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Entender la muerte desde una perspectiva no dual, como vida en constante mutación, nunca como final, siempre como posibilidad de conocer los secretos de la existencia y regresar a un estado de unidad
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Imagen: Lucinda Horan

En estos días en los que se celebra la muerte en diferentes partes del mundo, con una fiesta especialmente rica en  colores y significados en México, reflexionemos un poco sobre lo que es la muerte para nosotros, cómo ejerce una pesada influencia sobre todos nuestros actos (no sólo en estos días donde se vuelve explícita) y cómo podemos aligerar esta sombra funesta.

Pese a que existen excepciones en las que la muerte se sublima, se festeja y se integra al flujo de la vida, comúnmente nuestro contacto con la muerte es a través de una relación de oposición absoluta con la vida, donde se considera como el final de nuestra existencia. Una especie de agujero negro del cual nada escapa. Aunque muchas personas creen que la vida perdura más allá de la muerte, generalmente se considera que la muerte es un misterio invencible, ante el cual lo más que podemos hacer es acercarnos con fe (y ciega, puesto que no podemos ver más allá de esta existencia particular como seres individuales en cuerpos mortales). De esta concepción dualista de la vida y la muerte surge gran parte del conflicto y la angustia de nuestra existencia, de tal forma que podemos decir que la muerte es el verdugo invisible de la vida, un amo implacable cuyo poder viene, más que de su acción tangible, de su amenaza ubicua, de su estatus de supremo desconocido.

Podemos decir que la muerte se ha vuelto en nuestro tiempo un agente inconsciente, operando, condenando, dictaminando desde la sombra. Eso que llamamos muerte y que hemos reprimido para que no aparezca en nuestra existencia cotidiana salvo maquillada o bajo una forma digerida y tolerable, sin embargo, no deja de existir y ejercer su influencia misteriosa, y así, irrestañable, se convierte en algo mucho más familiar: el miedo. El miedo es la concreción de la muerte, que ejerce desde la abstracción. O, en otras palabras, la muerte es el origen del miedo. Nos pueden dar miedo cosas aparentemente no ligadas con la muerte, como que una persona que queremos nos rechace, pero no será difícil para cualquier psicólogo ligar esto a la muerte. (Si realmente supiéramos que somos inmortales, ¿podría existir el miedo?). Este miedo psicológico que es una pululación invisible, alimentado por una conceptualización mental, solamente existe en la medida en que nos identificamos con un yo individual, finito, fijo (es decir, que se cree permanente) y separado, el cual puede ser rechazado, el cual puede quedarse fuera de algo y para el cual el cambio es visto como una amenaza contra su integridad. Y quizás este miedo no sea tan distinto del que ocurre cuando vemos una serpiente y se echa andar un mecanismo de autopreservación. En ambos casos, lo que opera es un hábito de autopreservación; en el caso del miedo que hemos llamado psicológico, se trata del ego que busca preservar intacta la identidad que ha construido.

La historia del Génesis bíblico nos explica un origen conjunto del miedo y de la muerte. Después de probar la fruta del Árbol del Conocimiento (el Daat), de la cual se advierte que causará la muerte, Adán y Eva también prueban el miedo, al saberse desnudos y buscar esconderse de Dios. Evidentemente existe un gran contenido simbólico en este texto y no debe tomarse literalmente. La explicación cabalista de esta escena primordial en el paraíso es bastante compleja y no es el momento para ahondar en ella, pero una interpretación interesante tiene que ver con que el acto de comer el fruto de este árbol, que otorga el conocimiento del bien y el mal, no es el resultado del engaño de la serpiente, sino de un error de percepción. Del error que origina todos los errores y toda la cadena necesaria de sufrimiento y redención1: creer en la dualidad, creer en que existe una entidad autónoma que puede morir y por lo tanto estar separada de la unidad primordial de la cual es un símbolo el estado edénico. El error de percepción, nos dirían los cabalistas, de ser dos y no Dios. No ver que el Árbol de la Vida tiene la misma raíz que el Árbol de la Ciencia del Bien y el Mal (y que por lo tanto son el mismo). Esta sería la verdadera caída del hombre del estado de gracia edénica al exilio fragmentario del mundo. 

