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Edgar Mitchell (1930-2016), el astronauta que creía que el gobierno encubría extraterrestres

AlterCultura

Por: pijamasurf - 02/05/2016

Muere Edgar Mitchell, caminante de la Luna, amante de la conciencia y de los visitantes de otros planetas

El astronauta Edgar Mitchell murió este jueves a los 85 años de edad, 1 día antes del aniversario de su alunizaje hace 45 años. Mitchell fue el sexto hombre en pisar la Luna y fue el piloto del módulo lunar de la misión Apolo 14. 

En una entrevista Mitchell dijo que la experiencia de ir a la Luna le cambió la vida, abriendo de alguna manera las puertas de la percepción: "Fue una experiencia de éxtasis, notar que cada molécula de nuestro cuerpo es un sistema de materia creado por una estrella colgando del espacio. La experiencia que tuve fue de lo que en sánscrito llaman samadhi, una sensación de absoluta alegría al ver la Tierra desde la perspectiva de la Luna".

Además de ser la persona que más tiempo neto ha pasado caminando en la Luna (un récord ciertamente envidiable), en los últimos años el astronauta se convirtió en uno de los líderes de la comunidad UFO, así como también de la investigación de la conciencia y los fenómenos paranormales, siendo uno de los fundadores del Institute of Noetic Sciences. En repetidas ocasiones Mitchell aseguró que la vida extraterrestre existe y que Estados Unidos y otros países lo encubren: “El hombre siempre se ha preguntado si está solo en el universo. Pero sólo es hasta nuestra época que tenemos evidencia. No, no estamos solos… Nuestro destino, si me preguntan a mí, es volvernos parte de la comunidad transplanetaria”.

Mitchell dijo a CNN que sostuvo una reunión en el Pentágono hace 10 años en la cual habló sobre Roswell con un oficial del gobierno estadounidense, quien, sin embargo, luego negó haber participado en dicha reunión. Nacido él mismo en Roswell, Nuevo Mexico, donde supuestamente una nave espacial fue derribada, el astronauta creía que este incidente realmente había ocurrido, a razón de lo que se decía en su pueblo. 

La comunidad que cree en el fenómeno OVNI consideraba que Mitchell era una de las personas más calificadas para opinar sobre este tema. Sin embargo, habría que recordar lo que expone el documental Mirage Men, donde se documentan las tácticas de desinformación de las agencias estadounidenses, mostrando que agentes gubernamentales filtraron información falsa con la intención de hacer creer que estaban encubriendo este fenómeno a personas interesadas, alimentando las teorías de conspiración. Un ejemplo de esto es el caso del oficial Richard Doty. Es difícil saber si Mitchell realmente creía en los extraterrestres, si había sido engañado por el gobierno o si verdaderamente tuvo experiencias fidedignas. Esto probablemente se lo llevó a la tumba. Descanse en paz en las estrellas, Edgar Mitchell.

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Sólo percibimos un fragmento insignificante del espectro electromagnético, sólo escuchamos una minúscula parte de las ondas sonoras, el universo es casi todo invisible y las cosas están fundamentalmente vacías

Probablemente no es más que la costumbre --la habituación de miles de años como especie y la de la cultura en la que nacemos como individuos-- la que nos hace ver el mundo de cierta forma y no de otra. Creemos comúnmente que el mundo es estable, sólido, tridimensional y está fundamentalmente compuesto sólo de lo que podemos ver, tocar, escuchar, oír y saborear. Pero esto es apenas una pequeñísima rebanada de la realidad: sólo percibimos un porcentaje de 1 en 10 billones del espectro electromagnético, por citar sólo un ejemplo. Es con este fragmento que reconstruimos la realidad y, más aún, es con este insignificante pedazo de todo lo que es que determinamos que existe una realidad determinada, correcta... y por default negamos todo lo demás. Es con este pequeñísimo reducto en la ventana del mundo que definimos el paisaje de la totalidad y que construimos todos nuestros conceptos: nuestra ideología política, nuestra cosmología, nuestra visión religiosa, nuestro comportamiento sexual, etcétera.

La realidad siempre será más de lo que podemos aprehender y quizás es imposible abarcarla toda, a menos de que nos podamos convertir en un gigante del mismo tamaño del universo. Dentro de esta carencia, sin embargo, queremos, incluso necesitamos, encontrar sentido y obtener seguridad --a riesgo de ser devorados por la incertidumbre o por el mismo vacío que constituye la inmensa mayoría de las cosas (¡las cuales de hecho están levitando sobre un campo electrostático y nunca realmente tocamos!): 

99.9% de los átomos están constituidos por espacio vacío.

96% del universo es invisible, está compuesto de materia y energía oscura, mayormente desconocida para la ciencia.

