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"The Culture High" y la urgencia histórica de terminar con la guerra contra las drogas

Por: pijamasurf - 11/16/2015

La cannabis y su legalización son un tema impulsado fuertemente en la agenda actual --más que de una coyuntura, se trata de la visión optimista de que podemos resolver varios problemas a través de uno solo-- pero, ¿una "planta" de verdad puede tener tanto "poder"?

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The Culture High es la esperada continuación de The Union: The Business Behind Getting High, escrita y dirigida por Brett Harvey (en colaboración con Michael Bobroff.) Como en la película anterior, The Culture High busca proponer un argumento sólido acerca de los intereses corporativos y económicos detrás de la prohibición de la cannabis con fines recreativos y medicinales, así como realizar un recuento de los argumentos a favor de dicha regulación y los supuestos peligros de los que la prohibición nos "protege". 

Por momentos pareciera que la cannabis es el epicentro de todo tipo de debates actuales: las consecuencias de la guerra contra las drogas, el estado de la política internacional, el sistema penitenciario estadounidense y las farmacéuticas. A pesar de que por momentos la carga informativa del documental puede ser avasalladora (y un poco repetitiva, si se está al tanto de ciertos temas), tiene la virtud de hacer un recuento de la historia de la prohibición hasta sus primeros intentos de abolición/legalización en Colorado y Washington.

Lo que da mucha relevancia a los argumentos de los participantes no es su novedad sino el hecho de que varios de ellos hayan trabajado para la CIA y otras agencias de inteligencia, en el sistema de salud pública y en la policía: su testimonio no dice nada que alguien medianamente informado en asuntos de corrupción no sepa, pero sin duda el efecto "bola de nieve" de The Culture High proviene de ver el cambio de opinión en personas que trabajaron por la prohibición o que sufrieron a causa de ella: científicos, raperos, líderes de los negocios, expolicías, comediantes y antiguos narcotraficantes.

Otro punto interesante es que México aparece a lo largo de la argumentación como ejemplo paradigmático de lo que no se debe hacer en el caso de la cannabis y otras drogas. Mientras la burbuja informativa mexicana presenta las "reformas estructurales" del partido en el poder con una narrativa triunfalista, empoderada y abierta al "debate" sobre la legalización de la cannabis, The Culture High escarba en el incomodísimo sexenio calderonista para recordar que ninguna democracia moderna permitiría una cantidad similar de muertos y desaparecidos (aun tomando en cuenta que las cifras del documental son bastante conservadoras) sin cambios radicales en la administración. México como el trístemente célebre ejemplo de cómo la prohibición de una planta puede financiar las estructuras económicas de las organizaciones criminales, y de cómo estas organizaciones infiltran todos los niveles de gobierno y normalizan la corrupción con una hipócrita retórica progresista.

El caso de otros países latinoamericanos (especialmente Uruguay) también es analizado a la luz de las consecuencias criminales de la prohibición de la cannabis, sugiriendo la idea de que en realidad consumir cannabis o no es irrelevante (en todo caso es una decisión médica o personal) pero mantener la prohibición implica un costo humano imposible de tasar, además de que los presupuestos de defensa y procuración de justicia --i.e., las burocracias-- existen en buena medida para tratar microdelitos relacionados con posesión y portación de drogas.

Si The Culture High parece demasiado abarcadora (como una conversación zigzagueante entre dos amigos fumándose un porro, divertida pero a ratos aleatoria) es porque presenta a la cannabis como el nodo donde converge la oportunidad histórica de crear un cambio cultural benéfico en muchísimos frentes, a la vez que pone de relieve que lo verdaderamente peligroso no es la disponibilidad de la "droga", sino el alto costo social de perpetuar la prohibición; sin embargo, como documental, probablemente se vuelva irrelevante en el momento mismo en que se alcance una regulación universal de la cannabis. 

Incluso algunos medios ultraconservadores son capaces de ver que el cambio de estatuto legal de la marihuana es a corto plazo necesario desde la perspectiva económica, y ni siquiera porque la prohibición incurra en una inconstitucionalidad, según observaron los jueces de la Suprema Corte en el histórico fallo del 4 de noviembre. Desde entonces, otro juez ha autorizado a una menor que sufre ataques epilépticos el uso médico de un derivado cannábico.

Estas noticias han sido recibidas en México con optimismo --un optimismo que refleja el de algunos de los entrevistados (protagonistas, en realidad) de The Culture High cuando creen que una regulación de la cannabis es inminente antes de una generación; si parece que la marihuana está en el centro de todas estas discusiones tal vez sea porque, considerando el estado del mundo actual, la prohibición de una planta --como coartada moral y artificio retórico para perpetuar un acceso desigual a los servicios de salud y agenciarse obscenos presupuestos militares-- resulta más estúpida que nunca.

 

 El documental se puede ver online en YouTube, ajustando la velocidad de reproducción a 1.25

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¿Quién es el Artista Imaginario? ¿Existe?

Por: pijamasurf - 11/16/2015

Se trata de un proyecto artístico que cuestiona, de manera tanto intrépida como lúdica, la naturaleza del arte contemporáneo

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Los artistas contemporáneos se han permitido demasiado para el gusto de algunos, para otros es en estas permisiones osadas que el arte encuentra su verdadero significado y justificación; lo cierto es que si algo demuestran estas incursiones del arte en múltiples campos de estudio, acciones y excentricidades, es que nunca será demasiado.

Examinemos el caso del Artista Imaginario, que como ustedes habrán adivinado realiza obras imaginarias. Este artista se describe en su página de la siguiente manera: “Mi nombre es Narzad Gebus (También conocido como Nothing Thing) y yo soy un artista imaginario. ¿Qué significa eso? significa que incluso si realmente no fuera un artista, alguien podría seguir imaginando que yo soy uno”.* De algún modo la treta del artista imaginario es un juego de suposiciones, ya que asumiendo que es un verdadero artista que se plantea como imaginario, entonces lo es, pero si no es artista, el espectador puede suponer que es uno mientras observa una de sus obras, y entonces se convierte en un artista imaginario, o en alguien que se imaginó a un artista.

Sobre el arte, Gebus dice: "Como un artista imaginario yo creo arte imaginario. El propósito de mi arte imaginario es tener un propósito imaginario". Pero el artista imaginario vende impresiones de calidad, que promete bastante duraderas y bien realizadas, entonces, si nos imaginamos que esas impresiones son arte, ¿lo son? "Mi intención es la de explorar la integridad de una obra de arte. Hago esto a través del siguiente procedimiento que involucra estos tres pasos", y entonces cuenta cómo es que realiza imágenes  a partir de reproducciones de obras de arte fraccionadas, integrando las fracciones en un nuevo formato para conformar una nueva imagen.

El artista imaginario termina lanzando una pregunta que cuestiona el porqué de sus impresiones, pero afirma que la respuesta a esta pregunta queda abierta a interpretación, lo mismo que la noción de arte. Así que a fin de cuentas nos quedamos imaginando qué es lo que propone y qué sentido tienen su propuesta e impresiones.

Tal vez esto sólo sea una broma de algún artista de la comedia, o tal vez sea otra manera de cuestionar qué es el arte y quiénes son los artistas –una interrogante, por cierto, que en la actualidad parece más pertinente que nunca.