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David Chaim Smith nos introduce al misterio de la Creación en su libro "The Kabbalistic Mirror of Genesis", una cartografía del algoritmo creativo que puede ser sintonizado como actualidad
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Imagen: David Chaim Smith

Todo lo que es formado y todo lo que es dicho es un solo Nombre.

Sefer Yetzirah

 

La cábala, la tradición mística hebrea, sostiene que la energía creativa del infinito se manifiesta a través de 22 letras y 10 números. Todas las cosas están hechas con combinaciones de estas letras y estos números –que tienen todo tipo de correspondencias con planetas, elementos, partes del cuerpo, etc. Si pudiéramos conocer la ciencia de cómo están vinculadas estas letras y estos números en consonancia con el orden divino, podríamos participar en los secretos de la Creación. Y es que de la misma manera que representan el proceso con el que se despliega la unidad en la diversidad, constituyen también 32 caminos de regreso a la sabiduría divina. La famosa imagen cabalista del “árbol de la vida” (que es también el cuerpo humano) compuesto por las 10 emanaciones o sefirot es también una escalera que conecta al Creador con la Creación.

El texto principal donde queda cifrado este algoritmo de creación cósmico-lingüística es el Génesis. Hacer un análisis cabalístico del Génesis es un poco como desglosar el código de la Creación; algo como “espiar” los planos arquitectónicos de la Creación --de la misma manera que cuando revisamos el código fuente de una página de Internet podemos ver el código y los valores numéricos con los que fue programada. Esa página, en este caso, es el universo.

El estudiante contemporáneo interesado en la cábala difícilmente encontrará una mejor introducción a los misterios del Génesis que la obra de David Chaim Smith The Kabbalistic Mirror of Genesis, recientemente reeditada por Inner Traditions. Chaim Smith es un artista visual profundamente dedicado al estudio gnóstico de la cábala, perteneciente a la tradición de filósofos y místicos que conciben el conocimiento necesariamente como una vía de transformación. Esta es la idea gnóstica fundamental: conocer algo es hacerse uno con aquello que se conoce. Y esta es también la idea que corre con gran energía a lo largo del libro, la percepción debe ser depurada para percibir la unidad indivisible entre aquel que percibe y aquello que percibimos.  

La lectura de Chaim Smith de los tres primeros capítulos del Génesis, entonces, permite, en su máxima irradiación, un entendimiento del proceso creativo no sólo desde una perspectiva racional sino desde una participación intuitiva. Más que una exégesis busca ser una sintonización de las emanaciones de lo divino creativo actualmente presentes.

En esta primera parte de lo que será un ensayo en tres entregas intentaré concentrarme en la concepción de la creatividad que introduce la lectura cabalística de Chaim Smith al Génesis, y en lo que me parece ser el hilo conductor de la obra (y en general la hebra que une al misticismo de todas las tradiciones): la cartografía de un sistema de percepción que permita al estudiante ir eliminando los hábitos erráticos que lo separan de la integración con el flujo luminoso de todas las cosas y fenómenos. En su comentario del Sefer Yetzirah, Aryeh Kaplan dice que existe una estática mental, asociada a los klipah (la cáscara que encierra la semilla luminosa), que "hace imposible percibir el mundo espiritual". David Chaim Smith escribe: “La división entre el ser que conoce y el objeto que es conocido es la base de todo conflicto”.

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Me parece que la interpretación cabalística del Génesis de Chaim Smith nace de la tesis fundamental de que detrás del texto es posible descifrar y aprender un sistema de percepción divina. Este sistema, siguiendo el esquema de las sefirot y las lecciones que revela la gematría (la equivalencia numérica de las letras), enseña tres principios fundamentales:

-La creación es un acto perpetuo que está ocurriendo presentemente, es la naturaleza misma del espacio que “está constantemente dando a luz”, un despliegue abierto de la posibilidad total. Espacio que es a la vez “vientre y semilla”, el contenedor (el espacio) y el contenido (los fenómenos).

