*

X

La estética del automatismo contemporáneo: artista mapea 30 meses de dar clics

Por: pijamasurf - 11/22/2015

El día a día frente a la computadora deja un rastro que puede convertirse en arte

 every-day-of-my-life_years

Marcin Ignac es un artista, desarrollador web y miembro del movimiento QuantifiedSelf, una iniciativa emprendida por un grupo de webmasters para mantener un registro de los datos personales en aras de un mejor entendimiento de las autopistas informáticas.

Asimismo, lo que para muchos podrían ser simples cuadros con rayas coloridas conforman el mapa creado por Ignac tras 2 millones de clics y 10 millones de veces en las que ha golpeado cada letra del teclado. 

Ignac utilizó una aplicación llamada Tapper, diseñada por Dean McNamee para saber cuántos minutos pasaba en la computadora. Posteriormente visualizó la información y con la ayuda de Plask (herramienta de programación multimedia) logró concluir sus diseños en una serie titulada Every Day of My Life, expuesta en el festival Click llevado a cabo en Dinamarca.

La obra se conforma de una serie de líneas que representan el curso de los días durante 30 meses. Es fácil ubicar el período vacacional de Ignac, así como los momentos en los que se encontraba viajando o trabajando en algún proyecto, de acuerdo a la saturación o escasez de líneas.

El fantástico mapeo es una especie de etnografía virtual y permite vislumbrar, de manera explícitamente estética, las formas y ritmos de interacción entre los humanos y sus nuevos hábitos digitales. 

Si quieres escribir, no dejes de escribir (sugerencia de la neurociencia)

Por: pijamasurf - 11/22/2015

La práctica constante de la escritura activa partes del cerebro que, a la larga, facilitan la capacidad de relacionar el acto de escribir con las emociones

 writing

Para la realización de un reciente estudio publicado por la revista NeuroImage sobre la relación entre el cerebro y la creatividad, se hicieron resonancias magnéticas que comparan el cerebro de escritores experimentados con el de escritores novatos. Los resultados son sorprendentes.

En primer lugar se seleccionaron 20 escritores con al menos 1 década de experiencia (personas que escriben en promedio 21 horas a la semana) y 28 escritores principiantes (que escriben alrededor de 1 hora a la semana). A los 48 sujetos de la investigación se les dio el principio de una historia para que primero hicieran una lluvia de ideas para un posible final, y posteriormente se les pidió que escribieran la historia en un lapso de 2 minutos. Mientras tanto, todos ellos se encontraban conectados a un escáner cerebral.

A grandes rasgos, los resultados señalaron que la corteza frontal del cerebro de los escritores más experimentados mostraba mayor actividad, particularmente en el área relacionada con el lenguaje y la selección de metas. Esta área del cerebro humano está asociada con el procesamiento del lenguaje emocional, por ejemplo, la interpretación de los gestos. Esto podría significar que los expertos tienen una mayor capacidad de entrar en contacto con la parte emocional de la escritura y del lenguaje.

Además, el cerebro de los veteranos mostró mayor actividad en el núcleo caudado izquierdo (sección de los ganglios basales), una parte del cerebro utilizada en los procesos de aprendizaje y desempeño especializado de actividades. Esta región cerebral también participa en los procesos cognitivos que se vuelven automáticos y posteriormente se almacenan en el cerebro más profundo. En cambio, el cerebro de los escritores menos experimentados recurrió más a las áreas visuales.

Durante la lluvia de ideas, el cerebro de los expertos mostró mayor actividad en las zonas asociadas con el procesamiento del discurso. Esto parecería indicar que en el cerebro de quienes escriben más horas a la semana las ideas nacen durante el proceso que va de la concepción a la expresión, es decir, antes de ser expresadas ya han sido completamente concebidas.

En el estudio, muchos de los escritores expertos solucionaron la historia inconclusa con descripciones y sucesos que incluían el relato de emociones y metáforas. Así, el estudio parecería señalar que un escritor más experimentado es capaz de escribir más y mejor, pero no solamente eso, podría indicar que el cerebro de un escritor experto tiene una mayor capacidad de asociar el lenguaje —su concepción y expresión— con las emociones. Esto no es una sorpresa: las grandes obras literarias siempre han sido aquellas que generan emociones profundas, complejas e inolvidables en sus lectores.