*

X
Al parecer, Instagram se ha convertido en uno de los espacios en donde el cliché se siente más cómodo que nunca

instagram cliche

Es interesante reflexionar sobre hasta qué punto las redes sociales que hoy utilizamos reflejan la actualidad de la mente colectiva, es decir fungen como simple vehículo de algo que ya está, y hasta qué punto influyen en la definición de esa cultura contemporánea –son huevo o son gallina. Por un lado son, en principio, herramientas que pueden utilizarse de diferentes formas, lo cual de hecho ocurre, pero también son plataformas orientadas a incentivar ciertos comportamientos y conductas. En pocas palabras podríamos concluir que la dinámica entre redes y cultura es una de influencia bidireccional, ambas están permanentemente moldeándose de manera mutua.

Lo anterior lo pongo en consideración pues recién encontré un video sobre Instagram que, mediante el montaje de cientos de fotografías extraídas de ahí, pone en evidencia los lugares comunes en los que caemos los usuarios de esta red social. Y esto se ha vuelto algo tan común que al parecer es ya incluso un sello distintivo de esta "comunidad". Desde la clásica selfie capturada contra el espejo, con el dispositivo siempre antecediendo al cuerpo del protagonista, hasta la supuesta sensualidad de la niña que, estando en la tina, retrata sus piernas (y digo supuesta porque es un encuadre que históricamente fue sensual, pero con Instagram tal vez consumió ya su ero-aura).

Screen Shot 2016-01-17 at 9.27.03 PM

Sobra decir que hay muchas formas en las que nos relacionamos con Instagram. Dentro de esta fauna obviamente tenemos una gran masa de personas que se adhirieron a la red para extender el mismo lenguaje que utilizan en Facebook: imágenes de sus encuentros sociales, de sus viajes y de momentos de semipoesía pop que consideran dignos de incluir en la proyección de sus personalidades; tenemos también a los "fotógrafos" que aprovechan la vitrina para materializar sus aspiraciones artísticas o profesionales mientras reciben el aplauso, vía likes, de un público igualmente amateur; están aquellos que optan por la irrelevancia, y que eligen fotos de situaciones u objetos radicalmente simples, casi como inescrutables koans; otros optamos por privilegiar la naturaleza, con imágenes de árboles, nubes y patrones, como si eso implicara un diálogo genuino con los númenes de la natura.

En fin, sin importar la identidad instagramera que hayamos elegido, los lugares comunes terminan por prevalecer. Y esto nos sugiere no sólo la posibilidad de que esta herramienta esté realmente programada para incentivar o predefinir cierto acercamiento y uso, también el hecho de que la generalmente celebrada "hiperconectividad" que nos trajo Internet posee, además de sus bondades tradicionalmente señaladas, una facilidad para construir clichés a una velocidad hasta ahora inédita. Esta propensión a la viralidad, a contagiar mensajes e ideas, hoy se muestra como un alimento inmejorable para la uniformidad y la "predictibilidad" de las personas.   

Acá les comparto un video creado por Hiérophante, titulado Clichés, que condensa en 2 minutos una evidencia de este fenómeno que recién reflexionamos.

Twitter del autor: @ParadoxeParadis

 

Te podría interesar:

Los 5 arrepentimientos más comunes que experimentan los pacientes antes de morir

Por: pijamasurf - 01/17/2016

Aceptar la muerte resulta más sencillo cuando la vida se vive con conciencia y voluntad, siendo fieles a nosotros mismos y con la libertad de no cumplir expectativas que no sean del orden del afecto y la felicidad

eutanasia

La enfermera de cuidados paliativos Bronnie Ware pasó muchos años dando alivio y escuchando las historias de cientos de pacientes durante las últimas 12 semanas de sus vidas. Sin ser periodista profesional, Ware abrió un blog llamado Inspiration and Chai, que posteriormente se convirtió en un libro, denominado apropiadamente The Top Five Regrets of the Dying.

