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El piano es uno de los instrumentos para los que se han compuesto algunas de las piezas más hermosas, conmovedoras y memorables; esta es una selección personal de esas composiciones

Con cierto ánimo poético podríamos decir que ciertos instrumentos musicales e incluso ciertas composiciones o el estilo de determinado músico puede compararse con la voz humana en al menos un aspecto: como a veces nos pasa con la voz de ciertas personas, que podemos identificar en casi cualquier circunstancia, que puede llegar acompañada de evocaciones y recuerdos, que podemos confundir y en esa confusión sorprendernos de pronto en pensamientos inesperados, así también cierto instrumento en particular, cierta tonada, cierto estilo de composición pueden tener una identidad propia, pueden ser para nosotros, en nuestro imaginario o en ese mapa personal que trazamos azarosamente al hilo de nuestras experiencias, una especie de “cosa única”, algo que en cierto sentido nos pertenece únicamente a nosotros, con significado propio para nosotros mismos. Así como cuando a veces en la voz de alguien hay algo específico que sólo cada uno de nosotros escucha, así también en la música, una de sus dimensiones en netamente subjetiva, personal, inscrita de lleno en nuestra propia partitura. Y como tal, su sonido puede ejercer sobre nosotros un cautiverio súbito, delicioso, impensado.

 

A manera de ejercicio de memoria pero también de comunión (porque, ¿qué es el arte sino un punto de contacto con los demás?), compartimos ahora esta lista elaborada a partir de un puñado de criterios personales: la predilección por el sonido del piano, la brevedad de las composiciones y el azar de la memoria, condición esta última que vuelve a la selección finita, caprichosa e imperfecta.

 

J. S. Bach, Variaciones Goldberg, BWV 988, Variatio 3. Canone all'Unisono. A 1 Clav; Glenn Gould

 

Brahms, Intermezzo No. 1 en Si menor, Op. 119, Adagio; Glenn Gould

Nunca ha existido otro intérprete de Bach como Glenn Gould. Hay otros, algunos incluso mejores, pero nadie como él, nadie con su excentricidad ni con su perfeccionismo, nadie con ese rigor casi mecánico que tan bien hace sonar la música barroca. Nadie, tampoco, que como él, por el puro placer que encontraba en las ejecuciones, se empeñara en revivir casi exclusivamente por pura sensibilidad e intuición el espíritu de un tipo específico de música, lo cual también llevó a sus interpretaciones del repertorio del siglo XX. Su grabación de los Intermezzi de Brahms está colmada de esa melancolía e instrospección tan propias del romanticismo tardío: allegro non assai, ma molto appassionato.

 

Chopin, Preludios, Op. 28, No. 7 en La mayor. Andantino; Rafał Blechacz

Rafał Blechacz, uno de los mejores intérpretes contemporáneos de Chopin, compatriota del compositor y único pianista en la historia en haber ganado tanto el primer lugar general del Concurso Internacional de Piano Fryderyk Chopin como el primer lugar en cada una de sus categorías (polonesa, mazurka, sonata y concierto), esto en 2005.

 

J. S. Bach, Concierto para clave n.º 5 en Fa menor, BWV 1056, II: Largo; arreglo para piano e interpretación, Wilhelm Kempff

 

C. W. Gluck, "Ronde des esprits bienheureux", de la ópera Orphée et Eurydice; arreglo para piano e interpretación, Wilhelm Kempff

Un pianista de la vieja escuela, Wilhelm Kempff destacó sobre todo en sus interpretaciones del repertorio romántico. Críticos y colegas elogiaron el lirismo y espontaneidad de sus ejecuciones. En este par de grabaciones destaca además su solvencia para llevar solo al piano melodías compuestas originalmente para varios instrumentos.

 

J. S. Bach/arr. Alexander Siloti, Preludio en Si menor, BWV 855a; Alexandre Tharaud

El pianista de origen francés Alexandre Tharaud ejecuta sobriamente el arreglo que hizo su colega de instrumento Alexander Siloti a un preludio de Bach, llevándolo de Mi menor a Si menor.

 

Beethoven, 6 minuetos, WoO 10, No. 2 en Sol mayor; Antonín Kubálek

Quizá una pieza muy menor de Beethoven, pero no por ello menos memorable, perfecta en sus dimensiones, una de esas construcciones en miniatura que parecen universos propios. 

