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Las "mujeres del futuro" según tarjetas de 1902 (FOTOS)

Por: Alejandro Albarrán - 10/07/2015

En 1902 el artista Albert Bergeret fue el encargado de crear una serie de 20 tarjetas comerciales llamada "Les Femmes de l'Avenir " ("Las mujeres del futuro"), donde retrata una particular visión de la mujer moderna

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Si hubiéramos vivido en 1902, lo más probable es que nunca nos hubiéramos imaginado que en 2015 el presidente de la nación más poderosa de Europa sería una mujer. Dada la cantidad de desigualdad que todavía impera en todo el mundo, esto no se puede considerar un triunfo.

Actualmente las mujeres ocupan sólo 12% de los consejos de administración empresarial en todo el mundo y sólo 4% de los puestos directivos. Evidentemente algunas cosas han cambiado respecto a la "igualdad" entre hombres y mujeres, sin embargo, el maltrato y el abuso siguen dominando nuestra heteropatriarcal mente.    

Este año las poetas mexicanas Paula Abramo, Maricela Guerrero y Xitlálitl Rodríguez realizaron una pieza titulada Ropa sucia, cuyo detonador fue una declaración hecha por Jesús García Sánchez (a.k.a. Chus Visor), dueño de la editorial Visor, quien en una entrevista dijo:  

Lo siento, pero creo que la poesía femenina en España no está a la altura de la otra, de la masculina, digamos, aunque tampoco es cosa de diferenciar. Desde luego, si vas a coger a las poetas desde el 98 para acá, es decir, todo el siglo XX, no ves ninguna gran poeta, ninguna, comparable a lo que suponen en la novela Ana María Matute o Carmen Martín Gaite. No hay una poeta importante ni en el 98, ni en el 27, ni en los 50, ni hoy. Hay muchas que están bien, como Elena Medel, pero no se la puede considerar, por una Medel hay cinco hombres equivalentes.

La pieza consistió en generar el hashtag #RopaSucia pidiendo a las personas que escribieran en Twitter frases misóginas del medio cultural con ese mismo hashtag, después esas frases se bordaron en ropa interior. En el montaje de la pieza se representaron las estadísticas de algunos premios con jabones.

Este y otro tipo de acciones buscan concientizar y generar una reflexión a partir de esa desigualdad aún imperante. Pero si aún hoy se sigue pensando que las mujeres no puede desarrollarse en tal o cual tema, ¿qué habrán pensado al respecto hace más de 110 años?

Incluso en 1902 fue posible imaginar a las mujeres ocupando todos los roles que se acostumbraba que ocuparan los hombres, gracias a las lentes, escribe Laura Hudson en Boing Boing, de "la fantasía y la ciencia ficción", que "a menudo pueden ayudar a abrir nuestras mentes detrás de las limitaciones del mundo en que vivimos, imaginando un mejor lugar".

El artista Albert Bergeret fue el encargado de crear, en 1902, las tarjetas comerciales que aquí mostramos. Una selección de 20 fotografías llamada Les Femmes de l'Avenir (Las mujeres del futuro).

Sólo un tema entre muchos en una serie de diferentes conjuntos de tarjetas, este "intento retrofuturista por ampliar el papel de la mujer en la sociedad" nos mostró un "mundo pequeño y de moda" donde "se les dio un papel de mayor igualdad en la sociedad a las mujeres".

Puede que sea así, pero así como no podemos prever con precisión el futuro, también podemos no llegar a un consenso sobre el significado del pasado. En el Daily Mail Maysa Rawi está de acuerdo con Hudson sobre la "calidad de pin-up de muchas de las imágenes", que muestran "una gran cantidad de brazo".

Sin embargo, Rawi menosprecia todo el conjunto de imágenes pues nacen, según dice, con "la intención de capturar las fantasías de los hombres en lugar de ser parte de un movimiento feminista”. Tal vez esa es otra manera de ver las tarjetas de Bergeret. 

En algunos casos, Bergeret no tiene que extrapolar el momento ni imaginar un futuro pues las mujeres podían ejercer la abogacía ya en 1900, sirvieron en el ejército durante la Revolución Francesa, aunque no pelearon. Desde 1879 los colegios habían sido abiertos a las mujeres. Algunas cuantas trabajaban como médicos y periodistas en la época de Bergeret. Marie Curie, como recuerda el artículo de Open Culture, "había descubierto el polonio y acuñó el término "radioactividad", ganando el Premio Nobel en 1903". 

Pero las mujeres francesas tendrían que esperar varias décadas para entrar en la mayoría de las profesiones representadas en estas imágenes. Tal vez Bergeret pudo imaginar fácilmente a mujeres generales, alcaldes, bomberos, soldados, etc., a diferencia de la mayoría de los hombres que aún hoy tontamente creen que las mujeres tienen capacidades distintas.

