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La cuarta dimensión, o la posibilidad de escapar de los límites de nuestra percepción

AlterCultura

Por: Adán de Abajo - 10/08/2015

El científico ruso Nikolai Morozov esbozó una interesante teoría científico-esotérica que habla de una cuarta dimensión

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Existe asimismo en la naturaleza una fuerza mucho más poderosa, siquiera sea en otra forma que el vapor, y por medio de la cual, un solo hombre que pudiera apoderarse de ella y supiera dirigirla, trastornaría y cambiaría la faz del mundo. Esta fuerza era conocida por los antiguos, y consiste en un agente universal cuya ley suprema  es el equilibrio y cura dirección tiende inmediatamente al gran arcano de la magia trascendental.

Eliphas Lévi, Dogma y ritual de la Alta Magia

 

1. El prisionero de la Fortaleza de San Pedro y San Pablo en San Petersburgo

fortaleza 2El joven científico no tenía verdadera necesidad de asistir a aquellas tertulias sobre política y sociología en compañía de revolucionarios, socialistas y anarquistas. Se preparó en la Universidad de San Petersburgo en física y matemáticas; también poseía profundos conocimientos de literatura y música. Leía poesía, filosofía y novelas sin parar y tocaba bastante bien el violín. Acababa de finalizar su doctorado, con una especialidad sobre vectores. Tenía una novia joven y hermosa: María, con quien se encontraba comprometido; en realidad la amaba bastante, y en los duros años posteriores que sobrevendrían tendría demasiado tiempo para darse cuenta de ello.

Apenas aplicara los exámenes de oposición y lograse ingresar a la misma universidad donde se graduó, ahora como docente, contraería nupcias con María, teniendo la seguridad de un sueldo permanente como investigador y profesor. También contarían con una buena suma de dinero para iniciar su matrimonio, como parte de la dote de la muchacha, pues el suegro del científico era pariente lejano de la zarina, por lo que poseía tierras, siervos y ganado.

En aquellos tiempos su futuro era bastante prometedor, años después pensaría y se lamentaría al respecto: si hubiese sido más cuidadoso con sus amistades y sus vínculos políticos, su historia habría sido muy distinta. Por lo menos en los siguientes 23 años lo consideraría en más de una ocasión. También llegaría un punto en el que, a pesar de todo, de ningún modo se arrepentiría por todos aquellos años vividos.

Nicolai Morozov no era en lo absoluto un espíritu encendido y revolucionario, como la mayor parte de sus compañeros de reuniones. Todo lo contrario: mientras más abstractas las ideas, ya fuesen éstas filosóficas, esotéricas, literarias o matemáticas, más atraían su atención. En realidad era bastante conservador, tanto en su temperamento como en sus ideas científicas y espirituales. Aunque adquirió una férrea disciplina científica en la universidad y poseía una mente bastante abierta que no paraba de nutrirse, de reflexionar y hacer lecturas, continuaba yendo al servicio religioso a la Iglesia ortodoxa rusa dos veces por semana en compañía de María.

La organización de huelgas y marchas era algo que, por lo menos a él, le tenía sin absoluto cuidado. Empero, en las tertulias no sólo se hablaba de política y de movimientos sociales. Entre los asistentes, algunos de los cuales habían llegado a ser muy amigos suyos, participaban no sólo obreros y anarquistas sino científicos independientes y poetas; varios eran universitarios y otros completamente autodidactas, muchos de los cuales eran dueños de una poderosa cultura universal y un elevadísimo nivel de discusión adquirido por su cuenta en las bibliotecas públicas, mucho más que en los aburridos grupos de estudio de la universidad o en las charlas sosas con damas y ancianos de la realeza, con los cuales crecieron tanto él como su prometida.

En las reuniones con los revolucionarios se hablaba de lo último en poesía, novela, física y biología en Europa. También sobre esoterismo, espiritismo y teosofía. Sus discusiones permitían abrir la mente y la ayudaban a no encasillarse en lo absoluto, ya sea en los límites de las ciencias académicas tradicionales, bastante estrechas, o en la especulación filosófica esotérica, en la cual se perdían bastantes almas ingenuas y extraviadas por aquellos días.

Todo ello fascinaba a Morozov de una manera en que pronto no pudo dejar de asistir a aquellas tertulias, participar en sus discusiones y tomar nota de todos los autores y obras que se recomendaban, muchos de ellos proscritos por la policía zarista.

Cuando le pidieron que se suscribiera al Partido Revolucionario de 1870 nunca sospechó que esto le acarrearía problemas, siempre y cuando pudiera continuar participando en las reuniones y los grupos de estudio del Partido, mediante los cuales se ponía al corriente de las últimas novedades en literatura, ciencias, misticismo y teosofía. Allí intercambiaba libros y tenía acceso a lecturas y materiales escritos que de ningún otro modo habría podido conseguir.

Pero cuando el emperador Alejandro II fue asesinado, su partido pasó a la clandestinidad de inmediato, y la policía rusa infiltró sus reuniones y grupos de estudio. Mucho más rápido de lo que aquellos jóvenes idealistas, pensadores y soñadores pudieron darse cuenta, el zar ordenó una redada con una lista de nombres de personalidades subversivas a las que habría que encarcelar, en la que Morozov figuraba entre los primeros debido a su activa participación en los grupos de discusión y estudio.