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Imagen: William Blake

David Chaim Smith en su libro The Kabbalistic Mirror of Genesis se refiere al Árbol del Conocimiento como el Árbol de la Dualidad, el árbol que desata un proceso de separación y de identificación con los conceptos reificados de la mente. Escribe:

La muerte es la quintaesencia del axioma dualista. Es el corazón del engaño que lleva a la ilusión de final y separación. Si creemos en la muerte debemos también creer en el nacimiento. Creencia en el nacimiento significa que se ha puesto fe en la idea de que los estados del ser pueden realmente ser autónomos y discretos. Si se cree que un ser puede existir separadamente, entonces esta fe en la ilusión de la sustancia y de la realidad sustancial hacen de las cosas un caso cerrado. La consecuencia de esta creencia es que cuando las apariencias superficiales se disuelven, entonces se acaba nuestra continuidad. La conclusión es que la vida realmente es sólo como aparenta ser en su sentido más superficial: separada, fragmentada y aleatoria.

Aquí podemos empezar a esclarecer la tesis que intento desarrollar. La terrible influencia de la muerte es tal sólo cuando se concibe como algo distinto a la vida, en permanente conflicto con ella, y como algo cuya esencia es separar (hasta que la muerte nos separe, se dice). La historia del sufrimiento ligado a la muerte sólo puede explicarse dentro de una visión dualista del mundo. La muerte sólo es tal cuando concebimos que todo lo que somos es una entidad única que entra en completa identidad con un cuerpo por un breve momento y desaparece cuando ese cuerpo deja de poder sostener su conciencia. Ciertamente nuestro cuerpo no deja de existir en el instante en el que nosotros supuestamente morimos, sino que se empieza a degradar y se transforma e incorpora a otros cuerpos. ¿Quién muere? ¿Quién existe ahí para que pueda morir? Si todo lo que somos es una conciencia individual que nace --aparentemente de la nada, puesto que no hay nada previo que recordemos, habita un cuerpo momentáneamente y luego desaparece para siempre, somos entonces solamente un fantasma, una aparición, un parpadeo. ¿Cómo diferenciar este tipo de existencia de una alucinación? ¿Cómo saber que ese yo no es solamente una ilusión de usuario que se genera en la máquina de procesamiento que es nuestro cuerpo, entre el vértigo de impresiones sucesivas? Y, ¿dónde está ese yo que atestigua y percibe los objetos, quién lo puede ubicar?

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Imagen: David Chaim Smith
Los 10 sefirots son un sistema de percepción de la unidad inmanente en la creación

Las cosas serían distintas si, acaso, no fuéramos solamente un ego que aparece y se consolida en un cuerpo y construye con la persistente reificación de sus conceptos una realidad en la que todas las cosas están separadas entre sí. Consideremos que tal vez todas las cosas, todos los llamados objetos, no están realmente separados de nosotros, no tienen existencias independientes de nosotros (ni nosotros de ellos) sino que es nuestra habitual conceptualización de las cosas lo que nos hace percibirlas como entidades separadas y ver los fenómenos como distintos de nosotros. A fin de cuentas, es nuestra mente la que les otorga su naturaleza de objetos; no podemos afirmar que su esencia, su cosa-en-sí, sea la de un objeto independiente de nuestra percepción. Lo que se rompe con el llamado "pecado original", nos dice David Chaim Smith, es la unidad o el matrimonio (zivug) entre "la moción perceptual y el espacio fenoménico básico". Este es el estado paradisíaco según la cábala, la unidad entre sujeto y objeto, entre la luz y el espacio: ser aquello que vemos, apertura e interpenetración ontológica total.   

Anteriormente dije: si realmente supiéramos que somos inmortales, ¿podría existir el miedo? Lo que realmente quería decir era: si realmente supiéramos que somos todo(s), ¿podría existir el miedo? Corrijo: creo que la raíz del miedo viene de nuestra creencia en la separación como sustancia de la realidad. La división es la raíz del miedo (lo que es igual a la ilusión de la muerte). El siguiente pasaje, tomado de la lectura Kabbalah Unveiled de Manly. P Hall, me parece que nos ayudará a entender esta visión no dual de la vida y arribar también a la idea de transformación como el verdadero significado de la muerte:

Cuando vemos que el Dos emerge del Uno, en la teoría pitagórica, no podemos decir que ahora existen dos unos, debemos decir que la existencia es ahora Una en términos de mitades. El poder creativo universal se divide dentro de sí mismo, pero él mismo nunca se divide, la multiplicidad emerge dentro de la unidad pero no se impone a ella [...]

La creación existe en infinita diversidad dentro de la unidad pero la unidad nunca es dividida. Por esto la suma de las partes es siempre uno. Nunca puede ser más o menos [...] 