-La unidad es la única realidad: unidad entre la luz y el espacio, entre el sujeto y el objeto, entre la divinidad y el hombre. La unidad permanece en la diversidad, no es oscurecida sino “glorificada por la diversidad”. Este es el “juego de Ein Sof”, lo Infinito, que se glorifica y deleita en la manifestación. “No importa lo que aparece, nada sino Ein Sof permanece”, dice Chaim Smith.

-Todos los fenómenos son interdependientes, como una flama que depende del carbón para que pueda arder y el carbón que “sólo es carbón porque una flama arde en él”.

 

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51GG1jMsT3L._SX331_BO1,204,203,200_La primera palabra del Génesis es "B’reshit", esto es de entrada un guiño microcósmico, una especie de fractal de la creación, ya que esta palabra significa en cierto sentido “Génesis”, siguiendo también la vieja tradición de que el título de un libro era su primera palabra. Asimismo, la primera letra del Génesis es “bet”, y la última letra de la Torá es el “lamed” de la palabra Israel, ambas letras suman 32: los 32 caminos de la sabiduría dentro del árbol de la vida (la suma de las letras y las sefirot, las 32 veces que se dice Elohim en el primer capítulo del Génesis y por otra parte un número sumamente esotérico: son también 32 las marcas que hacen a un Buda). Juntos "lamed" y "bet" forman la palabra "leb", que significa corazón. La Torá es conocida como el corazón de la creación. Chaim Smith escribe que el "Génesis revela el corazón del proceso creativo". Así traduce el primer verso del Génesis:

 

Con-inicialidad [beginningness] Elohim creó el cielo y la tierra.

 

Esto para denotar la perenne actualidad del acto creativo, la cualidad creativa inherente en todas las cosas. B’reshit, nos dice Chaim Smith, es “la naturaleza dinámica de la creatividad que presenta total posibilidad. Siempre está desenvolviéndose, fresca, nueva, única. El inicio continuo es la disposición volátil que puede hacer o ser cualquier cosa, y que se despliega a sí misma como todas las cosas”. Es a través de este eterno santiamén que Ein Sof se da a conocer: “B’reshit es de la naturaleza de Ein Sof”, pero como Ein Sof es el Ser puro y no puede comunicarse se despliega a través de B’reshit y sus emanaciones para así poder ser conocido. El impulso creativo de B’reshit se desdobla como la expresión de todas las posibilidades, la alegría de ser todas las cosas, la pureza luminosa de todos los fenómenos.

Esta idea de la creatividad como una esencia activa o como un estado presente del Génesis tienen un notable eco en el I Ching. David Hinton traduce el primer hexagrama de este milenario texto, El Cielo, lo Generativo, de la siguiente manera:

El origen penetra en todos lados, y su abundancia es inagotable.

La superabundancia del cielo, de la que nos habla el I Ching, es la esencia dinámica de B'reshit, a través de la cual Ein Sof  se imprime en todo lo que existe. Esto mismo puede cotejarse con el Tzimtzum de la cábala luriana, el eterno eco del instante ontológico:

Tzimtzum es mucho más que un evento estático y discreto en el que la divinidad se contrajo para hacer vacío para la creación. Es un evento eternamente repitiéndose que conecta a la divinidad con todas las criaturas en la progresión evolutiva del divino momento creativo. (The Kabbalah of Rabbi Isaac Luria, James David Dunn)

Manly P. Hall en la primera parte de su serie de lecturas Man, the Grand Symbol of the Mysteries, describe el proceso embrionario de la vida como una analogía microcósmica de la creación del universo:

Tenemos una concepción estática errónea. Hemos dejado de ver que esta tremenda energía seminal base, brotando del proceso de su propia gestación está en sí misma en un perpetuo proceso de generación. La energía tiene un movimiento perpetuo inherente conforme al arquetipo... La expectativa de la energía es la total expresión de sí misma, lo inevitable en la energía es que energizará todo.

