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iBrain: neuroingeniería y la ética de la mente del futuro

Por: pijamasurf - 11/07/2015

El futuro de la mente humana podría estarse fraguando en laboratorios alrededor del mundo, en donde los "errores" humanos podrían ser cosa del pasado --al igual que la noción de "humanidad" como la conocemos

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El cerebro humano ha evolucionado durante miles de años para llegar a un equilibrio bioquímico y conductual que nos ha permitido... bueno... ser lo que somos. Pero la fantasía siempre dicta que "ser lo que somos" es menos deseable que lo que podríamos ser: el mito de que sólo usamos un 10% de nuestra capacidad cerebral y los constantes desarrollos de fármacos y tecnologías para mejorar "artificialmente" las funciones naturales de nuestro cerebro permiten alimentar la expectativa de un futuro de supermentes, donde las viejas limitaciones del Homo sapiens quedarían sepultadas para siempre.

Existen desde hace tiempo foros y páginas dedicados a los nootrópicos, sustancias sintéticas que mejoran a pedido capacidades como la memoria, la creatividad o el rendimiento bajo privación de sueño, sin tener en apariencia graves efectos secundarios sobre el organismo; el modafinilo es una de las sustancias más prometedoras para el título de "pastilla mágica de la inteligencia", e incluso existen tratamientos experimentales que prometen mejorar la inteligencia y las capacidades intelectuales al remover una simple molécula presente en el cuerpo. Una píldora más y recuperaríamos la capacidad de aprender como esponjas, como cuando éramos niños. Un cóctel de píldoras cada mañana y la vieja taza de café sería cosa del pasado.

¿Qué pasaría si además de estos químicos (re)aprendiéramos a utilizar de manera terapéutica la psilocibina (hongos mágicos) para superar eventos traumáticos del pasado? Probablemente aquí entrarían consideraciones de tipo legal, pero finalmente se trata de otro ingrediente que desde una perspectiva objetiva podría tener efectos benéficos para el cerebro y la capacidad cerebral.

También se encuentran en fase de desarrollo tratamientos un poco más invasivos del tejido cerebral para, por ejemplo, hacerte dejar de creer en Dios o cambiar radicalmente tu ideología política, al menos por un breve período de tiempo. Anders Sandberg, del Instituto para el Futuro de la Humanidad de la Universidad de Oxford, está desarrollando un proyecto para implantar un chip en el cerebro que nos permitiera tener acceso a Internet con un pensamiento o, por qué no, directamente a otras mentes conectadas en red. Otra tecnología pretende editar directamente el genoma como si fuera un CSS para modificar ciertas características desde la fase embrionaria, lo que nos pondría en una nueva relación con respecto a la evolución natural ("evolución asistida" podría ser), además de alentar debates de bioética y política cerebral.

Esto nos lleva a pensar que la investigación neuronal y genómica parece seguir las pautas de personalización de nuestros aparatos electrónicos: así como podemos cambiar el fondo de pantalla de nuestro teléfono o la lista de reproducción musical, en el futuro podríamos "decidir" qué partes del cerebro nos sirven y por qué. Pero a diferencia del funcionamiento de nuestros gadgets, la ciencia todavía no entiende completamente el funcionamiento de nuestro cerebro, para empezar, porque la misma metáfora de "funcionar" coloca al cerebro y al organismo humano en la posición de la máquina que presenta una conducta o un desarrollo más o menos previsible y esperable en función de ciertos rendimientos. Sin embargo, los efectos a largo (y a muy largo) plazo que estos cambios pudieran tener sobrepasan por mucho la actualidad de los debates sobre ciencia y filosofía, simplemente porque no sabemos y no sabemos cómo plantearnos una humanidad transformada por la acción humana. La evidencia más sencilla de esto es que ni siquiera sabemos cómo enfrentarnos a retos medioambientales como el calentamiento global de manera coordinada como especie. ¿No sería deseable que en la ecuación del mejoramiento neuronal estuviera presente la cláusula de cómo enfrentar los retos de la existencia tal cual es en este momento pensando como colectividad global antes de ampliar (ahora en un nuevo terreno) la brecha de desigualdad que divide a las personas según su clase, raza y otros constructos sociales que aún no hemos resuelto?