Por esto, el Zohar afirmó tempranamente que no existe la muerte, la muerte es sólo una alternancia infinita en la composición de los fragmentos, patrones que están permanentemente mutando, desapareciendo y reapareciendo. Pero la desaparición no es hacia la muerte sino hacia la vida; y  la aparición no es desde la muerte sino desde la vida. La única razón por la cual algo puede nacer es porque todo está vivo; la única razón por la que la inmortalidad es posible es porque nada puede morir en un universo en el que sólo existe Una Vida. El budismo toma el punto de vista de que el desenlace es reunirse con la totalidad. La filosofía occidental ha asumido una infinita continuidad de la individualidad dentro de esta Vida.

La muerte, entendida así, no tiene una existencia absoluta, sino solamente como un grado de vida, una fase más dentro de la energía ("que no se crea ni se destruye") que es la vida. No es una presencia todopoderosa, invisible y aniquiladora, sino una contracción de una fuerza universal infinita. No es que nosotros seamos inmortales, tú o yo, como individuos, sino que la Vida es inmortal, porque es una sola, es todas las vidas, es todas las cosas. Fluyendo, ardiendo, respirando, pulverizándose. Según reza el I-Ching, sólo hay una cosa que no cambia, el cambio mismo. Eso que no cambia, cambiando en todas las cosas, sería la vida.

La serpiente que en la historia del Génesis presenta la posibilidad de la fruta de la dualidad es desde tiempos inmemoriales el símbolo de la sabiduría y también del cambio, de la transformación alquímica. Escribe David Chaim Smith: "La gnosis abraza el peligro de la transformación mientras que el estado inferior le rehuye", esta es la volatilidad de la serpiente que también simboliza en su enrollamiento y desenrollamiento el movimiento de la energía en forma de ondas y el potencial creativo siempre latente. La naturaleza de las cosas es "la agitación constante". Nada permanece, es por esto que emerge un conflicto entre "la asunción de la solidez" del ego fijado en el cuerpo como quien coloca un ancla en una tempestad (y esa tempestad es el estado continuo de las cosas) y "el fuego del cambio que todo lo consume". De aquí que se produzca el sufrimiento, que es la fricción entre el deseo de solidez y permanencia de la mente ante la volatilidad transformativa del mundo simbolizada en la serpiente.

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Se dice comúnmente, haciendo alarde de perspicacia, que estamos muriendo todo el tiempo. Esto parece ser cierto (entendiendo a la muerte como transformación), pero habría que incluir que estamos naciendo todo el tiempo y no sólo nosotros, el mundo en su totalidad. Una de las ideas principales que puede encontrarse en diferentes tradiciones místicas es que el Génesis no ocurrió en un pasado distante, en un punto hasta la izquierda en una gráfica lineal, un punto que ha sido rebasado y al que jamás regresaremos. La creación, la misma creatividad que es la raíz de todas las cosas, es presencia pura. Como explica David Chaim Smith, la primera palabra del Génesis en hebreo, "B'reshit", se refiere a un estado continuo de devenir, es "naturaleza dinámica de la creación que presenta posibilidad total". El principio es esencialidad perpetua en movimiento, actualizándose cada instante. Samuel Beckett escribió que “la creación del mundo no sucedió de una vez y para siempre, sino que sucede todos los días”. El egiptólogo y alquimista, R. A. Schwaller de Lubicz construyó todo un sistema filosófico alrededor de la percepción de esto que podemos llamar el instante cosmogénico del cual son eco todos los instantes. “El tiempo es génesis”, dice De Lubicz, porque todo está “en proceso de generación hacia su fin”. Jung, en su estudio de la alquimia como un proceso psicológico, nos dice que lo que hacían los alquimistas en sus alembiques y retortas era sobre todo una recreación de la cosmogénesis original, el fiat lux que se volvía perceptible en su esplendor a través del sistema de percepción y purificación psíquica con el que fue cifrado el trabajo hermético. (De Jung también podemos rescatar el concepto de conjunción de los opuestos como vía regia para la alquimia del ser. Una conjunción nunca más apropiada que entre la vida y la muerte).

Una de las frase más citadas de Einstein viene a colación, especialmente porque fue escrita como condolencia ante la muerte de uno de sus más queridos amigos, Michele Besso. "Ahora él se ha ido antes que yo de este extraño mundo. Esto no significa nada. Personas como nosotros, que creemos en la física, sabemos que  la distinción entre el pasado, el presente y el futuro es sólo una persistente ilusión". Más allá de que Einstein pueda ser considerado una autoridad en este tema (o que haya ideado la frase para satisfacer a la familia Besso), la frase coincide perfectamente con lo que estamos tratando de mostrar aquí. Si no existe diferencia entre el pasado, el presente y el futuro, entonces la creación necesariamente está ocurriendo en el presente --y todos los momentos están insondablemente contenidos en este momento, que es el único. Aquí de nuevo entramos en esa popular afirmación de la espiritualidad contemporánea que traduce este concepto del génesis perpetuo al concepto un poco más lite de estar en el presente o vivir en el momento como el secreto más sencillo e importante del desarrollo personal. Este sentimiento puede ser ilustrado en la siguiente cita de Alan Watts, uno de los responsables de divulgar la filosofía zen en Occidente: "Me he dado cuenta de que el pasado y el futuro en realidad son ilusiones, de que existen en el presente, el cual es aquello que es y todo lo que hay".

