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Entre el sueño y la fantasía: las mujeres sumergidas de Lola Mitchell (IMÁGENES)

Por: pijamasurf - 10/11/2015

Un motivo quizá sencillo pero no por ello menos sugerente: mujeres que traspasan la superficie del agua y con ello cruzan la frontera hacia otro mundo donde el sueño y la fantasía parecen convivir con la realidad

Como los otros elementos, el agua es capaz de ejercer una fascinación mágica sobre la conciencia humana. Simbólica y aun científicamente es una suerte de fuente primigenia, la madre original de donde surgió la vida. En ese sentido se trata de un mundo aparte, otro mundo dentro de este, al cual podemos allegarnos solo mediante la conversión absoluta de nuestros medios: para sumergirnos en ella es necesario respirar de otro modo, realizar otros movimientos, incluso cambiar nuestra postura. Y una vez dentro es inevitable sentir ese cambio, el traspaso de una frontera que dejamos atrás y que por ello mismo nos permite ser de otra manera durante unos momentos, entregarnos quizá a la acogida suave y completa del agua.

Haciendo eco de esta condición, la artista visual Lola Mitchell (nacida en París pero residente en Los Ángeles) ha elaborado estas imágenes en donde sumerge personajes imposibles en las profundidades del agua. Imposibles porque, contrario a las reglas de la lógica elemental, los seres de Mitchell –mujeres, la mayoría– aparecen arropados suntuosamente, cayendo en el instante al mismo tiempo que las holandés de sus vestidos las envuelven o parecen amortiguar esa caída.

Las imágenes al final nos sitúan entre el sueño y la muerte, la leyenda y la realidad, la mujer que existe y acaso también esa mujer irreal que, como en la rima de Bécquer, nos atrae por ese mismo hechizo que ejerce sobre nuestra percepción:

Yo soy un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y luz;
soy incorpórea, soy intangible;
no puedo amarte. –¡Oh, ven; ven tú!

 

(Imágenes vía fubiz.net)

Sobre el unicornio (símbolo vivo de elusiva pureza)

Por: pijamasurf - 10/11/2015

La elusiva e hipnótica presencia de este ser ha cautivado a diversas culturas desde hace siglos

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Del unicornio pueden decirse infinidad de cosas, sobre todo relacionadas a su magia, pureza y a su elusiva manera de existir en el imaginario colectivo de la historia del mundo. El cuerno blanco que sobresale de su frente y su belleza han estado presentes desde tiempos inmemorables en las culturas de la Tierra. A diferencia de otras criaturas míticas, antiguamente se creía –y algunos todavía creen-- que el unicornio era un animal real. Por eso resulta difícil no sentir el llamado a elaborar una breve genealogía de este fascinante ser.

Su figura furtiva y los rumores de su existencia comenzaron en los cuentos y el folclor popular en China hace 5 mil años. Para ellos, esta criatura se llamó ki-lin y era un augurio de buena fortuna y profeta de grandes cosas. Se cree que un unicornio predijo el nacimiento de Confucio al aparecérsele a su madre con una piedra de jade en la boca. En la India se dice que un unicornio salvó al país de una invasión de Gengis Kan, mientras que en Japón hay numerosas representaciones de este animal en pinturas antiguas. 

La primera mención de un unicornio en Occidente es en Grecia, alrededor del siglo IV a. C. Incluso Aristóteles era muy afecto a esta figura simbólica y, junto con Alejandro Magno (que dijo ver uno escondido en los bosques de Alemania), puede tener parte de la responsabilidad de que este esquivo animal haya adquirido tal fama posterior. El cristianismo lo adoptó como símbolo de Cristo, ya que el Viejo Testamento hace mención de esta criatura en varias ocasiones. En el Libro de los Números, por ejemplo, dice: “Dios los ha sacado de Egipto, tiene fuerzas como el unicornio” (23:22). Y es en la Edad Media donde toma las características físicas que vemos hoy. 

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Comúnmente era representado como un caballo blanco pequeño con cola de león, barba de chivo, patas traseras de antílope y un cuerno blanco espiralado sobresaliente en la frente, llamado “alicorno”. Se dice que su voz era excepcionalmente bella, comparada frecuentemente con el sonido de armoniosas campanas o de un río. Su gentileza era tan extrema que levantaba las patas muy alto al caminar para no pisar a alguna otra criatura en el camino. El alicorno fue fabulado como símbolo de pureza en la Edad Media y por esta razón fue un ingrediente popular en los tratados de medicina y en los registros de alquimia. También se recetaba como protección contra el mal en tratados esotéricos medievales.

Además de su gracia y elegancia, se creía que el unicornio era muy fuerte e imposible de atrapar, y que solamente una doncella pura y virgen podría acercarse a él y domesticarlo: al ver a una doncella, el animal se acercaría para recostar su cabeza en el regazo de la dama. Todo aquel que tenga la suerte de cruzarse con uno de estos seres, puede saberse honorable y la fortuna le acompañará durante el resto de la vida. 

Esta es una criatura única que habita en la línea divisoria entre lo real y lo mítico, lo animal y lo divino. El hecho de que su figura haya aparecido en diferentes culturas y continentes y que además éstas no tuvieron mucho –o nada-- de contacto entre sí, sugiere su existencia tangible y que se paseaba por los bosques del mundo para dejarse ver apenas y recostar su cabeza en el regazo de alguna doncella. Ganó su lugar en la historia y su cuerno infinito habita en el imaginario colectivo del mundo.