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Libertad, igualdad, ¿fraternidad? Nueva pieza de Banksy critica el uso de bombas de gas contra migrantes

Por: pijamasurf - 01/26/2016

Esta pieza de Banksy en la embajada de Francia en Londres cuestiona las acciones violentas que la policía francesa emprendió recientemente en el campamento de migrantes de Calais.

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Desde hace unos meses, el puerto francés de Calais (al norte del país y a tan sólo 34km de distancia de Dover, en la costa de Inglaterra) se ha convertido en uno de los mayores refugios de inmigrantes en Europa, con una población que se estima en 4 mil personas.

Por estas circunstancias, la zona se encuentra en tensión cotidiana; prueba de ello fue el incidente del pasado sábado 23, cuando un grupo de casi 350 personas traspasó una zona de seguridad del puerto con la intención de abordar un barco de pasajeros. Entre las acciones de respuesta, la policía francesa inició un desalojo en el que usó bombas de gas lacrimógeno y balas de goma.

En una aguda crítica a esta forma de manejar la situación de los migrantes, el artista callejero Banksy irrumpió ayer en el debate público con una nueva pieza colocada en una de las paredes de la embajada de Francia en Londres. La imagen muestra el dibujo de la niña que se usó en los afiches del musical Los miserables (adaptación teatral de la obra de Víctor Hugo) pero como si se tratara de la emanación fantasmagórica de una bomba de gas.

Asimismo, en una adición inédita en las acciones de Banksy, esta vez el trabajo está acompañado de un código QR que al escanearlo con cualquier smartphone dirige a este video que evidencia las acciones violentas de la policía local contra los refugiados.

 

Banksy no ha sido ajeno a la actual crisis de los migrantes en Europa: hace unos meses colocó en el propio campamento de Calais un mural que mostraba a Steve Jobs como refugiado.

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¿Por qué escuchar canciones tristes nos hace sentir bien? (Una paradoja del equilibrio emocional)

Por: pijamasurf - 01/26/2016

Contrario a lo previsible, las canciones tristes pueden tener un efecto positivo en nuestro ánimo, una aparente contradicción que ha sido estudiada por la psicología y la neurociencia contemporáneas

Mucha de nuestra relación con la música pasa por la sensación de compañía. En no pocas ocasiones cierta melodía, cierta canción, incluso una tonada apenas, se convierten en algo muy parecido a una presencia, algo que está ahí pero que no viene solo, sino que nos enlaza a otras cosas: emociones, recuerdos, imágenes tomadas de algún lugar y que emergen de pronto.

En este sentido, uno de esos pequeños enigmas que existen en torno a la música es el vínculo que establecemos entre ésta y nuestras emociones, en especial, el extraño efecto de que una pieza musical que podría considerarse “triste” (por su melodía, dominada por notas menores, o por su letra) nos hace sentir bien, incluso puede llegar a alegrarnos. ¿Por qué sucede esto?

La psicología y la neurociencia contemporáneas han ofrecido varias respuestas al respecto. En Japón, por ejemplo, a mediados del año pasado se realizó un estudio en el que se concluyó que las canciones tristes propician las llamadas “emociones vicarias”, que en el caso específico de las emociones poco agradables o negativas, nos permiten sentir que las experimentamos pero “a distancia”. Escuchar una canción de dolor, de nostalgia o de tristeza cuando no nos sentimos especialmente dolidos, nostálgicos o tristes es, de acuerdo con esta investigación dirigida por Ai Kawakami, tener de cerca dichas emociones pero sin la amenaza que a veces representan a nuestro estado de ánimo.

Otro estudio plantea una interesante hipótesis respecto a dicho efecto, apuntando hacia la noción de equilibrio emocional. De acuerdo con la investigación del doctor Matthew E. Sachs y otros, algunos escuchan canciones tristes con el propósito un tanto inconsciente de mantenerse emocionalmente equilibrados, como si de cuando en cuando una dosis de tristeza actuara como contrapeso de otras emociones experimentadas en el día a día. El estudio destaca además por reconocer que si bien en la vida contemporánea la tristeza se vive más bien desde la negatividad, estéticamente su recepción y percepción pueden virar hacia el placer y la satisfacción. Aunque suene contradictorio, al menos en la experiencia estética es posible que sentirnos mal nos hace sentirnos bien.

Curiosamente, esa misma búsqueda de equilibrio emocional también parece extenderse hacia el disfrute de lo nuevo y lo desconocido, lo cual no necesariamente se refiere a las canciones tristes sino más bien a las caóticas. Hay quien se siente bien escuchando géneros experimentales (como el jazz), ruidosos (como el metal), disonantes (como ciertas composiciones de la música académica) o francamente cacofónicos. De nuevo esto puede parecer incomprensible, pero según esta investigación parece ser que en algunas personas ocurre un efecto positivo, de recompensa, en la escucha de música que desafía las estructuras habituales.

El enigma, en resumen, no tiene una sola respuesta, y en todo caso nos hace ver no sólo que la mente humana es contradictoria, sino también compleja, y quizá por encima de todo, que en la música, como en otras cosas de la vida, el disfrute es más importante que la explicación.

 

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