Se le detuvo mientras caminaba en la calle del brazo de María; la muchacha tardaría bastantes meses en comprender lo que sucedería realmente con Nikolai en lo subsecuente.

Lo perdió prácticamente todo de un palmo: su permiso para ejercer las ciencias en Rusia, la posibilidad de entrar a trabajar en la universidad; sus papeles y libros serían confiscados. Incluso el amor de su prometida se encontraba en peligro, ante la gravedad de su situación.

Morozov no deseaba por ningún motivo que se vinculara a la muchacha con su actividad política.

Se le sometió a un largo juicio, acusado de conspiración y rebeldía, vinculado incluso con el asesinato del emperador. Recluido en la Fortaleza de Pedro y Pablo durante los primeros años de su condena, en lo que su juicio se desenvolvía, apenas podía encontrarse una vez al mes con María.

Aquello representó una verdadera prueba para el amor de los jóvenes novios.

A pesar de que sería desheredada por su familia al contraer nupcias con un prisionero político, caído en desgracia, María decide que su amor por Nikolai es mucho más grande. Finalmente, contando con un permiso especial del zar, ambos se casan una helada y oscura mañana de domingo, en uno de los patios carcelarios al interior de la Fortaleza, sin contar apenas con más que la presencia del papa de la iglesia rusa y algunos cuantos compañeros de condena.

 

2. Un lenguaje secreto en clave de los prisioneros y el exilio en Siberia

En la vida de la humanidad hay períodos que coinciden generalmente con la declinación de las civilizaciones, cuando las masas pierden irremediablemente la razón y se ponen a destruir todo lo que ha sido creado en siglos y milenios de cultura. Tales periodos de locura, a menudo coinciden con cataclismos geológicos, con perturbaciones climáticas y otros periodos de carácter planetario, liberan gran cantidad de esta materia de conocimiento. Se hace entonces necesario un trabajo de recuperación sin el cual ésta se perdería. Es así como el trabajo de recuperar la materia esparcida del conocimiento coincide con la declinación y la ruina de las civilizaciones.

George I. Gurdjieff, Perspectivas desde el mundo real

 

A lo largo de su prolongado encarcelamiento, la policía imperial del zar no conseguiría de ningún modo aprisionar jamás la inquieta mente de Morozov.

A pesar de permanecer interminables horas confinado en el aislamiento, en una pequeña celda en donde apenas cabe su cuerpo recostado, Nikolai prosigue sus lecturas y reflexiones incansables sobre todos los temas posibles. Leyendo a la luz de un par de velas durante toda la noche. Intercambiando libros con sus compañeros y tratando de formar pequeños grupos de estudio en el poco tiempo libre que queda luego de sus extenuantes labores como prisioneros. Organizando charlas, conferencias y discusiones en los escasos espacios comunes con que cuentan. Inventando un código telegráfico secreto a base de sonidos efectuados sobre las rejas de sus dormitorios, para transmitir las más complejas ideas a sus colegas de cárcel sin ser molestados por la policía imperial.

De pronto, al interior de la cárcel, Morozov se convierte en toda una personalidad, famoso por sus disertaciones y conferencias en el patio y en los dormitorios, dirigidas a sus compañeros.

Estimulado por la recepción que tienen sus palabras y disertaciones en el resto de los prisioneros, comienza a escribir bastante, no sólo cartas a amigos presos y en el exilio, en la misma prisión o en otras cárceles de Rusia y el extranjero, sino artículos de divulgación y al final sus primeros libros.

Sus ideas, al igual que la libertad de su pensamiento, comienzan a superar las paredes de la Fortaleza. María envía sus libros fuera de San Petersburgo, incluso al exterior de Rusia, hacia Francia, donde son editados y comienzan a ser leídos paulatinamente por los más diversos e impensables públicos europeos. Sin quererlo, gracias al confinamiento, repentinamente Nikolai Morozov descubre su verdadera vocación, la de escritor, y su nombre trasciende las fronteras de la cárcel y de Rusia.

Morozov escribía desde su perspectiva de científico matemático riguroso, abordando temas espiritualistas y esotéricos como las revelaciones de San Juan, la alquimia, la magia, la telepatía, la cábala, el Tarot, etc, desde un punto de vista descriptivo, científico e imparcial.

En los largos años de su condena, logra publicar por lo menos 10 libros sobre los más variados temas de carácter espiritual.

Curiosamente, lo que más llama la atención de los escritos de Morozov sería el hecho de que aún cuando él abordaba temas como el espiritismo, la magia y la alquimia con la intención de desarrollarlos científicamente y elucidar sus bases, como era tan buen escritor, sus libros conseguirían producir en los lectores un efecto contrario al que él deseaba, y en cascada. Mientras Nikolai trataba de exponer los escasos fundamentos científicos de diversos temas místicos de moda, sus seguidores se interesarían aún más por estos temas, y se verían estimulados a seguir profundizando en ellos.

