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Imágenes vintage del "detrás de cámaras" de las filmaciones de Godzilla (FOTOS)

Arte

Por: pijamasurf - 10/26/2015

Esta selección de imágenes nos muestran a Haruo Nakajima, quien fuera Godzilla en las primeras películas de este emblemático monstruo del cine

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El 3 de noviembre de 1954 un gigantesco monstruo surgió de las profundidades marinas debido al calentamiento de los océanos provocado por los ensayos nucleares, arrasando con todo lo que encontraba a su paso. Su nombre: Godzilla (Gojira), el primer kaijū ("monstruo", en japonés) que hacía frente a los desórdenes de la humanidad.

Darle vida a una de las bestias más emblemáticas de la historia del cine no es cualquier cosa, y menos en el Japón de 1950, donde no existía suficiente presupuesto para la realización de películas al estilo estadounidense, en las que se podían implementar técnicas cinematográficas como la animación stop motion u otras, así que los actores que se mantenían dentro de pesados y calurosos disfraces fueron fundamentales para lograr crear estas obras que se han vuelto iconos culturales que han trascendido fronteras.  

Gracias a estos actores, el género tokusatsu triunfó. Y el pionero entre estos actores es Haruo Nakajima, el Godzilla de la era Shōwa (las películas entre 1954 y 1972).

Nakajima pasó casi 25 años en el interior de caucho del traje de Godzilla, quien alegremente pisoteaba un miniTokio. El actor se caracterizó de Godzilla desde principios de los años 50 y hasta la década de 1970.

Según una entrevista realizada a Nakajima (quien cumplirá 87 años el próximo enero) en 2014, el traje de Godzilla que llevaba pesaba alrededor de 220lb, y podía llegar a la asombrosa cifra de 140ºC durante la filmación de escenas.

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En honor de Godzilla y porque cumplirá 61 años de haber salido por primera vez en pantalla este 3 de noviembre, la página Dangerous Minds ha reunido algunas imágenes frescas y divertidas capturadas "detrás de escena" en varias películas de este personaje, como el original de 1954, Godzilla (Gojira), Godzilla vs Mothra (1964), Godzilla vs Gigan (1972) y Godzilla vs Mechagodzilla (1974), así como muchas otras para que puedas echar un vistazo a lo que fue el "detrás de cámaras" de estas filmaciones:

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Las 22 puertas del castillo-espejo: X El Ermitaño (la carta 9)

Arte

Por: Psicanzuelo - 10/26/2015

Por medio de un análisis exhaustivo de los 22 arcanos del Tarot se intentará darle un sentido al ejercicio cinematográfico como regulador de la percepción de la vida

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Ajenos me son, y una burla, los hombres del presente, hacia quienes no hace mucho me empujaba el corazón; y desterrado estoy del país de mis padres y de mis madres. Por ello amo yo tan sólo el país de mis hijos, el no descubierto, en el mar remoto: que lo busquen incesantemente ordeno yo a mis velas. En mis hijos quiero reparar el ser hijo de mis padres: ¡y en todo futuro, este presente!

Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra

 

La invención de la soledad en un laberinto aparte

Un anciano camina encorvado, alumbrando su camino con un farol al mismo tiempo que se alumbra a sí mismo en nuestro punto de vista. Con su otra mano se apoya en un bastón. La capa que lo cubre del clima nocturno también protege la luz para no apagarse con el viento.

Atributos del arcano del ermitaño son: austeridad, sobriedad y experiencia. Necesidad de silencio y aislamiento para la meditación y el estudio. Discreción, sabiduría profunda, retirada, y conocimiento.

Podríamos decir que poder apreciar ciertas verdades sólo es posible hacerlo por medio de una visión interior, gracias a una profunda soledad. Este arcano mayor representa en el horóscopo a Virgo, la virgen, llena de una inocencia natural o provista por la naturaleza.     