Para terminar --sabiendo que esto es interminable (me refiero al tema)-- quiero aclarar que lo anterior no intenta ser una desvalorización de la muerte. Al contrario, cuando la muerte es entendida como un pequeño portal de transformación perpetua, su naturaleza pura se revela como el abismo radiante de los místicos. Y también como la oportunidad apremiante hacia la que se mueve toda filosofía. Veámosla, bajo el ejemplo socrático, no sin resonancias del Génesis, como la fruta del conocimiento, o el momento de la fructificación del conocimiento que hemos cultivado: la filosofía es una "meditación sobre la muerte"(meletē thanatou), un "aprender a morir antes de morir". Este aprender a morir antes de morir es lo que hizo que Sócrates marchara tranquilamente a su propia muerte, eligiendo la integridad de su conciencia, libre del miedo. Como se indica en el Fedón: "Así pues, es cierto que quienes, en el sentido exacto de la expresión, se tienen por filósofos se ejercitan para morir, y que la idea de estar muertos no resulta para ellos, motivo de espanto". 

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Ver la muerte como la intensificación del cambio que es la naturaleza esencial de las cosas nos acerca a la alquimia, que puede ser definida como la ciencia del cambio, o el arte de la transmutación de la materia en espíritu. Y recordemos que en la alquimia, la muerte, el estado de nigredo, es apenas la primera instancia en la gran obra, más que el final es la fundación, la piedra angular. Veámosla bajo esta luz, como la vio Sir Thomas Browne:

Por ello he rechazado todas las estrictas definiciones que hablan de la muerte como “privación de la vida”, “extinción del calor natural” o “separación del cuerpo y el alma”, y me he formulado una nueva definición hermética que se acomoda a mis propias convicciones: est mutatio ultima qua perfictur nobile ilud extractum microcosmi, pues para mí, que considero las cosas desde un punto de vista experimental y natural, el hombre no es sino una transformación, una fase preparatoria para el último y glorioso elixir que yace aprisionado tras las cadenas de la carne.

Un cambio de paradigma hacia la muerte como la posibilidad de la "mutación perfecta" podría hacernos vivir una experiencia más continua, más fluida, menos dual, menos víctima de corrientes inconscientes, libres del miedo que "devora las almas". Abrazando la existencia como unidad. Hasta que la muerte nos una con la totalidad. Abrazando el cambio de cada momento como el ensayo para "la ultima mutación por medio de la cual se perfecciona lo noble que se extrae del microcosmos”. 

 Veámosla como la mariposa que simboliza a la diosa Psique, la crisálida del alma: 

What the caterpillar calls the end of the world, the master calls a butterfly.

(Richard Bach)

Eso que para la oruga es el fin del mundo, para aquel que alcanza a percibir más allá de la dualidad es una mariposa, el vuelo triunfal de la vida El arcoíris que simboliza la persistencia del paraíso como la realidad inmanente, la pureza luminosa de los fenómenos. Rilke escribió: "Morir es trabajo duro y está lleno de recogimiento antes de que uno pueda gradualmente sentir un trazo de la eternidad". Ese trabajo duro es fundamentalmente un trabajo de percepción, de aprender a percibir la vida en la muerte, de ver la unidad en la diversidad.

 

Twitter del autor: @alepholo 

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1. "la cadena necesaria de sufrimiento y redención..." : La gematría, el valor numérico de la palabra que se utiliza en la Biblia para la serpiente es el mismo que el de la palabra para "mesías". "La conexión entre estas dos palabras lleva a la conclusión que la fuente exotérica del mal absoluto y la redención total son de igual naturaleza. ¿Puede algo afirmar la visión mística más claro? El principio que repara el daño espiritual habita en el corazón de las tensiones y conflictos básicos de la vida" (The Kabbalistic Mirror of Genesis, p. 154).