Lejos de convertirse en un adversario de la magia y el esoterismo, como lo deseaba de inicio, sin quererlo y desde su prisión llegaría a ser uno de sus principales promotores a finales del siglo XIX, particularmente en Europa, en una época en donde el público se encontraba más que nunca  preso de un vacío espiritual y carente de una estructura mental a la cual asirse.

En la Fortaleza de Pedro y Pablo, en medio de su reducida celda, utilizando un lenguaje telegráfico secreto exclusivo de él y sus amigos sobre la base de discretos golpeteos en los barrotes de su dormitorio para transmitir conocimientos, entablar conversaciones con sus compañeros y disertar sobre cualquier tema sin ser detectado por sus carceleros, la imaginación de Nikolai volaría más allá de las paredes de la Fortaleza concibiendo una teoría del tiempo y el espacio que trascendiera la realidad de su confinamiento. De su pluma y de esa época surgiría su teoría sobre la Cuarta dimensión.

Sería exiliado a Siberia, al campo de forzados de Schlüsselburg, a donde lo seguiría María y con quien no tardaría en reencontrarse finalmente, concibiendo cuatro hijas con su amada esposa en aquel sitio.

Pese a las duras condiciones de vida que imperaban en Siberia, por lo menos en el campo de concentración se les permitía a los prisioneros vivir al lado de sus familias y llevar una vida más o menos normal, en la medida de lo que aquellos tiempos y condiciones tan difíciles permitían.

Aunque debían realizar bastantes trabajos físicos, los prisioneros podían dormir y permanecer a diario con sus esposas e hijos, tener acceso a más libros y lecturas, practicar su religión, escribir y dar clases con cierta libertad, mientras su comportamiento resultara discreto.

En el campo de reclusión de Schlüsselburg, Nikolai proseguiría la escritura de sus libros y artículos y fundaría una escuela junto con otros compañeros intelectuales y prisioneros.

 

3. Los límites de la estrecha percepción humana

Supongamos que, habiendo escapado de las murallas de nuestro Schlüsselburg, fuerais a bañaros al lago.

Como seres de tres dimensiones tenéis también las dos dimensiones que forman la superficie del agua. Ocuparéis un lugar definido en el mundo de los seres-sombras. Todas las partes de vuestro cuerpo que estén arriba o debajo del nivel del agua serán imperceptibles a ellos, y no arriba o debajo del nivel del agua serán imperceptibles a ellos, y no percibirán nada sino vuestro contorno, que es delineado por la superficie del lago.

Nikolai Morozov, “Carta sobre el Tiempo y el Espacio, dirigida a los compañeros prisioneros de Schlüsselburg”

 

UnknownEn una de sus cartas redactadas en Siberia en sus años de madurez intelectual, dirigida a sus compañeros de exilio, Morozov desarrollaría los esbozos de una interesante teoría científico-esotérica, la cual hablaría de una cuarta dimensión, más allá de las primeras tres, en las cuales habitamos la inmensa y común mayoría de seres humanos y animales de la Tierra.

En realidad Morozov no sería el primer escritor que hablara sobre la cuarta dimensión. Algunas décadas atrás C. H. Hinton, un físico alemán, quien se diera a la tarea de conjugar las ciencias duras como la física, las matemáticas y la geometría con el espiritismo y algunos conceptos esotéricos, publicó una serie de artículos al respecto. Puede decirse que en realidad Hinton fue el primero en introducir en los lectores el concepto de cuarta dimensión. Más tarde el psicólogo ruso Piotr Demianovich Ouspensky abordaría en más de una ocasión el concepto de cuarta dimensión para hacer referencia y estudiar los estrechos límites de la percepción humana.

Morozov utiliza el método de analogías creado por Hinton. Décadas después también lo emplearía el físico judío Albert Einstein al imaginar qué pasaría con el concepto de tiempo si pudiese ser visto a velocidades difíciles de concebir como a las que viaja la luz, del mismo modo que Ouspensky, creando con el mismo método modelos mentales que permitiesen describir hipotéticamente las dimensiones superiores posibles de la percepción.

El método por analogías consiste en generar mundos imaginarios o modelos ficticios, los cuales sirven como referentes para estudiar las dimensiones del espacio y el tiempo que se encuentran fuera del alcance de la percepción humana. Posteriormente se comparan los modelos unos con otros y se infieren diversas conclusiones a partir de ello, creando escalas y categorías con las cuales terminan jerarquizándose y ordenándose dichos modelos. Es posible desarrollar toda una teoría científica con bastantes bases y sustentos tan sólo a partir de este método psicológico. Así trabajan aún algunos físicos cuánticos y psicólogos cognitivos modernos en la actualidad, elaborando mundos mentales y construyendo experimentos psicológicos cuya comprobación tan sólo ocurre en sus mentes. A pesar de su sencillez inicial, los resultados de este tipo de trabajos consiguen ser aplicados a la más avanzada tecnología y a los más diversos campos del conocimiento, produciendo creaciones que tienen bastante repercusión en la vida moderna.

Así, utilizando modelos geométricos mentales para establecer analogías nos encontraríamos con que las tres primeras dimensiones, en las cuales vivimos la mayoría de los seres humanos de acuerdo con Hinton, Morozov y Ouspensky, poseerían las siguientes características.

