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Los hombres comen el doble cuando cenan con mujeres (ESTUDIO)

Por: pijamasurf - 11/26/2015

¿Están tratando de impresionar a las comensales femeninas o sufren súbitos ataques de hambre?

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Investigadores de la Universidad de Cornell descubrieron una tendencia de los hombres adultos a comer el doble cuando cenan con mujeres, a diferencia de cuando cenan entre hombres. Este es uno de esos estudios donde un preparado equipo de psicólogos del comportamiento pasaron 2 semanas observando a 105 hombres durante la hora de la comida en un buffet italiano, lo que de pronto dota de sentido a la existencia de ventanas en los restaurantes.

Se supone que esta hipervoracidad es un comportamiento instintivo de los machos para impresionar a las hembras con su consumo de calorías; sin embargo, los hombres que cenaron con mujeres comieron también 86% más ensalada, así que el asunto de impresionar al prospecto tiene que ver con hábitos de consumo, no tanto alimentarios.

Por su parte, las mujeres que cenaron con hombres manifestaron sentir que comían de más (sentirse excesivamente llenas). Los resultados son congruentes con los de otro estudio donde se descubrió que los hombres utilizan más energía al masticar cuando cenan con mujeres (en promedio, una mujer mastica siempre más que un hombre).

Lo único que deja en claro este estudio es que los hombres se esforzarán por competir en cualquier ámbito donde sea posible, sin importar si se trata de la bolsa de valores o un buffet de pizza. 

Shakespeare como un espejo abierto (37 representaciones del gran escritor para ver en línea)

Por: pijamasurf - 11/26/2015

The Space, el proyecto de la BBC y otras instituciones culturales inglesas, ofrece en línea la representación de 37 obras de Shakespeare en igual número de idiomas

shakespeare_2699766kEn la historia de la literatura tal vez no haya escritor que se compare con William Shakespeare. Por supuesto que hay nombres más suficientes para desafiar esta importancia —Dante, Cervantes, Dostoievski, Proust, y quizá algunos otros— pero difícilmente uno que, como el inglés, haya generado tal impacto en la cultura occidental, tan decisivo que un crítico como Harold Bloom no duda en proponer que Shakespeare nos inventó como humanos, que el significado de ser humano que ejercemos cotidianamente en la modernidad mana directamente del corpus shakespereano. 

Pero más allá de las interpretaciones y las exégesis, la importancia de este dramaturgo y poeta isabelino radica en que, por su innegable genio y la manera en que supo condensar en un puñado de personajes el complejo crisol de la naturaleza humana, nunca, desde que dio a conocer sus obras, ha dejado de representarse y leerse. Esa es en buena medida la clave de su fortuna, una relación recíproca entre talento y fascinación que lo ha mantenido siempre cercano y, al mismo tiempo, resistente a la lectura última. Paradójica y estimulantemente, Shakespeare es al mismo tiempo un autor sumamente familiar, asequible, y un enigma que alimenta la apariencia de solución sin que nunca sepamos de verdad si ésta existe.

Por si fuera poco, esa ambivalencia, para mayor fortuna suya, se nutre también del enorme placer que supone encontrarse entre sus palabras. En esto Shakespeare es comparable con casi cualquier escritor del canon occidental: leerlo, escuchar sus diálogos y sus diatribas, trae consigo un goce indescriptible en el lector y el espectador, una experiencia estética que, a riesgo de exagerar e incurrir en la llamada “bardolatría” (“la adoración de Shakespeare” que, según Bloom, “debería ser una religión secular más aún de lo que ya es”), justifica por un momento la estancia en este mundo. Si para conocer a Hamlet y a Yago, a Romeo y Julieta, a Lady Macbeth y Shylock, a Falstaff, antes hay que nacer y vivir, entonces, sin duda, no serían pocos quienes tomarían el desafío.

En este sentido, The Space ofrece una buena oportunidad para acercarse o redescubrir las comedias, tragedias y dramas históricos shakespereanos, representados por 37 de las mejores compañías del mundo, también en una treintena de idiomas distintos (aunque todos con subtítulos en inglés) y todos disponibles para verse en línea.

Se trata de un mosaico verdaderamente multicultural que en cierta forma confirma una de las impresiones más recurrentes sobre la obra del bardo y, en general, del arte auténtico: la posibilidad de que, sin importar nuestra lengua y nuestra cultura de origen, nos encontremos en ella, que nos explique y nos exprese, que nos revele algo de nosotros mismos que de otra forma permanecería ignorado.

En este enlace, las 37 obras de Shakespeare: Globe to Globe, en el sitio The Space.

También recomendamos The Preface to Shakespeare, el primer trabajo crítico sobre el bardo, escrito cuando Samuel Johnson editó por vez primera las obras shakespereanas, en su original en inglés y en español.