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Ninguna cinta más apropiada para empezar a hablar de estas características del ser humano que opta por contemplar el vacío internamente para conectarse con la eternidad que el documental espiritual El gran silencio (Philip Gröning, 2005). Aquí se registran las actividades cotidianas de manera directa, que más bien parecen mecanismos dinámicos que utilizan los monjes cartujos al interior de un gran monasterio en lo alto de los Alpes. La parte religiosa se difumina con nuestra preconcepción para únicamente dar paso a agraciados cantos gregorianos que serán la única música que escuchemos en toda la proyección y es el abandono con el cual cada monje se entrega a la eternidad que roba nuestra completa atención, haciendo un ejercicio meditativo en cada secuencia de manera automática. La quietud en el silencio que proviene de realizar cualquier cantidad de labores domesticas en forma de búsqueda introspectiva, mientras las estaciones de la naturaleza se suceden marcadamente: el tiempo no existe, pero el ritmo es el de la naturaleza.   

Pero es la cinta de ficción Simón del desierto (Luis Buñuel, 1965) la que podría acercar el ermitaño a nuestra vida diaria por medio de la ironía. En esta  metáfora, un santo (Claudio Brook) vive en una columna altísima para estar cerca de Dios y lejos de las tentaciones, para únicamente conseguir la atención de Satanás y terminar cayendo en propuestas tan llamativas como una Silvia Pinal de 20 años vestida de colegiala. 

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Es un falso ermitaño que nos acerca a lo que es el ermitaño por el camino de lo que no es, porque aunque nos dejemos la barba larga y usemos mantos todavía más largos y estemos hablando (rogándole) con Dios todo el santo día, lejos estamos de la introspección, y más cerca de la carta 15 del Tarot, Le Diable.    

Sabemos que el ermitaño es la carta 9, y este número tiene propiedades especiales en lo que refiere a lo esotérico. Se dice que desde antes de la llamada antigüedad, Hermes Trismegisto vinculaba el número 9 con la iniciación; no olvidemos que nos formamos en 9 meses para existir en el plano material. Al respecto Eliphas Lévi nos comenta:

El número 9 es, por tanto, el de los reflejos divinos; manifiesta la idea divina en toda su potencia abstracta; pero manifiesta también el lujo en la creencia y por consecuencia la superstición y la idolatría. Por esta causa Hermes le ha hecho el número de la iniciación porque el iniciado reina sobre la superstición, y por la superstición puede marchar solo en las tinieblas, apoyado en su bastón, envuelto en su manto e iluminado por su lámpara. La razón ha sido otorgada a todos los hombres, pero no todos saben hacer uso de ella; es una ciencia que es necesario aprender. La libertad ha sido ofrecida a todos, pero no todos pueden ser libres; es un derecho que es preciso conquistar. La fuerza es para todos, pero no todos saben apoyarse en la fuerza; es un poder del que es necesario apoderarse.

Es que dicen por ahí que el camino espiritual no es para quien lo necesita sino para quien lo quiere, y finalmente para quien lo toma; como lo vemos en la carta, además de una luz en una mano tenemos que tener un bastón firme que nos conecte con el camino material. 

[caption id="attachment_102108" align="aligncenter" width="192"]El Ermitaño de Therion El Ermitaño de Therion[/caption]

A este respecto podríamos decir que Aleister Crowley no dejaba de vincular este arcano con la fuerza del semen, hasta del espermatozoide en sí, así que sólo un loco andaría regando por todos lados una sustancia que es capaz de engendrar vida. Como podemos observar atentamente el ermitaño se ha quitado la capucha del loco y tiene una joroba que es el peso del pasado en el cual se recarga, pero también pudiera ser una presencia mental femenina, una inspiración; si nos fijamos en su mano derecha, con la que sostiene la luz, los pliegues de la mano dibujan una vagina y los pliegues de la frente subrayan que se encuentra absorto en una operación mental intensa, quizás con esa presencia femenina mental.  

 

La guarida forzada ante el inminente Apocalipsis

En el cine es común que el personaje, por causas de fuerza mayor, quede aislado, lo que lo conecta y transforma poco a poco en el ermitaño de manera extrema y casi siempre al borde de un brote psicótico sin vuelta atrás por causa de sus propias elecciones. Esta situación por lo general viene envuelta en una atmosfera opresiva y apocalíptica, por ejemplo en el caso de la adaptación fílmica de la novela de Richard Matheson Soy leyenda: El último hombre sobre la Tierra (Ubaldo Ragona, 1964). 

