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Ingeniosos diagramas para pensar qué (y cuánto) nos queda por experimentar

Por: pijamasurf - 12/24/2015

¿Cuánto (y qué) te queda por vivir? Estos gráficos nos hacen pensar de otra manera el tiempo de vida que ha transcurrido y aquel que nos falta por experimentar

time

‘O let not Time deceive you,
You cannot conquer Time.

W. H. Auden, "As I Walked Out One Evening"

A veces es inevitable pensar en la finitud de la vida. Puede ser que de pronto cierto ánimo melancólico se apodere de nosotros y en un momento de introspección echemos una ojeada hacia atrás y suspiremos tanto por el tiempo transcurrido como por el tiempo que se ofrece ante nosotros, en ambos casos, quizá, con la sensación de que ha sido y será insuficiente. Los estoicos sabían algo de esta particular forma de la angustia y en su caso el consejo que dieron al respecto fue orientar la vida hacia lo que verdaderamente deseamos para descubrir así, paralelamente o por añadidura, que en realidad “se nos otorgó una cantidad suficientemente generosa para conseguir los logros más elevados si fuera todo lo que buscáramos” (Séneca).

En el sitio Wait But Why, Tim Urban realizó un interesante y creativo ejercicio respecto a esta reflexión. Para empezar, hace 1 año hizo esta visualización de una vida humana de 90 años de duración en distintas medidas de tiempo. En años: 

1

En meses: 2

En semanas: 3

Y en días:

4

El resultado puede ser impresionante pero también, hasta cierto punto, vacuo. Por eso Urban actualizó este año su acercamiento a la cuestión, dándole un giro más bien emotivo. ¿Qué tal si en vez de pensar que nos quedan, digamos, 40 o 50 años de vida, pensamos en ello en términos de experiencias que podríamos tener en nuestro mundo? ¿Qué tal si, como Urban, pensamos en los inviernos que nos quedan por vivir? Él tiene 36 años y en su proyección supone que vivirá hasta los 90, así que le quedan 60 Navidades por celebrar: 

5

60 Supertazones por ver: 6

También, 60 oportunidades de nadar en el mar (viajando una vez al año): 

7

300 libros por leer (él lee un promedio de cino al año): 

8

20 juegos de los Red Sox (si, como hasta ahora, sólo acude al estadio una vez cada 3 años): 

9

15 elecciones presidenciales: 

10

Y 700 ocasiones para comer dumplings (a razón de dos veces por mes y seis dumplings en cada ocasión): 

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¿Pero qué hay con las relaciones? Hasta ahora el cálculo se ha hecho con actividades fáciles de cumplir porque o son inevitables (como el invierno) o dependen de nuestra voluntad, nuestros recursos o nuestras circunstancias (como ir a la playa). Pero en el caso de las relaciones entran en juego las circunstancias de otras personas, que es como decir las circunstancias de otro mundo. Urban, por ejemplo, vive en Boston, en una ciudad lejos de sus padres y con una forma de vida que le permite verlos un promedio de cinco veces por año en visitas de apenas un par de días, esto es, 10 días cada año, “3% del tiempo que pasé con ellos en mi niñez”. Si a esto agregamos que, al menos estadísticamente, la vida de los padres se termina antes que la de los hijos, al momento de hacer el cálculo de cuánto tiempo más podrá estar con ellos el gráfico queda así, con un total de 300 días que podrán compartir juntos: 

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Y algo similar va para los hermanos (Urban tiene dos hermanas), otros familiares, amigos y otras personas a quienes, paradójicamente, hubo un momento de nuestra vida en el que los veíamos a menudo, acaso diariamente, pero de quienes después nos alejamos, no siempre por elección ni por gusto sino simplemente porque la vida es así, nos separa de algunos para acercarnos a otros, nos lleva a hacer otras cosas, a seguir otros caminos, tanto a nosotros como a los demás.

Al final, el autor enlista tres sencillos consejos para multiplicar la cantidad o la calidad de vida de esta fatídica cuenta regresiva:

1. Vivir en el mismo lugar que la gente que amas. Probablemente tengo 10x más tiempo restante con quienes habitan en mi ciudad que con aquellos que viven en otra parte.

2. Hay prioridades. Tu tiempo restante con cualquier persona depende en gran medida de dónde esa persona recae en tu lista de prioridades de vida. Asegúrate de que esa lista esté configurada por ti, no por cierta inercia inconsciente.

3. El tiempo de calidad importa. Si estás en el último 10% de tiempo con alguien a quien amas, mantén eso en mente mientras estés con esa persona y trata ese tiempo como lo que es: precioso.

Sin duda esta forma de pensar el problema cambia un poco las cosas. De algún modo nos hace considerar con mayor detenimiento menos el problema del tiempo en sí que cómo empleamos ese tiempo, tal vez la pregunta que de veras vale la pena responder, menos con pensamientos o palabras y más bien con actos.

 
W. H. Auden, "As I Walked Out One Evening...", por poetictouch

 

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Este ejercicio fotográfico da cuenta de cómo el mismo espacio puede habitarse de manera radicalmente distinta

¿Qué puede llevar a alguien a vivir a un lugar? En las ciudades y, específicamente, en los edificios de departamentos, esa respuesta está dominada por el azar. Si bien las urbes tienden a establecer sus propios patrones e instaurar una división clara entre barrios de distinta clase social, a veces también bajo un criterio religioso o de actividad económica, lo cierto es que aun en esa dinámica se presenta la casualidad de aquel que, sin pertenecer a una zona residencial específica, se descubre de pronto ahí. La gentrificación hace que las clases bajas se vean de pronto rodeadas por un barrio rico; también pasa que un joven se muda a un suburbio donde abundan retirados y gente mayor; a veces estudiantes y obreros conviven en el mismo barrio. ¿Y quién puede decir qué reglas rigen ese flujo vivo y cambiante?

En una clara muestra de la diversidad que impera en los movimientos residenciales, el fotógrafo Bogdan Girbovan realizó el ejercicio visual de capturar el equivalente a la misma habitación en un edificio de 10 pisos, esto es, una suerte de paneo vertical y paralelo a través de las distintas capas habitacionales de un mismo punto. Girbovan mismo es vecino del edificio, residente del 10° piso.

[caption id="attachment_104371" align="aligncenter" width="480"]10 10° piso[/caption] [caption id="attachment_104370" align="aligncenter" width="480"]9 9° piso[/caption] [caption id="attachment_104369" align="aligncenter" width="480"]8 8° piso[/caption] [caption id="attachment_104368" align="aligncenter" width="480"]7 7° piso[/caption] [caption id="attachment_104367" align="aligncenter" width="480"]6 6° piso[/caption] [caption id="attachment_104366" align="aligncenter" width="480"]5 5° piso[/caption] [caption id="attachment_104365" align="aligncenter" width="480"]4 4° piso[/caption] [caption id="attachment_104364" align="aligncenter" width="480"]3 3er piso[/caption] [caption id="attachment_104363" align="aligncenter" width="480"]2 2° piso[/caption] [caption id="attachment_104362" align="aligncenter" width="480"]1 1er piso[/caption]

 

El resultado es sorprendente, pues en un vistazo da cuenta de las diferencias que pueden coexistir casi en el mismo punto, separadas apenas por unas paredes delgadas y un techo de pocos centímetros de grosor. El hombre que vive con lo mínimo indispensable, la anciana de cuartos sobrios, el profesional minimalista, la mujer de muebles traídos de otra época… todos viviendo su propia vida sin advertir que arriba o abajo se desarrolla otra que puede ser completamente distinta a la suya, o imprevisiblemente parecida…

 

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