 

Schumann, Kinderszenen, Op. 15, 4. Bittendes Kind; Vladimir Horowitz

Uno de los mejores pianistas del siglo XX, Vladimir Horowitz destacó en sus interpretaciones románticas. En el caso de las Escenas de la infancia de Schumann, es palpable esa evocación nostálgica de la composición en su forma de ejecutarla.

 

Erik Satie, Je te veux; Jean-Yves Thibaudet

Hay artistas que sin ser geniales, su obra nos conmueve. Satie pertenece a esta categoría: sus composiciones son sencillas pero sensibles, con lo cual fácilmente nos conquistan, por el lado del corazón. Además de sus conocidas Gymnopédies, Satie también es autor de otras piezas a medio camino entre el romanticismo y la vanguardia. Jean-Yves Thibaudet, por otro lado, es un pianista especializado en compositores franceses.

 

Ravel, Pavane pour une infante défunte; Sviatoslav Richter

 

Una pieza bien conocida de profundas evocaciones sentimentales que curiosamente, a pesar de su nombre, no fue compuesta en honor de ninguna princesa ni en ocasión de duelo de ningún tipo. Pero quizá esa sea su virtud, la prueba de genio de Ravel y el sello del arte auténtico: que como pieza es capaz de llevarnos a un estado anímico especial aun cuando no lo estemos viviendo realmente. Esta interpretación corre a cargo de otro de los grandes pianistas del siglo XX, el ruso Sviatoslav Richter, probablemente uno de los músicos con más amplio repertorio y ejecución magistral en piezas de muy distintas épocas.

 

Igor Stravinsky, Trois mouvements de Pétrouchka, 1. Danse russe; Maurizio Pollini

Después de haber compuesto su ballet Pétrouchka (1911), Stravinsky tomó tres partes de éste y realizó un ejercicio de recomposición para llevar su musicalidad al piano, no a manera de transcripción, sino más bien de traslado. Anecdóticamente se cuenta que por la dificultad de estas piezas el mismo Stravinsky fue incapaz de ejecutarlas, y que uno de los pocos en conseguirlo fue el notable pianista Arthur Rubinstein, para quien Stravinsky las había compuesto. Esta grabación corre a cargo del italiano Maurizio Pollini, solvente en el repertorio clásico y romántico (Mozart y Chopin, especialmente), pero también en composiciones del siglo XX.

 

Manuel M. Ponce, 3 canciones mexicanas, 1. Estrellita; Jorge Federico Osorio

Un clásico del repertorio clásico mexicano, pero también, como composición, un puente de unión entre la música académica y la música popular, cualidad esencial en el estilo de Manuel María Ponce.

 

José Resta, Bailecillo; Daniel Barenboim

Daniel Barenboim ha contado en varias ocasiones que el compositor José Resta acudía a visitar con cierta frecuencia a sus padres, en Buenos Aires, cuando él era aún niño. En aquellas ocasiones tocaba a veces esta pieza que Barenboim reconstruyó, como se diría en francés, par cœur, o de memoria y oído, para decirlo en buen español.

 

Dos excepciones para quien tenga más tiempo

Philip Glass, Mad Rush; Bruce Brubaker

 

Arvo Pärt, Für Alina, 1. Für Alina, Alexander Malter

Dos piezas de compositores que aunque han sido clasificados, ambos, de "minimalistas", son muy distintos entre sí, a pesar de las semejanzas. Estas composiciones de Philip Glass y Arvo Pärt son ambas hipnotizantes, pero cada una a su manera: Glass nos cautiva con su repetición, pero es como si ésta nos impidiera hacer otra cosa más que seguirla en sus vaivenes; Pärt, por su parte, también atrapa nuestra escucha, pero al mismo tiempo su música provoca un viaje hacia nuestro interior, hacia nuestras emociones y quizá incluso nuestros recuerdos, como si notas y silencios tuvieran ese acomodo que a veces suscitan las palabras profundas de alguien que nos dice algo que quizá no queríamos escuchar, pero que al oírlo nos sume en la reflexión de nuestra propia existencia.

 

ACTUALIZACIÓN (11-01-2017): Hemos reunido los tracks en una playlist de Spotify, en donde ya pueden encontrar a Pijama Surf.

