*

X

Ingeniosa campaña convierte personajes de libros en perfiles de Tinder para enamorar a posibles lectores

Por: pijamasurf - 01/13/2016

¿Cómo reaccionarías si un personaje literario quisiera enamorarte? ¿No pasará que quizá descubras de pronto que eso, en esencia, hace la literatura?

 

En algunos países el acercamiento a la literatura y los libros en general es una empresa ardua, una actividad que realiza sólo un sector de la población, a pesar de que, como sabemos, la lectura genera muchos beneficios intelectuales, neuronales y emocionales. Entre esos países un caso (lamentablemente) destacado es México, en donde el promedio de lectura oscila entre uno y tres libros al año, lo cual contrasta sensiblemente con el mismo promedio en Noruega, que se acerca a los 20 libros al año, o incluso en España, que ronda los ocho libros anuales.

Para incidir sobre estas cifras, la agencia Only If realizó una ingeniosa campaña para el Fondo de Cultura Económica, la editorial del Estado mexicano, que consistió en convertir personajes de literatura en perfiles de Tinder para así enamorar o al menos enganchar a personas reales con esas invenciones nacidas en libros.

De alguna manera, el lema de la campaña ya nos dice mucho: “Para los amantes de la lectura que aún no saben que lo son”. Y, en efecto, el resultado es profundamente emotivo, a pesar de la decepción que, en la lógica de Tinder, podría significar saber que la persona con quien hablamos o con quien fijamos un encuentro no es real.

Pero, después de todo, no menos cierto es que los libros son también una forma de compañía, lo cual queda de relieve en esta campaña como una cualidad que es capaz de atraer a una persona y hacerla cautiva de una historia o un personaje que no por ficticios nos conmueven en menor grado que la realidad.

 

También puedes ver el video directamente en Vimeo, en este enlace

Los 5 arrepentimientos más comunes que experimentan los pacientes antes de morir

Por: pijamasurf - 01/13/2016

Aceptar la muerte resulta más sencillo cuando la vida se vive con conciencia y voluntad, siendo fieles a nosotros mismos y con la libertad de no cumplir expectativas que no sean del orden del afecto y la felicidad

eutanasia

La enfermera de cuidados paliativos Bronnie Ware pasó muchos años dando alivio y escuchando las historias de cientos de pacientes durante las últimas 12 semanas de sus vidas. Sin ser periodista profesional, Ware abrió un blog llamado Inspiration and Chai, que posteriormente se convirtió en un libro, denominado apropiadamente The Top Five Regrets of the Dying.

Según Ware, las historias que escuchaba de aquellos que iban a morir pronto no eran lamentos sobre no haber saltado del bungee o no haber conducido un auto de carreras, sino cosas mucho más simples y cotidianas que la amenazante cercanía de la muerte clarifica y muestra en su devastadora urgencia. "Cuando les preguntaba de qué se arrepentían o qué hubieran querido hacer distinto, algunos temas comunes salían a la superficie una y otra vez":

 

1. Desearía haber tenido el valor de vivir la vida fiel a mí mismo, no la vida que otros esperaban de mí

El miedo a la opinión de los demás es el arrepentimiento más común de los listados por la enfermera Ware. La mayoría de la gente repasaba mentalmente su propia vida poco antes de morir y veía un camino de sueños truncos, de elecciones fallidas, pero sobre todo de caminos y elecciones dejadas en blanco, sin explorar. Las cosas que no hicimos y las decisiones que no tomamos pesan más a la larga que los errores de lo que sí hicimos. Ware nos recuerda que "la salud trae consigo una libertad que muy pocos consideran, hasta que ya no la tienen".

 

2. Desearía no haber trabajado tanto

Un arrepentimiento común en todos los pacientes masculinos. En las generaciones anteriores a la nuestra, donde los hombres tenían el rol tradicional de trabajar, la vida familiar quedaba relegada para ellos a un plano secundario; de sus ajetreadas vidas laborales y de las presiones por subir rápidamente la escalera del éxito recuerdan solamente las infancias de sus hijos, a quienes apenas conocen, y el no haber buscado más a sus padres mientras envejecían. Todos ellos lamentaron haber pasado el tiempo trabajando en lugar de viviendo.

 

3. Desearía haber tenido el valor de expresar mis sentimientos

Los sentimientos son vistos --incluso por quien los experimenta-- como algo personal, subjetivo y más o menos secreto; algo que no debemos compartir y que es preciso guardar bajo llave. Como resultado de esto, afirma Ware, "muchos desarrollaron enfermedades relacionadas con la amargura y el resentimiento que cargaron consigo". Ignorar los sentimientos no hace que desaparezcan --incluso podemos esconderlos de otros, pero no de nosotros mismos.

 

4. Desearía haber mantenido contacto con mis amigos

Esta generación operó una radical transformación en lo que hasta este siglo se entendía por "amistad": los amigos ya no son las personas que crecen con nosotros, que nos apoyan y nos quieren sin importar cuántas cosas cambien en el mundo; los amigos hoy en día son listas de contactos, avatares de redes sociales a quienes rara vez vemos "en vivo". "Vi mucho arrepentimiento sobre no darle a las amistades el tiempo y esfuerzo que merecían. Todos extrañan a sus amigos cuando están muriendo", afirma Ware.

 

5. Desearía haberme permitido ser más feliz

Lo más sorprendente de esta lista es un lugar común que probablemente muchos sospechamos desde el fondo de nosotros, pero que nos avergonzaría admitir abiertamente: la felicidad es una elección. Cada cual conoce sus propios patrones, vicios y hábitos, el nivel de reticencia al cambio y de angustia por el futuro incierto; sin embargo, y aunque suene al peor de los lugares comunes, la gente que va a morir se da cuenta de que todas sus elecciones, buenas y malas, dependían de su propia actitud, incluso la decisión de contentarse con una vida acorde al gusto de los demás, a costa de perder amigos y relaciones, y de dejar sueños frustrados en el camino. Esforzándose por ser adultos, los enfermos que la enfermera Ware consolaba en sus últimos días, lograban confesar finalmente que "en el fondo de sí mismos añoraban haber reído mucho más y recuperar la ligereza de sus vidas una vez más".

 

¿Qué te gustaría hacer antes de morir? ¿Estás haciéndolo efectivamente? ¿Por qué las cosas que no hacemos pesan, a la larga, más que las que sí hicimos? Comparte tu opinión en los comentarios.