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Acuarelas hechas a partir de escáneres cerebrales de animales

Por: pijamasurf - 11/04/2015

Jen Sayuri es una artista multimedia y diseñadora californiana que crea maravillosas acuarelas a partir de escáneres cerebrales tomados a diversas especies de animales

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Jen Sayuri es una artista multimedia y diseñadora que vive actualmente en Los Ángeles. Según cuenta en su biografía, después de graduarse del programa de arte de la Universidad de Berkeley regresó a su ciudad natal con el fin de aprovechar la floreciente escena del arte y la tecnología de la ciudad.

Sayuri imagina un mundo donde el arte se combina con la tecnología para crear experiencias interactivas que eleven nuestras vidas y amplíen nuestras mentes.

La artista californiana colecciona escáneres cerebrales de varias especies de animales y los integra a sus pinturas abstractas; así, “en el proceso de recolección de estas formas neurológicas e integrarlas con mis pinturas, espero que sugieran similitudes y diferencias curiosas entre especies variadas de mamíferos”, afirma en Bored Panda. “Quizás estos cerebros animales nos pueden dar un pequeño vistazo a otros cuerpos animales”.

Esta es la segunda parte de su serie Cerebros animales; esta vez añadió 20 cerebros a la serie original de 16, con lo que el número de cerebros mamíferos se elevó a 36.

Cuando Sayuri no está demostrando su armonógrafo y vendiendo su trabajo en la playa de Venecia o en el Mercado de ODD asiste a congresos de tecnología para conocer sobre electrónica, código abierto, programación y espacios colectivos de trabajo.

Toda la serie de acuarelas se exhibe en el Grand Newsstand en San Francisco, en Market Street. Por si alguien está por allá y tiene ganas y oportunidad de asistir.

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Los últimos samuráis: hermosas fotografías de los guerreros y sus cortesanas

Por: pijamasurf - 11/04/2015

En 1863 el fotógrafo angloitaliano Felice Beato logró retratar el ocaso de los samuráis de Japón, dejando un increíble registro de estos guerreros y sus cortesanas

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El fotógrafo angloitaliano Felice Beato llegó a Japón en 1863, cuando el país se encontraba en medio de una guerra civil. Después de pasar más de 200 años de reclusión, Japón estaba siendo forzado por los estadounidenses (bajo una misión encabezada por el comodoro Matthew C. Perry) a expandir su comercio con el oeste.

Beato fue un fotógrafo nacido en Venecia en 1832, que se crió en el protectorado británico de Corfú. Aprendió su oficio bajo el reconocido pionero fotográfico James Robertson, con quien viajó a Constantinopla para documentar la guerra civil. La habilidad de Beato derivó en que fuera (junto con su hermano Antonio) aclamado como uno de los principales reporteros gráficos del siglo.

En 1862 el artista vendió la mayor parte de su obra fotográfica e invirtió el dinero en la bolsa de Londres, donde se perdió rápidamente. Al año siguiente decidió dejar Inglaterra y comenzar una nueva aventura, esta vez en Japón.

Japón se dividió entre el shogunato Tokugawa en Edo y la Corte Imperial con sede en Kioto. Durante la próxima década, un período conocido como Bakumatsu, Japón fue desgarrado y el orden imperial tomó gradualmente el control. El momento clave fue cuando el samurái de las provincias Chōshū y Satsuma derrotó al shogunato en 1867; esto condujo a la restauración del gobierno imperial bajo el emperador Meiji.

El viaje que Beato realizó era peligroso, pues muchos de los guerreros samurái de aquel shogunato estaban matando a los occidentales en Edo; la legación estadounidense fue quemada y los occidentales amenazaron de muerte.

En una ocasión, Beato escapó de la muerte; después logró viajar a muchas de las zonas apartadas del país, donde documentó los últimos años del Japón feudal.

Entre sus primeras fotografías se encuentran los retratos de la rebelión en Satsuma llevada a cabo por samuráis, quienes felizmente posaron para él. En un retrato de grupo, cuatro samuráis muestran simbólicamente su fuerza y ​​ambición presentándose con un solo guerrero de pie sosteniendo un libro rojo de literatura inglesa y otro sentado con un cuchillo desenvainado, destacando su dominio en el conocimiento occidental y su fuerza en la tradición japonesa. Como los viajes se restringieron debido a la guerra civil, Beato abrió un estudio nuevo en Yokohama, donde fotografió a muchos guerreros samuráis y a sus cortesanas.

Después de haber viajado para sacar registros fotográficos de Constantinopla, la India y China previamente a su trabajo en Japón, Beato se trasladó a otras partes de Asia, incluyendo Corea y Birmania, antes de regresar a su Italia natal al final de su vida.

Aquí los dejamos con esta increíble selección de fotografías, coloreadas a mano, del ocaso de estos guerreros y sus costumbres:

 

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[Vía Open Culture]