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Un beso no es nunca sólo un beso: videoensayo explora 120 años de besos en el cine

Por: pijamasurf - 01/08/2016

El British Film Institute realizó esta compilación del beso en la historia del cine para mostrar todo lo que puede significar ese acto

 

Quizá no muchos sepan que entre las primeras imágenes en movimiento registradas con intenciones cinematográficas están las de una pareja besándose. La grabación se realizó en 1896 a instancias de Thomas Alva Edison, y desde que se mostró al público fue censurada y calificada de obscena.

A partir de entonces, es posible que uno de los actos humanos con mayor presencia en el cine sea el de dos personas reuniendo sus bocas, ya sea en una muestra de amor o de sometimiento, de hipocresía o de pasión desbordada.

De Chaplin a Woody Allen, de Hitchcock a Scorsese, de Max Ophüls a Kurosawa, los besos recorren el cine como un motivo recurrente que, por otro lado, ha establecido una dialéctica entre la imaginación y la realidad, un intenso vaivén simbólico en medio del cual nos encontramos nosotros, los espectadores, las personas reales que no vivimos en las condiciones controladas del plató cinematográfico, que nos besamos pero no con el glamour con que esto ocurre en las cintas hollywoodenses, aunque quizá, en cierta parte de nuestra mente, pensamos que es así.

En parte esa es la premisa de la que parte este videoensayo subido recientemente por el British Film Institute, titulado Lips, Love and Power y el cual compila una buena parte de los besos filmados en estos 120 años de labor fílmica, en la mayoría de sus variantes, en sus irrupciones en contra del statu quo, en su abanderamiento franco por la libertad de los cuerpos y, en suma, en todo aquello que puede estar depositado en un beso.

El número, por otra parte, quizá no sea del todo casual pues, como en Las 120 jornadas de Sodoma, 120 años de besos cinematográficos también pueden ser un amplio muestrario de los límites y alcances de la sexualidad humana.

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Por: pijamasurf - 01/08/2016

Un artista sobrevive en sus obras, y David Bowie no es la excepción.

Hoy es un día triste para la música debido a la muerte de David Bowie, compositor y cantante decisivo en la historia del rock. También un artista multifacético cuya creatividad lo llevó por diversos ámbitos artísticos, en especial la pintura y el cine, con buena fortuna.

El anuncio de su muerte se hizo en su página oficial de Facebook, en donde a pesar de la circunstancia, se aseguró que Bowie “murió en paz, rodeado de su familia, luego de 18 meses de batalla contra el cáncer”.

Ars longa, vita brevis, dice la locución latina, porque cuando se compara la duración de la existencia humana con aquella de las obras que podemos materializar en el transcurso de ésta nos damos cuenta de que, en efecto, es posible que nuestros frutos nos sobrevivan, y eso muchas veces es evidente en el caso de los grandes artistas como Bowie.

Para muestra, compartimos estas dos playlists que encontramos recientemente en la plataforma Spotify. La primera, curada por el staff del diario inglés The Telegraph, reúne las 20 canciones esenciales de David Bowie, un muestrario de lo mejor de su producción para recordarlo, conocerlo o redescubrirlo. La segunda se encuentra en el otro punto del espectro, pues se trata de 10 canciones poco conocidas pero igualmente geniales del compositor, joyas que quizá pasamos por alto pero que en esta ocasión se ofrecen plenas para que las apreciemos.

Si algo de nosotros mismos dejamos en todo lo que hacemos, quizá, después de todo, hay algo de vida en cada una de esas canciones.

20 canciones esenciales de David Bowie

 

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