El entrelazamiento cuántico, con sus extrañas conexiones instantáneas a distancia, parece ser el tejido mismo del tiempo-espacio. Las implicaciones son asombrosas y abrumadoras

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Las partículas subatómicas exhiben una propiedad que ha llegado a definir en gran medida la noción popular de que el mundo cuántico es sumamente extraño y misterioso. Se trata del entrelazamiento cuántico o la conexión instantánea entre dos partículas (o sistemas cuánticos) que permite que la medición de una partícula determine el estado de otra no obstante la distancia a la que estén. Así, una partícula en la Tierra puede afectar en este mismo momento a otra partícula que se encuentra en las Pléyades, como si fueran una misma unidad. Esto es algo tan extraño para la física clásica --ya que en apariencia contradice las leyes de la naturaleza, específicamente el límite de la velocidad de la luz-- que Einstein lo calificó como una fantasmagórica o espantosa propiedad ("spooky action at a distance") que debería de ser ficticia. Recientemente, sin embargo, físicos han descubierto que el entrelazamiento cuántico no sólo es real sino que podría ser responsable de la geometría del tiempo-espacio. Paradójicamente fue Einstein quien tuvo la visión de concebir el tiempo-espacio como un continuum esencialmente geométrico.

Una de las grandes innovaciones de Einstein fue su conclusión de que la gravedad es una propiedad de la geometría del tiempo-espacio. En la teoría de Einstein, la interacción entre la materia y la energía y el tiempo-espacio forma una distorsión de la geometría fundamental del tiempo-espacio, esto es la famosa curvatura que tanta especulación ha generado sobre posibles viajes de un extremo a otro del universo. Es a esta distorsión a lo que nos referimos cuando hablamos de la gravedad, una propiedad emergente y relativa. Es decir, la gravedad es geometría, siendo ésta última el constituyente fundamental de la cosmología de Einstein. 

El gran reto de la física contemporánea es la conciliación de la gravedad con la mecánica cuántica. Uno de los físicos jóvenes que más se han acercado a finalmente encontrar el hilo dorado de la conexión entre estos dos modelos es Mark Van Raamsdonk, quien ha elaborado una teoría bastante plausible que sugiere que el entrelazamiento cuántico es la base de la geometría del universo y por lo tanto de la gravedad. "El espacio-tiempo es sólo una imagen geométrica de cómo un sistema cuántico se entrelaza", dice Van Raamsdonk.

 

EL PRINCIPIO HOLOGRÁFICO

Van Raamsdonk ha elaborado sobre el principio holográfico del físico argentino Juan Maldacena, el cual sostiene que el universo 3D en el que creemos vivir es el desdoblamiento de un universo en 2D que contiene codificada la información que se despliega como la realidad que experimentamos, de la misma forma que una película holográfica en 2D despliega una imagen en 3D. La teoría, que se conoce también como dualidad de Maldacena, propone que existen dos modelos diferentes del universo. Uno conocido como frontera ("boundary") el cual se concibe como una superficie en 2D, se define matemáticamente, está libre de gravedad y a una distancia infinita de cualquier punto del otro universo. Este otro universo es conocido como bulto ("bulk"), tiene tres dimensiones y está delimitado por el primero de la misma forma que el aire tridimensional esta encerrado por la superficie bidimensional de un globo. Según explica el editor de la revista Nature, las partículas de este universo voluminoso obedecen a las ecuaciones de los sistemas cuánticos del universo frontera. 

[caption id="" align="aligncenter" width="554"] La imagen describe cómo el entrelazamiento cuántico crea el tiempo-espacio. (Olena Shmahalo/Quanta Magazine)[/caption]

 

Maldacena hizo que se popularizara la idea de que el universo podría ser un holograma luego de que descubrió que estos dos universos son completamente correspondientes; de la misma manera que el circuito de un chip codifica en 2D las imágenes en 3D de un juego de computadora, la información del universo frontera contiene la información exacta y los principios físicos que rigen el universo bulto en 3D. De tal manera que se ha especulado que nuestro universo podría ser una especie de proyección holográfica que se genera en la superficie de un agujero negro.

 

