*

X
La organización de los arcanos del Tarot da cuenta de la evolución del alma desde su etapa de oscuridad hasta llegar a la iluminación

Grabado chamánico de la Edad de Piedra (Imagen: http://carlosfilibertocuellar.blogspot.mx/2013_06_01_archive.html)

Grabado chamánico de la Edad de Piedra (Imagen: http://carlosfilibertocuellar.blogspot.mx/2013_06_01_archive.html)

El aspecto negativo de la estructura matriarcal consiste en que al estar atado a la naturaleza, la sangre y el suelo, el hombre se ve imposibilitado de desarrollar su razón.

Erich Fromm, Psicoanálisis de la sociedad contemporánea

 

Este niño fue muy adoctrinado, probablemente tuvo una formación religiosa rígida que acabó con su espontaneidad. Tal vez sus padres estuvieron ligados a algún movimiento político, ideológico, cultural o religioso, cuyos principios le fueron inculcados, y éste/a los incorporó hasta transformarse en un pequeño robot.

Veet Pramad, El tarot terapéutico

 

1. El Homo habilis u hombre paleolítico y la lucha de la ciencia dominante por minimizar sus conocimientos y sabiduría

Según informaciones no tan oficiales, es decir, provenientes de fuentes muy lejanas a las opiniones academicistas dominantes y ocasionalmente miopes (El retorno de los brujos, la rebelión de los brujos, Louis Pauwels y J. Berger, 1976; y Relatos de Belcebú a su nieto, Tomos I y II, G. Gurdjieff, 1989), el ser humano es muchísimo más antiguo de lo que las cronologías evolutivas nos enseñaron desde siempre en la escuela. Se habla de que hubo un tiempo en que existieron y comulgaron, no siempre en armonía, desde luego, diversos tipos de hombres que hoy nos resultarían fantásticos y quienes tampoco fueron como los imaginaríamos. La arqueología y la antropología contemporáneas los bautizaron a todos ellos en conjunto, encerrándolos y encasillándolos en una sola e indiferenciada etiqueta, ante la incapacidad de reconocer sus diversidades, matices y singularidades, bajo el nombre de Homo habilis.

Se sabe de los hombres neolíticos u Homo habilis, que labraban la roca construyendo monumentos enormes con piedras gigantes a las cuales movilizaron de forma inexplicable a lo largo de grandes distancias, organizándolas de modo increíble --unas sobre otras, venciendo en muchas ocasiones las leyes de gravedad para crear pirámides, menhires y dólmenes, los cuales miramos hoy en día con sorpresa y escepticismo, utilizaron tales poderosas construcciones no sólo para doblegar el tiempo y el espacio, sino para conectarse con un orden superior y dejar un legado de las enseñanzas extraídas de él. Sus monumentos eran libros en donde narraban diferentes versiones de la historia del universo, y sobre todo, el peregrinaje del alma en su penoso y duro ascenso hacia lo divino.

Para ellos el alma humana no era algo inamovible y estático que el cielo le otorgaba a la gente nada más porque sí, como el cristianismo moderno presupone. Había que ganarse un lugar en el Santuario de lo Divino, a partir de un arduo trabajo interior, a la búsqueda de maestros espirituales, transitando por diversos e incansables ritos de iniciación a los que había que entregarse incluso hasta en avanzadas edades, recorriendo rutas sagradas en caminatas tan extensas que podrían absorber la vida entera de cualquier buscador del espíritu.

En viejas tradiciones se consideraba que los ángeles no fueron creados por generación espontánea, mediante la voluntad impredecible de un Dios caprichoso. Un ángel había llegado a tal condición espiritual a partir de una durísima búsqueda, con las consiguientes pruebas y obstáculos superados. Se iba acercando a Dios por medio de su esfuerzo de autoperfeccionamiento, purificándose paso a paso, lentamente, con una disciplina inquebrantable, siguiendo un camino muy claro, a la vez sinuoso y prolongado, el cual no pocas veces le tomaba varias reencarnaciones.

