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La conciencia podría ser una propiedad fundamental del universo y, si esto es así, explicar la "inmortalidad del alma"

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En el libro The Secret PhysicsThe Secret Physics of Coincidence. Quantum phenomena and fate - Can quantum physics explain paranormal phenomena?, el doctor Rolf Froboese compila una serie de investigaciones entre científicos con una mentalidad más abierta para sondear los misterios de la conciencia, quienes sugieren que ésta podría ser una propiedad más fundamental de la naturaleza que la materia y quizás también explicar fenómenos paranormales y hasta soteriológicos. Compartimos aquí algunos ejemplos, traducidos de aquí.

El doctor Hans-Peter Dürr, del Instituto Max Planck de Física, sugiere que la dualidad onda-partícula que existe en el mundo subatómico en realidad se halla en todas las magnitudes, en todo el universo. Por lo tanto, se puede hablar de un componente espiritual a la par de un componente material:

Lo que consideramos como aquí y ahora, este mundo, es en realidad sólo el nivel material de lo que comprendemos. Lo que yace más allá de esto es infinitamente más grande. Que es en lo que este mundo está enraizado en. Así, nuestras vidas en este plano están ceñidas, rodeadas por lo que se conoce como el mundo de más allá. Podemos imaginar esto de la siguiente forma: escribimos nuestra existencia en una especie de hard drive de lo tangible (en el cerebro), pero también transferimos esta data a un campo cuántico espiritual, de tal forma que cuando morimos, no perdemos esta información, esta conciencia. El cuerpo muere pero el campo cuántico espiritual continúa. De esta forma soy inmortal. 

El doctor Christian Hellweg, también investigador del Max Planck pero de biofísica, explica:

Nuestros pensamientos, nuestra voluntad, nuestra conciencia, y nuestros sentimientos muestran propiedades que podrían llamarse espirituales. Ninguna interacción conocida con las fuerzas fundamentales de la ciencia natural, como la gravedad, las fuerzas electromagnéticas, etc., puede detectarse en lo espiritual. Sin embargo, las propiedades espirituales corresponden exactamente con las características distinguidas en el extremadamente enigmático mundo cuántico. El mundo cuántico, en este caso, es ese reino en nuestro mundo que no es todavía factual; en otras palabras, el reino de la posibilidad, de la incertidumbre, donde sabemos "qué", pero no exactamente "dónde o cuándo". 

Según el físico David Bohm, existe una totalidad implicada de la cual emerge el mundo que percibimos cotidianamente, esta totalidad implicada es un mundo de infinito potencial energético en el que de hecho todas las cosas yacen en un estado de completa unidad. "El resultado de las ciencias naturales tiene sentido sólo si asumimos una realidad interna, uniforme y trascendente que es la base de toda la data y las experiencias externas". Bohm sugiere que la conciencia es esta misma realidad unitara trascendente. 

Jeremy Hayward, de la Universidad de Cambridge, señala una cierta tendencia entre físicos que colocan a la conciencia dentro de la ecuación fundamental del universo:

Muchos científicos que son todavía parte del mainstream ya no temen afirmar abiertamente que la conciencia podría ser, junto con el espacio, la materia y la energía, un elemento fundamental del cosmos --quizás incluso más fundamental que el tiempo y el espacio. Tal vez sea un error erradicar al espíritu de la naturaleza.

Nos quedamos con esto último: una ciencia que no exilie al espíritu de la discusión y de la investigación profunda, puesto que excluirlo quizás sea una forma de crasa autoalienación. 

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Venus forma un asombroso pentagrama, también visto como una rosa, en su ciclo sinódico de conjunciones inferiores con el Sol. En una coincidencia matemática asombrosa, 13 revoluciones de Venus equivalen casi exactamente a 8 revoluciones o años de la Tierra

En diversas culturas el planeta Venus fue asociado con la belleza y la armonía del cosmos; al ver la figura que teje la órbita de Venus en relación a la Tierra, no podemos dejar de pensar que hay en esto una fabulosa coincidencia (o quizás una muestra de una misteriosa inteligencia). Parafraseando un famoso dictum platónico: "El universo geometriza".

