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Antiguo líder del KKK llama a votar por Donald Trump

Por: pijamasurf - 02/28/2016

Así que ya lo saben: un voto para Trump es un voto para el KKK y sus simpatizantes

David Duke, antiguo líder del grupo supremacista blanco Ku Klux Klan y exlegislador del estado de Luisiana, llamó el miércoles pasado a votar por Donald Trump en su programa de radio. No hacerlo, afirma Duke, "es una traición a nuestra herencia", esto es, a la de los "americanos europeos", como se denominan a sí mismos.

Duke ve los votos para Trump como una opción estratégica frente al resto de los candidatos: "Votar por esta gente, votar contra Donald Trump en este punto, es realmente una traición a nuestra herencia", y aunque aseguró que no está de acuerdo con todo lo que el republicano propone ni lo ha apoyado formalmente, "apoyo su candidatura y apoyo votar por él como acción estratégica. Espero que haga todo lo que esperamos que haga".

El ex gran maestro del KKK llamó a su audiencia a "tomar acciones" como voluntarios en favor de Trump. Y es que nada más lógico que un montón de rednecks de Luisiana atizando el odio racial y el nacionalismo segregacionista pues, en los cuarteles generales de Trump, los voluntarios "van a conocer gente que tendrá el mismo tipo de ideas que ustedes".

En entrevista con POLITICO, Duke dijo que gracias a Trump es posible tocar temas raciales en política de manera radical: "Él ha hecho que esté bien hablar de estas increíbles preocupaciones de los europeo-americanos de hoy, porque creo que los europeo-americanos saben que son el único grupo que no puede defender sus propios intereses esenciales y sus puntos de vista", acotando que su victoria electoral "significará mucho para los derechos humanos de los europeo-americanos".

Otros notorios líderes racistas han expresado también su apoyo a Trump, como el extremista francés Jean-Marie Le Pen, fundador del Frente Nacional de Francia. 

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Las exclusivas y salvajes fiestas sexuales para mujeres bi-curiosas

Por: pijamasurf - 02/28/2016

Un exclusivo club sexual donde las mujeres se exploran unas a otras en un ambiente de confianza y deshinibición donde no todo se queda en "foreplay"

Genevieve LeJeune tiene 34 años y siempre le ha gustado asistir a fiestas sexuales en su natal Reino Unido. Sin embargo, muy pronto se dio cuenta de que todo estaba montado para disfrute de los hombres y que las mujeres —incluso en el caso de clubes swinger— parecen más como un adorno o parte del mobiliario que verdaderas participantes.

“Era tan clínico y aburrido. Es un mundo de hombres y sentí que necesitábamos un cambio”. Ese cambio llegó en la forma del Skirt Club, una forma de socializar la sexualidad femenina en un ambiente de respeto, exploración y apertura.

“Cuando se trata de sexo”, cuenta LeJeune, “para las mujeres, todo cuenta. Se trata de la estimulación mental, la suavidad, la conversación y la actuación, el ser seductoras. Es el tipo de cóctel que estás tomando, los chocolates que has estado comiendo, todo el ambiente”.

El Skirt Club no es un lugar sino una idea: es el equivalente a un Fight Club pero para mujeres que quieren explorar su sexualidad con otras mujeres. El experimento inglés ha sido sumamente exitoso, por lo que el club ha abierto sedes en Sidney, Australia, así como en Nueva York y Miami en Estados Unidos.

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La locación cambia cada vez y los miembros son informados a veces solamente con 24 horas de anticipación. Los teléfonos se apagan al llegar y no existe algo así como una ventanilla para entrar al Skirt Club: es necesario que alguien te recomiende, y puedes ser expulsada en cualquier momento. Cada fiesta es como una pequeña entrega de premios mezclada con Halloween en el palacio de Buckingham. Todos los detalles han sido cuidadosamente trabajados e, incluso, los asistentes escucharán presentaciones y charlas durante la fiesta que van de los afrodisíacos a aspectos de psicología corporal.

En suma, se trata de “un club privado para las curiosas, bi-curiosas, bisexuales y mujeres heterosexuales de mente abierta buscando aventuras”. Las nuevas se identifican con una llave alrededor de la muñeca; las anfitrionas del Skirt Club las hacen sentir como en casa. Hayley Quinn es una de dichas huéspedes frecuentes, y una especialista en cómo romper el hielo cuando una mujer quiere seducir a otra:

Les enseño a las mujeres cómo flirtear con otras mujeres. En particular cuando se trata de expresar que encuentran atractivas a otras mujeres aunque no se identifiquen como gay. Cuando se refiere a la sexualidad o la bicuriosidad, lo más valioso es saber que puedes hacer algo y que ese acto no te define como persona, ese acto no te cambia la identidad.

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Mucho se dice en nuestros días sobre el peligro de objetificar a la mujer o reducirla a su función sexual. Pero pensamos que tanto para hombres como para mujeres puede ser deseable —consensuado— verse de vez en cuando no como un objeto sino como parte de un organismo sexual con decenas de bocas, manos, senos, coños, hecho para proporcionarse placer. Quinn cuenta una historia que ilustra muy bien esto:

Una vez tuvimos un after del Skirt Club en mi casa, las chicas estaban en mi estudio usando dildos y vibradores, y no es broma, los muebles de la oficina nunca volvieron a ser los mismos. Una mujer era dominatrix y se cogió a todas las chicas del lugar. Todas practicábamos sexo seguro, usábamos condones en los juguetes sexuales. La dominatrix le pide a su sumisa que limpie los condones y la sumisa dice ‘no’, y luego la sumisa es castigada sobre el escritorio. Al final recuerdo solamente estar ahí a las 6 de la mañana luego de que todas se hubieran ido, recogiendo toneladas de condones usados.

A decir de su fundadora, LeJeune, “la misión del Skirt Club es el empoderamiento femenino. Estamos seguras de que la confianza en la cama deriva en confianza en lo demás”.

Con respecto a la sexualidad, llegamos a convencernos de que vivimos en una época de gran apertura y experimentación, de descubrir nuevos límites de placer y disfrute; la realidad es que la gama de identidades sexuales en pugna (cuyo correlato son los movimientos a favor de los derechos civiles de los homosexuales, así como leyes que determinan lo que una mujer debe hacer con su embarazo) coloca a hombres y mujeres en posiciones críticas: la sexualidad deja de ser una práctica personal o de pareja y puede transformarse en un estilo de vida.

Pero este estilo de vida también puede ser liberador.