  1. Primera dimensión: Habitada por seres lineales, cuya psique se encuentra restringida exclusivamente a líneas. Su pensamiento sería equivalente a poco más que el tamaño de puntos, como el caso de algunos insectos y organismos primitivos.
  2. Segunda dimensión: Planos. La percepción de los seres que habitan en ella se encontraría limitada sólo a percibir planos, paredes, incapaces aún de apreciar figuras de dimensiones más complejas que líneas y planos. No poseen la capacidad de destacar perceptualmente las figuras de su fondo. Algunos insectos y mamíferos se encuentran en ella.
  3. Tercera dimensión: La dimensión de los cuerpos. Es en la que habitamos los seres humanos; hay un mayor dominio del espacio, con la capacidad de apreciar la diferencia entre figura y fondo. Los seres de las primeras dos dimensiones son incapaces de acceder a esta dimensión.

Morozov llegaría a la conclusión de que la percepción humana en realidad es extremadamente limitada, ubicándose tan sólo un nivel dimensional por encima de la de los insectos y los mamíferos.

Aunque ilusamente atribuimos a nuestros sentidos y pensamiento poderes imaginarios y sin límites, en realidad y con la ayuda del lenguaje humano y la lengua, tan sólo podemos llegar a la distinción de las figuras de su contexto, creando como resultado de nuestras categorías mentales y lingüísticas complejas teorías para explicarnos e imaginar el mundo que nos rodea, pero al cual en realidad somos incapaces de acceder. Como el ciego que conoce el mundo a penas a tientas, con la punta de su bastón, y de ahí procede a inventarse historias y teorías acerca de cómo es.

Es curioso cómo precisamente un prisionero político en la Rusia zarista de finales del siglo XIX a partir de su encierro pudiese hacer volar su pensamiento y esforzarse por concebir en qué consistiría la cuarta dimensión, a la cual no tenemos acceso los seres humanos debido a nuestros limitados aparatos sensoriales y al poco uso que le damos a diversas funciones de nuestro cerebro, las cuales se encuentran en desuso o en franco proceso de corrupción debido a nuestro pobre estilo de vida, a la carencia de estímulos propicios y de una preparación adecuada.

Al intentar dar el salto hacia la cuarta dimensión, desafortunadamente, la formación como científico duro de Morozov le impidió ir más allá de señalar que aquella era la dimensión en la que habitaban los espíritus. Hasta ahí llegó y posteriormente se dedicó a escribir novelas, cuentos y tratados en donde reflexionaba sobre otros temas distintos.

Algunas décadas después, el joven psicólogo Piotr Ouspensky encontraría en sus viajes como periodista algunas de las cartas y libros publicados en el exilio por Morozov. Se dice que intentó contactarlo, luego de que el físico cumpliera sus 23 años de condena y retornara a su casa en San Petersburgo con su familia, pero descubrió que Morozov no concedía entrevistas y no recibía a reporteros bajo ningún motivo, dedicándose por completo a la investigación independiente, la escritura de sus libros y viviendo tan sólo de sus regalías como autor.

Ouspensky retomó el método de analogías trabajado por el escritor y comenzó a proyectar la construcción de lo que sería un modelo mental de la cuarta dimensión, continuando el trabajo que Morozov dejó apenas esbozado décadas atrás.

Tras un par de años de reflexión, lectura y de aplicar diversos experimentos psicológicos como hipnosis, yoga y meditación, llegaría a la conclusión de que la cuarta dimensión no se encontraba en otro lado más que dentro del propio ser humano. Si éste deseaba en realidad ir más allá de los límites de su percepción y tener acceso al mundo superior siguiente, la cuarta dimensión, tenía que dejar de buscar afuera y encontrar la manera de penetrar en sí mismo cada vez más, conociéndose, retirando sus prejuicios y esquemas mentales antiguos, purificando gradualmente su percepción de todas sus preconcepciones y juicios obsoletos.

Según Ouspensky, la cuarta dimensión, a la que tan difícil le es acceder al ser humano, es la dimensión del tiempo. ¿Qué ocurre cuando una persona fallece, a dónde se traslada luego de morir?, eran preguntas que se hacía Ouspensky luego de perder a algunos de sus amigos y familiares en las grandes guerras de Rusia. Si no podemos saber a dónde van los seres humanos luego de perecer, es porque al morir se trasladan inmediatamente más allá del tiempo. Son tragados por él. El tiempo es la categoría a la cual nos resulta tan complicado acceder y la dimensión siguiente a la que deberíamos trascender, se respondió a sí mismo Ouspensky en sus fascinantes investigaciones. El tiempo es la cuarta dimensión.

Según el psicólogo y físico ruso, la cuarta dimensión, la del tiempo, sería circular. Por ello la sensación cíclica de que todo se repite, no sólo en la vida del ser humano sino también en la historia humana, biológica, en la de los planetas, el Sol y el universo en general.