La organización sucesiva por orden numérico de los arcanos del Tarot, desde los menores hasta el último de los mayores: el mundo o el universo, según Crowley, da cuenta precisamente de la evolución del alma desde su etapa de oscuridad, cuando la percepción se encuentra nublada por las telarañas de la ilusión, pasando por su despertar gradual hasta llegar a la anhelada iluminación que van representando los últimos arcanos: El Sol, La Estrella, La Luna y El Mundo. Empero, esta visión del desarrollo espiritual en la que había que trabajar muchísimo para avanzar, y sobre todo librar numerosos y durísimos obstáculos, se encuentra bastante olvidada, incluso está casi perdida.

Por lo general se da por sentado que no hay que hacer mucho en pos de la evolución interior sino tan sólo esperar para obtener resultados espirituales fáciles, prometidos por irresponsables jerarcas y comerciantes del alma.

Los obstáculos y las pruebas tan duras del espíritu estarían representados en arcanos muy específicos: La Muerte o el Arcano Sin Nombre, El Diablo, La Papisa, El Colgado, etc., los cuales, a pesar de poseer una naturaleza profundamente contradictoria y conflictiva por la dificultad del proceso humano que representan, también conllevan una enorme recompensa una vez que el buscador o aprendiz de mago logra superarlos y aprender de ellos.

Del hombre del paleolítico también se sabe que su inteligencia era predominantemente simbólica: utilizaba metáforas y símbolos abstractos para transmitir enseñanzas espirituales y cotidianas, legadas en litografías diversas: talladas e impresas sobre sus monumentos de roca mediante jeroglíficos, runas, pictogramas y pinturas rupestres en piedras, cavernas, muros y tablillas.

Existe la hipótesis, planteada por el psicólogo y matemático ruso Piotr Ouspensky, de que un antecesor del actual Tarot se remonta a la Edad de Piedra. Presumiblemente, el ancestro de nuestro Tarot no era un conjunto de cartas o un mazo como lo conocemos ahora, sino una ruta geográfica muy específica conocida sólo por iniciados, quienes comenzaban experimentando una fuerte inconformidad con su vida actual y los cuales, al no encontrar satisfacción en ninguna de las alternativas que les brindaba el mundo conocido, añoraban un camino nuevo y por completo distinto al que les proporcionaban por ejemplo las religiones institucionalizadas, las escuelas ordinarias y la ciencia oficial, tal como se conoció en diferentes épocas.

El joven aprendiz se embarcaba en una búsqueda muy larga, recorriendo diversos sitios sagrados. Una vez que llegaba a una meta, inmediatamente sentía la necesidad de identificar y avanzar hacia un nuevo objetivo espiritual que proseguía a su última conquista. Ouspensky sostiene que así como el Tarot contemporáneo posee un orden psicológico y numérico muy claro, las viejas rutas espirituales que surcaban antiguos caminantes tenían un orden sucesivo análogo al de los arcanos del Tarot, semejante a la antigua ruta de Santiago de Compostela en España, por ejemplo, o a la del Nilo en Egipto, la cual se presupone era una representación de la Vía Láctea, con sus diversas estaciones de paso, de descanso, de preparación y lucha.

Conforme se iba avanzando en el camino se encontrarían sitios en donde meditar, rezar, descansar y reponerse o aprender magia. También existían diversos maestros o guardianes de cada lugar. Al pasar el tiempo, dichos lugares recibieron el nombre de sus custodios, los cuales luego serían asociados con cada uno de los arcanos del Tarot moderno: El Mago, La Papisa, El Emperador, El Colgado, etcétera.

El hombre del neolítico, cuando quería formarse como mago, curandero o convertirse en iniciado de una antigua tradición espiritual, debía recorrer poco a poco cada una de las estaciones de paso de la ruta sagrada. En este sentido, el Tarot actual sería una evocación lejana de lo que algún día fue una prolongada ruta espiritual que los aprendices de magos debían recorrer a pie durante años antes de considerarse maestros, dependiendo el grado de su desarrollo y el sitio sagrado al que habían logrado llegar y ser admitidos.