Y es que, ¿qué pasaría si una o más de estas sustancias fuesen utilizadas en las poblaciones para mejorar su rendimiento laboral, apagar ciertas capacidades críticas, rediseñar aquí y allá ciertas áreas que nos permitan cuestionar a los gobiernos o empresas, y volvernos perfectos trabajadores al servicio de la máquina capitalista? Probablemente pueda sonar paranoico, pero desde un punto de vista de gobernabilidad, el diseño artificial de un cerebro dócil y masificado pondría fin a toda forma de disidencia y a todo malestar social --el mundo del soma, tal como lo describió Huxley en Un mundo feliz, se dividiría en sistemas de castas de quienes cuentan con todas las mejoras cognitivas y quienes reciben solamente las cargas más pesadas de la productividad laboral, como abejas obreras en una colmena.

Ni siquiera se trata de un debate filosófico (del hecho, por ejemplo, de que el libre albedrío y valores como el esfuerzo individual sigan vigentes de aquí a unos años), sino de una cuestión práctica de control de masas. La tecnocracia que se apropió del mundo desde los albores del siglo XXI podría nutrirse de una nueva rama de la investigación genética y neurológica con maravillosas ventajas para algunos y considerables desventajas sociales para grupos sin acceso a dicha tecnología. La superioridad y el control de los recursos podría jugarse ya no en la arena militar, económica o política, sino en la del mejoramiento cognitivo.

Pero volviendo un poco a tierra, lo cierto es que sería una lástima desaprovechar las enormes ventajas que nuestra época aporta para la investigación de la forma en que funciona nuestro cerebro, y el potencial terapéutico siempre es alentador cuando se trata de evaluar la pertinencia de cuestiones espinosas. Si a ello sumáramos los excelentes negocios las investigaciones sobre criogenia, extensión artificial de la vida y rejuvenecimiento podemos entrever que nuestra época está obsesionada con la creación de un modelo de ser humano hiperinteligente e inmortal --un pequeño Dios a escala de nuestros aparatos electrónicos, de los que terminaríamos siendo extensiones, aún más de lo que ya somos. La novela La posibilidad de una isla del francés Michel Houellebecq pinta un mundo habitado sólo por aquellos seguidores de una secta procriogenia que sobrevivieron a un proceso de desgaste civilizatorio que los ha sumido en una soledad total, y donde cada "nuevo" ser humano que aparece es un clon del antecesor que hace muchos siglos firmó una póliza para seguir produciendo versiones suyas por tiempo indefinido.

Mientras tanto seguiremos lidiando con los olvidos momentáneos, los lapsos, los errores, las formaciones parciales del conocimiento y en fin, el azar con el que la mente ha tenido que lidiar desde su aparición en el panorama evolutivo.

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"Nací y gané la lotería genética": la modelo de Instagram que decidió desenmascararse a sí misma

Por: pijamasurf - 11/07/2015

Una joven modelo cambió la descripción de muchas de sus fotos de Instagram para mostrar que no hay nada casual en la lotería genética ni en la belleza prefabricada

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Essena O'Neill es una joven de 19 años procedente de Australia que para su corta edad ya tenía bastante experiencia en redes sociales: sus fotos en Instagram eran apreciadas por 580 mil seguidores, además de 260 mil suscriptores en su canal de YouTube y 60 mil más en Snapchat. 

Eso fue hasta que, como el Bartleby de Melville, "prefirió no hacerlo": borró unas 2 mil fotos de sus redes sociales y dejó algunas de las cuales editó ferozmente las captions, dando a entender que esas imágenes "naturales" de chicas bonitas en realidad no sólo no tienen nada de natural sino que reproducen estándares de belleza arbitrarios. 

Desde entonces, O'Neill abrió la página LetsBeGameChangers.com, donde sigue denunciando la falsedad de las redes sociales, a la vez que negándose a ser una figura aspiracional para chicas jóvenes e inseguras como ella fue en su momento.