No es concebible la muerte de la vida... En la gran procesión de cosas y seres los organismos pueden cesar, pero el poder que organiza, crea y vitaliza nunca cesa, la vida en sí misma nunca cesa, es, como notaron los hinduistas, la única Inmortal. 

Por último, en este abanico de misticismo comparativo, que me parece refuerza esta idea de la creación dinámica, Rene Schwaller de Lubicz, citado por André VandenBroeck en su libro Al-Kemi:

Hay una visión pertinente a cada momento cósmico particular… el momento presente, tal como lo defino en mi libro, es de hecho la eternidad... Sabemos que todo se está creando cada momento, y todo también se pierde [cada momento]… La Obra [alquímica] no es el descubrimiento de una técnica… es la percepción de un proceso existente. Es la percepción la que es objeto de estudio y oración.  

No sólo resulta esencial en este camino místico (que busca regresar a su origen) percibir la Creación como el flujo inagotable que se repite en todas las cosas y en todos los momentos, sino también salvar las diferencias o anular la dualidad que consideramos lógica entre el principio y el final. ¿Qué es el tiempo sino este intervalo entre el inicio y el final? Y, sin embargo, todas las tradiciones místicas parecen coincidir en que la realidad es la eternidad y que la existencia es infinita. Chaim Smith cita este pasaje del Sefer Yetzirah, el Libro de la Formación:

Su final está embebido en su principio y su principio en su final, como una flama en un carbón ardiente.

El principio y el final se abrazan como la serpiente uróboros, no en una progresión teleológica que avanza hacia un punto determinado de la historia sino en cada instante en perpetuidad. De la misma manera que el intervalo entre el principio y el final es una ilusión (el tiempo es la proyección de la eternidad) también es una ilusión el intervalo entre el 1 y el 2 y los diferentes números. Esto se explica en la cábala con las sefirot cuando se dice que Keter (el 1, la Corona) es Malkut (el reino, el 10). De la misma manera el tetraktys de Pitágoras, el 10, era la reabsorción de la mónada, la reintegración de todos los números en la unidad y, sin embargo, en realidad lo único que existía era el Uno (el cual ni siquiera es un número, de la misma manera que se dice a veces que Keter no es un sefirah). La identidad del 1 con el 10, de Keter con Malkut, es la identidad del Creador con la Creación.

Así la cábala nos enseña que la divinidad no es un objeto trascendente al que se llega al final como una meta evolutiva, es una inmanencia que se descubre como presencia: lo que siempre ha estado ahí. En este sentido la labor gnóstica más que agregar a un ser una capacidad, es simplemente remover todo los obstáculos que le impiden percibir la luz que está atrapada por sus hábitos de percepción y no por un castigo divino. Así se anula (bitul) la diferencia y el mundo material se revela como la Shekinah, la morada divina, ubicua y radiante. Así descubrimos que todo el universo entero es el Jardín del Edén, simbolizado por el arcoíris, que es, según dice Chaim Smith, "el vínculo entre el ser humano y la divinidad".

En su Espejo cabalístico del Génesis, David Chaim Smith atestigua el compromiso que requiere la búsqueda de la verdad, y nos llama a ir más allá del mundo de las apariencias "donde todo parece estar dividido" y "adherirnos a la unidad", lo cual es, dentro de la aparente contradicción en la que vivimos, "la verdadera prueba de fe".

Arriba yace la pura creatividad ilimitada, y abajo los fenómenos continuamente adaptados se manifiestan. Cada uno depende del otro "como la flama y el carbón ardiente". No puede haber creatividad sin el despliegue de los fenómenos. ¿Cómo podría ser llamada creatividad sin ello? No puede haber fenómenos sin creatividad. ¿Sobre que base emergerían? Por ello nada existe interdependientemente; cada uno depende del otro para propósito y distinción. Son una unidad creativa y sólo son separados por términos conceptuales artificiales.