De hecho, la palabra “tarot” desciende de un antiguo vocablo egipcio que quiere decir “el gran camino”, cosa bastante congruente con el argumento que venimos desarrollando.

Es bien sabido que aún existen algunos vestigios de rutas similares a las que describimos. Un monje nos contó de viva voz que en el Tíbet todavía hay que recorrer cerca de ocho templos a lo largo de más de 10 años antes de convertirse en sacerdote budista, viéndose obligado a permanecer y aprender diferentes cosas en cada uno. Los maestros o guardianes de un monasterio de ningún modo le permiten al alumno abandonar el sitio y partir hacia el templo siguiente mientras no haya pasado las pruebas y exámenes espirituales exigidos.

En la sierra huichola en el occidente de México, algunos marakames o chamanes nos narraban todavía en el año 2007 la existencia de una ruta milenaria que partía desde Alaska y culminaba en las montañas de la Patagonia en Argentina, pasando muy cerca del hogar de los wixárikas y tan vieja que sus orígenes se perdían hacia la Edad de Piedra, cuando la gente cruzaba de un continente a otro a través del Estrecho de Bering.

Entonces el Tarot actual vendría siendo una lejana evocación de un antiguo mapa, de una ruta aún más vieja por la que transitaron antiguos caminantes espirituales desde el Neolítico en busca de conocimiento espiritual.

Visto como un mapa del desarrollo espiritual humano, el Tarot se convierte en una herramienta aún más fascinante de orientación personal, guía y terapia, de lo que los adivinos corrientes, quienes lo leen para predecir el futuro, pueden imaginar.

 

2. La Templanza y La Estrella del Tarot, y una antigua teoría sobre el origen de los ángeles

Imagen de: http://carlosfilibertocuellar.blogspot.mx/2013_06_01_archive.html

Imagen de: http://carlosfilibertocuellar.blogspot.mx/2013_06_01_archive.html

Una antigua teoría, como se señaló más arriba, postulaba que los ángeles no fueron creados de un palmo por la voluntad espontánea de Dios sino que eran almas cuyo trabajo espiritual venía evolucionando desde muchísimo tiempo atrás, librando obstáculos emocionales y espirituales diversos. El trabajo de convertirse en ángel o en Ser de Luz le llevaba a un alma mucho más de una vida. El ángel se había construido a sí mismo, buscando acercarse en cada paso a lo divino.

Esta teoría, para los interesados, es el Cuarto Camino, una forma del cristianismo esotérico: la psicología de George Gurdjieff (recomendamos consultar toda la bibliografía al respecto).

El arcano número XIV del Tarot, conocido como La Templanza, astrológicamente correspondiente con Sagitario, nos habla de los inicios del despertar conseguido tras mucho esfuerzo, habiendo superado depresiones, pérdidas, duelos, enfermedades, etc., y el Tarot es el mapa espiritual que da cuenta de los pasos y el recorrido seguido por aquellos que iniciaron el camino de convertirse en Seres de Luz. A pesar del sufrimiento, siempre con una finalidad clara que se persiguió a lo largo de décadas, incluso de vidas enteras y reencarnaciones, La Templanza salió avante y bien librada, fortificada.

A partir de La Templanza, el espíritu ha sido fortalecido, literalmente templado con diferentes pruebas y golpes resistidos y asumidos. En el famoso Tarot de Crowley, un iniciado inglés quien trabajó durante muchos años en diferentes hermandades investigando los orígenes del Tarot, a La Templanza se le nombraba El Arte. Así es cuando se ha alcanzado algo del despertar: la vida misma se convierte en arte, porque se encuentran los inicios de una congruencia sin precedentes en donde el ego y la mente corriente ya no rigen al hombre sino que el Ser interior es el soberano, aunque sea en sus inicios. Este es el estado que Jiddu Krishnamurti describiría tiempo después como la “meditación”.

