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La historia de la fotografía (INFOGRÁFICO)

Por: pijamasurf - 10/07/2015

Un infográfico acerca de la evolución de la fotografía, desde la primera foto tomada en el siglo XIX hasta la invención de las apps para los smartphones

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A muchas manifestaciones culturales se les suele desprender de su significado social dotándolas de cualidades puramente técnicas, con la finalidad de abstraerlas a tal grado que sea posible hacer predicciones revolucionarias. La fotografía no es la excepción.

Hay quienes han anunciado que la explosión de las aplicaciones para crear fotografías desde los teléfonos inteligentes advierte sobre el crepúsculo de la fotografía contemporánea.

Sin embargo, el término crepúsculo tiene una doble acepción. La primera se refiere a la puesta del Sol, a aquello que finaliza. La segunda es el amanecer o, siguiendo con el uso metafórico, un nuevo comienzo.

La fotografía ha recorrido un largo camino desde que en 1826 Nicéphore Niépce tomó la primera foto (de aproximadamente 8 horas de exposición), la invención en 1878 del dispositivo que permitió las fotografías de alta velocidad, la primera cámara Kodak en 1888, la revolución digital en 1981 y la explosión del consumo masivo de cámaras fotográficas, hasta las 300 millones de fotos publicadas en Facebook.

Siguiendo el infográfico creado por HTC, 91% de los usuarios de los teléfonos inteligentes toman por lo menos una fotografía al mes. Compartir fotos forma parte de las actividades más comunes en las redes sociales. La aparición de aplicaciones que facilitan la adopción de filtros similares a los de las cámaras analógicas no significan la muerte de la fotografía. Quizás, solamente su reinvención.

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Entre el sueño y la fantasía: las mujeres sumergidas de Lola Mitchell (IMÁGENES)

Por: pijamasurf - 10/07/2015

Un motivo quizá sencillo pero no por ello menos sugerente: mujeres que traspasan la superficie del agua y con ello cruzan la frontera hacia otro mundo donde el sueño y la fantasía parecen convivir con la realidad

Como los otros elementos, el agua es capaz de ejercer una fascinación mágica sobre la conciencia humana. Simbólica y aun científicamente es una suerte de fuente primigenia, la madre original de donde surgió la vida. En ese sentido se trata de un mundo aparte, otro mundo dentro de este, al cual podemos allegarnos solo mediante la conversión absoluta de nuestros medios: para sumergirnos en ella es necesario respirar de otro modo, realizar otros movimientos, incluso cambiar nuestra postura. Y una vez dentro es inevitable sentir ese cambio, el traspaso de una frontera que dejamos atrás y que por ello mismo nos permite ser de otra manera durante unos momentos, entregarnos quizá a la acogida suave y completa del agua.

Haciendo eco de esta condición, la artista visual Lola Mitchell (nacida en París pero residente en Los Ángeles) ha elaborado estas imágenes en donde sumerge personajes imposibles en las profundidades del agua. Imposibles porque, contrario a las reglas de la lógica elemental, los seres de Mitchell –mujeres, la mayoría– aparecen arropados suntuosamente, cayendo en el instante al mismo tiempo que las holandés de sus vestidos las envuelven o parecen amortiguar esa caída.

Las imágenes al final nos sitúan entre el sueño y la muerte, la leyenda y la realidad, la mujer que existe y acaso también esa mujer irreal que, como en la rima de Bécquer, nos atrae por ese mismo hechizo que ejerce sobre nuestra percepción:

Yo soy un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y luz;
soy incorpórea, soy intangible;
no puedo amarte. –¡Oh, ven; ven tú!

 

(Imágenes vía fubiz.net)