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Si necesitas una guía para el sexo, tal vez esta de Japón sea lo que buscas

Por: pijamasurf - 12/22/2015

Si eres de los que creen que el sexo es sobre todo técnica, tienes que conocer esta guía destinada a jóvenes que se inician en las relaciones eróticas

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En algún lugar de su obra, Michel Foucault señala que hubo un momento en que la sexualidad se cruzó con el territorio de la técnica y, a partir de entonces, se convirtió en un saber y una ejecución que pretende seguir las normas de aquélla en un sentido capitalista, como si la sexualidad fuera también un asunto de efectividad, uso inteligente de recursos, consecución de metas, progreso y otras circunstancias asociadas a un buen performance.

Si a esto añadimos la manera en que la cultura heteropatriarcal considera a la sexualidad, entonces tenemos que buena parte de dicha exigencia técnica recae en los hombres, quienes en cierta forma están obligados a saber todo lo relacionado con el sexo y la satisfacción de una mujer, como si se tratara de máquinas siguiendo el protocolo que garantiza los mejores resultados.

Ejemplos de dichas posturas son los manuales que de cuando en cuando surgen para enseñar al hombre cómo comportarse sexualmente, en todas las etapas del vínculo erótico. Uno de los más extravagantes es este manual que se publicó en Japón en la década de 1960 y que sin duda, como algunas otras expresiones de la cultura japonesa en relación con la sexualidad, tiene un grado de rareza que lo vuelve vagamente espeluznante.

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La guía enseña desde cómo tomar de la mano a una mujer con quien recién se inició una relación hasta cómo acariciar los senos femeninos o cómo realizar la penetración dependiendo de la postura adoptada.

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¿Útil? Tal vez. Aunque quizá no tanto como llegar al conocimiento de que mucho del erotismo y la sexualidad están relacionados con la intuición, con la capacidad de escucharse a sí mismo y reconocer al otro como alguien distinto.

Según este estudio, las mujeres son bisexuales o gays, nunca heterosexuales

Por: pijamasurf - 12/22/2015

Con conclusiones que podrían parecer polémicas, esta investigación observó la respuesta de mujeres que se dijeron heterosexuales y homosexuales a estímulos eróticos visuales

bviDesde cierta perspectiva la preferencia sexual es un asunto polémico, una especie de constricción del instinto por parte de una cultura que a lo largo de la historia se ha caracterizado por reprimir, contener, moldear a favor de ciertas ideas (dominantes) y en contra de otras (minoritarias). ¿Cómo poder hablar de una inclinación sexual si estamos condicionados socialmente hacia algo ya existente? Pero, por otro lado, ¿puede existir un estado natural, puro, en que la sexualidad tome su propio curso? Estas preguntas no son sencillas de resolver, al menos no tajantemente, pero sin duda se pueden aportar elementos que nos conduzcan hacia una posible respuesta.

Tal es el caso de un estudio a propósito de la sexualidad femenina realizado recientemente en la Universidad de Essex por el doctor Gerulf Rieger, adscrito al Departamento de Psicología de dicha institución.

Para el experimento, 345 voluntarias respondieron previamente cuál era su preferencia sexual. Una parte de ellas se definió como heterosexual y el resto como homosexual. Después, a cada una se le mostraron varios videos de contenido erótico protagonizados por hombres y mujeres físicamente atractivos, al tiempo que se registraba la respuesta de las participantes, particularmente en la pupila, la cual se dilata cuando miramos algo que nos excita.

De acuerdo con lo observado, las mujeres heterosexuales presentaron dicha respuesta tanto cuando veían a un hombre como cuando a miraban a una mujer, mientras que en las homosexuales la excitación era notablemente mayor sólo en el caso de las escenas que mostraban a otra mujer seductora.

De acuerdo con el doctor Rieger, estos resultados sugieren que las mujeres son “bisexuales o gays, pero nunca heterosexuales”. Una conclusión apresurada, sin duda, que deja de lado el cariz social y cultural de la construcción de la sexualidad, particularmente el hecho de que las mujeres crecen con mayor flexibilidad con respecto a la posibilidad de reconocer la belleza o el atractivo de otras mujeres sin que ello ponga en duda su elección de objeto de deseo.