El arcano XVII, conocido como La Estrella, correspondiente con Acuario, es uno de los siguientes niveles a donde debe dirigirse el Ser de Luz en potencia. Al aparecer, su brillo indica seguridad de que se avanza por buen rumbo, en pocas palabras, hacia buen destino y con buena suerte. También implica la muerte de los viejos esquemas mentales, una lenta purificación cognitiva en donde lo que se conoció y en lo que se creía ya no tienen importancia. Los conceptos viejos se desmoronan, el interior del hombre se limpia.

Cada estación de paso del antiguo mapa espiritual que representa el Tarot implica diferentes pruebas físicas, emocionales y espirituales. Cada arcano, una vez asumido, asimilado y superado, también conlleva recompensas: habilidades desarrolladas, poderes ganados, miedos dejados atrás, valores profundos acumulados, intuiciones obtenidas, etcétera.

 

3. La conexión entre un mapa del Egipto prehistórico y los Tarots europeos del Medioevo

Después de la Edad de Piedra, la geografía de las civilizaciones humanas cambió radicalmente. Continentes enteros se perdieron, se sumergieron bajo el océano o se separaron y sucumbieron en terremotos. Catástrofes climáticas sobrevinieron: congelamientos, diluvios, sequías, etc. El hombre antiguo fue extinguido en parte, su tiempo terminaba; también fue diezmado, perseguido, obligado a asimilarse y ocultarse. Un nuevo tipo de hombre, más racional pero también más violento y menos conectado con la naturaleza, comenzaba a aparecer.           

Con las eras posteriores, hombres más modernos como los romanos y cristianos, en su ignorancia y búsqueda de riqueza sin precedentes, borraron muchas de las antiguas señalizaciones de las viejas rutas espirituales. Construyeron sus propios templos y edificios con las mismas rocas o sobre los cimientos de ancestrales lugares espirituales que no eran ni romanos ni católicos. No comprendían aquello sobre lo que estaban parados y que estaban a punto de derrumbar o sepultar, mucho menos les interesaba. En Europa y América fueron enterradas y borradas muchas señales y monumentos sagrados antiguos, aunque no todos y no del todo. Miles de Papisas, Locos, Magos y Hierofantes fueron cazados y asados en la hoguera, acusados de brujería. Otros pocos lograron camuflarse y continuar sus enseñanzas, asimilándose a los nuevos tiempos e inyectando su sabiduría a las nuevas generaciones pero de manera discreta.

A finales del siglo XIX el joven mago y psicólogo George Gurdjieff encuentra en las ruinas de la antigua Anatolia, en las faldas del Monte Athos y sepultados por lava volcánica, los planos de una hermandad ancestral dedicada a unificar los aportes de todas las religiones del mundo: la Hermandad Blanca. También dará con la pista de un mapa del Egipto prehistórico, anterior a las arenas. Se planteará recorrer una de las antiguas rutas espirituales descritas ahí y dar con la Hermandad Blanca, sus viajes lo llevarán por El Cairo, Afganistán, Persia, la India. En buena medida, gracias a él y a las enseñanzas dejadas por sus discípulos, principalmente por el psicólogo Piotr Ouspensky, es que conocemos del vínculo existente entre aquellas viejas rutas sagradas, sus monumentos prehistóricos y los arcanos del Tarot. Se sabe de Gurdjieff que poseía una capacidad mental sin precedentes para localizar monumentos paleolíticos y dólmenes mediante cálculos matemáticos. Con el tiempo, el mago se convertiría en uno de los mayores conocedores de las rutas ancestrales y de este tipo de edificios prehistóricos. También se sabía de él que era un gran iniciado en los secretos del Tarot, la medicina ancestral, la cábala y la astrología.

