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El clima es el resultado de numerosos factores cósmicos; debemos sumar uno más

El clima en la Tierra es de muchas formas resultado de la influencia sideral. Si bien sabíamos que la Luna influye en las mareas y en los cultivos, un nuevo atributo lunar ha sido confirmado por investigadores de la Universidad de Washington: la Luna influye en la precipitación.

Aunque existían estudios previos que sugerían un efecto lunar en la lluvia esta es la primera investigación en confirmarlo, según comenta el investigador Tsubasa Kohyama.

El estudio reveló que cuando la Luna está alta en el cielo su gravedad hace que la atmósfera de la Tierra crezca hacia ella, por lo que la presión de la atmósfera de ese lado del planeta se incrementa. Una presión más alta significa una mayor temperatura en las parcelas de aire, lo cual a su vez implica menor humedad y por lo tanto menos lluvia. La investigación tomó en cuenta más de 15 años de datos sobre la oscilación del clima en relación con las fases de la Luna. Sin embargo, los investigadores recalcan que los efectos de la Luna en el clima son menores. 

En el futuro se planea investigar la posible influencia de la Luna en fuertes tormentas, o si las fases del astro afectan la frecuencia de tormentas.

Por lo pronto, el estudio podrá ser tomado en cuenta para formular modelos de predicción de clima más precisos, que incorporen variables multifactoriales. Queda claro que el cosmos es parte de nuestra existencia de diversas y sutiles maneras. Históricamente, la Luna ha sido ligada al elemento de agua. 

 

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La profecía de Einstein está completa: por primera vez se registra la existencia de ondas gravitacionales

Ciencia

Por: pijamasurf - 02/06/2016

100 años después de que Einstein diera a conocer su teoría de la relatividad, científicos confirman una de sus predicciones más interesantes: que la gravedad es producto de la aceleración de cuerpos con masa en el espacio-tiempo

Este jueves 11 de febrero es un día histórico para la ciencia y, específicamente, para la física. 100 años después de que Albert Einstein predijera a través de su teoría de la relatividad la existencia de ondas gravitacionales como consecuencia de la aceleración de objetos con una masa específica en el espacio-tiempo, finalmente un grupo de científicos pudo confirmar la veracidad de estas vibraciones primigenias en la colisión de dos agujeros negros situados a más de mil millones de años luz de distancia de la Tierra.

El hallazgo corrió a cargo de un gran equipo de físicos trabajando conjuntamente con el Laser Interferometer Gravitational-Wave Observatory (LIGO), institución científica dividida en dos instalaciones ubicadas en Washington y Luisiana, Estados Unidos, en donde un par de antenas en forma de L recibieron una vibración de 50 veces más energía que todas las estrellas del universo juntas.

Al escuchar esta vibración, los científicos observaron que provenía de un par de agujeros negros a mil 300 millones de años luz que giraban y se acercaban entre sí a una enorme velocidad hasta que colisionaron, provocando una enorme explosión. De este choque surgieron ondas gravitacionales que llegaron hasta nuestro planeta y las cuales pudieron registrarse gracias a una adecuada calibración de instrumentos, con lo cual se encontró evidencia factible para las predicciones teóricas de Einstein.

El descubrimiento, por otro lado, también tiene una alta dosis de poesía natural, pues además de que implica ver lo que no vemos pero que siempre ha estado ahí, se trata de una constatación de existencia de uno de los niveles más profundos de la realidad.

 

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