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El arte de concluir: las 10 mejores secuencias finales en la historia del cine (VIDEO)

Por: pijamasurf - 02/15/2016

"Cerrar con broche de oro" no es una expresión gratuita o vacua: es dar a una obra el término que se merece

Terminar es un gesto profundamente simbólico. Ya sea que se trate de una relación amorosa, de un ciclo en nuestra vida, de un proyecto al que concedimos particular importancia o de una obra creativa, finalizar algo implica detenerlo pero, idealmente, no bajo la forma de la interrupción sino de la conclusión, no como algo inesperado y súbito sino más bien como el arribo voluntario --y quizá planeado-- al punto al que queríamos llegar.

En el caso de las obras de arte, marcar su término puede no ser sencillo, pero al mismo tiempo es necesario. El fin de una historia (y si algo hace el arte es contar historias) puede ser claro y evidente, pero también enigmático, adscrito a un cliché (digamos, “vivieron felices para siempre”) o más bien abierto, elocuente en su ambigüedad o secretamente emotivo, como el sonido de un campanario perdiéndose en la lejanía.

En el video que ahora compartimos se compilan las 10 mejores secuencias finales en la historia del cine, cada una con cualidades distintas que, por ello, dan cuenta de la amplitud de posibilidades que permite el lenguaje cinematográfico para acabar una película.

 

Se trata de un recuento guiado por el staff del canal de YouTube CineFix High, una especie de “escuela” en línea que con frecuencia semanal comparte análisis de este tipo, con los cuales podemos estar o no de acuerdo pero que sin duda nos ofrecen un estimulante punto de vista al respecto.

 

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¿Hasta por cuánto tiempo se pueden detectar estas drogas en sangre, orina y cabello?

Por: pijamasurf - 02/15/2016

Un interesante análisis que nos hace tomar conciencia de cuánto tiempo puede tardar nuestro cuerpo en depurar una sustancia

Todo en nuestro cuerpo deja un rastro cuantificable. Nuestras emociones tienen su propia huella química que puede ser analizada en un laboratorio. Nuestros pensamientos pueden estudiarse como impulsos eléctricos en los aparatos diseñados para tales fines. Nuestros movimientos son fuerza mecánica. Y aun nuestros sueños, acaso la creación más etérea de la que nuestro cuerpo es capaz, ha sido material de investigación y observación. “Habitar significa dejar huellas”, escribió alguna vez Walter Benjamin, y qué es nuestro cuerpo sino el primer y último espacio que habitamos, ese “espacio infinito” al que aludió el príncipe Hamlet en el fingimiento de su locura pero también el inicio de nuestras propias limitaciones.

Al hacer dicha afirmación, Benjamin pensaba en las narraciones del género policíaco que en el mismo momento histórico en que surgió, a mediados del siglo XIX, gozó de un auge inusitado. La frase del filósofo es, por decirlo de alguna manera, el racional del método usualmente sorprendente del detective prototípico de esas historias: si un Sherlock Holmes o un Auguste Dupin eran capaces de resolver un delito enigmático con nada más que un vistazo a la escena del crimen era porque su método conseguía seguir como en retrospectiva dichas huellas dejadas, precisamente, en el acto subjetivo inalienable de habitar, las marcas que surgen inevitablemente de nuestros hábitos, desde la ceniza de un cigarro arrojada con displicencia en el suelo de un cuarto hasta otros más inadvertidos que podrían observarse, digamos, en el libro que más tomamos y leemos de entre los que se encuentran en un estante.

Esta introducción nos sirve ahora para presentar una serie de tres gráficos que muestran por cuánto tiempo permanecen ciertas sustancias en nuestro cuerpo y, en función de esto, hasta por cuánto tiempo después de consumirlas podrían detectarse en un análisis de sangre, orina y cabello, elaborados con data obtenida por el sitio Drugs.ie.

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Entre otras lecturas, estos visuales nos ayudan a tomar conciencia de los períodos que le toma a nuestro cuerpo procesar una sustancia, y cómo ésta puede mantenerse vagabundeando en nuestros sistemas hasta que finalmente se le depura.

Interesante, ¿no?