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¿Por qué escuchar canciones tristes nos hace sentir bien? (Una paradoja del equilibrio emocional)

Por: pijamasurf - 01/27/2016

Contrario a lo previsible, las canciones tristes pueden tener un efecto positivo en nuestro ánimo, una aparente contradicción que ha sido estudiada por la psicología y la neurociencia contemporáneas

Mucha de nuestra relación con la música pasa por la sensación de compañía. En no pocas ocasiones cierta melodía, cierta canción, incluso una tonada apenas, se convierten en algo muy parecido a una presencia, algo que está ahí pero que no viene solo, sino que nos enlaza a otras cosas: emociones, recuerdos, imágenes tomadas de algún lugar y que emergen de pronto.

En este sentido, uno de esos pequeños enigmas que existen en torno a la música es el vínculo que establecemos entre ésta y nuestras emociones, en especial, el extraño efecto de que una pieza musical que podría considerarse “triste” (por su melodía, dominada por notas menores, o por su letra) nos hace sentir bien, incluso puede llegar a alegrarnos. ¿Por qué sucede esto?

La psicología y la neurociencia contemporáneas han ofrecido varias respuestas al respecto. En Japón, por ejemplo, a mediados del año pasado se realizó un estudio en el que se concluyó que las canciones tristes propician las llamadas “emociones vicarias”, que en el caso específico de las emociones poco agradables o negativas, nos permiten sentir que las experimentamos pero “a distancia”. Escuchar una canción de dolor, de nostalgia o de tristeza cuando no nos sentimos especialmente dolidos, nostálgicos o tristes es, de acuerdo con esta investigación dirigida por Ai Kawakami, tener de cerca dichas emociones pero sin la amenaza que a veces representan a nuestro estado de ánimo.

Otro estudio plantea una interesante hipótesis respecto a dicho efecto, apuntando hacia la noción de equilibrio emocional. De acuerdo con la investigación del doctor Matthew E. Sachs y otros, algunos escuchan canciones tristes con el propósito un tanto inconsciente de mantenerse emocionalmente equilibrados, como si de cuando en cuando una dosis de tristeza actuara como contrapeso de otras emociones experimentadas en el día a día. El estudio destaca además por reconocer que si bien en la vida contemporánea la tristeza se vive más bien desde la negatividad, estéticamente su recepción y percepción pueden virar hacia el placer y la satisfacción. Aunque suene contradictorio, al menos en la experiencia estética es posible que sentirnos mal nos hace sentirnos bien.

Curiosamente, esa misma búsqueda de equilibrio emocional también parece extenderse hacia el disfrute de lo nuevo y lo desconocido, lo cual no necesariamente se refiere a las canciones tristes sino más bien a las caóticas. Hay quien se siente bien escuchando géneros experimentales (como el jazz), ruidosos (como el metal), disonantes (como ciertas composiciones de la música académica) o francamente cacofónicos. De nuevo esto puede parecer incomprensible, pero según esta investigación parece ser que en algunas personas ocurre un efecto positivo, de recompensa, en la escucha de música que desafía las estructuras habituales.

El enigma, en resumen, no tiene una sola respuesta, y en todo caso nos hace ver no sólo que la mente humana es contradictoria, sino también compleja, y quizá por encima de todo, que en la música, como en otras cosas de la vida, el disfrute es más importante que la explicación.

 

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Algunas personalidades de esta mujer son ciegas (pero no hay nada mal con su cerebro)

Por: pijamasurf - 01/27/2016

Los términos "personalidad disociada" o "histeria" son problemáticos aún, pero esta paciente logró recobrar la vista para algunas de sus "disociaciones"

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Un accidente hizo que una mujer alemana conocida como BT perdiera súbitamente la vista. Los médicos que la atendieron diagnosticaron ceguera cortical y le asignaron un perro guía para su nueva situación. 13 años después, durante una consulta con su psicoterapeuta, una de las personalidades de BT pudo leer una palabra. ¿Cómo es esto posible?

El trastorno de personalidad disociativa (o personalidad múltiple, como se le conoce también) es una afección psíquica difícil de definir y de tratar. En el caso de BT, el trastorno se presentó desde joven y su médico tratante, el doctor Hans Strasburger, llegó a diferenciar hasta 10 personalidades, todas con edades, género, hábitos y temperamentos bien diferenciados entre sí. Algunas de sus personalidades sólo hablan en inglés (pues BT vivió en un país anglosajón de niña), otras sólo en alemán, y algunas son bilingües. 

Strasburger trató a BT durante 4 años y daba por hecho que era completamente ciega, hasta que una de las personalidades (un adolescente hombre) de pronto pudo reconocer el título de una revista. Entonces llamó a su colega, el psicólogo Bruno Waldvogel, para realizarle a BT una serie de pruebas de visión: a través de rayos láser, lentes especiales y habitaciones con distintas condiciones de iluminación.

Posteriormente, gracias a estudios de resonancia magnética, los médicos se dieron cuenta de que el cerebro de BT no responde a la luz, a pesar de que no se percibe el daño cerebral que le diagnosticaron hace 17 años, luego del accidente (el estudio no da detalles respecto al mismo). Creen que puede deberse a una disfunción del núcleo geniculado lateral (NGL), el centro de procesamiento primario de la información visual. 

El diagnóstico para el caso de BT se llama "ceguera psicógena", es decir, cuyas causas son psicológicas y no fisiológicas. Los médicos suponen que algo en el accidente de BT debió impresionarla al grado de que algunas de sus personalidades decidieron "dejar de ver". Con el tiempo, BT (a través de sus avatares) ha entrenado a ocho de sus personalidades en habilidades como reconocimiento de letras, palabras e incluso lectura, mientras que dos de ellas permanecen completamente ciegas. Una teoría a futuro sería observar el patrón visual de las personalidades que ven en la resonancia magnética y compararlas con las que no ven.

 

(The Institute of Psychology)