07171lastmanEl doctor Morgan (Vincent Price), encerrado en su casa, duerme de día y trabaja en su protección nocturna contra los embates de decenas de vampiros nocturnos que provienen de una contaminación química masiva. Es en este encierro que el doctor Morgan, en un ejercicio de introspección que se conjuga con soñar despierto y dormido, por medio de su memoria empoderada de su imaginación que le da forma a su presente, una reclusión involuntaria que lo obliga a crecer espiritualmente para afrontar a sus demonios alados. Otro interesante ejemplo de la encarnación del arcano obligado por la crisis sobre la pantalla grande es Atormentado/Take Shelter (Jeff Nichols, 2011), donde Curtis (Michael Shannon) sufre de sueños alucinantes de devastación natural causada por una tormenta; él los toma como premoniciones, anuncios de una destrucción inminente que puede evitar si se resguarda junto a su familia en un sótano-refugio, dándose a la tarea de construirlo. Para la gente que lo rodea va perdiendo la razón por ver algo que nadie puede mirar.        

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Con una costura fina en esta tesitura del fenómeno resulta la metafísica realista en la opus magnum de Andrei Tarkovsky: El sacrificio (1986). En su trama, Alexander (Erland Josephson) explora a través del arcano del ermitaño su interior, descifrando que el Apocalipsis se vive de manera interna y se proyecta al exterior. El sacrificio consiste más que nada en replegarse, separarse de la familia, para nacer espiritualmente. Como nos dice Sallie Nichols sobre la sabiduría eterna del viejo ermitaño, tan eterno como su lámpara: “No nos trae sermones, se ofrece a sí mismo”. El incendio provocado a la casa al final de El sacrificio por Alexander es una metáfora de esa destrucción por medio del fuego espiritual transformador. Aunque también podría tomarse como parte negativa del arcano, como su lámpara fuera de control; sobre esto, Nichols comenta: “Sabe que el fuego debe controlarse para que sea útil. Controlado puede calentarle y protegerle de los animales; descontrolado, el fuego por sí mismo, puede convertirse en una bestia rapaz que devora al Ermitaño y destruye su mundo”. Recordemos que Tarkovsky incendia otra cabaña en la película El espejo (1975) y un hombre que trae la verdad termina incinerándose a si mismo en Nostalgia (1983); parece que el fuego para él es restaurador, una metáfora de la trascendencia, pero como un final de las cosas para transformarse en espíritu. 

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Recordemos que los aspectos negativos del arquetipo, cuando aparece invertido, tienen que ver mas bien con lo insociable, la alienación, la crítica destructiva, los resentimientos, la aprensión, la estrechez de mente y la frialdad. Así podemos ver que también es fácil perdernos en nuestra soledad aunque venga de razones legítimas nuestro encierro. Hasta Zaratustra bajó de su montaña, Buda se puso a conversar sus verdades encontradas y Jesús volvió del desierto para instruir por medio de los Evangelios a sus discípulos. Aunque vivir en el aislamiento tiene su parte positiva, como veíamos anteriormente, todo tiene que ver con cierta disciplina que no se debe dejar de practicar aunque nadie al parecer nos observe, y también con la fuerza de la conexión con la naturaleza que nos rodea.     

 

Las secuencias con linternas, las estrellas en la mano

Son altamente cinematográficas las escenas que utilizan linternas en la oscuridad dentro de una película; por lo general pertenecen a tramas de suspenso, donde alguna amenaza rodea al que avanza. El personaje se va abriendo camino, siendo de las más fuertes metáforas visuales, donde además de tener un alto valor artístico resuenan en el arquetipo del ermitaño. Pensemos en la siguiente escena de Se7en (David Fincher, 1995): 