Tenemos entonces una invitación abierta a ver la unidad indivisible de todas las cosas, más allá de las apariencias y los conceptos que producen la división sólo como un hábito de percepción, nunca como una realidad independiente, puesto que no existe independencia entre nuestra percepción y lo que percibimos (el ojo es el Sol). Y si no existe independencia entre lo que vemos y lo que somos, podemos concluir que somos lo que vemos.

En las siguientes partes exploraremos los misterios de la gematría (la identidad numérica entre la serpiente y el Mesías, Ein Sof y la luz, etc.), examinaremos el proceso creativo codificado en los 6 días (en seis sefirah) y ahondaremos en el misterio del paraíso como la realidad luminosa que subyace a todas las cosas.

 

Twitter del autor: @alepholo

The Kabbalistic Mirror of Genesis

Diferentes tradiciones místicas consideran que el universo es un solo organismo, dotado de alma e inteligencia; así también, las estrellas y los planetas son seres inteligentes que nos abrazan con su luz intelectual

Desde tiempos inmemoriales el ser humano ha mirado hacia las estrella con asombro y misterio, como reconociendo su propio origen. En este episodio de Cadena Áurea de Filosofía exploramos la posibilidad de que las estrellas también sean la prisca theologia, una astroteología, los surtidores cósmicos de nuestro pensamiento. Consideramos que tal vez la inteligencia no es una innovación del hombre, es una esencia preexistente que se difunde en todo el cosmos.

Encontramos que la idea de que el cosmos es un ser animado en su totalidad y que los cuerpos celestes tienen almas y participan en la divinidad --y por lo tanto en la inteligencia inherente a la creación-- aparece consistentemente en diversas tradiciones místicas, particularmente en el neoplatonismo y en el hermetismo. Existe aquí también una identidad entre la luz y la inteligencia, entre la iluminación y la verdad. Los astros que brillan en la noche son metáforas de esta iluminación intelectual, pero también pueden ser considerados como reflejos de una luz invisible que es la causa de todo lo visible y por lo tanto mantienen una cercanía con esa divinidad que es una especie de pensamiento eterno y ubicuo que abarca el espacio mismo y que se diversifica en la multiplicad de seres que toman conciencia para reconocer su principio. La luz es el pensamiento de Dios, nos dice la tradición, y la forma también en la que el universo se vivifica y unifica.

Esta idea en la actualidad tiene un nuevo avatar, encaramada sobre la necesidad ecológica de reconocer a la Tierra como un organismo vivo, digno de nuestra veneración, desde la teoría de Gaia de Lovelock hasta su antecedente místico en la noósfera de Teilhard de Chardin. Por todo esto, resulta fundamental reflexionar sobre la inteligencia y la vida de nuestro planeta y de todos los cuerpos celestes que iluminan y regulan nuestra existencia.

0-5:00: Intro/ ¿El cosmos es un animal divino que participa en la inteligencia en su totalidad?/ El Timeo de Platón/ El orden cósmico, un signo de la inteligencia/ La trinidad entre el número, las estrellas y el alma: reflejos del orden/ El patrón original que echó a andar la inteligencia cósmica/ Más allá de los dioses está la ley/ Las matemáticas, el lenguaje (platónico) de la naturaleza.

5:00-10:00: Sample Orden del caos/ Los astros y el origen de la filosofía/ "El cuerpo del cielo es visible, pero el alma del cielo es invisible"/ Los planetas eran los dioses/ Los poderes invisibles de los cuerpos celestes/ Sample Orden del caos/ Julián, el Apóstata: "la luz tiene la misma relación con lo visible que la verdad con lo inteligible"/ La relación entre la luz y la inteligencia/ Los símbolos de la iluminación.