El video que compartimos muestra 8 años de la órbita de Venus o cinco ciclos sinódicos, esto es igual a 584 días, que son los días que tarda Venus en alinearse con el Sol con respecto a la Tierra, en una conjunción inferior (esto sería equivalente a un eclipse si estuviéramos hablando de la Luna). "Sínodo" significa "encuentro", estos son los cinco puntos de encuentro en un período de 8 años en los que Venus se interpone, por así decirlo, entre el Sol y la Tierra. Existe una asombrosa relación matemática en esto, dado que ocho órbitas de la Tierra coinciden de manera casi exactamente con 13 de Venus, formando una proporción 5:8. Esto también es conocido como "resonancia sinódica". Venus tarda 224.7 días en dar una vuelta al Sol. Aquí esta fascinante relación:

224.701 / 365.256 ≈ 0.615187

8/13 ≈ 0.615385

El ciclo completo de los 584 días hace que Venus pase 263 días como estrella de la mañana, 50 días ausente ("bajo los rayos del Sol"), 263 como estrella de la tarde y 8 días ausente. En 8 años Venus y el Sol entran en conjunción 10 veces, pero son las cinco conjunciones inferiores (los puntos más cercanos a la Tierra, en la parte interior de la órbita) las que marcan el ciclo sinódico y dibujan los vértices o tejen los moños de esta rosa cósmica que también puede ser representada como un pentagrama (forma que prefieren los fanáticos del ocultismo conectando el pentagrama con Venus-Lucifer, la estrella del amanecer), ya que los vértices de estas conjunciones tienen la misma relación geométrica que un pentagrama. Es en cada una de estas conjunciones inferiores que ocurre lo que ha sido llamado el "beso" de Venus y el Sol. Para añadir a esta especie de poesía romántica de los movimientos venusinos, también se han visto los bucles que forman las conjunciones interiores como motivos de corazón tejidos sobre el telar sideral.   

El astrólogo Nick Kollerstrom nota que en su Armonía de los mundos, Kepler describió con entusiasmo la relación sinódica de Venus y la Tierra, incluso la vio como una relación "marital", un amoroso vals. El intervalo musical que generan Venus y la Tierra, para Kepler es una "sexta", dada por la división de una cuerda en una fracción de 5/8. Hay quien ha visto en esta casi perfecta proporción una muestra de la inteligencia que informa al cosmos, un sello de la idea platónica de que "Dios geometriza". O, como el mismo Kepler creía, que el universo es el pensamiento geométrico de la divinidad. 

El baile de Venus y la Tierra desde la perspectiva del Sol

Las coincidencias matemáticas entre las relaciones de las órbitas y distancias planetarias ha hecho que diversos científicos y filósofos se maravillaran por esta "armonía de las esferas". En el Greenwich Guide to Planets, un texto del Royal Observatory británico, se dice: "Existen demasiadas coincidencias numéricas en el Sistema Solar para que sean meras coincidencias, así parece que es la Tierra la que controla la longitud del día de Venus, posiblemente a través de una interacción gravitacional [tidal interaction]". Esta interacción no parece existir tal como entendemos la física moderna, sin embargo, existen diversas extrañas observaciones, según cuenta Kollerstrom, por ejemplo, un meteorólogo australiano que notó que el campo magnético de la Tierra se aquieta cuando Venus entra en apogeo (disminuyen las tormentas geomagnéticas cuando Venus está más cerca). El artículo publicado en el Journal of Geophysical Research sugiere también una influencia magnética de la Luna, Mercurio y Marte.  

Para los mayas, que vincularon a Venus con Kukulkán, el ciclo sinódico de este planeta era fundamental en su calendario y por ello lo registraron con asombrosa precisión. El poeta Octavio Paz escribió una de sus obras más importantes, "Piedra de Sol", en 584 versos, uno por cada día del ciclo sinódico de Venus. ¿Qué son los planetas sino piedras solares?

Uno de los textos astrológicos más antiguos, el Libro de los Dioses del Cielo y la TierraEnuma Anu Enlil, encontrado en Nínive, registra cinco períodos sinódicos de Venus de 584 días, equivalentes casi exactamente a 8 años terrestres. En el libro de 1799 de James Ferguson, Astronomy Explained Upon Sir Isaac Newton’s Principles podemos ver una ilustración de una figura que evoca una flor cósmica o un pentagrama en función de los movimientos de Venus:

Nassim Haramein llama a esto, una "danza fractal de una vuelta dentro de una vuelta". Dice Plutarco que Pitágoras creía que el tiempo era el alma del mundo. Para los filósofos platónicos y para la tradición órfica, Venus (la Afrodita Celeste) era considerada no sólo la diosa de la belleza sino también el alma del mundo (el anima mundi). Para los filósofos pitagóricos el pentagrama era símbolo de la salud, una salud que venía de la conformidad con el orden y la belleza del cosmos (de hecho la palabra "cosmos" significa belleza y orden y fue acuñada por Pitágoras). Así podemos encontrar una identidad entre el tiempo (marcado por el movimiento en este caso de Venus) la belleza (la forma, la simetría, el orden matemático) y el alma (que es sinónimo de belleza y movimiento en la tradición filosófica). Así vemos en esta rosa sideral una proyección de la rosa de la eternidad, una imagen divina del alma del cosmos. "La rosa de las rosas/ la joven flor platónica" (Borges). 

 

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