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Consejos para que tu gato viva 165 años

Por: pijamasurf - 01/03/2016

Esta nota pudo haberse titulado: "Consejos para que tu gato viva más que el matrimonio de tus padres"
Creme Puff (38 años)

Creme Puff (38 años)

 

¿Cuál es el secreto de la longevidad? Si la pregunta va dirigida al mundo felino, Jake Perry parece haber encontrado la respuesta. Y es que este fontanero de Texas de 85 años ha criado a dos de los gatos más longevos registrados por El libro de los récords Guinness: Granpa, que vivió 34 años, y Creme Puff, que alcanzó los 38. Utilizando una fórmula de equivalencia a edad humana, 30 años de gato equivalen a unos 133 de humano. Así, Granpa habría vivido 149 años, mientras Creme Puff habría ronroneado por 165 años. Y volvemos a la pregunta: ¿cuál es el secreto?

Según Perry, gran parte de la magia está en la alimentación, pero también en un entorno con suficiente interés y entretenimiento para mantener al gato activo. La casa de Perry ha funcionado desde los 80 como un refugio para los gatos desamparados, y su historia es la de un amante empedernido de los felinos (además de su esposa e hijos, que seguramente están por debajo en la jerarquía del hogar) que ha dedicado tiempo y esfuerzo a construirles un gimnasio e incluso a proyectarles documentales en una sala de cine casera. La esterilización podría ser otro factor: incluso cuando tuvo 4 docenas de felinos viviendo en su casa al mismo tiempo, todos estaban esterilizados.

Granpa (34 años humanos)

Granpa (34 años)

 

Pero tal vez la dieta (y una enorme dosis de amor, según sus propias palabras) podrían haber obrado el milagro. No recomendamos seguir estas indicaciones, algunas de las cuales parecen ir en contra del más elemental sentido común, pero, de nuevo, el experto parece ser Perry:

  • Porción de alimento casero comercial
  • Huevos con tocino de pavo
  • Brócoli
  • Café con crema
  • La medida de un gotero de vino tinto cada tercer día, "para la circulación"

Tal vez más allá de la alimentación, lo que mantiene a tantos felinos vivos y felices por tanto tiempo parece ser la dedicación del propio dueño y pasar tiempo con ellos. Alguien que no ame a los gatos puede pensar que son huraños y recelosos, pero con los cuidados veterinarios adecuados y el cariño suficiente, tus felinos mantendrán ocupada tu soledad por mucho más tiempo. ¿Y qué hacer cuando se vayan? Perry ha enterrado 47 gatos en un cementerio improvisado en su jardín y afirma que, si hoy se encontrara a un felino necesitado, lo llevaría al veterinario.

Una dosis diaria de LSD y una obsesión con el mito del héroe: la clave para estas increíbles fotografías

Por: pijamasurf - 01/03/2016

Steven Arnold, amigo y protegido de Salvador Dalí, vivió una temporada en una pequeña isla de España, entre LSD y obsesiones creativas, y al final materializó esta obra fotográfica

La relación entre drogas y creatividad siempre ha sido un asunto polémico. Para muchos, la creatividad se presenta tal cual, como una cualidad o como un chispazo, quizá como algo sostenido que algunos pocos elegidos tienen desde el nacimiento o como un lucky strike que llega de pronto a coronar el trabajo realizado. “La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”, dijo alguna vez Picasso.

Sin embargo, también está el otro bando, el de aquellos que defienden la influencia positiva que el consumo de ciertas sustancias puede tener sobre las actividades artísticas y que, por decirlo de algún modo, requieren ir más allá de ciertos límites fijados por la convención. Del alcohol a otras drogas prohibidas, hay quienes consideran que ese impulso suplementario es indispensable para entrar a ciertas zonas del alma creativa a las que ordinariamente no tenemos acceso.

Que una u otra cosa sea verdad no es fácil decirlo. Las pruebas se podrían ofrecer en ambos bandos. Y en esta ocasión toca citar un ejemplo para el segundo caso, el de aquellos que concretaron una obra increíble gracias, en parte, a “la apertura de las puertas de la percepción” que usualmente se atribuye a los psicodélicos. Ese fue el caso de Steven Arnold, un fotógrafo ahora casi olvidado que en su tiempo fue protegido de Salvador Dalí y amigo de otros importantes artistas.

Arnold, de origen californiano, vivió una temporada en Formentera, una pequeña isla al sur de Ibiza, durante 3 meses de 1964. Ahí fue uno de los muchos entusiastas que experimentaron recreativamente con el LSD, sustancia que en aquella época aún no tenía las restricciones que conoció después y que, por sus efectos sobre la mente, gozó de enorme popularidad entre artistas de distintas disciplinas e incluso filósofos y otro tipo de pensadores. “Esta nueva droga era tan eufórica y visionaria, tan positiva y ensanchadora de la mente… Ascendía a otra dimensión, una tan bella y espiritual que nunca fui el mismo”, dijo alguna vez Arnold a propósito de la experiencia que tuvo consumiendo diariamente LSD.

En ese estado, el artista dio rienda suelta a una obsesión que por entonces tenía tomados sus intereses intelectuales: el mito del héroe tal y como lo estudiaron, entre otros, Carl G. Jung y más famosamente Joseph Campbell. Arnold combinó ese poderoso arquetipo con algunos de los elementos del surrealismo y, finalmente, la técnica artística del tableau vivant, que congrega a una multitud de personas para evocar escenas clásicas de los imaginarios mítico o religioso.

La obra de ese período es perturbadora y transgresora. Tiene también una poderos fuerza creativa que proviene de la originalidad con que combinó motivos nuevos y antiguos, temas que el arte ya había tratado con su propia forma de acercarse a ellos.

¿Lo hubiera conseguido sin su consumo cotidiano de LSD? No podemos saberlo. Después de todo, lo único cierto es que esa fue la forma en que llegó a su obra.