10:00-15:00: Los aspectos psicoactivos del Sol/ El Sol es el Bien, el arquetipo de la verdad/ La luz hace ver también los mundos de la inteligencia/ Los tres soles de Paracelso: el sol espiritual, el sol psíquico y el sol físico/ Sample Orden del caos/ El sistema gnóstico de los siete planetas: arcontes y eones/ El mundo es un organismo vivo capaz del autoengaño/ La Matrix, Philip K. Dick, el simulacro y el gnosticismo.

15:00-20:00: Gaia-Gea-Tierra: la Diosa Madre/ La matriz de de toda la existencia/ Un organismo inteligente que se autorregula/ Nuestra realidad está determinada por la Tierra/ La pertenencia al seno cósmico/ ¿Cómo comunicarse con la inteligencia de la Tierra?/ ¿Somos una célula dentro de un superorganismo?/ ¿La conciencia podría ser la capacidad de integrar la experiencia de la multiplicidad dentro de un todo coherente?/ La diferencia entre conciencia e inteligencia/ La interdependencia.

20:00-25:00: ¿Somos parte de un mismo pensamiento que se genera en el cosmos?/ Nuestra inteligencia y nuestra conciencia participan en la inteligencia y en la conciencia del cosmos/ La noósfera de Pierre Teilhard de Chardin/ La evolución de la materia hacia el espíritu/ La semilla de la conciencia/ La Tierra como una capa pensante o una conciencia colectiva que nos envuelve/ El punto omega/ El principio es el final/ ¿El espacio es mente?/ Las nebulosas y la percepción del tiempo/ El sueño de Brahma: la creación (la exhalación) y la reabsorción (la inhalación). 

25:00-27:52: La búsqueda de la metáfora que refleje la totalidad en cada parte/ Volver a decir que la divinidad (la unidad) es presencia en todas las cosas/ Un poema de Borges sobre el dios de Spinoza, "Aquel que es todas sus estrellas"/ La unidad entre la luz, la vida y la conciencia/ Outro.

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Citas y aparato crítico 

Pitágoras declaró que  la moción del universo era circular, que el cuerpo del universo estaba compuesto de la sustancia de la luz y que el alma del universo estaba compuesta de la sustancia de la verdad. 

Manly P. Hall

Los movimientos celestiales no son más que una canción continua a muchas voces, no percibida por los oídos sino por el intelecto.

J. Banville

La premisa del gnosticismo es que el mundo es realmente sólo un pensamiento.

Robert Lawlor

La conciencia es una propiedad fundamental del universo. Donde hay información integrada, hay experiencia.

Doctor Christof Koch

Ya que la conciencia siempre ha sido descrita en términos derivados del comportamiento de la luz, en mi perspectiva no es exagerado pensar que estas múltiples luminosidades corresponden a diminutos fenómenos conscientes. Esta luz es la "lumen naturae" que ilumina la conciencia. 

C. G. Jung

¿Acaso no es el intelecto, que es la causa del alma, la fuente de la luz?

Proclo

El firmamento fue hecho para imitar la naturaleza eterna y ser lo más parecido al perfecto animal inteligible.

El cuerpo del cielo es visible pero el alma del cielo es invisible.

Platón

Platón en el Timeo:

Un ser bueno no puede hacer nada que no sea excelente. A la luz de la razón encontró que de todas las cosas visibles no podía absolutamente sacar ninguna obra, que fuese más bella que un ser inteligente, y que en ningún ser podría encontrarse la inteligencia sin tener un alma. En consecuencia puso la inteligencia en el alma, el alma en el cuerpo; y ordenó el universo de manera que resultara una obra de naturaleza excelente y perfectamente bella. De suerte que la probabilidad nos obliga a decir que este mundo es verdaderamente un ser animado e inteligente, producido por la providencia divina. 