 

Twitter del autor: @juanpablocahz

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Biblioteca Pijama Surf: libros de Umberto Eco digitalizados

Arte

Por: pijamasurf - 02/07/2016

Como homenaje al gran Umberto Eco, compartimos 5 de sus mejores libros

El día de ayer, 19 de febrero, murió Umberto Eco, sin duda una de las figuras capitales de la cultura europea del siglo XX, erudito como pocos, protagonista de importantes discusiones intelectuales y académicas, novelista entrañable, dueño de una mente lúcida y crítica que también participó de la realidad de su tiempo y, en fin, uno de esos escasos representantes de una estirpe cada vez más escasa de personas consagradas al saber, la investigación y la inteligencia.

Ahora, con su obra cerrada, quizá sea posible aventurar que uno de los rasgos más notables en la labor intelectual de Eco fue su capacidad para tener ambos pies en distintos territorios: la academia pero también la opinión pública, la “alta cultura” y la cultura popular, la especialización y la divulgación, el ensayo y la novela, la exquisitez y el best seller, siempre de manera destacada, siempre respetando y aun alentando la inteligencia de sus lectores, como si partiera de la premisa de que la curiosidad es una de las cualidades que nos hacen más humanos y, por lo mismo, es menester estimularla e incluso premiarla.

A manera de homenaje post mortem, en Pijama Surf buscamos algunos de los libros más conocidos e importantes de la amplia bibliografía de Eco que ya estuvieran digitalizados y los reunimos en este post, para formar una entrada más de la biblioteca digital que, poco a poco, hemos conformado con dicho método. Cabe mencionar que en el caso de Eco se trata de libros particularmente extensos, de cientos de páginas, lo cual sin embargo es un tanto paradójico pues, dada la soltura de su estilo, su increíble capacidad narrativa, la riqueza de sus alusiones y, como dijimos, la inteligencia de su exposición, en general la lectura es más bien satisfactoria, una serie más o menos continua de descubrimientos y asombros intelectuales que mantienen al lector constantemente atento y, sobre todo, satisfecho.

Descanse en paz, Umberto Eco.

 

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Novelas

El nombre de la rosa (1980)

Narrativamente, la novela que dio a Umberto Eco fama internacional. Aunque se trata de una narración extensa y profundamente erudita, ello no obstó para que el título se convirtiera en su época en uno de los más leídos y vendidos a nivel mundial. Los hechos ocurren en la Edad Media, en un monasterio benedictino, donde el monje franciscano Guillermo de Baskerville llega para resolver una serie de homicidios. La novela abunda en referencias literarias, filosóficas, artísticas e incluso semióticas, y también es una de las mejores historias de detectives jamás escritas.

 

El péndulo de Foucault (1988)

Un poco como Cervantes hizo con el Quijote y las novelas de caballería, Eco intentó en El péndulo de Foucault satirizar en contra de las teorías de la conspiración y todas aquellas ideas lindantes con la paranoia que, marcadamente en las décadas de 1980 y 1990, veían patrones y complots en numerosas situaciones sociales, como si el mundo estuviera dominado por una sociedad secreta que desde las sombras tirara de los hilos del control mundial. Atinadamente, Eco construyó la historia con alusiones a la cábala, la alquimia y otras tradiciones esotéricas.

 

El cementerio de Praga (2010)

Una de las últimas novelas de Eco, ésta también con ciertos elementos de las teorías conspiracionistas, pero ambientada en torno al movimiento político del Risorgimento italiano.

 

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Ensayos

Apocalípticos e integrados (1964)

Uno de los títulos más emblemáticos de Eco dentro de su labor ensayística. Una reunión de artículos en los que exploró la noción de “cultura”, en especial el contraste y relación entre la llamada “alta cultura” (música clásica, bellas artes, etc.) y la “baja cultura” (cultura popular, cómics, best sellers, etc.). El libro fue además un aporte notable en la discusión de la época a propósito de la “cultura de masas”, generada a su vez por la relevancia de los medios masivos de comunicación.

 

Tratado de semiótica general (1975)

Académicamente, Eco fue reconocido como un gran semiótico. Este libro es una suerte de compilación de sus investigaciones al respecto, un trabajo ambicioso y aún con cierta autoridad dentro de la disciplina.

 

Bonus

Historia de la belleza (2004)

Historia de la fealdad (2007)

A manera de bonus agregamos los enlaces a las versiones escaneadas de estos dos libros que idealmente sería mejor tener impresos, pues son profundamente visuales. En ambos, Eco realizó un ejercicio de curaduría siguiendo las transformaciones de las ideas de belleza y fealdad en el arte europeo de la antigüedad clásica al siglo XX.