Percibimos ondas electromagnéticas entre 430 y 70THz, esto es sólo 0.0035% de todo el espectro electromagnético.

Escuchamos sonido sólo entre 20Hz y 20 kHz. Algunos animales pueden escuchar frecuencias hasta cinco veces más altas y varias veces más bajas. El ámbito de lo que percibimos sobre el total del espectro de audio es igualmente inane. 

El neurocientífico David Eagleman escribe:

Cada organismo asume que su unwelt [su ambiente] es la totalidad de la realidad objetiva. Hasta que un niño aprende que las abejas disfrutan de señales ultavioletas y las cascabeles ven infrarrojo, no se vuelve obvio que existe gran cantidad de información transmitiéndose en canales a los que no tenemos acceso natural. De hecho la parte del espectro electromagnético visible para nosotros es menos de 1 en 10 billones del total. Nuestro sensorium es suficiente para movernos en nuestro ecosistema pero no más.

¿Cómo cambiaría nuestro concepto del mundo si pudiéramos ver la luz invisible? ¿Qué importante información en los extremos de los espectros de luz y sonido se nos revelaría? 

En este video Eagleman explica gráficamente, con una ilusión óptica, por qué la percepción de la realidad tiene que ver más con lo que pasa dentro de nosotros que con lo que pasa afuera, en el mundo exterior.

Evidentemente es posible ver más allá de lo que podemos ver con nuestros ojos, utilizando herramientas tecnológicas, pero cómo saber que los resultados que obtenemos y las interpretaciones y las conclusiones a las que llegamos son las acertadas cuando estamos filtrándolas a través de una percepción condicionada por un aspecto limitado de la realidad. ¿Acaso no es necesario también extender nuestros sentidos, refinar nuestra percepción para cubrir un mayor aspecto de la realidad? En otras palabras, no sólo un progreso tecnológico externo, por ejemplo, en hacer un telescopio que pueda ver más lejos, también incrementar la habilidad de pensar de un científico y su capacidad de ver más. 

En el budismo se habla de que existen 32 mundos (lokas) o planos en los que la mente puede existir, de los cuales sólo habitamos actualmente en uno. Una interpretación teosófica de las enseñanzas esotéricas del hinduismo sostiene que el ser humano tiene siete cuerpos, desde el cuerpo físico hasta el atman o cuerpo espiritual idéntico a la divinidad, es decir, que el cuerpo que conocemos es sólo uno de siete más que yacen de alguna manera ocultos. Esto nos puede parecer inaudito, aberrante, pseudociencia rampante, delirio alucinatorio, lo que sea. ¿Pero cómo estar seguros si apenas podemos percibir tan pequeño porcentaje del pastel electromagnético de la realidad? ¿Cómo saberlo si cada uno de nosotros está mirando desde un túnel de realidad? Esto nos puede llevar a un razonable agnosticismo y al asombro o a la impotencia ante nuestra pequeñez e insignificancia o, si creemos que la realidad no sólo existe sino que es cognosible en nuestro estado actual, a afirmar entonces que el ser humano cuenta con capacidades subyacentes de percepción con las cuales puede penetrar más allá de los velos materiales y observar y entender lo que normalmente es invisible. En el cuerpo humano, en el crecimiento de un árbol, en la vibración de una ola, entender las leyes universales que rigen el inconmensurable espacio cósmico. Como aquí en todas partes: la razón humana capaz de deducir de un fragmento la totalidad (¿la suerte o divinidad de que el universo sea esencialmente un holograma?). O, aún más que la razón, que tengamos una misteriosa cualidad perceptiva que nos hace encontrar en nuestra profunidad una ventana al cosmos más precisa y poderosa que el telescopio Hubble, como sugiere Lao-Tse en el enigmático Tao Te King:

Puedes conocer el universo

Sin salir de tu casa.

Puedes ver los caminos del cielo

Sin mirar afuera a través de tu ventana.

Dejemos esto entonces como una interrogante abierta, bajo la consideración de que en nuestro estado de capacidad perceptiva actual es más sensato notar que no sabemos, pero también que quizás podríamos saber, porque tampoco sabemos que no podemos saber. No sería exacto decir que la realidad no existe o que no podemos alcanzar a percibir la realidad, pero decir que ya hemos conquistado la realidad y que hemos llegado a una visión de la realidad satisfactoria es evidentemente una crasa ilusión. Así las cosas, sólo queda disfrutar de la incertidumbre, abrazar lo insondable e intentar seguir aumentando nuestra capacidad de percibir, de ver más lejos, de ver más claro, hacia afuera y hacia adentro. 

 

Twitter del autor: @alepholo