Al mismo tiempo que Gurdjieff, Aleister Crowley, un inquieto aristócrata inglés, escritor y estudioso de las ciencias ocultas, por mero accidente, mientras indaga en una antigua biblioteca de Londres, se encuentra con un antiquísimo manuscrito que describe los pasos para formar una Hermandad Dorada. Pronto se le unirán científicos y artistas de todo género como el poeta Yeats y el novelista Bram Stoker. Crowley iniciará un importante viaje que lo llevará a vivir e investigar en los lugares más dispares, la India, el Tíbet, México y Egipto, en busca de los eslabones de unión entre aquel Tarot del Egipto prehistórico y los Tarots medievales que se conocían en Europa.

En el fondo y en esencia, las búsquedas de ambos maestros eran semejantes.

Crowley se sumerge en oscuras bibliotecas de Egipto, Persia y Constantinopla. Se entrevista con gitanos, médicos, adivinos. Da con la pista de un libro fabricado con tablillas de arcilla, muy antiguo, cuyo origen se remonta al de unos habitantes desconocidos de Egipto antes del Diluvio Universal. Los derviches y gitanos le rebelarán que se trataba del Libro de Toth, un conjunto de tablillas que fue parte de la colección de la Biblioteca de Alejandría, quemada por el capricho de emperadores romanos cristianos. Las búsquedas de Crowley lo llevarían hasta el límite de rastrear en cuevas en el desierto e indagar en mercados de libros viejos en Turquía, Afganistán, Líbano, etc., recopilando fragmentos, entrevistando magos y prestidigitadores, utilizando incluso métodos espiritistas para tratar de recabar información de personajes pertenecientes a otras dimensiones o ya trascendidos.          

Aparentemente, después de haber sido alguna vez una ruta de iniciación de antiguos caminantes espirituales que se extendía más allá de las fronteras entre continentes, el Tarot fue asimilado a un conjunto de tablillas que presumiblemente se tiraban e interpretaban de manera análoga a nuestro moderno Tarot, indicando los pasos que debía dar el buscador o el aprendiz de mago en su desarrollo. Sin embargo, para cuando Crowley pretendía rastrear el Libro de Toth, al parecer éste ya había desaparecido en las llamas del incendio de Alejandría o en las cenizas del polvo del tiempo.            

Sus esfuerzos lo llevarían a crear su famoso Tarot de Toth, fruto de investigaciones tan prolongadas y extenuantes que consumieron prácticamente su vida entera.           

Para concluir, tanto las búsquedas de Gurdjieff como de Crowley proporcionan información muy factible de la presunta conexión entre los arcanos del Tarot, el Libro de Toth, perteneciente a las culturas egipcias y caldeas de la prehistoria, y por otra parte, un vínculo muy importante con unas lejanas rutas espirituales de antiguos caminantes e iniciados desde la Edad de Piedra.

 

Twitter del autor: @adandeabajo

Una conversación hacia los mundos invisibles de los seres elementales guiada por el alquimista Paracelso. Imágenes de una realidad nínfica paralela

En el séptimo episodio de Cadena Áurea de Filosofía nos internamos al mundo de los elementales de la mano del alquimista Paracelso, el gran recopilador de las tradiciones populares de magia natural. Nos dejamos seducir por la ninfa y su reino de agua y perseguimos su imagen que deja un remolino enigmático (y erótico) a lo largo de la historia. Nos preguntamos por la persistencia de esta imagen con Aby Warburg, Roberto Calasso y Giorgio Agamben: la ninfa es la fuente inasible de una locura divina, es guardián de un conocimiento secreto y es fantasma de deseo en el cuerpo. Invitamos a buscar lo "nínfico" en la realidad moderna y, como Narciso, nos dejamos caer en el abismo de una imagen que parece tener vida propia. 

Diálogos: Ernesto Priani y Alejandro Martínez Gallardo. Producción: Ignacio Bazán.

0-5:00: Intro/ Los mundos elementales/ Resabios de las sílfides, gnomos, ninfas, salamandras y otros seres invisibles/ Las travesuras de los seres invisibles/ Paracelso y la asignación de un ser a cada uno de los cuatro elementos/ ¿Quién fue Paracelso?/ Sus viajes en busca de la piedra filosofal y la recuperación del fólclor y la magia natural.