Ouspensky comprendió que el carácter circular del tiempo y de la cuarta dimensión tenía bastante que ver con los símbolos de espirales y círculos trazados por los antiguos magos, psicólogos y alquimistas de diferentes épocas y tradiciones espirituales: la serpiente mordiéndose la cola (el enigmático uróboros que tanto fascinara a egipcios, griegos y chinos), el eterno retorno, el Tao, las espirales descritas y trazadas por sabios antiguos de todo el mundo, etc. Probablemente los pensadores, filósofos y médicos más antiguos lograron intuir que lo que había más allá de nuestros sentidos era circular y con forma de espiral, no pudiendo ser encontrado en lugar alguno más que al interior de nosotros mismos.

Años después, tras publicar el resultado de sus investigaciones en su famoso libro Tertium Organum, Ouspensky se vio obligado a abandonar San Petersburgo y Rusia, siendo ahora él quien tendría que exiliarse.

Con la llegada de los comunistas, Rusia cambiaría su nombre por el de Unión Soviética y San Petersburgo por otro nombre horrible: Petrogrado.

Desde su exilio en Inglaterra, Ouspensky se enteraría de que los bolcheviques harían de Morozov un héroe por haberse rebelado varias décadas atrás a la autoridad del zar, a quien los comunistas asesinaran junto con la familia imperial luego de su triunfo en la Revolución de Octubre.

Por su parte, Nikolai Morozov los dejaría hablar, no importándole demasiado el progreso ni los “avances” sociales, buscando tan sólo que le dejaran escribir en paz en su casa, viviendo con su familia y sobreviviendo exclusivamente de las regalías producidas por sus libros.

 

Twitter del autor: @adandeabajo

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Diálogos: Ernesto Priani y Alejandro Martínez Gallardo. Producción: Ignacio Bazán.

0-5:00 Intro/ Sample Manly P. Hall sobre el Poimandres/ ¿Quién es Hermes Trismegisto?/ Poimandres, el libro inevitable en la tradición esotérica/ La traducción de Ficino/ Alejandría y la tradición grecoegipcia/ Poimandres y otros textos cosmogénicos: Timeo, Genesis e influencias orientales.

5:00-10:00 Sample Manly P. Hall: "Hermes el profeta de la doctrina"/ Una tradición de adeptos/ Hermes-Thoth-Mercurio, la mente universal/ Sample PeterPan/ Poimandres le cuenta a Hermes el origen del mundo y del hombre/ Poimandres se aparece como un dragón a Hermes: una voz luminosa en el espacio/ De la Luz Pura nace la materia, una niebla/ El demiurgo y la doble creación/ Adam Kadmon, "el hombre primordial".

10:00-15:00 La creación del cosmos: el demiurgo traduce la mente divina/ Sample Carl Sagan/ El hombre es un pequeño universo, el universo es un gran hombre/ El hombre primordial decide aventurarse al mundo material contemplando su propia imagen en el abismo/ La diferencia entre el Corpus Hermeticum y el Génesis: no una caída sino un lance voluntario/ La creación de la raza humana. 

15:00-20:00 El hombre al descender absorbe la organización cósmica y la imbuye al microcosmos: así se crea un sistema de analogías, un mundo espejo/ Sample Manly P. Hall/ Los siete gobernadores o arcontes, los siete Hijos de la Fricción, las siete esferas planetarias y sus atributos otorgados el hombre/ Hermes le pregunta a Poimandres: ¿cómo ascender de nuevo?/ Un esquema para liberarse o iluminarse regresando los atributos planetarios/ Desandar la Creación.

20:00-25:00 Sample Manly P Hall: el ascenso a través de las sietes puertas: una astrología de la liberación del alma/ Estamos hechos de los siete planetas/ Para regresar al mundo divino se debe regresar a los planetas sus cualidades/ Separar lo impuro de lo puro: solve et coagula/ La eterna escalera de los siete escalones/ La clave de cómo está hecho el mundo es la clave de como abandonar el mundo/ Despojarse del gobierno de los planetas.

25:00-30:00 Poimandres le revela a Hermes que aquello con lo que recibe esta visión es la razón divina/ Sample Manly P. Hall/ Fragmento del Poimandres: el alma se desnuda de los obstáculos de los planetas: el primer anillo la Luna, el segundo anillo Mercurio, el tercer anillo Venus, el cuarto anillo el Sol, el quinto anillo Marte, el sexto anillo Júpiter, el séptimo anillo Saturno/ Hacia la octava esfera, la Morada de los Ángeles.

30:00-33:00 Dejar todo lo innecesario/ Completar el viaje de la unidad hacia la totalidad/ Primero la voluntad, el coraje y luego la humildad y el apaciguamiento del deseo/ La seducción de la eternidad/ Invitación a seguir explorando el Corpus Hermeticum/ Hacia el misterio/ Outro.

 

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Material adicional

En línea en español se puede consultar la versión del Poimandres de Federico González y José M. Río

Recomendamos la versión de la editorial Gredos, Textos Herméticos.

Para el podcast se utilizó la versión de Manly P. Hall, que conjunta distintas traducciones para hacer una versión más amplia del Poimandres. Esta versión aparece en su libro The Secret Teachings of All Ages y puede consultarse en línea aquí.

