*

X

¿Necesitas tomar una decisión? Sigue el diagrama de flujo de los estoicos

Por: pijamasurf - 12/22/2015

Si estás por tomar una decisión importante en tu vida, quizá te sirva conocer un poco de lo que los estoicos pensaban al respecto.

seneca1

La filosofía estoica es quizá una de las más influyentes en la ideología de Occidente, en buena medida porque varios de sus preceptos y elementos fundamentales encontraron resonancia con el Cristianismo, en específico en la teología que poco a poco y a fuerza de páginas y argumentos elaboraron los Padres de la Iglesia. Por su elevado sentido de la ética y la virtud, por su idea del desapego, por el propósito de forjar una buena vida a partir de lo más esencial, el cristianismo absorbió parte del estoicismo y a lo largo de los siglos lo incorporó a la ideología dominante de Europa. Todavía hoy el adjetivo “estoico” se encuentra de vez en cuando en el habla cotidiana para significar aquello que implica fortaleza, particularmente ante la desgracia.

En dicha escuela de pensamiento, la idea de decisión ocupa un lugar preponderante. Más allá de la filosofía, tomar una decisión es a veces enfrentarse a una encrucijada cuyos caminos o son inciertos o parecen todos tener ventajas que quisiéramos para nuestra vida. Cambiar de trabajo, iniciar o terminar una relación amorosa, independizarnos, dejar una vida en apariencia satisfactoria por una alternativa que implica menos comodidades… todos estos son ejemplos de decisiones que pueden presentarse en nuestra vida y ante las cuales no siempre sabemos bien a bien qué hacer. ¿Y qué si renunciamos y no encontramos trabajo pronto? ¿No es más pesarosa la soledad en vez de una relación, aunque esta no sea satisfactoria? ¿Qué tal si me saldo de casa de mis padres pero mis ingresos no son suficientes para sostener mi vida independiente? ¿Qué hacer con esa angustia?

Según los estoicos, temer lo peor. Temer no encontrar trabajo, no tener ingresos, pasar el resto de la vida sin pareja o sin amigos, perder casa y sustento. ¿Por qué? Porque imaginar el peor escenario posible nos puede revelar dos cosas: que somos más fuertes de lo que creemos y que necesitamos menos lo que creemos para ser felices. Ese es el ideal de vida estoico, una existencia en donde tenemos la fortaleza suficiente para arrostrar sus dificultades y también la sobriedad para encontrar la felicidad en lo más esencial de la vida. Al respecto, este video de The School of Life es bastante didáctico:

 

¿Pero cuál es la brújula de los estoicos para tomar una decisión? ¿Existe alguna recomendación que, basada en esta filosofía, nos facilite resolvernos por una opción u otra?

En el blog How To Be a Stoic encontramos una entrada dedicada al “algoritmo para toma de decisiones de los estoicos”, sin duda una síntesis creativa de dicha filosofía para hacernos reflexionar sobre aquello que está implicado en una resolución de vida. 

stoic-decision-making

El diagrama comienza por la sencilla pregunta de si el dilema existencial al que nos enfrentamos está o no bajo nuestro control. Si no, no hay nada qué hacer; si en parte, hay que saber distinguir qué concierne a nuestro horizonte de decisión, si el intento o el resultado; si nos involucra por completo, la siguiente pregunta es si la decisión involucra a la virtud; si no, es en cierta forma indiferente para nuestra existencia y, si acaso el único momento de dilema es si dicha decisión entra en conflicto con la sabiduría, la justicia, la templanza o la valentía; si es una decisión que concierne de lleno a la virtud, un estoico te recomendaría tomarla para ejercer estos mismos valores.

Al final, esto último es lo más sustancioso. Ante una decisión pregúntate si tomarla requerirá de tu sabiduría, tu sentido de la justicia, tu templanza o tu valentía, o si una vez tomada serás más sabio, más justo, más ecuánime o más valiente. Si la respuesta es afirmativa, ¡toma la decisión! Probablemente después descubrirás que hacerlo valió la pena, que tus temores no eran tan terribles como lo supusiste y, lo más importante, que seguramente tu carácter es más fuerte de lo que creías.

También en Pijama Surf:

La vida nos parecerá breve si no hacemos lo que realmente deseamos (sobre un fragmento de Séneca)

Amor fati: si amas tu vida, no tendrás nunca de qué arrepentirte

El poder del pensamiento negativo

Ingeniosos diagramas para pensar qué (y cuánto) nos queda por experimentar

Por: pijamasurf - 12/22/2015

¿Cuánto (y qué) te queda por vivir? Estos gráficos nos hacen pensar de otra manera el tiempo de vida que ha transcurrido y aquel que nos falta por experimentar

time

‘O let not Time deceive you,
You cannot conquer Time.

