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Pionera de la exploración onírica te dice cómo entregarte lúcidamente a las pesadillas

Por: pijamasurf - 12/18/2015

Mary Arnold-Forster explica cómo conocer y entender la formación de sueños y pesadillas nos permite dejar de ser rehenes de ellos, a la vez que hace posible adquirir agencia sobre la manera en que vivimos nuestras imágenes oníricas

toni frissell

Mary Arnold-Forster es una de las predecesoras desconocidas del actual boom del sueño lúcido. Nació en Inglaterra en 1861 y es sobrina del famoso novelista E. M. Forster, pero se sabe que probablemente participó como espía en la Primera Guerra Mundial, donde lucharon sus hijos. 20 años después de Freud, a los 60 años de edad, Arnold-Forster publica su obra magna, Studies in dreams, donde más que proponer un nuevo método para interpretar los sueños enfatiza la importancia de relacionarnos de manera central y abierta con aquello a lo que más tememos: nuestras pesadillas.

Atacada por incesantes imágenes nocturnas de conspiradores y crímenes de guerra (a menudo portando las infames máscaras antigas que dan su color especial a la Europa de principios del siglo XX), Mary decide que ya no quiere despertar sudando y gritando en medio de la noche, y comienza a explorar las posibilidades de un pequeño mantra: "Esto sólo es un sueño; si despiertas se acabará, y todo estará bien otra vez".

Investigaciones más recientes indican que la repetición de mantras es uno de los mejores ejercicios para alcanzar la lucidez tanto en la vigilia como en el sueño, pues el sujeto aprende a relacionarse con las palabras que integran la frase repetida como si fueran un amuleto. Recordemos el ejercicio de verificación de realidad que hacen los personajes de la película Inception para saber si están despiertos o dormidos: dar vueltas a un pequeño trompo, al igual que repetir un mantra o prender y apagar una luz eléctrica, nos hacen fijarnos en la naturaleza de la realidad, en el presente, a la vez que revelan de manera práctica que los sueños y la vigilia pueden ser intervenidos por súbitos actos de conciencia. 

Little Nemo

Little Nemo

En otras palabras, no sólo no estamos a merced de nuestros sueños sino que desconocer la naturaleza de los mismos nos hace propensos a otro tipo de perturbaciones en la realidad de la vigilia, como la ansiedad y el miedo.

En vez de huir de las pesadillas que la aquejaban (el peligro muy real de que sus hijos fueran asesinados en el frente de batalla) Mary decidió entregarse a ellas, pues finalmente las pesadillas participan de la naturaleza del sueño, y esta a su vez de la naturaleza de la conciencia, de la cual no podemos escapar mientras estemos vivos. Este ejercicio le permitió relacionarse de otra manera con sus miedos: "Todo el miedo se había ido; la cómoda sensación de gran heroísmo, disfrutada por entero solamente por aquellos que se sienten seguros, era mía".

Gracias a este movimiento decisivo, Arnold-Forster comenzó a elaborar fascinantes teorías acerca de cómo la memoria a corto y largo plazo termina reflejándose de manera desfasada (cronológica y simbólicamente) en nuestros sueños, y sus descubrimientos son aprovechados por investigadores del sueño, científicos y amateurs:

El elaborado proceso de construcción del sueño se parece mucho al proceso que lleva a cabo la mente durante el día cuando las imágenes pasan rápidamente a través suyo, y una asociación lleva a otra. Sólo durante la noche la imaginación no se encuentra restringida por la disciplina que impide al vagabundeo de nuestras ideas seguir con avidez la pista aleatoria de cada pensamiento aleatorio y sugerencia.

Studies in dreams se presenta, así, como una guía para el viaje en sueños, extrapolando la experiencia de nuestra conciencia a un plano onírico donde todo aparece desfasado o desdibujado mientras no adquirimos lucidez. Una de las habilidades más asociadas al sueño lúcido (y también buscada con más ahínco) es la de volar. Mary también tenía una notoria afición por la ingravidez onírica, y por momentos su libro parece también un ensayo sobre técnicas de vuelo para soñadores:

Luego de pensar mucho tiempo acerca de volar por encima de árboles y edificios, descubrí que estaba adquiriendo el poder de elevarme a esas alturas con cada vez menor dificultad (...) Al hacer un poco de presión o saltar con mis pies me levanté del suelo. Una ligera brazada de mis manos aumenta la velocidad del vuelo, y se utiliza ya sea para ayudarme a alcanzar mayor altura, o bien con el propósito de maniobrar, especialmente a través de lugares estrechos, como a través de puertas o ventanas.

Sin importar si nos interesa dejar atrás las pesadillas o aprender el arte del vuelo onírico, leer a Mary Arnold-Forster es una invitación para explorar con más recursos y herramientas prácticas el universo nocturno que cada uno de nosotros habita durante 1/3 de nuestras vidas: el teatro que comienza a desplegarse en toda su vivacidad cuando cerramos los ojos al irnos a dormir.

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¿Estás en tus 20 y ves mucha televisión? Cuidado: eso podría afectar tu cerebro de adulto

Por: pijamasurf - 12/18/2015

De acuerdo con un estudio realizado durante 25 años, los jóvenes que pasan 3 horas o más frente al televisor tienen en su vida adulta un pobre desempeño de ciertas capacidades cognitivas

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Durante una buena parte de su historia la televisión ha tenido una reputación contradictoria pues, como otros inventos, a la par de un potencial positivo, educativo, de difusión de información importante y funciones afines, se encuentra otro aspecto más bien negativo relacionado con la manipulación masiva, el adormecimiento del juicio colectivo, la distracción voluntaria de sociedades enteras y más. En pocas palabras, podemos ver un documental sobre la vida en la Tierra, pero también perder 4 o 6 horas continuas viendo una serie quizá entretenida pero sin ningún valor ulterior —y lo más usual es hacer esto último.

Pero más allá del impacto social, parece ser que la televisión también tiene un efecto individual, específicamente en el cerebro. De acuerdo con un estudio publicado en la revista especializada JAMA Psychiatry, el hábito de ver televisión tiene relación con un pobre desempeño cognitivo en la edad adulta.

La investigación duró 25 años y analizó data correspondiente a 3 mil 247 personas de entre 18 y 30 años, quienes respondieron a preguntas sobre su estilo de vida, el tiempo cotidiano dedicado a la televisión y algunos otros hábitos relacionados con la actividad física. Este cuestionario fue respondido al inicio del estudio y después en períodos de 5 años, hasta completar los 25. Asimismo, las muestra incluyó tanto distintos grupos de edad como género, origen racial y nivel educativo, con una edad promedio de inicio de 25.1 años.

Entre los resultados preliminares se observó que al menos 353 personas veían más de 3 horas de televisión al día, seguidos de 2/3 de los participantes, que fueron categorizados como consumidores elevados de la programación televisiva; el resto calificó como consumidores moderados o bajos.

El efecto cognitivo de dedicar mucho tiempo a ver televisión está relacionado con un estilo de vida sedentario. Sus consecuencias específicas pueden ser, por ejemplo, no tener la habilidad de saber manejar los tiempos para conseguir un objetivo o poder recordar palabras o conceptos abstractos. Las personas del estudio que pasaban 3 horas o más frente al televisor demostraron un desempeño pobre en los estudios que miden dichas capacidades.

De acuerdo con los investigadores, “la actividad física durante la juventud podría preservar las funciones cognitivas y contribuir a la reserva cognitiva al incrementar la neurogénesis y la plasticidad sináptica”.

¿Tú quieres conservar la salud de tu cerebro para tus mejores años?

 

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