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Por qué los tiroteos contra civiles en Estados Unidos son buenos para el mercado de las armas

Por: pijamasurf - 12/07/2015

El miedo y la cobertura mediática de los tiroteos masivos son como publicidad gratis para la NRA y los comerciantes de armas en EE.UU.

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Según datos del sitio ShootingTracker, un tiroteo masivo (mass shooting) se define como un asalto armado donde mueren o resultan heridas al menos cuatro o más personas; desgraciadamente, la estadística indica que un tiroteo masivo tuvo lugar casi cada día durante 2013, y a la fecha se han contabilizado mil 52 eventos de este tipo en mil 66 días. A raíz del tiroteo en San Bernardino el 2 de diciembre pasado (que dejó un saldo de 14 muertos y 21 heridos) el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha indicado que el país muestra "un patrón de tiroteos masivos... sin paralelo en ningún lugar del mundo". ¿Por qué esta situación posee una retórica tan particular a nivel político y comercial? Porque aunque se trate de tragedias humanas, las guerras y los tiroteos son buenos para la industria del armamento.

¿Qué ocurre cuando un evento de este tipo tiene lugar? Los medios le dan inusitadas coberturas, los expertos de todos los espectros políticos salen a dar sus puntos de vista y el tema de la regulación de la ley de armas (protegida en EE.UU. bajo la Segunda Enmienda) vuelve a ponerse sobre la mesa. Es en esos momentos cuando los inversionistas de compañías de armas, así como los miembros de la National Rifle Association (NRA), ganan afiliados y más dinero, debido a las compras de pánico. 

Según datos de The Intercept recabados directamente de miembros de la industria, la gráfica de venta de armas crece casi de manera vertical en los días posteriores a un tiroteo en escuelas o lugares públicos en EE.UU. De acuerdo con Ed Stack (presidente de Dick's Sporting Goods, una empresa vendedora de armas y equipo para cazadores), la industria presentó compras de pánico cuando los consumidores "pensaron que habría cambios importantes en las leyes de armas" después de la masacre de Sandy Hook en 2012, cuando un joven de 20 años mató a 20 niños y seis adultos en la escuela prmaria de Sandy Hook en Newton, Connecticut. Tommy Millner (otro vendedor del ramo), presidente de Cabela's, declaró que su empresa "no dudó como otros en seguir vendiendo rifles de plataforma AR-15", la versión civil del rifle militar M16.

A nivel cultural y de mercado esta situación indica que después de un tiroteo mucha gente teme por su propia seguridad, lo que lleva a muchos a comprar armas por primera vez; cuando le preguntaron a Mark DeYoung, entonces presidente del fabricante de municiones ATK, si los tiroteos de Newton en 2013 iban a cambiar la política corporativa de precios de su compañía, el ejecutivo respondió que aunque "obviamente todos estaban en shock" debido a aquellos eventos, la compañía respondería "a presiones del mercado", que incluyen incrementos en la demanda. En otras palabras, es el mercado y la demanda de municiones lo que dicta las decisiones de esta empresa --y si el miedo de los consumidores los hará proclives a adquirir armamento de uso civil, entonces que así sea.

A pesar de que los ejecutivos de la industria se muestran empáticos y "en shock" en sus comunicaciones públicas, lo cierto es que los vendedores y fabricantes de armamento son una fuerza política muy fuerte en EE.UU., y a través de la NRA también han perfeccionado una retórica del cinismo y la indiferencia frente a una situación paranoica que haríamos bien en denominar crítica. Si como dijo Albert Einstein, la Cuarta o Quinta Guerra Mundial serían peleadas con palos y piedras, seguramente los ejecutivos descendientes de la industria armamentística de entonces estarán capitalizando la necesidad de herramientas bélicas para "defenderse", sin importar el bando.

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Cientos de mexicanos víctimas de un experimento cerebral

Por: pijamasurf - 12/07/2015

Al menos 194 personas recibieron implantes cerebrales experimentales que les produjeron daños irreversibles

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Por lo menos 194 mexicanos fueron víctimas de un implante cerebral para tratar la hidrocefalia que no había sido autorizado para tratar a seres humanos, siendo así, como informa el diario El País, víctimas de un terrible experimento cerebral. La Comisión Nacional de Arbitraje Médico determinó que el aparato estaba en fase experimental y que los afectados no firmaron el consentimiento que era requerido para participar en un experimento como este. Lamentablemente, muchos de los daños que propició el implante son irreversibles.

El inventor del aparato fue Julio Sotelo Morelos, director del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirgía (INNN). Es a esta institución a quien los afectados reclaman una indemnización. De manera extraña, se les recomendó a los pacientes que durmieran sentados; si se acostaban sufrían terribles dolores de cabeza, que se acumularon causando importantes daños. Un informe de la comisión señala:

Debió informarse plenamente a la paciente de que se trataba de una investigación (...) No hay evidencia de que se hubiese otorgado esa información, de hecho, ni siquiera, pese a tratarse de una persona mayor de edad, con capacidad para ejercer su autonomía, el consentimiento le fue solicitado directamente (...) Se obtuvo la autorización como si fuese un recurso ordinario de atención médica que, reiteramos, no lo es.

El informe sugiere claramente que lo ocurrido constituye mala praxis médica, puesto que además se cobró una buena cantidad de dinero a los pacientes, que ahora exigen ser indemnizados. El doctor Sotelo Morales es un reconocido y multipremiado neurólogo que, según El País, se ha negado a contestar a las acusaciones.  

Lo anterior nos lleva a pensar si esto no es una enorme metáfora (sin desestimar los daños que sufrieron los pacientes) y de otra forma, también, vivir en México y ser expuesto a la corrupción y la negligencia de las instituciones y a una programación mediática culturalmente deplorable no es asimismo un "experimento cerebral", en el cual participamos un centenar de millones mexicanos, probablemente también involuntariamente; aunque quizás no era muy difícil descubrir --en algún momento todavía oportuno-- que el experimento estaba (o está) ocurriendo.