5:00-10:00: El mito de la personalidad de Paracelso/ Contribuciones a la medicina de Paracelso/ El origen de los elementales de una segunda creación, una segunda carne de Adán/ Cada elemento es un mundo invisible/ Elementales viven un mundo paralelo compuesto por un solo elemento/ ¿Elementales son parte de una sola conciencia o un espíritu colectivo?/ ¿Cómo obtienen alma los elementales?/ Intercambio carnal entre ninfas y humanos/ Elementales guardan los secretos de la naturaleza.

10:00-15:00: Conocer para Paracelso significa entrar a otras realidades y conversar con seres en otras dimensiones/ El hombre puede tener relaciones sexuales y los hijos obtendrían un alma/ Lumen natura, intuición y el conocimiento revelado por la voz de naturaleza/ Seres elementales son portadores de la luz de la naturaleza/ El verdadero médico es aquel que conoce lo invisible/ La riqueza de la imagen de la ninfa/ Una tradición de seducción/ La ninfomanía/ La posesión como forma de conocimiento.

15:00-20:00: La mutación de las ninfas, de las sirenas a Lolita/ Aby Warburg y la pathosformel de la ninfa/ ¿Salir a buscar una ninfa a la calle o al bosque?/ La imagen seminal de la ninfa, el remolino, la espuma, Venus, el ojo de agua, la serpiente, el dragón/ Calasso y La locura que viene de las ninfas/ La ninfa como la guardiana de la fuente esotérica que seduce y a la vez engaña/ El agua y el erotismo/ Resonancias mórficas de la ninfa: la ninfa en el cuerpo y en el lenguaje/ ¿Nosotros hemos creado a las ninfas o existen en mundos sutiles autónomos?/ Giorgo Agamben o cómo las imágenes se convierten en fantasmas y en memoria corporal.

20:00-25:00: ¿Cómo nos relacionamos con los elementos en la modernidad?/ ¿Los elementos han desaparecido? No, existen como imágenes/ El eros de la imagen y los elementos/ Las imágenes como tiempo cristalizado/ Las imágenes como fantasmas que nos poseen/ ¿Cómo le damos vida  las imágenes?/ El eterno retorno de la imagen de una mujer bañándose en el agua/ Sample.

25:00-29:46: Una imagen fascinante: la ninfa, el agua y el alma/ El hambre de la ninfa por el alma/ La relación entre el alma, el agua y la encarnación en la Tierra, siguiendo a Plutarco y a Manly P. Hall/ La seducción de la ninfa para hacer el alma encarnar/ El agua es la memoria y el olvido: el río de Mnemósine y el río Leteo/ Narciso y la caída a través del reflejo/ El agua, el espejo que nos seduce hacia el autoconocimiento/ Sample "A Midnight Summer's Dream": If we shadows have offended,/Think but this, and all is mended:/That you have but slumbered here,/While these visions did appear;/And this weak and idle theme,/No more yielding but a dream.../ Outro.

 

MATERIAL CONTEXTUAL

Tratado de las ninfas, salamandras, pigmeos y otros seres (Extracto, Paracelso)

La locura que viene de las ninfas (PDF, Roberto Calasso)

Ninfas (PDF, Giorgio Agamben)

 

paracelsus_portraitParacelso en el Paramirum:

Nosotros los hombres de la tierra, ¿que sabemos de los fenómenos sin la luz de la Naturaleza? Es la luz de la naturaleza la que hace que las cosas invisibles sean visibles. 

[Los tesoros] son guardados por los espíritus de la naturaleza, son ocultados y mantenidos en secreto para que no sean descubiertos hasta que llegue su tiempo.

Edmund Siderius en el artículo "Knowledge in Nature, Knowledge of Nature: Paracelsus and the Elementals".

Esta experiencia es la que llama la luz de la Naturaleza, la cual permite que todas las cosas en el mundo natural sean descubiertas. No es meramente un método de entendimiento del mundo visible, sino una vía para que los seres humanos entren en contacto con principios más profundos. Paracelso tenía la certidumbre de que el mundo visible era un fenómeno secundario. El mundo invisible es más importante y sólo puede descubrirse a partir de la luz de la Naturaleza, como afirma en el Paramirum.