[...] Cuando el autor de las cosas hubo formado el alma del mundo a su gusto, arregló dentro de ella el cuerpo del universo, y los unió ligando el centro del uno con el del otro. El alma derramada así por todas las partes, desde el centro a las extremidades del cielo, hasta excederle y envolverle en todas direcciones, estableció, al girar sobre sí misma, el principio divino de una vida perpetua y sabia por todo el curso de los tiempos. Así nacieron el cuerpo visible del cielo y el alma invisible, la cual participa de la razón y de la armonía de los seres inteligibles y eternos, y es la más perfecta de las cosas que el Ser perfecto ha formado...

[...] Ya que si no hubiéramos visto las estrellas, el Sol y el cielo, ninguna de las palabras con las que hemos descrito el universo habrían sido dichas. La visión del día y la noche, los meses y las revoluciones de los años, han creado el número, y nos han dado un concepto del tiempo y el poder de investigar la naturaleza del universo; y de esta fuente hemos derivado la filosofía…

[...] Formó primero la especie divina, y la formó del fuego principalmente, para que fuese brillante y bella; la hizo perfectamente redonda, para que se pareciese al universo; y le concedió la inteligencia del bien, para que marchase de acuerdo con este mismo universo. Estos dioses, dotados de un doble movimiento de rotación y de traslación, fueron dispersados por toda la extensión de los cielos; animales divinos que se distinguen entre los astros por la regularidad de su carrera.

Borges, poema a Spinoza:

No lo turba la fama, ese reflejo

de sueños en el sueño de otro espejo,

ni el temeroso amor de las doncellas. 

Libre de la metáfora y del mito

labra un arduo cristal: el infinito

mapa de Aquel que es todas Sus estrellas.

 

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El emperador Juliano en su Himno al sol soberano:

La luz es la forma de esa esencia diáfana que semeja a la materia común, el sujeto de los cuerpos, a través de la cual se difunde por todas partes; y los rayos son las cumbres, como si fueran, flores de luz, de una naturaleza incorpórea... la luz es la energía sincera de un intelecto perfectamente puro; y si se encuentra razón en esta doctrina, debemos considerar que, ya que la luz es incorpórea, su fuente no puede ser el cuerpo, sino la energía sincera del intelecto.

Thomas Taylor en la introducción a su traducción del Himno al sol soberano:

El Sol frontal subsiste en Júpiter, el perfecto artífice del mundo, que produjo la hipóstasis de su propia esencia. A través de la fuente solar contenida en su esencia, el demiurgo genera el poder solar en los principios del universo, y una tríada de dioses solares en los que todas las cosas son imbricadas en la luz y son perfeccionadas y revitalizadas con bienes intelectuales. 

El filósofo George Berkeley:

Jámblico declara que el mundo es un animal en el que las partes, no obstante la distancia que tengan entre sí, están conectadas por una misma naturaleza. Y enseña, lo que también es una noción recibida por Platón y Pitágoras, que no existe división en la naturaleza, sino más bien una escala o cadena de seres ascendiendo en grados de lo más bajo a lo más alto, cada naturaleza siendo informada o perfeccionada por su participación en la más alta... Es también la doctrina de los filósofos platónicos, que el intelecto es en realidad la vida misma de los seres vivos.

Thomas Taylor, en su introducción a la Teología platónica de Proclo, comenta un fragmento de la Armonía del mundo de Kepler:

Kepler dice que no se opone al dogma de que hay un alma del universo, aunque dice que no hablará sobre eso. Señala que si existe debe de residir en el centro del mundo, lo que para él es el Sol, y de ahí es propagada al resto del mundo por la comunicación de los rayos del Sol, que tienen el lugar de los espíritus en un cuerpo animado. En el siguiente pasaje afirma que la Tierra tiene un alma. Dice: "El globo de la Tierra es un cuerpo de la misma manera que el de un animal; y aquello que es su propia alma para un animal, lo es la región sublunar para la Tierra... de la misma manera que el cuerpo animado produce en su superficie vello, la Tierra produce plantas y árboles...