W. H. Auden, "As I Walked Out One Evening"

A veces es inevitable pensar en la finitud de la vida. Puede ser que de pronto cierto ánimo melancólico se apodere de nosotros y en un momento de introspección echemos una ojeada hacia atrás y suspiremos tanto por el tiempo transcurrido como por el tiempo que se ofrece ante nosotros, en ambos casos, quizá, con la sensación de que ha sido y será insuficiente. Los estoicos sabían algo de esta particular forma de la angustia y en su caso el consejo que dieron al respecto fue orientar la vida hacia lo que verdaderamente deseamos para descubrir así, paralelamente o por añadidura, que en realidad “se nos otorgó una cantidad suficientemente generosa para conseguir los logros más elevados si fuera todo lo que buscáramos” (Séneca).

En el sitio Wait But Why, Tim Urban realizó un interesante y creativo ejercicio respecto a esta reflexión. Para empezar, hace 1 año hizo esta visualización de una vida humana de 90 años de duración en distintas medidas de tiempo. En años: 

1

En meses: 2

En semanas: 3

Y en días:

4

El resultado puede ser impresionante pero también, hasta cierto punto, vacuo. Por eso Urban actualizó este año su acercamiento a la cuestión, dándole un giro más bien emotivo. ¿Qué tal si en vez de pensar que nos quedan, digamos, 40 o 50 años de vida, pensamos en ello en términos de experiencias que podríamos tener en nuestro mundo? ¿Qué tal si, como Urban, pensamos en los inviernos que nos quedan por vivir? Él tiene 36 años y en su proyección supone que vivirá hasta los 90, así que le quedan 60 Navidades por celebrar: 

5

60 Supertazones por ver: 6

También, 60 oportunidades de nadar en el mar (viajando una vez al año): 

7

300 libros por leer (él lee un promedio de cino al año): 

8

20 juegos de los Red Sox (si, como hasta ahora, sólo acude al estadio una vez cada 3 años): 

9

15 elecciones presidenciales: 

10

Y 700 ocasiones para comer dumplings (a razón de dos veces por mes y seis dumplings en cada ocasión): 

11

¿Pero qué hay con las relaciones? Hasta ahora el cálculo se ha hecho con actividades fáciles de cumplir porque o son inevitables (como el invierno) o dependen de nuestra voluntad, nuestros recursos o nuestras circunstancias (como ir a la playa). Pero en el caso de las relaciones entran en juego las circunstancias de otras personas, que es como decir las circunstancias de otro mundo. Urban, por ejemplo, vive en Boston, en una ciudad lejos de sus padres y con una forma de vida que le permite verlos un promedio de cinco veces por año en visitas de apenas un par de días, esto es, 10 días cada año, “3% del tiempo que pasé con ellos en mi niñez”. Si a esto agregamos que, al menos estadísticamente, la vida de los padres se termina antes que la de los hijos, al momento de hacer el cálculo de cuánto tiempo más podrá estar con ellos el gráfico queda así, con un total de 300 días que podrán compartir juntos: 

12

Y algo similar va para los hermanos (Urban tiene dos hermanas), otros familiares, amigos y otras personas a quienes, paradójicamente, hubo un momento de nuestra vida en el que los veíamos a menudo, acaso diariamente, pero de quienes después nos alejamos, no siempre por elección ni por gusto sino simplemente porque la vida es así, nos separa de algunos para acercarnos a otros, nos lleva a hacer otras cosas, a seguir otros caminos, tanto a nosotros como a los demás.

Al final, el autor enlista tres sencillos consejos para multiplicar la cantidad o la calidad de vida de esta fatídica cuenta regresiva:

1. Vivir en el mismo lugar que la gente que amas. Probablemente tengo 10x más tiempo restante con quienes habitan en mi ciudad que con aquellos que viven en otra parte.

2. Hay prioridades. Tu tiempo restante con cualquier persona depende en gran medida de dónde esa persona recae en tu lista de prioridades de vida. Asegúrate de que esa lista esté configurada por ti, no por cierta inercia inconsciente.

3. El tiempo de calidad importa. Si estás en el último 10% de tiempo con alguien a quien amas, mantén eso en mente mientras estés con esa persona y trata ese tiempo como lo que es: precioso.

Sin duda esta forma de pensar el problema cambia un poco las cosas. De algún modo nos hace considerar con mayor detenimiento menos el problema del tiempo en sí que cómo empleamos ese tiempo, tal vez la pregunta que de veras vale la pena responder, menos con pensamientos o palabras y más bien con actos.

 
W. H. Auden, "As I Walked Out One Evening...", por poetictouch

 

También en Pijama Surf: Amor fati: si amas tu vida, no tendrás nunca de qué arrepentirte