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En California hay oficinistas que están tomando pequeñas dosis de LSD... ¿Tú lo harías?

Psiconáutica

Por: pijamasurf - 12/23/2015

Creatividad, estar alerta y sentirse activo; esos parecen ser los beneficios de consumir una sustancia psicodélica en pequeñas dosis como parte de una rutina cotidiana

 

El inconsciente es el gran guía, amigo y consejero del consciente.

Carl Jung

En años recientes, los psicodélicos han vuelto a ganar popularidad como sustancias capaces de “despertar la conciencia”, un término que de pronto puede parecer ambiguo o quizá incluso vacío pero que, cuando se le considera con cierta seriedad, podemos descubrir que tal vez tenga algo que decirnos. En cierto sentido, ese “despertar” apunta hacia una toma de postura con respecto a aquello de lo que somos que no es totalmente nuestro, esas ideas, prenociones y conceptos que forman parte de lo que nos constituye como personas pero que podría no estar ahí o estar de otra manera. La forma en que nos educaron nuestros padres, los eventos traumáticos de nuestra niñez, las cosas que poco a poco fuimos incorporando a nuestro ser pero no de una forma consciente: normas sociales, prohibiciones, leyes y un largo etcétera que llevamos con nosotros sin darnos cuenta. Despertar la conciencia es una forma de decir que podemos volver conscientes esas partes de nosotros y saber cómo inciden en nuestra vida —y a veces los psicodélicos ayudan en ese descubrimiento.

La enseñanza que a veces pueden traer los psicodélicos es que la realidad es maleable, que sus límites pueden extenderse, que las cosas no son como otros siempre nos han dicho. En un lúcido fragmento de alguna de sus rutinas, Bill Hicks lo explicó de manera clara y contundente:

 

Con esta introducción, quizá no suene del todo extraño que específicamente el LSD sea ahora una droga cuyo uso se está extendiendo en las oficinas de Silicon Valley, en California, la meca de la innovación y el desarrollo tecnológicos. Si antes el trabajo era el lugar por excelencia de la disciplina y las reglas fijas ahora parece ser, al menos en ciertos casos particulares, un punto de experimentación y quizá incluso de realización: más que para obedecer y apegarse a ciertos lineamentos, para algunos el trabajo es lugar a donde se acude para favorecer la construcción de un proyecto personal, utilizando conscientemente las circunstancias laborales a nuestro favor (un poco en el sentido de la máxima de Aleister Crowley: “Haz lo que tú quieras será toda la Ley”, también en el trabajo).

¿Cuál es el lugar del LSD en esa ecuación Trabajo-Sujeto-Proyecto Personal? Como dijimos antes, radica en el descubrimiento de que, después de todo, no es el sujeto quien tiene que sentirse constreñido por el mundo, sino que él mismo es capaz de actuar e incidir para que los recursos del mundo operen a favor de su deseo. Para decirlo con Kafka, esa es “la esencia de la magia”, y el LSD sería el vehículo de ese darse cuenta:

Es perfectamente imaginable que el esplendor de la vida está dispuesto, siempre en toda plenitud, alrededor de cada uno, pero cubierto de un velo, en las profundidades, invisible muy lejos. Sin embargo está ahí, no hostil, no a disgusto, no sordo, viene si uno lo llama con la palabra correcta, por su nombre correcto. Es la esencia de la magia, que no crea, sino llama.

De acuerdo con algunos testimonios, el LSD hace que una persona se mantenga despierta, alerta y, sobre todo, creativa. Si pensamos que en algunos trabajos la creatividad tiene un gran aprecio, la libertad de pensamiento que es capaz de propiciar el LSD favorece la resolución de problemas que en condiciones normales se presentan bajo la forma de un laberinto o un callejón sin salida. Tal es el caso, por ejemplo, de algunos que de pronto, bajo la influencia de una pequeña dosis de ácido, han llegado fácilmente a una solución que parecía inalcanzable.

Según estas experiencias, una microdosis de LSD (10mcg) u hongos (0.2-0.5gr) cada 4 días basta para vivir la cotidianidad de otra manera. Los efectos varían de persona en persona, pero todos coinciden en que es una cantidad que no te hará alucinar, sino que únicamente te sentirás como si los efectos del café con el que te despiertas en la mañana duraran todo el día.