El obispo griego Sinesio nos indica en un himno:

Ese incorruptible intelecto que es en su totalidad una emanación de la divinidad, está totalmente difundido a lo largo del mundo y alrededor del cielo, y preserva el universo con el que está presente y distribuido en múltiples formas. Una parte de este intelecto está distribuido entre las estrellas, y se convierte, por así decirlo, en su auriga; otra parte [se distribuye] entre los coros angélicos; y otra parte está contenida en una forma terrestre.

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Thomas Taylor nos dice en su introducción a la Teología platónica de Proclo:

Confieso que me deja perplejo concebir qué ha inducido a los modernos a controvertir la doctrina de que las estrellas y el mundo entero está animado… En verdad, este rechazo me parece tan absurdo como si un gusano, capaz de silogizar, infiere que el hombre es sólo una máquina impelida por una fuerza externa cuando camina, ya que nunca vio antes un animal capaz de cosa similar. 

Carl Gustav Jung, Arquetipos e inconsciente colectivo

La oscura psique es como un cielo interior sembrado de estrellas, cuyos planetas y constelaciones representan los arquetipos en toda su luminosidad y numinosidad. El firmamento es, en efecto, el libro abierto de la proyección cósmica, el reflejo de los mitologemas, es decir, de los arquetipos. En esta concepción se dan la mano la astrología y la alquimia, las dos antiguas representantes de la psicología de lo inconsciente colectivo.

El siguiente audio comenta la frase de Jung, argumentando que el texto de los astros se escribe a través de nosotros, desdoblándose desde nuestro interior.

 

Jámblico en Los misterios de los egipcios:

La divinidad, tanto si tiene en suerte partes de todo, por ejemplo el cielo o la tierra, como si tiene en suerte ciudades y regiones sagradas, algunos recintos o sagradas estatuas, ilumina todo desde fuera, como el Sol desde fuera alumbra todo con sus rayos. Como la luz envuelve lo que alumbra, así también el poder de los dioses ha abrazado desde fuera lo que participa de él... así también la luz de los dioses brilla separadamente y, firmemente estable de sí misma, avanza a través de todos los seres. Y en verdad la luz que vemos es una única continuidad, por todas partes la misma toda, de forma que no es posible separar cortando una parte de ella ni abarcarla con un círculo ni separarla nunca de su fuente luminosa.

Del mismo modo, pues, el mundo en su conjunto, que es divisible, se reparte en relación a la luz única e indivisible de los dioses. Esta luz es única e idéntica por todas partes por completo, está presente indivisiblemente en todos los seres que son capaces de participar de ella, con su poder perfecto llena todo, por su ilimitada excelencia causal lleva a término en sí misma todos los seres, permanece unida a sí misma en todas partes y une los principios con los extremos; con su imitación el cielo y el mundo en su conjunto realiza una revolución circular, permanece unido a sí mismo, guía a los elementos que giran en círculo, contiene todo los seres que están los unos en los otros y tienden los unos a los otros, define en medidas iguales incluso los más distantes, hace que estén juntos los extremos con los principios, como la tierra con el cielo, lleva a cabo una única continuidad y armonía de todo con todo.

[...] En cuanto a los seres superiores y los que, en tanto universales, contienen el principio, en los superiores son producidos los inferiores, en los incorpóreos los cuerpos, en los poderes creadores las cosas creadas, y por ellos que los contienen circularmente dirigidos, y, por tanto, las revoluciones de los seres celestes, una vez insertas en las revoluciones celestiales del alma etérea, ante todo no dejan de existir en ellas, y las almas de los mundos, llegadas a su intelecto, son perfectamente abrazadas por él y en él primariamente engendradas; y el intelecto, tanto el particular como el universal, es abarcado por los géneros superiores.

 

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