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Los personajes buscan al mal que está castigando a inocentes (falsa justicia) y se abren camino por su gracia, que proviene de su buena conducta y valores correctos, representados por la linterna. Asimismo es la cinta de monstruos Bajo el signo de Ishtar/The Mole People (Virgil V. Wogel, 1956), que se adentra en el objeto de la linterna como fuente de poder para el protagonista, que lucha contra una oligarquía que gobierna de manera injusta. Es justo en la linterna donde podemos apreciar en el arcano la cabeza de la serpiente mordiéndose su propia cola. En esta cinta la linterna-objeto cobra vida en la linterna-mujer, representación de la diosa Ishtar que requiere justicia para con su pueblo, y así el cambio viene del exterior.     

agarandbeaumont[1] Mole18 Sobre la resonancia del ermitaño en uróboros:

La letra Teith (ט) está en correspondencia con la 17ª runa «Tyr» y el noveno arcano del Tarot, el «Ermitaño». La forma de la letra Teith (TET) proviene de un viejo ideograma que representa una serpiente que se muerde la cola. La simbología de la serpiente es muy amplia y existe en una multitud de culturas. Asociada al «Ermitaño», que se refiere por excelencia al inconsciente y a los deseos profundos de nuestra naturaleza, la simbología de la serpiente también alude al caduceo de Mercurio, que representa la energía remontando a través de los centros o plexos.  

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[caption id="attachment_102103" align="aligncenter" width="189"]La carta según el Tarot Golden Dawn La carta según el Tarot Golden Dawn[/caption]

 

[caption id="attachment_102109" align="aligncenter" width="177"]La carta según el Tarot Rider La carta según el Tarot Rider[/caption]

Perderse en el bosque a propósito

Hay dos cintas japonesas que elaboran cinematográficamente cómo el bosque es un lugar especial para desarrollar la conciencia en términos del ermitaño junto a la naturaleza. Recordemos antes que su nombre proviene de habitar una ermita que, según el Diccionario de la Real Academia Española, es una capilla o santuario, generalmente pequeños, situados por lo común en despoblado. O sea, en la naturaleza; las ermitas por lo general estaban en medio del bosque y, con justa razón, el contacto con la naturaleza le es básico al ermitaño para despertar. En El bosque del luto (Naomi Kawase, 2007), Machiko se muda lejos de la ciudad para trabajar en un asilo de ancianos; es un movimiento ermitaño porque necesita recuperarse de la muerte de su pequeño hijo (procesar la muerte en la soledad, trabajando). Ahí se encuentra con un viejo llamado Shigeki, quien no se ha repuesto de la muerte de su esposa. Cierto día, al explorar el monumental bosque se extravían y entran a un vientre ancestral que les presenta sus sombras más grandes, para absorberlas y volver a nacer con ayuda del otro. El ermitaño es quien los arropa, y al mismo tiempo Shiegeki con su poca habla encarna al ermitaño que hace que Machiko pueda soltar su pasado para despertar a su presente. A este respecto, es importante la escena donde comparten el calor del fuego de una hoguera, en medio de la negritud nocturna del bosque. 

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De igual manera en la joya minimalista, bucólica y naturalista japonesa hasta los huesos, Distancia (Hirokazu Koreeda, 2001), algunos familiares de miembros de la secta japonesa Aum Shinrikyo (Verdad Suprema o Arco de la Verdad), que intentaron envenenar a su ciudad antes de suicidarse, visitan a sus muertos. Un vendedor de flores, un instructor de natación, una maestra y un oficinista se embarcan en un viaje por el bosque que ya es un ritual anual hasta la cabaña que albergaba al culto. El ermitaño les dará respuestas no sólo de sus familiares sino de la humanidad entera, por medio de reflexionar sobre su manera de vivir y su relación interpersonal colectiva.   

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Alejandro Jodorowsky nos dice bastante de este arcano en un hermoso poema, de alguna manera, de forma indirectamente directa:

No me digo inútil, no me digo parásito, no me digo intruso,

alzo mi lámpara en medio de la locura y la ignorancia.

Semejante a una luciérnaga mi resplandor es un llamado.

La conciencia no me sirve, es un ojo que flota en la nada.

Indiferente el mundo me expulsa hacia un futuro múltiple

donde el azar me otorga uno de sus innumerables caminos,

anillo absurdo que otorga como final el regreso al origen.