Esta alternativa oscila entre lo arriesgado y lo conservador. Arriesgado porque desde cierta forma representa el quebranto de las reglas y la puesta en duda del establishment, pero también conservador, pues a juzgar por los relatos de quienes practican la microdosis de psicodélicos, en ocasiones los beneficios derivados de ésta se ponen al servicio de la maquinaria capitalista, en cuyo caso el despertar de la conciencia queda anulado y más bien absorbido en la ideología dominante.

Como otras decisiones que implican libertad, en un primer momento esta puede parecer una elección disparatada, pero si por un momento dejamos de lado todas las otras opiniones y voces y sólo atendemos a la nuestra, la de nuestro deseo y la de aquello que verdaderamente queremos, entonces es posible que quede despojada de su carga moral y se muestre como es: un camino entre los varios que se nos ofrecen en la vida. 

¿Qué son las microdosis de LSD y por qué pueden mejorar las capacidades cognitivas?

Psiconáutica

Por: pijamasurf - 12/23/2015

Investigar y aprender que las drogas ilegales pueden ser tratadas como medicinas nos lleva al asunto de las dosis: la diferencia que separa el veneno de la medicina

Advertencia: Este artículo trata sobre la ingesta de una sustancia actualmente ilegal y sobre sus consecuencias para el organismo. Pijama Surf no recomienda ni fomenta el uso de esta ni de ninguna otra sustancia; simplemente proporcionamos información a un público que se presume adulto y con criterio suficiente para tomar sus propias decisiones.

Corrección: La unidad de medida del LSD se expresa siempre en microgramos (millonésima parte de un gramo) y con el signo µg. Históricamente la concentración de LSD-25 en papelillos (blotters) tiende a disminuir, lo que aunado a una falta de regulación y estandarización puede provocar confusión en cuanto a lo que se entiende por "microdosis". Hemos hecho cambios en el artículo para que reflejen esta información. 

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En su última entrevista en vida con la revista Playboy, John Lennon resumió su experiencia con las drogas, especialmente con el LSD: "Ellos [la CIA, según él] inventaron el LSD para controlar a la gente y lo que lograron fue darnos libertad". El LSD comenzó a tratarse como droga --en el sentido de una sustancia sin fines médicos, potencialmente peligrosa y nociva moralmente para los consumidores-- en 1971, cuando entró en el registro de sustancias ilegales. Durante los años anteriores (es decir, durante la euforia de los 60), la pretensión general era mejorar la vida a través de los químicos, y en gran parte la adicción moderna al Adderall, al Ritalin, al Prozac y a todo tipo de antidepresivos deriva de esa época. "Si te fijas en los reportes del gobierno sobre el ácido", continúa Lennon, "te das cuenta de que los que saltaron por la ventana o se mataron a causa de él, incluso la hija de Art Linkletter, ocurrieron años después. Así que, afrontémoslo, ella no estaba en ácido cuando brincó por la ventana. Y nunca he conocido a nadie que tuviera un flashback de ácido. Yo nunca he tenido un flashback en mi vida y tuve millones de viajes en los 60".

Baynard Woods es un escritor freelance que, como todos nosotros, ha oído hablar del potencial de las microdosis de LSD. Pero a diferencia de muchos de nosotros, se decidió a ponerlo en práctica en un ambiente más o menos supervisado por la gente que ha investigado al respecto, y tuvo el suficiente valor para publicarlo en una maravillosa pieza para el sitio Vox. Woods analiza en su texto las implicaciones de las microdosis para el trabajo, para ver gente y realizar funciones normales, así como el comportamiento de la sustancia al entrar en contacto con cannabis (bueno) y alcohol (malo). En suma: lo recomienda, pero no para todos y no sin una buena investigación previa.

Uno de los pocos investigadores que se ha tomado en serio la parte científica tanto vivencial del ácido es el doctor James Fadiman. Muchos de sus antiguos alumnos están trabajando hoy en día en el Hospital Johns Hopkins en aplicaciones médicas para el LSD (uno de ellos, el doctor Albert García-Romeu, está desarrollando un programa para dejar de fumar tabaco que ha tenido 80% de efectividad luego de 6 meses de microdosis). Woods se acercó al doctor Fadiman para entender exactamente qué se entiende por microdosis y cómo se podría aplicar a un contexto cotidiano.