EL PEGAMENTO GEOMÉTRICO DEL COSMOS

En lo que se considera un avance posiblemente revolucionario, Van Raamsdonk pudo remover el entrelazamiento que unía a estos dos universos modelo usando una herramienta matemática. El físico observó que cuando se quita este pegamento cósmico en este modelo el tiempo-espacio se empieza a alargar hasta que se fragmenta en pedazos inconexos, "como cuando se estira un chicle demasiado", todo queda atomizado. Ahora bien, esto es un problema porque la definición misma de tiempo-espacio es la de una unidad continua. Podríamos definir el tiempo-espacio como "la unión de todos los eventos de la misma forma que una línea es la unión de todos los puntos". En otras palabras, sin el entrelazamiento cuántico el universo simplemente no es un universo. "El entrelazamiento es el ingrediente esencial que teje íntimamente el tiempo-espacio en un todo --y no sólo en el caso de los agujeros negros, sino siempre", señala Ron Cowen en Nature. "El entrelazamiento es el tejido del universo", dice Brian Swingle de la Universidad de Stanford, "es el hilo que une todos los sistemas en uno". El físico John Preskill explica que el entrelazamiento es lo que permite que "podamos aprender algo de una parte observando otra", hablando en términos físicos de una especie de sistema de correspondencias o analogías en el corazón de la materia. Juan Maldacena piensa que el entrelazamiento cuántico es responsable de la "bella continuidad del espacio-tiempo. En otras palabras, la estructura sólida y confiable del tiempo-espacio se debe a las propiedades fantasmagóricas del entrelazamiento".

El trabajo de Van Raamsdonk, sumado al de Maldacena y otros físicos, parece haber encontrado el "pegamento geométrico" del cosmos, del cual es posible derivar un modelo del entrelazamiento cuántico en el que no se ponga en entredicho la ley que impide que algo viaje más rápido que la velocidad de la luz. Las partículas conectadas por el entrelazamiento, se sugiere, forman un agujero de gusano, una especie de túnel que las conecta a la distancia. El entrelazamiento y el agujero de gusano (wormhole), explica Maldacena, son sinónimos. Pero este agujero de gusano no es precisamente un túnel como lo imaginamos normalmente sino que se trata de una especie de atajo o pasadizo que conecta inmediatamente dos puntos en el universo. Según Maldacena el entrelazamiento cuántico genera una "conexión geométrica" que conecta las partículas pese a que "no existe interacción directa entre los dos sistemas". Los agujeros de gusano son entonces definidos geométricamente y no topológicamente. En otras palabras, los agujeros de gusano serían en sí mismos información cuántica entrelazada, y no una estructura espacial como tal. El entrelazamiento cuántico parece obligar a que el universo sea no local, los objetos no separables y las diferentes regiones del espacio no independientes. El entrelazamiento cuántico, si tal cosa es concebible, va más allá del tiempo-espacio; es, según Van Raamsdonk, lo que lo crea.  

Para entender esto nos puede ayudar la forma en la que Maldacena explica la interacción entre partículas adentro y afuera de un agujero negro. La física mantiene que la información no se destruye, lo cual es un problema en el caso de los agujeros negros, de los cuales, según el modelo viejo, nada puede escapar. Para que la información no se pierda, Maldacena dice que las partículas dentro del agujero negro deben de estar conectadas con las partículas que lo dejaron tiempo atrás (emitidas por la llamada nube de Hawking): las partículas adentro y las partículas afueran son consideradas como la misma partícula. Un complejo agujero de gusano en forma de pulpo vincularía las partículas. Esta es la paradoja central: existe un vínculo y sin embargo las partículas para toda consideración práctica son una y la misma. Esta es la zona prototípica de la llamada quantum weirdness, en la que nos encontramos con una especie de koan cósmico que desafía la lógica ordinaria.

[caption id="attachment_103225" align="aligncenter" width="576"]Olena Shmahalo-Quanta Magazine IMAGEN: Olena Shmahalo/Quanta Magazine[/caption]

COMPUTACIÓN CUÁNTICA HOLOGRÁFICA

Bajo esta lógica no aristotélica, consideremos el caso de las computadoras cuánticas que teóricamente podrían procesar una cantidad infinitamente superior de información de la que actualmente procesan nuestras computadoras más avanzadas. Las computadoras cuánticas funcionarían a través del entrelazamiento, computando en estado de superposición, simultáneamente ceros y unos, no en bits sino en q-bits. Los q-bits, como pixeles holográficos, estarían almacenados de manera no local, no en un punto específico sino distribuidos en una región amplia del espacio. Van Raamsdonk equipara nuestro universo con una computadora cuántica: "Un chip metafórico almacenando toda la programación del universo debe almacenar la información como una computadora cuántica". En su modelo los q-bits deben de estar conectados a través del entrelazamiento cuántico de una manera todo-abarcante. "Para tener el tiempo-espacio clásico debes entrelazar todas las partes de tu chip de memoria", señala Van Raamsdonk. Emerge entonces que el espacio es el trenzado de todos los microestados cuánticos --y este trenzar, esta madeja holográfica es la geometría misma del cosmos de la cual emergen propiedades como la gravedad.