Puesto que el hombre es un microcosmos de la naturaleza y "la Naturaleza es el mundo y todo lo que contiene", se deduce que esta inteligencia similar al hombre debe de encontrarse en otras partes del mundo natural. Estas inteligencias no tendrían un alma, lo cual va más allá de los fundamentos de los elementos, pero de cualquier manera deben de existir para que el conocimiento humano sea posible como fenómeno natural. Para que el hombre pueda aprender algo de la luz de la Naturaleza, deben de existir antes otras inteligencias en la naturaleza misma. Estos espíritus reflejan las facetas de la existencia humana en su forma pura y son componentes vitales del mundo microcósmico del hombre que hacen el conocimiento natural posible... tienen el deber de ser los guardianes del proceso de revelación de la naturaleza a la humanidad. 

Paracelso sobre el origen de los seres elementales:

Ha quedado claro que hay dos generaciones, la de Adán, y la que no es de Adán. La primera, formada por la tierra, es completamente tangible y material, pero la segunda, al no estar formada de tierra, es invisible, espiritual y sutil. La naturaleza de la generación de Adán es doble. El hombre, por ser de la generación de Adán, es totalmente incapaz de atravesar una pared si no hay en ella alguna abertura. Por el contrario, los seres que provienen de la otra generación no tienen ningún problema para lograrlo, pues su vaporosidad les permite pasar a través de las más gruesas barreras sin causar en ellas estropicio alguno. Hay que añadir aquí una tercera generación, a saber, una naturaleza mixta que participa de la primera y de la segunda. 

Como se adivinará, los hombres pertenecemos a la primera. Aquí se entiende al hombre de carne y hueso, al hombre que se multiplica, que necesita comer y beber, así como evacuar o hablar. La segunda naturaleza es la del espíritu, incapaz de realizar este tipo de acciones por serle completamente inútiles. No obstante, se conoce que hay otra naturaleza: aquella que es sutil como el espíritu, pero que sin embargo se genera como lo hace el hombre, con idéntica figura e idénticas necesidades. En definitiva, posee una naturaleza mixta entre la primera y la segunda generación a pesar de no ser ninguna de ellas, puesto que vuelan --cosa que no hacen los hombres y sí los espíritus-- pero también tienen las necesidades de los hombres, como comer, excretar y beber, y son de carne y hueso, como los hombres. 
 
Roberto Calasso en La locura que viene de las ninfas:
 
El primer ser sobre la tierra al que Apolo habló fue una Ninfa. Se llamaba Telfusa y de inmediato engañó al dios...
 
[...] Aquí Douglas se había hecho, con impertinencia infantil, la pregunta brutal que abre las puertas: "¿Qué es un dragón?". Y había respondido: "Un animal que mira u observa". De hecho, drákon deriva de dirkomai, que significa "tener vista muy aguda". ¿Pero cuál es el ojo del dragón? Douglas responde: la fuente. Más que unidos, dragón y fuente son partes de un mismo cuerpo. Dispares ejemplos recogidos por Douglas, a los cuales Fontenrose agrega "la palabra hebrea ayin, que significa 'ojo' y 'fuente''', concuerdan en un punto: el agua vítrea de la fuente no está solamente protegida por las espirales del dragón, sino que es su mirada mortífera, que escruta a todos los extraños.

[...] Si entendemos el verbo ser como señal de lo que los videntes védicos llamaban bandhu, las "conexiones" que solas dan un significado a lo que existe, se puede decir que la fuente es la serpiente, pero la fuente es también la Ninfa; por lo tanto, la Ninfa es la serpiente. Lo que en Melusina se reunirá en un solo cuerpo, en Delfos se repartió entre tres seres: Pitón, Telfusa y la fuente, porque apolíneo es ante todo lo que mide y separa: el metro. Pero la sustancia era única. Por eso las Ninfas pueden ser a la vez salvadoras y devastadoras.