 

Microdosificando

Cuando pensamos en LSD se nos viene a la mente un "viaje" de autodestrucción o de superconciencia, como si tu conciencia y tu inconsciente tuvieran sexo salvaje y todo tu cuerpo lo sintiera. Pero como con cualquier medicamento, la dosificación separa el veneno de la cura. ¿Cuál sería, pues, una dosis normal y una dosis disminuida de LSD?

El estatus ilegal de la sustancia hace difícil no sólo saber si se trata de "buen" LSD, sino que la dosificación se realiza "a ojo de buen cubero" cortando el papelito cuadrado de 1cm x 1cm en cuatro triángulos. Es posible diluirlo en agua o impregnar un papel o un dulce (lo que vuelve realmente imposible "microdosificar"). En contextos médicos, una dosis completa de LSD se describe entre 150 y 250µg de la sustancia por vía oral. Esta es la dosis "mística" o visionaria que asociamos comúnmente con el ácido; pero como con cualquier sustancia, la concentración que ingerimos determina la forma en que la procesamos y sus efectos sobre el organismo. En términos solamente físicos (recordemos que casi todo lo que sabemos sobre el ácido está basado en reportes subjetivos), una dosis visionaria puede llegar a deshidratarte si no tomas agua o si lo mezclas con alcohol (Woods comprobó que el alcohol tampoco se lleva bien con las microdosis), pero 1/4 de dosis es lo que para los fines de este artículo se entiende como "microdosis", partiendo de que:

-La dosis mínima (también llamada de "umbral") está entre los 20 y 30 µg. 
-La dosis media es de alrededor de 100µg,
-y las dosis altas son superiores a 150-250 µg. 

El método usado por Woods en su experimento fue el de cortar un cuadrito de LSD y confiar en que su dealer distribuyera un buen producto.

Según Fadiman, las microdosis actúan a nivel subperceptual, es decir que mejoran la concentración, la atención, la memoria y la creatividad sin colocarte en una posición de vulnerabilidad emocional absoluta, como la dosis visionaria. Para conseguir los beneficios de la microdosis se adopta un ciclo de 3 días: en el primero, los efectos perceptuales son mayores, pero no pasan de una agradable sensación de bienestar y empatía generalizada. Los antidepresivos están contraindicados junto a cualquier tipo de psicodélicos o enteógenos, simplemente porque se trata de la regulación de serotonina y no existen suficientes estudios al respecto. El segundo día el efecto es menor, y el tercero se recomienda dedicarlo a restauraración.

Las microdosis supuestamente permiten concentrarse mejor, trabajar más rápido y mejorar las relaciones interpersonales, aunque Fadiman afirma que todo esto también podría conseguirse con meditación. 

A decir de Woods, "la droga meramente aumenta la experiencia subjetiva de lo ordinario". Se encuentra un placer general en todo lo que se hace, pues es como si todas las herramientas de la conciencia estuvieran volcadas en el presente, sin devaneos, alucinaciones ni fantasías. El efecto placebo también podría explicar este resultado, pero Fadiman y sus colegas creen que en vez de la palabra "'placebo', que no significa mucho", hay que hablar de "función de curación natural". Woods explica que según Fadiman "la misma idea del placebo, el creer que una droga puede tener un efecto que sea producto de esa creencia, muestra el poder del cuerpo del que abreva el LSD".

Una crítica a las microdosis es que pueden promover la adicción. En términos muy subjetivos, no sería una adicción mayor a la que tiene un hombre que utilice Viagra: las funciones normales y naturales se ven potenciadas durante un breve período de tiempo, pero todos los efectos pasan luego de que la sustancia sale del cuerpo. Existen reportes de personas que lo han hecho durante años, en condiciones muy poco controladas, y no se volvieron locos ni saltaron por las ventanas (al menos no mientras estaban en ácido, como puntualiza Lennon). De cualquier modo, el LSD es una sustancia que debe tratarse con el mismo respeto que un medicamento alopático (que de alguna forma es) y de un enteógeno natural, capaz de producir fuertes reacciones químicas.