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Fragmentos del texto y aparato crítico

Manly P. Hall, en The Secret Teachings of All Ages, introduce a Hermes Trismegisto:

Jámblico declaró que Hermes fue el autor de 20 mil libros; Manetón incrementó el número, según James Gardner, a 36 mil --cifras que hacen evidente que un individuo solitario, incluso si estuviera impulsado por una prerrogativa divina, difícilmente podría haber logrado una labor tan monumental. Entre las artes y ciencias que se dice que Hermes reveló a la humanidad están la medicina, química, derecho, astrología, música, retórica, magia, filosofía, geografía, matemáticas (especialmente geometría), anatomía, y oratoria. Algo similar afirmaban los griegos sobre Orfeo.

En su Biographia Antiqua, Francis Barrett dice de Hermes: "Si alguna vez Dios apareció en el hombre, apareció en él, como es evidente de sus libros y de su Poimandres, en cuyas obras ha comunicado la suma del Abismo, y el conocimiento divino a la posteridad; en los que ha demostrado no sólo estar divinamente inspirado, sino ser un filósofo profundo, que obtuvo su sabiduría de Dios y de las cosas celestiales y no sólo del hombre.

Su aprendizaje trascendental causó que Hermes fuera identificado con numerosos sabios y profetas. En su Mitología antigua, Bryant escribe: "He mencionado que Cadmo es el mismo que el egipcio Thoth; lo que queda manifiesto en que sea Hermes y en la atribución de la invención del alfabeto. Algunos investigadores creen que Hermes es el mismo que los judíos conocieron como Enoch, llamado por Kenealy 'el segundo mensajero de Dios'". Hermes fue aceptado en la mitología de los griegos y luego se convirtió en el Mercurio de los latinos. Fue venerado a través de la forma del planeta Mercurio porque este planeta es el más cercano al Sol: Hermes de todas las criaturas era la más cercana a Dios, por eso se le conoció como el Mensajero de los Dioses.

La Visión es el más famoso de todos los fragmentos herméticos; y contiene una explicación de la cosmogonía hermética y las ciencias secretas de los egipcios con relación al cultivo y desenvolvimiento del alma humana. Por un tiempo fue erróneamente llamada 'el Génesis de Enoch', pero ese error ya fue rectificado. Mientras preparaba la siguiente interpretación de la filosofía simbólica oculta dentro de La visión de Hermes, el presente autor tenía a la mano las siguientes obras como referencia: La divina vasija de Hermes Mercurio Trismegisto (Londres, 1650), traducido del árabe y el griego por el doctor Everard; Hermética  (Oxford, 1924), editado por Walter Scott; Hermes, los misterios de Egipto (Filadelfia, 1925), por Édouard Schuré; Tres veces más grande Hermes  (Londres, 1906), por G. R. S. Mead. Al material contenido en los volúmenes anteriormente mencionados, este autor le añadió comentarios basados en la filosofía esotérica de los antiguos egipcios, además de ampliaciones en parte derivadas de otros fragmentos herméticos y en parte derivadas del arcano secreto de las ciencias herméticas. En aras de clarificar, la forma narrativa fue elegida en lugar del estilo original de diálogo y las palabras obsoletas dieron paso a las que actualmente se utilizan. [Versión de Hall en español].

Federico González, en su introducción a los Libros herméticos:

El hombre es pues mediador, no sólo en su función central sino también como un pequeño demiurgo en una creación que ha existido desde siempre y que se encuentra permanentemente inacabada, viva, en constante metamorfosis y que él puede transformar ya que aparece como el punto o la unidad donde convergen todas las energías creacionales, coronando y dando sentido al plan divino al restablecer los contactos que revelan las analogías, pues el mundo sensible se refleja en el inteligible como el inteligible en el sensible. Todo ello gracias a una red donde el Amor es el protagonista y el matrimonio (Hieros gamos) entre el Cielo y la Tierra una cópula perpetua. Lo que es equivalente en otro simbolismo a una cadena de iniciados (el hilo de oro) que se transmite del Noûs a Poimandrés, de este a Hermes, de Hermes a Tat y de este a todos los adeptos y teúrgos de la tradición hermética. De allí que el Corpus Hermeticum constituya una revelación y que la sola comprensión de sus enunciados conforme una gnosis, dado que somos la materia de lo que conocemos y el Verbo Primordial se manifiesta en lo humano posibilitando el surgimiento del hombre pneumático, paradigma del iniciado, que sabe leer los signos de la naturaleza y los símbolos cambiantes de su aventura cósmica, adecuándose a las circunstancias de su viaje, que asimila al conocimiento, y que el texto del Corpus Hermeticum transmite.

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La Visión de Hermes, de Johfra Bosschart

Corpus Hermeticum (versión de Xavier Renau, editorial Gredos), la inteligencia del hombre es la inteligencia del cosmos:

Poimandres me preguntó entonces: “¿Has comprendido lo que significa esta visión?”.

“Llegaré a comprenderla”, respondí.

“Pues escucha”, siguió, "aquella luz soy yo, el Pensamiento, tu Dios, el que existe antes de la naturaleza húmeda surgida de la oscuridad, y la luminosa Palabra surgida del Pensamiento es el Hijo de Dios”.

“¿Cómo puedo entender eso?”, pregunté.

“Considéralo de este modo: lo que en ti ve y oye es la palabra del Señor, y tu pensamiento es Dios padre. Son indisociables uno de otro y su unión es la vida”.

