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Sobre cómo el lenguaje y la música imitaron a la naturaleza y provocaron nuestra evolución

Por: pijamasurf - 10/15/2015

Mark Changizi postula una teoría en la que el lenguaje y la música son los responsables de nuestra evolución

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El lenguaje y la música son hasta ahora nuestras dos formas de comunicación fundamentales, y aunque somos extraordinariamente buenos para utilizarlas, sus fronteras siguen siendo un eterno misterio intelectual. El lenguaje es un ente en sí mismo que, según el neurocientífico evolutivo Mark Changizi, ha evolucionado para encajar perfectamente con el diseño de nuestros cerebros (y no al revés, como es comúnmente pensado). Changizi nos muestra evidencia contundente de cómo estos dos dominios (lenguaje y música) llegaron para separarnos de nuestros ancestros primates. 

El hecho de que nuestro cerebro está perfectamente ajustado a la escritura y al habla no es debido a que evolucionamos por medio de selección natural para leer y para comprender el habla, sino porque la estructura del habla y la escritura evolucionó culturalmente para ajustarse a nuestro cerebro, al verse y escucharse como la naturaleza. Justo a lo que nuestros cerebros pueden procesar tan brillantemente. A esto lo llamo “el aprovechamiento de la naturaleza” [nature-harnessing]: esa es la salsa secreta.

Así lo explica el investigador en su libro Harnessed: How Language and Music Mimicked Nature and Transformed Ape to Man (algo que podría traducirse como Encauzados: Cómo el lenguaje y la música imitaron a la naturaleza y transformaron al mono en hombre).

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Changizi examina cómo es posible que en apariencia estemos diseñados para leer y, sin embargo, no tengamos ningún “instinto” de lectura.

La respuesta está en que, en lugar de que nuestro cerebro esté diseñado para la lectura, la lectura está diseñada para nuestro cerebro. La escritura es una tecnología que ha sido optimizada por las fuerzas de selección cultural para ser 'buena' para nuestro sistema visual.

En casi todas nuestras interacciones con el mundo, parece que imitamos el sonido de eventos con objetos sólidos. Los eventos con objetos sólidos están constituidos de golpes, deslices y timbres, produciendo vibraciones periódicas. Cada vez que hablamos, hallamos las tres mismas consonantes auditivas: fricativas, oclusivas y sonorantes. Con la música sucede algo similar: las composiciones están basadas en sonidos naturales y patrones de sonido que datan de principios de los tiempos.

Harnessed muestra que ambos, el habla y la música, evolucionaron en la cultura para ser un simulacro de la naturaleza, haciendo creer a nuestro cerebro que en realidad son dominios intuitivos.

Lo interesante es pensar que, si el lenguaje nos hace evolucionar tomando sus datos de la naturaleza, ¿qué pasa con el lenguaje en la era del Internet y la información digital? ¿Está evolucionando como simulacro de la naturaleza, o por el contrario (ya que la esfera digital no es naturaleza) nos está reduciendo a un contraintuitivo y antinatural mecanismo cerebral? 

¿Quieres ejercitarte físicamente? Ríe, ríe mucho

Por: pijamasurf - 10/15/2015

Por suerte, reír es uno de los mejores ejercicios físicos a los que tenemos acceso

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La risa, como la virtud, tiene en sí misma su propia recompensa. Y aunque por esto mismo podría decirse que no hacen falta razones para reír, un experimento reciente encontró que esta acción también puede considerarse un tipo de ejercicio físico por los efectos que tiene sobre nuestro cuerpo y nuestras emociones.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Oxford dirigidos por Robin Dunbar, profesor de psicología evolucionista en esta institución, llevaron a cabo un estudio en el que tomaron la risa en su condición más elemental, como una acción física.

Teniendo en cuenta que reír implica exhalar repetida e intensamente y que por esta razón los músculos en torno a los pulmones realizan un enorme esfuerzo que incluso puede llevar a la fatiga y el dolor, los investigadores quisieron saber si esta misma dinámica genera, psicológicamente, los efectos asociados con el ejercicio.

Para esto, un grupo de voluntarios inició el experimento sometiéndose a una prueba que determinó su umbral de dolor, esto es, cuánto dolor eran capaces de resistir (en este caso, con un torniquete para la presión sanguínea o una manga de refrigeración). Este primer requisito se relacionó con el hecho ya ampliamente comprobado de que ejercitarse provoca una liberación de endorfinas, opiáceos naturalmente generados en nuestro cuerpo que actúan como analgésicos.

Una vez puestos en la situación dolorosa los voluntarios comenzaron a ver primero videos documentales y después videos graciosos, midiendo sus risas con dispositivos auditivos, así como sus niveles de endorfinas.

Curiosamente, conforme reían, las personas reportaron un aumento simultáneo tanto en su umbral de dolor como en su sensación general de regocijo. Asimismo, se reveló el carácter viral de la risa, mucho más ruidosa y fácil cuando una persona se encontraba en compañía que estando sola (fenómeno también presente en el ejercicio: hacerlo acompañado es más fácil que individualmente).

Al final los investigadores encontraron que el nivel de endorfinas liberado durante un acceso de risa puede encontrar comparación con lo que sucede cuando alguien se ejercita físicamente, e igualmente similar es el hecho de que los posibles beneficios físicos de la risa, como los del ejercicio, vienen acompañados de cierta dosis de dolor.