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Poesía del vehículo: video sincronizado del mismo tren en diferentes épocas

Por: pijamasurf - 12/25/2015

En 1953, 1983 y 2013 la BBC filmó el mismo viaje en tren de Londres a Brighton, y luego los sincronizó en este video

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A veces la tecnología puede mostrarnos cosas que de ninguna manera veríamos sin ella. Puede hacernos viajar en el tiempo, observar el pasado y su luz, ver el contraste de una misma situación ocurrida hace muchos años y ahora. En 1953, la BBC filmó un viaje en tren desde Londres a Brighton y lo comprimió a sólo 4 minutos. 30 años después, en 1983, filmó el mismo viaje, y lo hizo por tercera vez en 2013. En el siguiente video se pueden ver los tres trayectos, uno junto al otro. Las filmaciones están perfectamente sincronizadas, de manera que podemos observar claramente qué es lo que ha cambiado (además de la calidad y los colores del formato) y qué ha permanecido igual. El contraste más marcado es sin duda el de las personas que bajan y suben al tren en las dos estaciones, y algunas estructuras desparecidas en la trayectoria hacia Brighton.

No cabe duda de que hay algo en los trenes de la década de 1950 que genera nostalgia o una mezcla de romanticismo y cariño por el vehículo terrestre más estético de todos, que ha inspirado tantas canciones de folk y blues. Ver su cambio a lo largo del tiempo tiene su poesía y tiene también su vértigo tecnológico. El de la BBC es un proyecto sencillo que imbuye en su juntura toda clase de emociones encontradas. 

10+ famosos bares literarios (que no son La Floridita de Hemingway)

Por: pijamasurf - 12/25/2015

Un sitio donde se pueda escribir es todo lo que un escritor necesita, además de algo de talento y un poco de papel y tinta. Estos son algunos de los locales que acogieron a escritores y escritoras cuyos fantasmas aún sobrevuelan
[caption id="attachment_104524" align="aligncenter" width="620"]Jack Kerouac, Lucien Carr y Allen Ginsberg Jack Kerouac, Lucien Carr y Allen Ginsberg[/caption]

La "bohemia" es algo con muchas y extrañas connotaciones para las generaciones más jóvenes que crecen y leen en un mundo donde las redes sociales son imperantes: pero no hace tanto tiempo la gente (y especialmente los aspirantes a artistas) se reunían en locales que fomentaban no sólo la cultura sino también el encuentro. La glorificación del alcoholismo (o el high en la vertiente escritores + drogas duras) pierde de vista la relación del escritor con una comunidad, así como con su propio espacio de trabajo.

El caso paradigmático de bar de escritor podría ser La Floridita, en La Habana, Cuba, donde incluso ahora los clientes pueden tomarse fotos con una estatua tamaño real de Ernest Hemingway. Otro ejemplo clásico no es de un bar, sino de un café: el Habana, en México DF la Ciudad de México, que aparece como "Café Quito" en Los detectives salvajes de Roberto Bolaño, y donde cuenta la leyenda que también se fraguó el inicio de la Revolución Cubana entre Fidel Castro y sus amigos. En la intersección cubana, el Sloppy Joe's Saloon es mucho menos conocido que La Floridita o La Bodeguita del Medio, pero fue el lugar que Graham Green llamaba hogar mientras estaba en la isla. El bar aparece en su novela Nuestro hombre en La Habana, de 1958. Al año siguiente, cuando se filmó la adaptación cinematográfica, el Sloppy Joe's fue una de las locaciones. Justo a tiempo, porque la Revolución mantuvo cerrado el lugar hasta hace un par de años, cuando fue reabierto.

[caption id="attachment_104522" align="aligncenter" width="615"]Dylan Thomas en el White Horse de Nueva York Dylan Thomas en el White Horse de Nueva York[/caption]

Existen lugares que terminan dando forma a los personajes, como el Club Liguanea, en Jamaica, donde Ian Fleming pasaba un par de meses al año escribiendo las novelas policíacas que eventualmente darían vida a uno de los más famosos espías de la ficción, James Bond. El Club figura en películas como Octopussy Dr. No. O qué decir del Davy Byrnes Pub en Dublín, Irlanda, que ofreció materia prima para la imaginación de James Joyce; el bar aparece en los cuentos de Dublineses y también en ese monstruo de la narrativa moderna llamado Ulises.

El aura de otros establecimientos parece salida directamente de una obra literaria, como el Carousel Bar de Nueva Orléans: la barra giratoria y los asientos con forma de animales de feria aparecen en dos obras del dramaturgo Tennessee Williams, The Rose Tattoo Orpheus Descending. El Carousel, ubicado en la parte baja del hotel Monteleone, también fue refugio y visita obligada de otros escritores mientras estaban en la ciudad, como William Faulkner, Truman Capote, Eudora Welty o Papá Hemingway.

[caption id="attachment_104523" align="aligncenter" width="667"]Sylvia Plath y Anne Sexton Sylvia Plath y Anne Sexton[/caption]

Los bares de hoteles tienen cierto atractivo importante para la fauna literaria. Otro caso es el del bar del hotel Ritz-Carlton en Boston, donde Sylvia Plath y Anne Sexton compartieron martinis y conversaciones sobre la muerte, las clases en la Universidad de Boston, y la poesía. Porque cuando se trata de beber, los poetas son campeones: hay que pensar en las épicas parrandas de la taberna White Horse, en Nueva York, de donde salieron tambaleantes más de una vez Jack Kerouac y Allen Ginsberg; la leyenda cuenta que Dylan Thomas bebió 18 tragos una noche en el White Horse y murió 3 días después. Otros autores que frecuentaron el sitio fueron el novelista Norman Mailer, el poeta James Baldwin y el novelista y activista Frank O'Hara.

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Y si bien existen casos de escritores que van solos al bar, también los hay que van en cofradía, o en parvada, como en el caso del bar The Eagle and Child (afectuosamente llamado por sus parroquianos "Bird and Baby", durante los años 40) en Oxford, donde un grupo de vírgenes ñoños futuros maestros de la pluma se hacían llamar The Inklings, e intercambiaban notas de trabajo y anécdotas. Entre pintas de cerveza, C. S. Lewis llevó los primeros borradores de El león, la bruja y el ropero, mientras recibía comentarios de J. R. R. Tolkien, autor de la saga El Señor de los Anillos.

Para terminar, hablaremos de un par de casos donde el escritor deja una marca tan indeleble en el lugar que (como en el Floridita) su fama póstuma termina absorbiendo el lugar. Es el caso de Hunter S. Thompson y su taberna predilecta (en rigor, la que estaba más cerca de su casa), el Woody Creek en Aspen, Colorado. El lugar está lleno de parafernalia del doctor Thompson, y algunos lo describen como un altar gonzo. El segundo caso es el del Café Literario de San Petersburgo, Rusia, donde Alexander Pushkin cenó por última vez antes de enfrentarse en un duelo, donde sería mortalmente herido. Hoy en día, una estatua de Pushkin observa a los parroquianos.

Aquí algunos otros ejemplos extraídos de Drinking in America, de Susan Cheever.