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Científicos clasifican minuciosamente la compleja variedad de formas que toman los copos de nieve

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Los copos de nieve son la imagen emblemática de la belleza simétrica inherente a la naturaleza. En ocasiones se dice que "no existen dos copos de nieve iguales" para significar la cualidad de unicidad e irrepetibilidad de las cosas; sin embargo, esta apreciación quizás no es del todo exacta.

En lo que seguramente debe de ser arduo trabajo --una especie de relojería científica-- investigadores han clasificado las distintas formas que toma un copo de nieve, llegando a determinar que existen fundamentalmente 35 categorías (son 39 en total para los distintos tipos de precipitación sólida) y 121 subtipos, todo un reino de la cristalografía.

Esta minuciosa tarea de catalogar las formas que toma la precipitación sólida fue realizada por un equipo de científicos japoneses y graficada por el sitio Compound Interest.

Según explican en Vox, la razón por la que creemos que la forma de los copos de nieve es única en sí misma obedece a una cuestión de percepción que se debe a que algunos de los copos de nieve sólo ocurren en humedades y temperaturas muy específicas, en ciertos lugares. Esto hace que creamos, al enfocarnos en un copo de nieve, que presenciamos una figura irrepetible, cuando en realidad sólo es rara.

De cualquier manera, se podría objetar que pese a que comparten tipos y categorías cada copo de nieve es único (como todas las cosas del universo) y paradójicamente es el mismo también. Dicho eso, ¿no crees que pasar horas observando a detalle las diferentes formas de los cristales de nieve es una excelente labor, un trabajo ideal para las personas que aprecian la belleza de la naturaleza y sobre todo la riqueza de los detalles? 

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"Si viene de una planta cómelo, si fue hecho en una planta no lo comas"

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 01/25/2016

Una breve guía para sobrevivir en un supermercado, cortesía del superfoodie Michael Pollan

Michael Pollan se ha convertido en una de las voces más calificadas y divertidas en la literatura sobre comida y nutrición, un food critic que es realmente un filósofo. Ha escrito un par de libros que no sólo contienen excelente información, sino que son también una delicia para leer (por la prosa y también por la evocación que hace de la comida). Pollan es un exquisito, pero sintoniza la preocupación de nuestra era: un exquisito con conciencia ecológica y en el cual el placer no entra en conflicto con la salud.

Entre sus muchos escritos, como The Onmivore's Dilemma y sus artículos del New York Times, Pollan ha acuñado diversas frases que sintetizan en pocas palabras cierta esencia para navegar la industria alimentaria de nuestros días. Una de las más populares es la que lleva de título este artículo: Si viene de una planta cómelo, si fue hecho en una planta no lo comas. Los supermercados hoy en día son laberintos de innumerables ofertas que nos seducen con lustrosos alimentos que prometen hacernos felices, a la vez que nos llenan de culpa. Decidir qué comer y qué comida comprar es muy difícil o al menos requiere un gran esfuerzo, si uno se preocupa de la calidad de su alimentación. Dicho eso, Pollan lo reduce, en amor vegetal, a que simplemente comamos comida que viene de las plantas pero no aquella que ha sido procesada en una planta o fábrica.

Para algunos esto puede ser un reduccionismo, pero en una era extremadamente complicada y quizás exageradamente compleja, Pollan hace las cosas más sencillas y con gusto. Adicionalmente nos dice: "No comas nada que tu abuela no reconocería como comida", y es que la mayoría de los alimentos procesados que vemos en el supermercado oscilan en una tenue linea entre ser comida y ser otra cosa, una especie "frankenfood", híbridos de la naturaleza cuyos efectos secundarios son difíciles de medir. Para los despistados, advierte: "debes evitar productos que hagan afirmaciones sobre salud. ¿Por qué? Porque una afirmación sobre sus beneficios saludables en un alimento es un fuerte indicador de que no es realmente comida".

Consciente del importante factor de nuestra microbiota (el ecosistema de bacterias que viven mayormente en nuestro intestino), Pollan enfatiza la importancia de las fibras vegetales que alimentan a estos microorganismos. Reconoce también la gran cadena o madeja de interconexión biológica y dice: "eres lo que come lo que comes". Y con gran ironía critica a nuestra civilización que "ha conseguido un increíble logro: desarrollar la dieta que nos enferma a todos".