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“Escribiendo sin palabras”: visualizando "On the Road" de Jack Kerouac

Por: pijamasurf - 10/12/2015

La literatura como un lienzo, el libro como un organismo vivo y el ritmo como una textura que guía la experiencia

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La artista Stefanie Posavec, basada en Londres, explora el mundo de la literatura desde su representación visual, extrayendo los materiales de construcción literaria y dejando sólo el esquema lúcido de la narración. En su obra Escribiendo sin palabras, Posavec se apropia por un momento del icónico On the Road de Jack Kerouac y diseca visualmente el contenido del libro.

Los dibujos toman distintos acercamientos al libro: uno de ellos es una estructura simple de árbol (el libro como organismo vivo) que divide las tres partes del libro en capítulos, éstos en párrafos, luego en enunciados y los enunciados en palabras. Todos los elementos están codificados en color de acuerdo a temas clave dentro de la novela, dando como resultado una hermosa selva narrativa sobre papel.

Otra técnica de visualización observa las oraciones; las representa con líneas organizadas según el número de palabras que contiene cada oración y las codifica en color de acuerdo al tema. Lo mismo con la puntuación; según la artista, los puntos, puntos y coma y comas son la textura del ritmo narrativo, como si fueran gotas de agua que se expanden sobre el lienzo dependiendo del énfasis con que se utilizan en la historia.

Así, cada color es un tema y una emoción, y la composición es un universo visual que hace sentido narrativo. Es como si leyéramos el libro por medio de otro lenguaje, uno más parecido a la ósmosis, y llegara a nosotros todo al mismo tiempo como una detonación. La serie es una colección de mapas que por sí solos cuentan una versión más esencial, más primaria, de On the Road

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Sobre cómo el lenguaje y la música imitaron a la naturaleza y provocaron nuestra evolución

Por: pijamasurf - 10/12/2015

Mark Changizi postula una teoría en la que el lenguaje y la música son los responsables de nuestra evolución

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El lenguaje y la música son hasta ahora nuestras dos formas de comunicación fundamentales, y aunque somos extraordinariamente buenos para utilizarlas, sus fronteras siguen siendo un eterno misterio intelectual. El lenguaje es un ente en sí mismo que, según el neurocientífico evolutivo Mark Changizi, ha evolucionado para encajar perfectamente con el diseño de nuestros cerebros (y no al revés, como es comúnmente pensado). Changizi nos muestra evidencia contundente de cómo estos dos dominios (lenguaje y música) llegaron para separarnos de nuestros ancestros primates. 

El hecho de que nuestro cerebro está perfectamente ajustado a la escritura y al habla no es debido a que evolucionamos por medio de selección natural para leer y para comprender el habla, sino porque la estructura del habla y la escritura evolucionó culturalmente para ajustarse a nuestro cerebro, al verse y escucharse como la naturaleza. Justo a lo que nuestros cerebros pueden procesar tan brillantemente. A esto lo llamo “el aprovechamiento de la naturaleza” [nature-harnessing]: esa es la salsa secreta.

Así lo explica el investigador en su libro Harnessed: How Language and Music Mimicked Nature and Transformed Ape to Man (algo que podría traducirse como Encauzados: Cómo el lenguaje y la música imitaron a la naturaleza y transformaron al mono en hombre).

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Changizi examina cómo es posible que en apariencia estemos diseñados para leer y, sin embargo, no tengamos ningún “instinto” de lectura.

La respuesta está en que, en lugar de que nuestro cerebro esté diseñado para la lectura, la lectura está diseñada para nuestro cerebro. La escritura es una tecnología que ha sido optimizada por las fuerzas de selección cultural para ser 'buena' para nuestro sistema visual.

En casi todas nuestras interacciones con el mundo, parece que imitamos el sonido de eventos con objetos sólidos. Los eventos con objetos sólidos están constituidos de golpes, deslices y timbres, produciendo vibraciones periódicas. Cada vez que hablamos, hallamos las tres mismas consonantes auditivas: fricativas, oclusivas y sonorantes. Con la música sucede algo similar: las composiciones están basadas en sonidos naturales y patrones de sonido que datan de principios de los tiempos.

Harnessed muestra que ambos, el habla y la música, evolucionaron en la cultura para ser un simulacro de la naturaleza, haciendo creer a nuestro cerebro que en realidad son dominios intuitivos.

Lo interesante es pensar que, si el lenguaje nos hace evolucionar tomando sus datos de la naturaleza, ¿qué pasa con el lenguaje en la era del Internet y la información digital? ¿Está evolucionando como simulacro de la naturaleza, o por el contrario (ya que la esfera digital no es naturaleza) nos está reduciendo a un contraintuitivo y antinatural mecanismo cerebral?