Sin esconder su entusiasmo, Mark Van Raamsdonk externa su epifanía: "Creí entender entonces qué es el tiempo-espacio". La gran aportación de Einstein fue demostrar que el espacio y el tiempo eran una unidad fluida, un continuum, que tenían una inextricable relación. La física actual parece llegar a un nivel aún más profundo en esa relatividad tiempo-espacial, mostrando que el entrelazamiento es un concepto aún más profundo y esencial que el tiempo y el espacio mismo. Van Raamsdonk sugiere que el universo es esencialmente entrelazamiento cuántico, pero, ¿cómo podemos entender este entrelazamiento cuántico en un sentido filosófico, ya que indudablemente estamos cruzando al terreno de la filosofía? 

 

LA FILOSOFÍA DEL TIEMPO-ESPACIO

Evidentemente creer tener una respuesta concluyente a esto sería demasiado pretencioso. Sin embargo, podemos hacer nuevas preguntas y considerar la cuestión desde distintos ángulos. Para esto, primero revisemos brevemente lo que conocemos sobre el entrelazamiento cuántico. Sabemos que dos partículas están entrelazadas cuando, al realizar la medición de una partícula, la otra partícula instantáneamente será localizada donde los principios de la conservación de energía, momentum, movimiento angular y spin determinan que esté. Antes de esto no podemos determinar su localización (es no local), y es sólo después de la medición que podemos decir que las partículas están separadas. Es por esto que cuando se habla de no localidad se asume también una inseparabilidad.

Según los físicos Nicolas Gisin y Antoine Suarez, esto significa que "algo está viniendo de fuera del tiempo y el espacio". Marvin Chester escribe en su libro Primer of Quantum Mechanics: "Antes de la medición no hay par de partículas; sólo existe un átomo gigantesco. Este átomo permea todo el espacio. El experimento desmaterializa el átomo, y en su lugar dos partículas aparecen. Cada uno se materializa, como deben de hacerlo en el universo, para preservar las leyes de la naturaleza".

Esto parece decirnos que el universo en su estado de inconmensurabilidad es un solo átomo, indivisible como la mónada pitagórica. (¿Cómo  explicar el entrelazamiento cuántico si no es través de la unidad, más allá de la apariencia de separación?). Es en el acto de medición en el que se separa y se revela como una multiplicidad sujeta al tiempo y al espacio. Existe un factor en la ecuación que quizás Maldacena y Van Raamsdoonk no han considerado: la conciencia. La conciencia sigue siendo uno de los misterios de la ciencia moderna, pero algunos físicos teorizan que podría ser una propiedad tan fundamental como el tiempo-espacio y no una condición emergente. Según Roger Penrose y Stuart Hameroff, la conciencia es algo más que sólo computación, es un "proceso cuántico intrínseco al universo" que está conectado a la estructura del universo en su escala más básica: la geometría del tiempo-espacio. Así llegamos a una extraña red de identidad analógica: tiempo-espacio, geometría, entrelazamiento cuántico y conciencia, ¿acaso distintos términos para describir una misma (y única) cosa? El mismo Hameroff reconoce que esto tiene implicaciones espirituales.

El cabalista Aryeh Kaplan, en su traducción del Sefer Yetzirah, habla de que la visión cabalista concibe el universo como una tríada: tiempo-espacio-espíritu, un continuum (donde podríamos intercambiar conciencia y espíritu). Los textos cabalistas indican que todas las cosas son una sola: la emanación del Ein Sof, la unidad absoluta e incomensurable, lo infinito, el no lugar donde las leyes de la física se anulan y sugieren que solamente percibimos las cosas separadas, distantes entre sí y fragmentarias por un hábito erróneo de percepción --es nuestra cognición, nuestra medición la que separa las cosas y las representa como sujetos y objetos, como diferentes partículas. En el estado no verbal, de la no medición, la realidad, el cosmos entero es una sola cosa --es sólo cuando lo describimos que se multiplica. El físico David Bohm habla de una totalidad implicada de la cual emergen las partículas y los fenómenos que observamos dualísticamente; la totalidad implicada de Bohm, a la cual se refiere como un mar de conciencia y de infinita potencialidad, parece ser algo similar al Ein Sof y al mismo sunyata del budismo, la nada radiante. 

Alain Daniélou, el musicólogo francés y erudito del jainismo, explica que en la cosmovisión de los Puranas (los textos sagrados del jainismo) existe una trinidad fundamental: la conciencia, el espacio y el tiempo. Tres aspectos de una única realidad. No difiere del brahmanismo, que considera que la creación es un único pensamiento que ocurre dentro de la conciencia de un ser universal.

