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La misteriosa cultura de los hombres que se visten como muñecas (FOTOS)

Por: pijamasurf - 01/18/2016

Hombres adultos, a menudo padres o esposos, que dedican su tiempo libre a vestirse y adornarse con costosa indumentaria prostética fabricada de manera casi artesanal

Hombres adultos, a menudo padres o esposos, que dedican su tiempo libre a vestirse y adornarse con costosa indumentaria prostética fabricada de manera casi artesanal: el mundo de los hombres que se visten como muñecas es una subcultura que fascina y repele por igual, y que por su misma naturaleza polémica ha sido relegada a un hermético círculo de adeptos y practicantes que poco a poco se amplía.

El documental My Strange Addiction: Men in Doll Suits (Mi extraña adicción: los hombres que se visten como muñecas), dirigido por Nick Sweeney, explora las vidas de personas como Robert (alias), un hombre de 71 años, vendedor de bienes raíces, que durante algunas horas cada semana deja paso a "Sherry", una voluptuosa rubia que va de compras y se toma selfies para nutrir su agitada red social. Y es que si las redes sociales han logrado conectar individuos y aficiones muy diversas, también permiten crear narrativas enteras para aspectos de la personalidad de una persona.

Robert tiene muy claro que Sherry sólo existe en el espejo cuando se viste como ella, pues "cuando estoy en modo masculino, en público, simplemente me mezclo". Pero cuando aparece Sherry, "te conviertes en una de las personas hermosas; atraes muchísima atención, y atención es algo que me ha faltado al envejecer hasta mi edad". No se consideran transgresores ni tienen un programa político muy claro; la salida del clóset, como cultura o subcultura, sigue construyéndose a través de la interacción real y del desarrollo de comunidades y redes sociales más discretas y exclusivas, hechas a la medida, como Doll's Pride.

La comunidad --que se denomina a sí misma "maskers"-- se reúne en un encuentro anual llamado Rubber Doll World Rendezvous, donde se tratan asuntos como la manera adecuada de comunicar a parejas o amigos sobre la pulsión de vestirse como muñecas de silicón, hasta talleres de mantenimiento y reparación de vestuario. Existen compañías como FemSkin que fabrican los trajes (un par de implantes nuevos pueden costar casi 2 mil dólares), lo que habla también de una bullente industria, donde la identidad, el género y los juegos de rol se dan la mano.

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¿Importa el tamaño del cerebro?

Por: pijamasurf - 01/18/2016

La difícil correlación entre inteligencia y tamaño del cerebro en su masa total y en sus regiones específicas

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La obsesión por el tamaño y por destacar al individuo y a la especie humana de las demás nos ha llevado también a difundir popularmente la idea de que el tamaño del cerebro humano es un indicador de la inteligencia. El neurocientífico Christof Koch hace un recuento de esta idea y de los datos científicos que la soportan o refutan.

Nos dice Koch que un estudio notó que el tamaño promedio del volumen del cerebro en hombres adultos es de 1,274cm³ y el de una mujer es de 1,131cm³. Sin embargo, pruebas de inteligencia no muestran una diferencia sustancial entre la inteligencia de los sexos.

Un caso llamativo es el de novelista ruso Iván Turgénev, un gigante literario con un cerebro de 2,001gr; el de otro gran escritor, el francés Anatole France, pesó sólo 1,017gr.

Según Koch, el volumen total del cerebro se correlaciona con un porcentaje de entre 9 y 16% más inteligencia. No existen, sin embargo, datos claros que comprueben si la inteligencia es el resultado de un cerebro más grande o si el cerebro más grande se hace así por la inteligencia o incluso algún otro factor desconocido.

Por otro lado, experimentos que toman en cuenta conexiones particulares de ciertas regiones del cerebro de un individuo (algo así como un "huella digital neural"), según Koch, logran predecir con mayor efectividad la inteligencia fluida, esto es, la capacidad de resolver problemas en situaciones novedosas, encontrar patrones y razonar independientemente.  

La importancia del tamaño del cerebro es también puesta en duda cuando comparamos nuestro cerebro con el de otros animales y algunos homínidos. El caso del Neanderthal llama la atención: pese a tener un cerebro de más de 150cm³ en promedio que el nuestro, su masa cerebral de poco le sirvió para evitar la extinción. Una abeja, por ejemplo, puede realizar toda una serie de tareas complicadas para dar a conocer el lugar en el que se encuentra un alimento y logra ello con un cerebro 1 millón de veces más chico que el de un ser humano. Koch se pregunta: "¿Realmente somos 1 millón de veces más inteligentes que las abejas? Ciertamente no, si me fijo en cómo nos gobernamos a nosotros mismos".  

Ya que normalmente los animales más grandes tienen cerebros más grandes, se tiene una regla que busca señalar a los animales que tienen mayor masa cerebral en proporción a su masa corporal total. En el caso de los seres humanos es de 2%. Si bien esto hace que superemos a los delfines, a las ballenas o a los elefantes, también hace que algunos pájaros e incluso algunos mamíferos como la musaraña nos venzan en este sentido. Otro intento de hacer reinar al hombre en la jerarquía del intelecto ha sugerido que lo que importa es tener más cantidad de células nerviosas en lugares ligados a las funciones superiores de la inteligencia. Pero en esto también nos superan las llamadas "ballenas piloto" (en realidad delfines), que tienen el doble de células en el neocórtex, la región elegida para hacer esta distinción. Koch recuerda que el mismo Darwin había notado que en realidad lo que nos hace únicos es una serie de combinaciones que en su conjunto nos distinguen y no algo en específico. Sin embargo, esta cualidad de ser especiales en su multifactoriedad única tal vez pueda asociarse a muchas otras especies.