[...] Para los griegos la posesión fue, ante todo, una forma primaria del conocimiento, nacida mucho antes que los filósofos que la nombran. Se puede incluso decir que la posesión empieza a ser nombrada cuando su soberanía está ya declinando.

[...] Si en el origen de la posesión encontramos a una Ninfa --Iynx--, si las Ninfas presiden a la posesión en su máxima generalidad, es así porque ellas mismas son el elemento de la posesión, son esas aguas perennemente revueltas y mutables donde de pronto un simulacro se impone soberano y subyuga a la mente. Y esto nos transporta al léxico griego: nymphe, que significa tanto "muchacha lista para las bodas" como "fuente".

[caption id="attachment_102660" align="aligncenter" width="448"]thumb "Atlas Mnemosyne", de Aby Warburg. La placa donde se muestra el gesto del pathos arquetípico de la ninfa[/caption]

[...] Al contrario: Warburg advirtió la presencia de la antigüedad pagana en la intensificación repentina del gesto en una figura femenina --y sobre todo, como si el gesto en sí fuera algo muy brusco y necesitara fluir alrededor, en el repentino movimiento del ropaje y de los cabellos de esa figura, desordenados por un soplo. Warburg reconoció esto en Boticelli. Era el "gesto vivo" de la antigüedad que reaparecía.

[...] Pero eso basta para hacernos entender que la Ninfa revelada en BoticeIli continuaba a actuar en él como imagen-fuente de esa demoniaca exaltación del "gesto vivo" con la que los antiguos simulacros regresaban a manifestar su potencia. Así que no maravilla que en el proyecto más ambicioso de Warburg, Mnemosyne, este atlas de los simulacros que debían hablar casi por sí solos, como las citas acumuladas por Benjamin en esa otra inmensa obra incompleta que debía ser el libro sobre los pasajes parisienses, un panel entero fuera dedicado a la Ninfa

Aby Warburg:

Una bella mariposa inasible, es lo propio de la ninfa que no se deja poseer. 

21

Giorgio Agamben:

La memoria no es posible, en efecto, sin una imagen (phantasma), la cual es una afección, un pathos de la sensación o del pensamiento. En este sentido, la imagen mnémica está siempre cargada de una energía capaz de mover y turbar el cuerpo.

Filón de Alejandría:

Heráclito habló correctamente cuando dijo: "El agua es la muerte del alma y la tierra es la muerte del agua". Porque, pensando que el aliento era el alma, indica, con esta expresión enigmática y figurativa, que el final del aire es la producción de agua y de nuevo el final del agua es la producción de tierra; cuando habla de la muerte no quiere decir destrucción total, sino cambio a otro elemento.

Sinesio

Los oráculos, pues, están en consonancia con esto al asimilar a las representaciones oníricas el modo de vida del alma en el más allá, y la filosofía conviene en ser la primera preparación para esa segunda vida, porque el estado de las almas, a medida que es mejor, lo hace a aquel más ligero, mientras que el peor le imprime su mancha. Pues bien, o se eleva a las alturas a impulsos de su naturaleza gracias a su calor y sequedad --no otra cosas es lo de "las alas del alma" y, también aquello de Heráclito, "el alma seca es sabia", imaginamos que se refiere a esto mismo--o, volviéndose grueso y húmedo, se introduce en las guaridas de la tierra y por su propensión natural se agazapa y se precipita en las regiones subterráneas, pues éste es el lugar más apropiado para los espíritus húmedos. Allí es malhadada y penosa la vida, pero es posible emerger una vez que se purifica a fuerza de tiempo, de sufrimiento y de pasar por otras vidas.

 

Salustio:

Estas cosas no son, pero suceden siempre.

 

Twitter Cadena Áurea

Twitter de Ernesto Priani

Twitter de Alejandro Martínez Gallardo

Twitter de Ignacio Bazán

Cadena Áurea de Filosofía en Facebook

En Soundcloud