Esta trinidad de interdependencia conciencia-tiempo-espacio también fue advertida por Jung. En su libro sobre la sincronicidad, el psicólogo suizo escribe:

Los experimentos Rhine han demostrado que en relación a la psique el tiempo y el espacio son, por así decirlo, “elásticos” y pueden aparentemente reducirse al punto de la desaparición, como si fueran dependientes de condiciones psíquicas y no existieran por sí mismos sino que fueran “postulados” por la mente consciente. En la visión original del mundo, como la encontramos entre hombres primitivos, el tiempo y el espacio tienen una existencia precaria. Se convierten en conceptos “fijos” sólo en el curso del desarrollo mental, gracias sobre todo a la introducción de la medición. En sí mismos, el espacio y el tiempo consisten en nada. Son conceptos hipostasiados engendrados de la actividad discriminatoria de la mente consciente, y forman coordenadas indispensables para describir el comportamiento de los cuerpos en movimiento. Son, entonces, esencialmente psíquicos de origen.

Nagarjuna-227El último aspecto con el que quiero "entrelazar" a la física con la filosofía (siguiendo la vieja idea de que la metafísica de hoy (o ayer) es la física de mañana) es esta idea de la interdependencia. Si el entrelazamiento cuántico permea en su aspecto más básico el espacio, de tal forma que éste puede concebirse como un tejido cuántico de partículas entrelazadas (una vez que una partícula entra en contacto con otra forman un sistema y permanecen entrelazadas teóricamente para siempre) y de regiones espaciales que no pueden considerarse independientemente (y siguiendo la sincronicidad de Jung, también de momentos de tiempo entrelazados), entonces podemos decir que todas las cosas están intrínsecamente conectadas y que dependen unas de otras. Esto es casi exactamente lo que viene diciendo desde hace cerca de 2 mil años el budismo mahayana. De la misma forma en que para la física moderna el entrelazamiento cuántico es equivalente al tiempo-espacio, para el gran filósofo budista Nagarjuna, la interdependencia de todos los fenómenos y todas las cosas es equivalente al vacío. Las cosas están vacías, porque carecen de una existencia inherente e independiente, no tienen una naturaleza propia, individual o separada, están embebidas en el tejido mismo del universo, de la misma forma que una ola no tiene una existencia independiente del océano (¿y una partícula de la espuma cuántica?). Jay Garfield, traductor del Mulamadhyamakakarika, el texto esencial de Nagarjuna, pone el ejemplo de una mesa (y por qué está vacía):

Su existencia como objeto, eso es, como mesa, no sólo depende sí misma o de cualquier característica no relacional, sino también en nosotros. Eso es, si este tipo de mueble no hubiera evolucionado en nuestra cultura, lo que nos parece ser un objeto obviamente unitario en cambio sería descrito correctamente como cinco objetos: cuatros palos bastante útiles absurdamente montados sobre una tabla de madera esperando a ser labrada. Esto es para decir también que la mesa depende para existir de sus partes, de sus causas, de su material, y así sucesivamente. Aparte de éstos, no hay mesa. La mesa, podemos decir, es una tira de tiempo-espacio puramente arbitraria elegida por nosotros como el referente de un nombre único, y no una entidad demandando, por su propia cuenta, reconocimiento y análisis filosófico para revelar su esencia.  

Como la mesa, dice Nagarjuna, todos los fenómenos están vacíos y no tienen existencia real independiente. Incluyendo el vacío mismo. Y quizás no se equivocaba el gran maestro budista, puesto que al parecer el tiempo-espacio es en el nivel más básico que podemos conocer una serie de partes vinculadas a otras partes y así hasta el infinito. Todas las cosas, nosotros mismos, estamos hechos de este entrelazamiento, de esta concatenación, de esta pratītyasamutpāda (originación dependiente), de esta cadena de reflejos insustanciales que emergen y regresan siempre al vacío y que por lo tanto no se puede decir que tienen una esencia diferente a ese vacío. Las implicaciones son realmente abrumadoras.

 

Twitter del autor: @alepholo

 

Fuentes

https://www.quantamagazine.org/20150428-how-quantum-pairs-stitch-space-time/

http://www.nature.com/news/the-quantum-source-of-space-time-1.18797?utm_content=bufferdaa6d&utm_medium=social&utm_source=facebook.com&utm_campaign=buffer

https://www.elsevier.com/connect/q-and-a-2-renowned-physicists-on-the-controversial-theory-of-consciousness

https://www.quantamagazine.org/20150424-wormholes-entanglement-firewalls-er-epr/

http://www.thezensite.com/ZenEssays/Nagarjuna/Dependent_Arising.htm