – no sería suficiente para encuadrar su nombre en la historia de la cultura del siglo XX, porque si bien Eco merece un lugar de privilegio entre nombres como los de Marcel Bataillon, E. R. Curtius, George Steiner, Walter Benjamin o Roland Barthes, la suya es una obra abierta que exploró con originalidad, inteligencia, dedicación y fortuna campos tan rigurosos y estimulantes como la filosofía, la semiótica, la lingüística, la historia de la cultura, la teoría de la comunicación y del arte, la sociología y hasta las relaciones conflictivas entre los diversos campos del saber humano, por lo que puede asegurarse que Eco ha sido uno de los mayores críticos culturales de occidente: el arte de integrar lo apocalíptico.

Narrador de éxito global, sus novelas visitan la novela histórica y filosófica mezcladas en ocasiones con la estructura del policial, lo que dota a su prosa de un magnetismo providencial.

Empero, es en el vasto campo del ensayo, tanto lírico como académico pero siempre documentado, donde se encuentra lo más proteico y poderoso de su obra –y no sólo en el que probablemente sea su libro más utilizado en el mundo, Cómo se hace una tesis– porque si algo tuvo Eco fue una voracidad desaforada que no sólo sugiere e ilumina caminos sino que invita a pensar en compañía: la de los libros y los hombres, oficio arcano para comprender el camino de las estrellas.

En una de sus últimas entrevistas sostuvo con alegría: “podría hacer una silla por día. Pero prefiero hacer sólo una por semana. Porque la parte más bella para mí es el período que paso escribiendo un libro”.

Editor y profesor, pero sobre todo cultor de una sabiduría artesanal, podemos estar seguros de que el fuego de la biblioteca que se consume con su nombre habrá de prodigarnos dentro de la vasta noche que habitamos un eco verdadero que no perecerá mientras haya ojos para escucharlo.

¿Tener un gemelo es una ventaja creativa y de vida?

Libros

Por: pijamasurf - 02/21/2016

En la historia de las manifestaciones creativas algunos ejemplos muestran que tener un hermano gemelo puede ser un estímulo incomparable –y paradójico– para la creación

La historia cuenta que Zeus sedujo a Leda al tomar el aspecto de un cisne, una de las tantas metamorfosis con las que satisfizo su apetito sexual. Esa misma noche, sin embargo, Leda, reina de Esparta, también durmió con su rey, Tíndaro, humano en toda regla. De la cópula con ambos tuvo dos mellizos, uno mortal y otro inmortal: Cástor y Pólux, llamados los Dioscuros y conocidos si no precisamente por su buena fortuna sí por sus grandes habilidades, que en buena medida les permitieron salir airosos de varios desafíos.

“Estas cosas no son, pero suceden siempre”, escribió el historiador romano Salustio, porque el fundamento de los mitos es una especie de núcleo didáctico que se itera una y otra vez a lo largo de los siglos. Tener un gemelo es, sin duda, una cualidad fascinante.

Desde siempre, el arte han fantaseado con esa posibilidad, ha explorado sus límites y su potencial. El motivo literario del doppelgänger, por ejemplo, tan propio del imaginario romántico, nos enfrenta a la hipótesis de que cada uno de nosotros tenga un doble exacto en algún punto del planeta, cuyo encuentro supone consecuencias funestas para ambos (pero sobre todo para aquel que se cree “único”). Igualmente, en un campo que oscila entre la medicina y lo paranomal se dice, a veces a manera de leyenda, que las sensaciones que debería sentir un gemelo en realidad se manifiestan en el otro, o que un hecho importante que está a punto de ocurrir en la vida de uno lo prevé el otro.

A esta tradición –que corre secretamente por el terreno de la creatividad– pertenece la obra de los hermanos Witkin, Jerome y Joel-Peter, que aunque ha corrido por vías separadas tiene una extraña conexión que las mantiene vinculadas. Esto a pesar de que los últimos 74 años de su vida los han pasado distanciados.

Jerome Witkin es pintor y Joel-Peter fotógrafo. Cada uno tiene su estilo propio, que no sólo obedece a la disciplina que eligieron como expresión de su creatividad sino sobre todo a su propio desarrollo vital. Joel, que desde la infancia tuvo trato de “prodigio”, comenzó en la pintura varios años antes que Joel en la fotografía, lo cual se tradujo en un reconocimiento temprano de su labor; actualmente vive en Nueva York y desde 1971 enseña en la Universidad de Syracuse. Joel, por su parte, sólo hasta 1967 llamó la atención como un fotógrafo interesante, que intentaba decir algo con sus imágenes.

No obstante, es curioso que en ambos puede percibirse una tendencia hacia la oscuridad, la tragedia, el dolor y la muerte. En la pintura, Jerome se ha caracterizado por incluir en sus cuadros circunstancias como el SIDA o el Holocausto, y en la fotografía Joel ha llevado el tema de los cadáveres, las malformaciones y las mutilaciones. Respecto a sus inclinaciones estilísticas, Joel dijo en un encuentro reciente:

Todos en la vida sabemos instintivamente que nos encontramos en una lucha, y que tenemos la capacidad –o la incapacidad– de enfrentar lo que tenemos que enfrentar, de hacerlo lo mejor posible, o de ser sobrepasados.

Las maneras en que la “gemelidad” opera son misteriosas, pero es posible que sea una condición y al mismo tiempo una ventaja en el ámbito de la creatividad.

Porque, paradójicamente, nacer y crecer con alguien que es y no es igual a uno mismo parece ser un inesperado estímulo para pensar la realidad de otra manera.

 

Del 20 de febrero al 15 de mayo, el Foto Museo Cuatro Caminos y la editorial Trilce presentan Witkin & Witkin, la primera exposición en un museo con más de 100 obras de los gemelos Witkin. Asimismo, Trilce ha publicado un libro que reúne por primera vez el trabajo de los dos hermanos. El libro y la exposición están a cargo de la curadora y  documentalista Trisha Ziff.