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Por qué nuestros gobernantes deberían ser filósofos y no sólo políticos

Filosofía

Por: pijamasurf - 01/26/2016

Un presidente filósofo podría tal vez cambiar las cosas

 

En este corto y entretenido video de la BBC se expone una de las ideas más famosas y controversiales de Platón, la cual expone en su libro La República, la noción de que los reyes-filósofos deberían gobernar un Estado. Este mismo planteamiento ha sido usado para determinar que Platón es un filósofo antidemocrático.

Ahora bien, dicha noción debe analizarse con más profundidad para no caer en extremos. Lo que Platón sugiere es que un filósofo es la persona ideal para gobernar porque, por definición, un filósofo es quien ama la verdad y se ha liberado de los deseos mundanos que corrompen el carácter, puesto que, necesariamente, si es que es un verdadero filósofo, su naturaleza permanece en la contemplación y defensa de las Formas, esto es los arquetipos o los principios (éticos y estéticos) que trascienden el condicionamiento temporal. Nos puede parecer algo lejano está definición de "filósofo" de Platón, esta idea de incorruptibilidad afianzada en el conocimiento, pero es ciertamente la esencia y origen de la filosofía (es en este sentido que Platón es elitista: pide la pureza y la impecabilidad del carácter de un hombre). Hoy vemos a los filósofos como personas que se dedican sólo a pensar y a formular pensamientos que son lógica y racionalmente correctos, pero no como individuos que actúan correctamente, y que deberían ser reconocidos como tal (como filósofos) justamente porque han logrado incorporar su conocimiento de manera integral a su vida. Por esto Platón considera que el filósofo es el hombre capacitado para gobernar, para maniobrar la nave del Estado. En nuestra época, tal incorruptibilidad moral nos parece utópica o simplemente ideal (el término ha degenerado en nuestra cultura a significar algo irreal). Lo anterior, sin embargo, revela más el estado de nuestra condición moral que un supuesto error en el juicio de Platón.

El planteamiento de Platón puede resumirse un poco en la idea que es ilustrada en el video. Tenemos un capitán de barco que, por discapacidad, no puede tripular su embarcación. Entonces, los marineros se enfrascan en discusiones y reyertas para definir quien debería ser el capitán. El problema es que los marineros no saben de navegación y utilizan, en cambio, las habilidades que tienen, mayormente insignificantes para la tarea en cuestión, para hacer que el dueño del barco los elija como capitanes. Realizando todo tipo de pantomimas, demostraciones de fuerza bruta y sofistería, como la demagogia y el marketing en la política actual, los marineros logran hacer pensar al dueño que algunos tienen lo que se necesita para conducir el barco. Al suceder esto, en este reino de las apariencias, dice Sócrates, el hombre que realmente sabe de navegación es llamado un simple "observador de las estrellas". Esto es lo que le ocurría a los filósofos en Atenas. Al dueño del barco podemos sustituirlo por el pueblo que se deja llevar fácilmente por las apariencias y no es capaz de ver el verdadero carácter y la capacidad de "manejo" de un candidato, justamente porque no ha llevado una vida filosófica.  

Si aplicamos lo que dice Platón al mundo contemporáneo tendríamos que exigir que nuestros gobernantes no fueran políticos profesionales, sino que fueran hombres de conocimiento. Evidentemente el problema es que no tenemos ya ni siquiera una estructura para formar filósofos y medir la integridad de las personas (la corrupción ha penetrado todos los ámbitos de la vida y bajo esta realidad oscurecida las ideas platónicas son utópicas). No tenemos los mecanismos --democráticos o no-- para asegurarnos de que una persona así llegue incluso a existir, menos aún a reinar. Tan lamentable es la situación en la que nos encontramos que tener un gobernante sabio nos parece como irrealizable, un deseo remoto. Dicho eso, cualquier persona con cierta apreciación de la cultura y el conocimiento estará de acuerdo en la necesidad de buscar tener gobernantes que hayan cultivado su propia mente y su moralidad. Esto no puede lograrse más que con una mínima formación filosófica. Guardando las distancias, tal vez por eso José Mujica ha sido tan celebrado en el mundo, por ser uno de los pocos ejemplos actuales de un presidente con una filosofía, con una vida que refleja sus ideales. 

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Según el comediante Larry David, el dinero permite a las personas dejar de aparentar que sólo les importan las apariencias y los bienes materiales

En un monólogo reciente en el show Saturday Night Live, el popular comediante Larry David bromeó sobre lo que es ser millonario en nuestra sociedad. El humor, sabemos, se puede dar el lujo de transgredir las normas morales en cierta forma sin hacer un daño, ya que uno debe tomárselo justamente como broma. La vida que es tomada demasiado en serio no sólo pierde su chiste, pierde también inteligencia. Dicho eso, ningún discurso está libre de toda una serie de códigos y relaciones que revelan también paradigmas, atavismos y estigmas de nuestra mentalidad colectiva. Lo que dijo David es altamente revelador de la condición moral de nuestra sociedad, que glorifica el éxito económico y la fama al nivel del cinismo. A veces sólo aceptamos decir lo que realmente pensamos bajo el escudo de que es una broma.

