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"Mi verdadero nombre es David Jones": la primera carta de Bowie a una fan

Por: pijamasurf - 01/12/2016

Antes de convertirse en una superestrella, David Bowie era sólo David Jones, un chico tímido que agradece honestamente a una fan en una carta escrita por él mismo
David Bowie

David Bowie

 

El gran camaleón dejó un legado musical y artístico sin precedentes en el siglo XX: con más de 50 años de carrera, David Bowie partió de este plano de la materia a uno donde sus fans siempre lo recordarán. Pero una de las primeras muestras genuinas de reconocimiento (las que no tienen que ver con los discos vendidos ni con las críticas de la industria) fue escrita por una joven estadounidense, Sandra, en 1967, quien le aseguraba que su música era tan buena como la de Los Beatles y se postulaba para abrir el primer club de fans de Bowie de este lado del Atlántico. Según el sitio Letters of Note, Bowie (entonces de tan sólo 20 años) estaba tan emocionado de recibir su primer "fan mail" que le respondió casi en el acto:

Querida Sandra,

Cuando me llamaron hace unos momentos de la oficina de mi agente recibí mi primera carta de una fan estadounidense --y era tuya. Estaba tan feliz que tuve que sentarme y empezar a responderte de inmediato, aunque Ken esté gritándome ahora mismo que necesita seguir con un guión que requiere con urgencia. Eso puede esrepar (¿esrepar? Es una nueva palabra que significa esperar).

Estuve esperando alguna reacción al disco de los escuchas estadounidenses. Salieron algunas reseñas en Billboard y Cash Box, pero fueron hechas por críticos profesionales que rara vez reflejan las opiniones del público. Las críticas fueron muy halagadoras, a pesar de todo. Incluso les gustó el sencillo "Love You Till Tuesday". Tengo una copia del disco estadounidense y vi que imprimieron la foto demasiado amarilla. No soy tan rubio en realidad. Creo que la foto de atrás es más 'yo'. Ojalá que te gusten las que te mando.

En respuesta a tus preguntas, mi verdadero nombre es David Jones y no tengo que explicarte la razón del cambio. 'Nadie te va a hacer ganar un clavo así', dijo mi agente. Mi cumpleaños es el 8 de enero y supongo que mido 5'10". Hay un Fan Club aquí en Inglaterra, pero si las cosas salen bien en EE.UU. también tendremos uno allá, supongo. Es un poco pronto para siquiera pensar en eso.

Espero ir a Estados Unidos un día. Mi agente me habla mucho de allá pues ha ido varias veces con otros artistas que maneja. Estaba viendo una vieja película la otra noche por TV llamada No Down Payment, una gran película, pero un poco deprimente si es un reflejo certero del modo de vida americano. Sin embargo, poco después de esa pasaron un documental sobre Robert Frost, un poeta de allá, filmado sobre todo en su casa de Vermont, y eso alineó el marcador. Estoy seguro de que eso se acerca más al verdadero Estados Unidos. Hice mi primera película la semana pasada. Sólo un corto de 15 minutos, pero fue una buena experiencia para una más larga que voy a empezar en enero.

Gracias por tomarte la molestia de escribirme y por favor hazlo de nuevo y déjame saber algo más de ti.

Tuyo sinceramente,

(Firmado David Bowie) bowie

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La relación entre tus bacterias y tus relaciones sociales

Por: pijamasurf - 01/12/2016

Nuestro microbioma está significativamente influenciado por los microbios que recibimos durante nuestra interacción cotidiana con otras personas

microbiome

El intercambio que ocurre durante cada una de nuestras interacciones sociales es prácticamente inabarcable. Cada vez que tenemos contacto con otras persona en realidad estamos intercambiando mucho más de lo que creemos: se trata de una danza en la que van desde aspectos intangibles como estados anímicos o emociones y aspectos culturales como protocolos o símbolos corporales hasta elementos metafísicos en los cuales por ahora no ahondaremos y, a la par, una gran cantidad de aspectos correspondientes a la "microfísica" y a la química, por ejemplo la temperatura corporal, los minerales (bajo residuos de sudoración), las partículas olorosas y, por supuesto, muchos microbios.

Nuestro microbioma, imperio microbial que habita en el interior de cada uno de nosotros, es influenciado significativamente. Esencialmente dinámico, este microscópico ecosistema se encuentra eternamente mutando: bacterias van, bacterias vienen, nacen, mueren, se reproducen, y con frecuencia llegan a él nuevos e inéditos integrantes. En este sentido nuestra interacción cotidiana con otros individuos --y sobra decir que esto se intensifica con los más cercanos-- define una buena porción de las transformaciones que experimentará nuestro microbioma.

Cada abrazo, saludo de mano, estornudo, hipo, y obviamente cada beso, sirven como fértiles vehículos para que nuestros microbios tomen al abordaje el cuerpo ajeno y viceversa. Cabe señalar que algunos de estos son (como muchos lo esperarían) maliciosos, pero también en este intercambio se incluyen numerosos microbios benéficos.

En un artículo para The Atlantic, Ed Yong hace una buena analogía entre esta red microbial y la forma en la que permea nuestras relaciones:

Esto significa que existe un "pan-microbioma" –una metacomunidad de especies de microbios que se extiende sobre un grupo de organismos anfitriones. Si comparas tu microbioma con tu colección privada de música, entonces este pan-microbioma sería como la tienda completa de iTunes, y cada saludo de mano es un acto de compartir un archivo de tu música.   

Posteriormente Yong cita un estudio realizado por Andrew Moller, de la Universidad de Berkeley en California, en el que se determinó que existe un activo "intercambio microbiomal" entre ejemplares, en este caso monos. De hecho, se descubrió que el microbioma en realidad se influencia de forma horizontal --entre organismos que se relacionan socialmente-- y no de manera vertical --es decir, por herencia de padres a hijos.  

La premisa de la influencia que ejercen las relaciones sociales entre los microbiomas involucrados es una pista más alrededor del funcionamiento de este fascinante microecosistema que nos habita a todos en los intestinos y que determina una buena porción de la salud de nuestro organismo. Pero también nos invita a una reflexión en torno al nivel de intercambio --a su intensidad y "multifascetidad"-- que ocurre cuando tratamos con una persona. Y esto a su vez podría sugerir la importancia de una cierta selectividad o al menos la conciencia de todas las implicaciones que conlleva simplemente convivir con otro ser humano –aunque quizá, a fin de cuentas, todos somos uno solo.

 

Imagen vía Duke University