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"No hay nada zen sobre tratar de verte zen tomándote fotos tratando de ser zen y probando que eres zen en Instagram".

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"No es real. La única razón por la que fuimos a la playa esa mañana fue para tomar fotos de los bikinis porque la compañía me pagó y también [porque] me veía bien según los estándares actuales de la sociedad. Nací y gané la lotería genética. ¿Por qué más subiría esta foto? Lean entre líneas o pregúntense '¿por qué alguien sube una foto...? ¿Cuál es el resultado? ¿Hacer un cambio? ¿Verse buenas? ¿Vender algo?' Pensé que estaba ayudando a las chicas jóvenes a ponerse en forma y saludables. Pero a los 19 me di cuenta de que poner tu autoestima en tu forma física es demasiado limitante. Pude haber estado escribiendo, explorando, tocando, cualquier cosa hermosa y real... No tratando de validar mi valía a través de fotos en bikini sin sustancia".

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"Pararse ahí y verse bonita es todo a lo que aspiré cuando era joven. En nuestra sociedad, si eres bonita la gente te presta atención. Así que hice de mi apariencia mi valía. Estoy escribiendo esto para mostrar la realidad de lo que me consumía. Los seres humanos son MUCHO MÁS QUE SUS FORMAS FÍSICAS. ¿Por qué aspirar a esto cuando podrías seguir una vida de aprendizaje, investigación, arte, diseño, desarrollo, innovación...? Sé el cambio que quieres ver, lol cliché pero, mierda, estoy segura de ello".

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"[Ser] una chica de 15 años que se restringe las calorías y se ejercita excesivamente no es una meta. Cualquier adicto a la fama en redes sociales como yo lo fui no está en un estado consciente".

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"NO ES LA VIDA REAL --tomé más de 100 fotos en poses similares tratando de que mi estómago se viera bien. Seguramente no comí nada ese día. Debí gritarle a mi hermanita para que siguiera tomándolas hasta que estuve de alguna forma satisfecha".

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"NO ES LA VIDA REAL --yo no pagué por este vestido, me tomé incontables fotos tratando de verme bien para Instagram, lo que me hizo sentirme increíblemente sola".

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"Me pagaron 400 USD por postear un vestido. Esto era de cuando tenía tal vez 150K seguidores. Con medio millón de followers sé de muchas marcas online (con grandes presupuestos) que pagan hasta 2 mil USD por post. No hay nada malo en aceptar negociar con marcas. Sólo creo que debe saberse. Esta foto no tenía sustancia, no fue hecha éticamente (yo era muy ignorante en aquel entonces). Mi punto es que LAS REDES SOCIALES NO SON REALES. Sean conscientes de lo que la gente promueve, pregúntense cuál es la intención detrás de las fotos".

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"Bronceado en spray, té promocional patrocinado, casi sin ropa. Tenía 15. Esto es lo que yo pensaba que era inspirador... Mis valores eran mi cuerpo, mis gustos y satisfacer a otros. La apariencia física es muy engañosa. Ángulos de cámara, filtros, hora del día, bronceado... Además era muy joven y nací con un torso naturalmente largo y cintura pequeña. Es la lotería genética. No hay nada en ella a qué aspirar".

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"Caption real editada: esto es lo que me gusta llamar una foto casual perfectamente artificial. No hay nada casual en esto. Aunque salir a trotar y a nadar en el mar por la mañana antes de ir a la escuela era divertido, sentí el fuerte deseo de posar con mis muslos apenas separados #thighgap los senos apretados #vsdoublepaddingtop y la cara ausente porque obviamente mi cuerpo es mi recurso más deseable. Dénle Like a esta foto por mis esfuerzos para convencerlos de que soy realmente guapa".

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"Caption real editada. Por favor dénle Like a esta foto. Me puse maquillaje, me peiné el cabello, vestido ajustado, joyería grande e incómoda. Hice más de 50 tomas hasta obtener una que pensé que les podría gustar, luego edité la selfie durante siglos en diversas apps --sólo para poder sentir algo de aprobación social".