“Te estoy agradecido”, le dije.

“Centra, pues, tu atención en esa luz y accede así a su conocimiento”.

De la versión de Édouard Schuré, La visión de Hermes:

Un día Hermes se quedó dormido después de reflexionar sobre el origen de las cosas. Una pesada torpeza se apoderó de su cuerpo; pero a medida que su cuerpo se embotaba, su espíritu subía por los espacios. Entonces le pareció que un ser inmenso, sin forma determinada, le llamaba por su nombre. —¿Quién eres?— dijo Hermes asustado. —Soy Osiris, la inteligencia soberana, y puedo revelarte todas las cosas. ¿Qué deseas?. —Deseo contemplar la fuente de los seres, ¡Oh divino Osiris!, y conocer a Dios. —Quedarás satisfecho. En este momento Hermes se sintió inundado por una luz deliciosa. En sus ondas diáfanas pasaban las formas encantadoras de todos los seres. Pero de repente, espantosas tinieblas de forma sinuosa descendieron sobre él. Hermes quedó sumergido en un caos húmedo lleno de humo y de un lúgubre zumbido. Entonces una voz se elevó del abismo. Era el grito de la luz. En seguida un fuego sutil salió de las húmedas profundidades y alcanzó las alturas etéreas. Hermes subió con él y se volvió a ver en los espacios. El caos sé despejaba en el abismo; coros de astros se esparcían sobre su cabeza, y la voz de la luz llenaba lo infinito

[caption id="attachment_101442" align="aligncenter" width="373"]The Cave of the Altar HermesHermetMtTopTarotCard La cueva de los adeptos con los sietes escalones de la obra alquímica (en "Psiclogía y alquimia", de C. G. Jung)[/caption]

Donde más adelante se narra el episodio de las siete esferas planetarias de la siguiente manera:

Entonces, Hermes vio un espectáculo maravilloso. El espacio infinito, el cielo estrellado le envolvían en siete esferas luminosas. De una sola mirada, Hermes vio los siete cielos escalonados sobre su cabeza como siete globos transparentes y concéntricos, cuyo centro sideral él ocupaba. El último tenía como cintura la Vía Láctea. En cada esfera giraba un planeta acompañado de una forma, signo y luz diferente. Mientras que Hermes deslumbrado contemplaba esta floración esparcida y sus movimientos majestuosos, la voz dijo: —Mira, escucha y comprende. Tú ves las siete esferas de toda vida. A través de ellas tiene lugar la caída de las almas y su ascensión. Los siete planetas con sus genios son los siete rayos del verbo Luz. Cada uno de ellos domina en una esfera del Espíritu, en una fase de la vida de las almas. El más aproximado a ti es el genio de la Luna, el de inquietante sonrisa y coronado por una hoz de plata. Éste preside a los nacimientos y a las muertes. El desagrega las almas de los cuerpos y las atrae en su rayo. Sobre él, el pálido Mercurio muestra el camino a las almas descendentes o ascendentes, con su caduceo que contiene la ciencia. Más arriba la brillante Venus sostiene el espejo del amor, donde las almas por turno se olvidan y se reconocen. Sobre éste, el genio del Sol eleva la antorcha triunfal de la eterna belleza. Más arriba aún, Marte blande la espada de la justicia. Reinando sobre la esfera azulada, Júpiter sostiene el cetro del poder supremo, que es la inteligencia divina. En los límites del mundo, bajo los signos del zodíaco, Saturno lleva el globo de la sabiduría universal.

El descenso del hombre primordial al abismo de la materia, en la versión de Federico González:

Entonces el hombre, que tenía pleno poder sobre el mundo de los seres mortales y de los animales sin razón, se inclinó a través de la armonía de las esferas cuyas envolturas había roto, y manifestó la hermosa forma de Dios a la naturaleza de abajo. Cuando ésta hubo visto que él tenía en sí mismo la forma de Dios junto con la belleza inagotable y toda la energía de los Regentes, sonrió de amor: porque había visto reflejarse en el agua el semblante de esta forma maravillosamente bella del hombre, y a su sombra sobre la tierra. En tanto que él, habiendo percibido esta forma semejante a él presente en la naturaleza, reflejada en el agua, la amó y quiso habitar allí. Desde el mismo momento que lo quiso lo cumplió, y habitó la forma sin razón. Entonces la naturaleza, habiendo recibido en ella a su amado, lo abraza completamente, y ellos se unen pues arden de deseo.

La devolución de los poderes a los planetas, de la versión de Manly P. Hall:

...La naturaleza más alta lucha por recobrar su estado espiritual. Asciende los siete anillos sobre los cuales se sientan los siete gobernadores y les regresa a cada uno sus poderes inferiores de esta manera. En el primer anillo se sienta la Luna, a ella se le regresa su habilidad para aumentar y disminuir [los poderes de la generación]. En el segundo anillo se sienta Mercurio, y a él se le regresan las maquinaciones, los engaños y la astucia [los poderes de la mente racional]. En el tercer anillo se sienta Venus, a ella se le regresa la lujuria y las pasiones [los poderes del cuerpo material]. En el cuatro anillo se sienta el Sol, a él se le regresa la ambición [el ego]. El quinto anillo es de Marte, a él se le regresa la ansiedad y el coraje. En el sexto anillo se sienta Júpiter, a él se le regresa el sentido de acumulación  y todas las riquezas acumuladas. Y en el séptimo anillo se sienta Saturno, la puerta de Caos, a él se le regersa la falsedad y los planes malignos.

