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"Tierra de cárteles": un punto de vista documental desde las entrañas del monstruo

Por: pijamasurf - 12/19/2015

Lo que pretendía ser la historia de dos vigilantes que combaten a los narcos a ambos lados de la frontera México-EU termina siendo el testamento institucional del Estado mexicano, rebasado por una situación de violencia y corrupción sin precedentes
Imagen: superprimefilms.com

Imagen: superprimefilms.com

 

El cine y la literatura han explorado y explotado, artística y comercialmente, el tema del narcotráfico y el crimen organizado con distintos grados de apego a la verdad: cuando no encontramos en el horizonte sino crecientes muestras de hartazgo por la forma en que o bien se glorifica la "narcocultura" o bien se le trata con un discurso vago y tibio propio de la administración del presidente de México, Enrique Peña Nieto, ver el documental Cartel Land es mirar con ojos nuevos un problema tristemente viejo.

El objetivo del director, el periodista Matthew Heineman (quien recibió por esta cinta los premios Sundance de dirección y el Premio Especial del Jurado en 2015), era contar la historia paralela de dos "vigilantes" armados a ambos lados de la frontera entre México y Estados Unidos. Por un lado, la del neocowboy Tim Nailer Foley, un veterano de guerra y exadicto al meth; por otro, la del doctor José Manuel Mireles, primer líder de los grupos de autodefensas ciudadanas en el estado de Michoacán. Pero pronto, el desarrollo de la historia que documenta lleva a Heineman a lugares mucho más oscuros de los esperados.

Para entender Cartel Land conviene tener a la mano la referencia de The Act of Killing (Joshua Oppenheimer, 2013), que sigue con precisión obsesiva a los sujetos a documentar --líderes y mercenarios del corrupto gobierno indonés que participaron en masacres de comunistas en la segunda mitad del siglo pasado-- para ver cómo poco a poco los personajes se van resquebrajando, no para revelarse como realmente son, sino para tener un atisbo de las consecuencias del apego a dichos personajes. En el caso de Mireles, el arco narrativo va del valiente y honesto médico de provincias, cansado de los constantes atropellos que sufre la población por parte de los Caballeros Templarios (desde cobro de piso hasta extorsiones, "levantones", violaciones y asesinatos), hasta el momento en que su figura pública toma un protagonismo inusitado mientras lo que pudo ser un importantísimo movimiento social paramilitar es infiltrado por el gobierno federal y el crimen organizado.

La historia del vaquero Foley --quien vive en una zona de Arizona conocida como "el corredor de la cocaína", por ser un sitio privilegiado por su lejanía con fronteras más custodiadas-- cuenta simplemente las fantasías paranoicas de los desclasados blancos del sur de Estados Unidos, que se ven a sí mismos como ciudadanos modelo al "defender la ley en un lugar sin ley" (en el caso de Foley, a través de la creación del Arizona Border Recon), y que lleva a otros grupos a extremos raciales como cazar indocumentados ilegales sin por ello mellar un ápice el tráfico de drogas, armas y personas a ambos lados de la frontera. Pero la historia de las autodefensas adquiere por momentos tonos sumamente dramáticos, como el presunto atentado aéreo donde Mireles perdió la movilidad de medio rostro, y cómo este evento se refleja en un cambio de liderazgo dentro de las autodefensas, que terminan siendo desactivadas en tanto movimiento por el gobierno federal al ser "regularizadas" en el turbio cuerpo de Policía Rural.

Tal vez el mayor logro de Cartel Land sea el de mostrar la claudicación del Estado estadounidense y del mexicano en su función de otorgar seguridad a la población, y podríamos especular que incluso este documental será un referente histórico sobre cómo los servicios de inteligencia, vigilancia policíaca y fuerza pública comenzaron a ser subsidiados casi por outsourcing, lo naturalmente esperable de un gobierno de entrepreneurs que maneja el Estado como un negocio, y que carece del más elemental nivel de empatía.

Se ha criticado al documental por no tocar el tema de las fosas comunes y los miles de desaparecidos ni las masacres cometidas por --o con la anuencia de-- militares desde el año pasado (Tlatlaya, Ayotzinapa, etc.), así como por presentar una imagen tal vez demasiado halagadora de Mireles y las autodefensas. Sin embargo, los riesgos de su realización y el reporte de primera mano que el espectador puede hacerse siguiendo la secuencia de eventos permiten tener un atisbo directo del gran problema para terminar con la guerra contra el narcotráfico: el llamado siempre seductor y generalmente inevitable de la corrupción. 

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¿Puede la música estimular tu inconsciente? ¿Y con qué efectos?

Por: pijamasurf - 12/19/2015

Una niña que despertó del coma en que se encontraba luego de que su canción favorita sonara en la radio, y un grupo de médicos que decidió estudiar los efectos de la música en el cerebro a nivel inconsciente

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Sabemos bien que la música tiene efectos sobre nuestro ánimo, que una canción puede ponernos de buenas o entristecernos, que la música barroca nos concentra o que, quizá, el reggaetón nos exaspera. ¿Pero qué sucede a nivel inconsciente? ¿Será que también una melodía puede impactar sobre nuestra mente sin que lo advirtamos?

En un caso que podría parecer sorprendente, la escritora y divulgadora de la investigación Alexandra Ossola dio a conocer recientemente la historia de Charlotte Neve, una niña que en 2012, a los 7 años de edad, sufrió una hemorragia cerebral mientras dormía, lo cual la llevó a un coma a pesar de la intervención médica que recibió.

Su recuperación, sin embargo, llegó pronto y a partir de una afortunada casualidad. Un día que su madre estaba con ella en el hospital sonó en la radio que llevaba para acompañar su estancia la canción “Rolling In The Deep” de Adele, una de las favoritas de su Charlotte y con quien la había cantado en varias ocasiones. Y esa vez no fue la excepción: a pesar de estar inconsciente, la madre le cantó a su hija, y para sorpresa suya ¡ella sonrió! Los médicos no lo creyeron, pero quedaron convencidos cuando, un par de días después, la niña salió del coma y comenzó a recuperar casi todas sus habilidades, desde el habla hasta las capacidades motrices.

A partir de este suceso, los médicos comenzaron a investigar al respecto. Por estudios previos se sabe que la música libera dopamina, uno de los químicos más importantes y poderosos tanto para el cerebro como para el sistema nervioso en general, asociado con el buen humor, el bienestar y la sensación de placer. En este caso, la experiencia de Charlotte suscitó un experimento en que los médicos pusieron música a 13 pacientes en coma divididos en dos grupos: con la mitad de ellos se utilizó su música preferida y con el resto un sonido continuo y neutral que permitiera hacerlo un grupo de control. En ambos casos, sus reacciones cerebrales fueron registradas con un encefalograma mientras sonaba la música y alguien decía el nombre del paciente.

De acuerdo con los resultados reportados, la combinación música preferida y nombre propio provocó mayor respuesta cerebral que el nombre con una música sin significado personal para el paciente. En su artículo, los médicos relacionan “las características autobiográficas de la música, esto es, su relevancia emocional y personal” con un incremento en su percepción a nivel inconsciente.

Investigaciones como esta todavía son incipientes y sus resultados podrían parecer elementales, pero sin duda son intentos interesantes por aclarar el misterio del inconsciente y quizá incluso invitaciones a que uno mismo experimente con su propia mente. Si después de todo el inconsciente es subjetivo por antonomasia, quizá nosotros mismos podríamos programar al dormir una canción que nos plazca y otra noche una cualquiera, y notar si acaso algo sucede.

 

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