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Los hongos expulsan esporas al ambiente que siembran las nubes, y así aseguran la existencia de nuevas generaciones

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Los hongos son una especie maravillosa, con su propio reino en el árbol de la vida. Entre animales y plantas, estos  antiquísimos organismos que surgieron hace más de 1.3 mil millones de años han sido celebrados por la religiones más antiguas, encumbrados a inteligencias astrales por modernos antropólogos (como Terence McKenna) y considerados la clave para salvar al planeta por un micólogo como Paul Stamets.

Un estudio reciente publicado en la revista PLOS ONE descubrió que los hongos son capaces de "sembrar" las nubes para producir lluvia y de esta forma asegurar su supervivencia como especie, en un astuto mecanismo de retroalimentación. La investigación mostró que los hongos maduros desprenden esporas que luego resultan en lluvia. Como es sabido, los hongos a su vez se forman a partir de la humedad.

Nicholas Money, uno de los autores del estudio, señala: "Podemos ver grandes gotas de agua crecer mientras se condensa el vapor en la superficie de la espora de un hongo. Ninguna otra cosa funciona así".

Si bien el yoduro de plata puede también producir lluvia, lo hace a través de un proceso contaminante, lo cual no ocurre con los hongos. El reino fungi juega también un papel primordial en la vida de los bosques, al descomponer los tejidos vegetales y reciclar los nutrientes. A esto se suma la lluvia. "Sin hongos  no hay bosques, y sin bosques los seres humanos no habrían evolucionado", señaló Money. Nunca desestimes el nivel de interconexión entre todas las cosas.

El antropólogo británico Robert Gordon Wasson consideraba que el hongo amanita muscaria era el "rey Soma", el dios al cual se refieren los antiguos Vedas.

Lee: 6 maneras en las que los hongos pueden salvar el mundo

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"Si viene de una planta cómelo, si fue hecho en una planta no lo comas"

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 12/15/2015

Una breve guía para sobrevivir en un supermercado, cortesía del superfoodie Michael Pollan

Michael Pollan se ha convertido en una de las voces más calificadas y divertidas en la literatura sobre comida y nutrición, un food critic que es realmente un filósofo. Ha escrito un par de libros que no sólo contienen excelente información, sino que son también una delicia para leer (por la prosa y también por la evocación que hace de la comida). Pollan es un exquisito, pero sintoniza la preocupación de nuestra era: un exquisito con conciencia ecológica y en el cual el placer no entra en conflicto con la salud.

Entre sus muchos escritos, como The Onmivore's Dilemma y sus artículos del New York Times, Pollan ha acuñado diversas frases que sintetizan en pocas palabras cierta esencia para navegar la industria alimentaria de nuestros días. Una de las más populares es la que lleva de título este artículo: Si viene de una planta cómelo, si fue hecho en una planta no lo comas. Los supermercados hoy en día son laberintos de innumerables ofertas que nos seducen con lustrosos alimentos que prometen hacernos felices, a la vez que nos llenan de culpa. Decidir qué comer y qué comida comprar es muy difícil o al menos requiere un gran esfuerzo, si uno se preocupa de la calidad de su alimentación. Dicho eso, Pollan lo reduce, en amor vegetal, a que simplemente comamos comida que viene de las plantas pero no aquella que ha sido procesada en una planta o fábrica.

Para algunos esto puede ser un reduccionismo, pero en una era extremadamente complicada y quizás exageradamente compleja, Pollan hace las cosas más sencillas y con gusto. Adicionalmente nos dice: "No comas nada que tu abuela no reconocería como comida", y es que la mayoría de los alimentos procesados que vemos en el supermercado oscilan en una tenue linea entre ser comida y ser otra cosa, una especie "frankenfood", híbridos de la naturaleza cuyos efectos secundarios son difíciles de medir. Para los despistados, advierte: "debes evitar productos que hagan afirmaciones sobre salud. ¿Por qué? Porque una afirmación sobre sus beneficios saludables en un alimento es un fuerte indicador de que no es realmente comida".

Consciente del importante factor de nuestra microbiota (el ecosistema de bacterias que viven mayormente en nuestro intestino), Pollan enfatiza la importancia de las fibras vegetales que alimentan a estos microorganismos. Reconoce también la gran cadena o madeja de interconexión biológica y dice: "eres lo que come lo que comes". Y con gran ironía critica a nuestra civilización que "ha conseguido un increíble logro: desarrollar la dieta que nos enferma a todos".