Luego, entonces, estando ya desnuda de los siete anillos, el alma llega a la octava esfera, aquella de las estrellas fijas. Aquí, libre de toda ilusión, mora en la luz y entona alabanzas para el Padre en una voz que sólo el espíritu puro puede entender. Oh Hermes, existe un gran misterio en la octava esfera, porque la Vía Láctea es el semillero de las almas, y de ella descienden los anillos, y a la Vía Láctea regresan otra vez allende las ruedas de Saturno. Pero algunos no pueden subir los sietes escalones de los anillos. Por lo que vagan en la oscuridad y son arrastrados por la eternidad con la ilusión de los sentidos y la materia.

 

quod superius

Nicholas Culpeper (1616-1654):

Excelente y verdadero era el lema de Hermes Trismegisto: Quod est superius, est sicut inferius; y esto se revelará a cualquiera que merezca el nombre de un hombre razonable, si tan siquiera lo considera: que su cuerpo está hecho de los mismos materiales que todo el universo, aunque no en la misma disposición; en realidad, en una composición de contrarios.

Manly P. Hall en su revista de The All-Seeing Eye:

Hermes, el gran semidios atlántico, probablemente el gran iluminador del hombre mortal, enseñó la analogía como la llave de su filosofía. Las relaciones existentes entre los mundos inferiores y los superiores eran la base de su doctrina y el conocimiento de este símil la primera revelación que recibió la humanidad... La esencia de su enseñanza fue que Dios y el hombre están hechos en el mismo molde y que todas las cosas en el mundo inferior y en la esfera menor están hechas bajo el mismo patrón que las cosas superiores y la esfera superior. Enseñó que descubrir esto era el principio fundamental de la sabiduría.

Henry Corbin, en Sol de medianoche y polo celeste, recoge una versión de la visión de Hermes en la tradición sufí que aunque no se trata de la misma del Poimandres, muestra interesantes ecos:

En las proximidades de la cima, resplandece con su brillo el sol de medianoche, imagen primordial de la luz interior que desempeñó tan importante papel en el ritual de las religiones mistéricas (cf. supra II, 1: la luz que lleva Hermes en el interior de la cámara subterránea). Así ocurre con Hermes como héroe del éxtasis escatológico descrito por Sohravardî; hemos recogido ya (supra II, 1) un testimonio concordante de la tradición hermética con la visión en la que Hermes pudo reconocer a su naturaleza perfecta en la bella y misteriosa entidad espiritual que se le manifestaba. 

Sohravardî amplifica la dramaturgia de esta visión en uno de sus tratados fundamentales. Esta vez Hermes vela durante la noche, meditando en el «templo de la luz» (haykal al‑nûr, su propio microcosmo); pero en esta noche brilla un sol. Cuando se manifiesta la «columna de la aurora», es decir, cuando el ser de luz hace resplandecer las paredes del «templo» que lo contenía (aquí hay que recordar la columna gloriae del maniqueísmo, el ascenso de los elementos de luz que se corresponde con el descenso de la cruz de luz), Hermes ve una tierra que se hunde, y con ella las «ciudades de los opresores», engullidas por la ira divina. Este hundimiento del mundo material sensible, del Occidente de la materia corruptible y de sus leyes, nos remite a la escenografía del relato del exilio occidental; en éste la llegada al norte cósmico, a la roca de esmeralda, umbral del más allá, se anuncia con el resplandor del «sol de medianoche» (como en Apuleyo: media nocte vidi solem coruscantem). El sol de medianoche es la illuminatio matutina, el esplendor de la aurora que se levanta en el Oriente ‑-origen del alma, es decir, en el polo, a la par que se hunden las ciudades de los opresores. La aurora consurgens que se eleva en la roca de esmeralda, clave de bóveda de la cúpula celeste, es aquí la aurora boreal del cielo del alma. Entonces, espantado ante un horizonte desconocido, Hermes exclama: «¡Sálvame, tú que me has alumbrado!» (es el mismo vocativo que utiliza, hay que recordarlo, el salmo dirigido por Sohravardî a su naturaleza perfecta). Y Hermes escucha esta respuesta: «Agárrate al cable del rayo de luz, y sube hasta las almenas del trono». Hermes sube, y ve que bajo sus pies hay una tierra y un cielo. Tierra y cielo en los que, con los comentadores sohravardianos (Shahrazôrî e Ibn Kammûna), reconocemos el mundus imaginalis, el mundo autónomo de las figuras‑arquetipos, la tierra de Hûrqalyâ, al abrigo de las almenas del Trono que es la esfera de las esferas, clima del alma que gravita en torno al polo celeste. Los textos sabeos del pseudoMajrîtî nos habían descrito también a la naturaleza perfecta como el sol del filósofo; y Najm Kobrâ designará al «testigo en el cielo» como sol suprasensible, sol del corazón, sol del espíritu.

 

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