Según Ware, las historias que escuchaba de aquellos que iban a morir pronto no eran lamentos sobre no haber saltado del bungee o no haber conducido un auto de carreras, sino cosas mucho más simples y cotidianas que la amenazante cercanía de la muerte clarifica y muestra en su devastadora urgencia. "Cuando les preguntaba de qué se arrepentían o qué hubieran querido hacer distinto, algunos temas comunes salían a la superficie una y otra vez":

 

1. Desearía haber tenido el valor de vivir la vida fiel a mí mismo, no la vida que otros esperaban de mí

El miedo a la opinión de los demás es el arrepentimiento más común de los listados por la enfermera Ware. La mayoría de la gente repasaba mentalmente su propia vida poco antes de morir y veía un camino de sueños truncos, de elecciones fallidas, pero sobre todo de caminos y elecciones dejadas en blanco, sin explorar. Las cosas que no hicimos y las decisiones que no tomamos pesan más a la larga que los errores de lo que sí hicimos. Ware nos recuerda que "la salud trae consigo una libertad que muy pocos consideran, hasta que ya no la tienen".

 

2. Desearía no haber trabajado tanto

Un arrepentimiento común en todos los pacientes masculinos. En las generaciones anteriores a la nuestra, donde los hombres tenían el rol tradicional de trabajar, la vida familiar quedaba relegada para ellos a un plano secundario; de sus ajetreadas vidas laborales y de las presiones por subir rápidamente la escalera del éxito recuerdan solamente las infancias de sus hijos, a quienes apenas conocen, y el no haber buscado más a sus padres mientras envejecían. Todos ellos lamentaron haber pasado el tiempo trabajando en lugar de viviendo.

 

3. Desearía haber tenido el valor de expresar mis sentimientos

Los sentimientos son vistos --incluso por quien los experimenta-- como algo personal, subjetivo y más o menos secreto; algo que no debemos compartir y que es preciso guardar bajo llave. Como resultado de esto, afirma Ware, "muchos desarrollaron enfermedades relacionadas con la amargura y el resentimiento que cargaron consigo". Ignorar los sentimientos no hace que desaparezcan --incluso podemos esconderlos de otros, pero no de nosotros mismos.

 

4. Desearía haber mantenido contacto con mis amigos

Esta generación operó una radical transformación en lo que hasta este siglo se entendía por "amistad": los amigos ya no son las personas que crecen con nosotros, que nos apoyan y nos quieren sin importar cuántas cosas cambien en el mundo; los amigos hoy en día son listas de contactos, avatares de redes sociales a quienes rara vez vemos "en vivo". "Vi mucho arrepentimiento sobre no darle a las amistades el tiempo y esfuerzo que merecían. Todos extrañan a sus amigos cuando están muriendo", afirma Ware.

 

5. Desearía haberme permitido ser más feliz

Lo más sorprendente de esta lista es un lugar común que probablemente muchos sospechamos desde el fondo de nosotros, pero que nos avergonzaría admitir abiertamente: la felicidad es una elección. Cada cual conoce sus propios patrones, vicios y hábitos, el nivel de reticencia al cambio y de angustia por el futuro incierto; sin embargo, y aunque suene al peor de los lugares comunes, la gente que va a morir se da cuenta de que todas sus elecciones, buenas y malas, dependían de su propia actitud, incluso la decisión de contentarse con una vida acorde al gusto de los demás, a costa de perder amigos y relaciones, y de dejar sueños frustrados en el camino. Esforzándose por ser adultos, los enfermos que la enfermera Ware consolaba en sus últimos días, lograban confesar finalmente que "en el fondo de sí mismos añoraban haber reído mucho más y recuperar la ligereza de sus vidas una vez más".

 

¿Qué te gustaría hacer antes de morir? ¿Estás haciéndolo efectivamente? ¿Por qué las cosas que no hacemos pesan, a la larga, más que las que sí hicimos? Comparte tu opinión en los comentarios.