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Twitter del autor: @tplimitrofe

Codificar la ética: ¿quién regula la deep web y por qué debería importarnos lo que ocurre ahí?

Por: pijamasurf - 10/07/2015

Discutir la manera en que utilizamos las herramientas debería empoderar a los usuarios antes de que los gobiernos manufacturen leyes sobre cuestiones más complicadas que prohibir o autorizar el uso de un programa

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No importa si se trata de una rueda o una computadora: la tecnología no puede hacerse responsable del uso que las personas le den. El Internet, como una de las herramientas más prometedoras jamás creadas, nos presenta nuevos problemas a la hora de discutir sobre las necesidades de privacidad de sus usuarios y los usos de la tecnología que pueden ser sujetos a penas legales.

Por un lado tenemos los acalorados debates sobre propiedad intelectual: ¿el robo de una serie de TV puede equipararse al robo de una TV? ¿Descargar cosas de Internet te vuelve criminal?, etc. Por otro, tenemos esa zona inexplorada y amenazante de la red, conocida como deep web o darknet, en cuyas aguas profundas tienen lugar todo tipo de mercados ilegales como tráfico de armas, venta de drogas y consumo de pornografía infantil y cuyo acceso está restringido para usuarios del programa Tor (The Onion Router), un sistema desarrollado por el laboratorio de investigación naval de Estados Unidos. ¿Por qué no prohibir simplemente el uso y descarga de Tor para impedir el acceso a la deep web? Porque Tor también permite que usuarios alrededor del mundo atraviesen las brechas impuestas por gobiernos locales que inciden directamente en la libertad de expresión.

Una arista más del problema proviene del estado de vigilancia electrónica por parte de los gobiernos a los que todos los usuarios de Internet están/estamos sometidos de una u otra manera; el pretexto de esta vigilancia es tener acceso a las acciones que convertirían a un usuario común y corriente en un criminal a través de su utilización de la tecnología con fines maliciosos. Esta lógica ha permitido el arresto y desmantelamiento de redes de intercambio de pornografía infantil, como la infame "Lolita City", una comunidad nativa de la deep web con unos 15 mil usuarios activos que intercambiaron un estimado de 1.3 millones de imágenes de niños.

Algunos sitios de pornografía infantil de hecho llevan la discusión a terrenos que serían monstruosos para un usuario común y corriente. Existen foros con temas como "¿Cuál debería ser la edad legal para el consenso? ¿Qué tal 7?", "Fabricación de víctimas: lo que la industria de la psicología le hace a la gente" o "Pánico moral: cambiando concepciones sobre los abusadores de niños en Estados Unidos". A pesar de que facilitadores de pornografía infantil como Thomas Reedy han enfrentado sentencias de miles de años tras las rejas (Reedy fue sentenciado a mil 335 años), el hecho de que exista un mercado de millones de dólares detrás del intercambio de este tipo de material hace virtualmente imposible que etiquetarlos como "ilegales" evite que nuevos sitios aparezcan y sigan perpetuando sitios pedófilos a costa de niños.

¿Pero es un crimen comparable descargar pornografía infantil a descargar la nueva temporada de tu serie favorita? ¿Es comparable la responsabilidad de los programadores de The Pirate Bay a la de los webmasters de sitios pedófilos? 

¿Necesitamos aún más leyes, en este mundo sobrecodificado, para actuar éticamente en un dominio electrónico, como si se tratara de un mundo paralelo al mundo "real"? Las mismas herramientas que permiten que activistas y artistas alrededor del mundo denuncien situaciones de opresión en sus países de origen son las que permiten la formación de comunidades de pedófilos en los intersticios de la red. Tor no es nada más que una herramienta que vuelve imposible saber con certeza de dónde viene un paquete de información, así como a dónde va; pero la buena fe en las herramientas puede hacer que el uso se transforme en abuso; ¿cómo, pues, formular una "moral electrónica" que permita evitar crímenes, proteger la privacidad y la propiedad intelectual?

Si no comenzamos a discutir como usuarios estas preguntas, las leyes draconianas que limitan el acceso a la información en países como China o Egipto pasarán subrepticiamente en la letra pequeña de algo como el Acuerdo de Asociación Transpacífico, una iniciativa que busca crear un superbloque económico entre 12 países que acatarán las iniciativas en materia de derecho transnacional que más convengan a los empresarios, sobre todo en el manejo de propiedad intelectual. Pero la opción de no discutir estos temas es hacer oídos sordos a los trenes que se avecinan por ambos lados del túnel: el tren de la vigilancia informática y la criminalización de los usuarios de Internet, y el tren de los usuarios que cometen claros abusos contra la integridad física y moral de personas (muchas veces niños) a través de su explotación con fines sexuales, así como tráfico de drogas y armas.