"Cada vez que salgo con alguien en una cita, mis amigos me dicen: '¿No te preocupa que ella sólo está saliendo contigo porque tienes dinero y sales en TV?'". A lo que David contesta: "Claro que es por eso que ella sale conmigo. Es uno de los beneficios. Es por eso que hice todo esto en un principio. ¿Acaso crees que tiene una fijación por viejos calvos?". Y también: "¿Se supone que le guste por quien realmente soy? Yo ni siquiera me gusto por lo que soy". El periodista del popular sitio Inc., que publica los comentarios de David, cree que esto es la esencia de ser rico: "cuando uno es rico, deja de de tener que tratar de ser una buena persona. Ya has logrado la inmunidad de las presiones de tratar de ser bueno. Eres un ojete millonario. Lo abrazas. Te regodeas en ello... Puedes olvidar intentar impresionar a los demás, ya lo has hecho sólo por ser rico".

No es mi intención ser el amargado, "hater", conservador, etc., pero creo que es necesario tomar el papel del moralista en el yermo filosófico en el que nos movemos. Encuentro aquí una buena radiografía de todo lo malo que existe en la glorificación de la riqueza material como si fuera realmente un valor, o más aún, un valor que trasciende los valores. La noción que parecen sostener David, el periodista en cuestión y buena parte del sistema de entretenimiento y propaganda, es que el materialismo y la acumulación no sólo son nuestros deseos secretos sino que son las verdades que aparentamos no saber sólo para ser políticamente correctos y no enfrentar que el dinero no sólo mueve al mundo, también mueve lo más profundo de nuestro ser --y no hay por qué negarlo si es verdad. Como si ser consciente de que las personas nos quieren sólo por el dinero y no darle importancia a esto fuera muy inteligente o incluso una forma de trascender la pobre moral de la sociedad --bajo la suposición de que en realidad cualquier persona, si pudiera, cambiaría sus principios por otros (parafraseando a Groucho Marx) si es que éstos fueran más rentables. En otras palabras, es la afirmación completa de la realidad superior de las apariencias por encima de las esencias. El mundo, nos dicen, es una farsa, así que mejor disfrutemos y dejemos de caer en la ilusión de la bondad y la integridad personal como un valor. El dinero, nos dicen, es lo único que realmente nos libera, nos da el privilegio de dejar de pretender que no hacemos las cosas por intereses mezquinos y egoístas. Además, el dinero es la única muestra tangible, cuantificable de que hemos logrado "hacerla", de que nos hemos encumbrado sobre el azar y las dificultades del mundo y por lo tanto es verdaderamente admirable. Se sugiere que no hay nada malo en hacer las cosas por dinero (igualando hacer las cosas por dinero que por necesidad). La moral es para los pobres, ilusos y tontos. Claro que todo esto es broma, y no debemos tomarlo muy en serio. Pero, por otro lado, ¿quién se toma a la ligera el dinero, la fama y el éxito? Éstos son cosas muy importantes en nuestra vidas, no así ser una buena persona.

En nuestra sociedad en busca de emociones fáciles, de gratificaciones y libertad hedonista sin ningún tipo de compromiso, la moral es poco atractiva: es aburrida y no tiene mucho glamour (o sólo lo tiene cuando se trata de dar dinero a los niños de África para mejorar nuestra reputación o poner nuestra foto de perfil como sello de que nos importa lo que pasa en otro lugar del mundo, que somos muy solidarios). Existe, por otro lado, la vieja idea de que trascender la moral no es deseable y de hecho es un comportamiento erróneo e ignorante. Por el contrario, vivir en armonía con las leyes de la naturaleza y el cosmos brinda la más grande satisfacción y dota la vida de un verdadero significado. Lo más noble en algunos de los viejos sistemas de filosofía --donde se concibe al mundo como inherentemente moral-- era servir, no ser servido o tener sirvientes o explotar a los demás y a la naturaleza misma. Y sólo quien seguía la ley con la más atenta disciplina y compasión podía quizás algún día trascender las leyes de este mundo, salir de la rueda de la fortuna y fundirse con el cauce universal del cual mana la ley misma, inscrita inexorablemente en todos los procesos de la naturaleza. Algo así como dejar de ser un alma para ser sólo Dharma.

 

Twitter del autor: @alepholo