¿Si el creador se traga a su obra para qué entonces pare?

No voy, me llevan. No hago, me sucede. No elijo, me imponen.

No hablo, como un río indolente las palabras fluyen de mi boca:

no son mías, el tiempo las produce. Y este amor, este deseo,

este doloroso palpitar obedece a planes de un señor invisible.

¿Por qué sabiendo que soy una ausencia me permito sufrir por tu ausencia?

¿Acaso eres Tú el verdadero ser y yo una sombra?

¿Sin ti, a dónde va la mirada?

Mi vejez es la del mundo. Sólo Tú permaneces incambiado.

Aquella lámpara que alzo es el resplandor del alma.

Cada cual destruye las ruinas del lenguaje a su manera,

veneno que se infiltra en la carne y en la sangre

para transformarnos en trajes hechos de palabras,

pájaros sin patas ni raíces, espuma que brilla

en el estadillo del segundo para no dejar huella.

¿Qué resta de nosotros sino un ataúd lleno de frases?

Conceptos que disfrazan la angustia gutural del mudo

que no ha encontrado la forma de emerger

rompiendo el hueso testarudo de su frente

para ser un ángel cascabel sembrando sólo música,

alzando una linterna que nutre su luz de las entrañas.

Ir avanzando cual estopa inflamada por el cruce

de incontables destinos, larva que se esfuma

admirando la hermosura del mínimo detalle,

canto moribundo de un piélago de instantes,

ave que ha perdido todas sus plumas, ánima

que se deshace en lluvia, carne que se disgrega,

sangre convertida en cruz, pensamientos que vagan

como aromas, memoria que es melodía ambigua,

conjunto de ondas circulares entrando en la frontera

que nos separa del vacío, conciencia impersonal

que es el carbón del fuego que da vida a mi lámpara.

Que no se me pida la verdad, que se clave en mis pies

y mis manos la terrible belleza, la incisiva soledad

hija del resplandor perecedero, invisible diamante

que nos fascina solamente por sus brillos,

felicidad fugaz que da sabor al ojo eterno,

luz castrada de esperanzas que se vierte

en la oscuridad de la infinita catacumba.

Oscuridad fluida que se hace letras y números,

creando, preservando, transformando, sin buscar

futuros horizontes. Caminando hacia dentro

vuelvo a mi propia fuente. Aprendiendo a callar

encuentro en mí mismo lo que ha sido olvidado.

Más profundo que el abismo secreto que se abre

en el fondo del último averno, más discreto

que el manto de tierra que cubre al pan caído,

más prudente que los paso de un felino negro,

más generoso que un rey vestido de mendigo,

más verdadero que los huesos del profeta,

paradoja de la totalidad, testigo errante,

amortajada en mi espalda viaja la muerte.

El mundo entero es un conjunto de nubes.

Ni la gloria ni el poder logran atarme.

Sólo me pueden robar lo que no es mío.

Mas nada tengo: tú eres todo lo que yo soy.

Y unidos somos la soledad de Dios.

Dejar lo seguro por lo incierto, sembrar mi silencio

en los cuatro rincones del mundo, encender una luz

en el corazón de la sombra, subir de la presa al alma

hasta que mi fervorosa carne caiga en pétalos

y que tan sólo mi lámpara, estrella interior,

centro ardiente de la esfera negra, sobreviva.

(“Yo, el Tarot”)

 

Fuentes

Lévi, E. Dogma y ritual de la Alta Magia.

Mayer, H. Cómo predecir el futuro con el Tarot.

Nichols, S. Jung y el Tarot.

https://kalima001.wordpress.com/2014/08/24/el-ermitano-el-mago-de-la-voz-de-la-luz-el-profeta-de-los-dioses/

http://www.adivinario.com/cabala_309.php

http://www.dimensiones.org/canales/topicos/Letras%20Hebreas/09%20tet.htm

http://www.enbuenasmanos.com/psicopompo

https://www.karmafilms.es/html/elgransilencio.html

 

Twitter del autor: @psicanzuelo

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