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Diseccionando el cerebro de Einstein

Por: pijamasurf - 10/01/2015

La inteligencia de Einstein ejerció tanto interés que su cerebro fue diseccionado para que pudiera ser estudiado por futuras generaciones

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La historia moderna ha equiparado la imagen del genio con la de Albert Einstein. En lo que parece ser una mezcla de iconografía pop –su emblemático cabello despeinado y su cercana relación con Hollywood— y una aportación a la ciencia que transformó la forma en la que entendemos el universo –de un reloj a un fluido cuadrimensional—, Einstein se convirtió en el científico más famoso de la historia. Una personalidad a la par de estrellas de cine, que sigue ejerciendo un enorme magnetismo.

A su muerte, en 1955, antes de ser cremado, el cerebro de Einstein fue removido de su cuerpo y diseccionado en 240 bloques. Se prepararon muestras histológicas y se tomaron fotografías desde todos los ángulos para reconstruir de la manera más fidedigna la neuroanatomía de Einstein, efigie de la inteligencia humana.

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Las imágenes del cerebro de Einstein han sido estudiadas minuciosamente y comparadas con numerosos otros cerebros, con el propósito de determinar si existe una estructura física –un hardware, por así decirlo— que propicia o favorece las altas funciones cognitivas.

Una investigación recientemente publicada en Brain. A Journal of Neurology, realizada por Dean Falk, Frederick E. Lepore y Adrianne Noe, parece haber determinado que el cerebro de Einstein, en su pura dimensión física, si tenía una proporción extraordinaria. Y aunque uno podría pensar que atribuir la genialidad al tamaño de ciertas partes del cerebro rayaría en la frenología o en un reduccionismo, esto es lo que los científicos sugieren: el extraordinario tamaño del córtex prefrontal de Einstein “podría haber contribuido al substrato neurológico de sus formidables capacidades cognitivas”, dice la introducción de la investigación. Los lóbulos parietales de Einstein, también inusualmente voluminosos, parecen ser responsables de las habilidades matemáticas de quien fuera empleado de una oficina de patentes.

Las imágenes del cerebro de Einstein en el frío metal del laboratorio –y el ahínco de los científicos por descifrar sus secretos-- son testigos del culto a la inteligencia racional.

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Esculturas labradas entre la enfermedad física y la alucinación psicodélica

Por: pijamasurf - 10/01/2015

La tradición de colores psicodélicos, dibujos caricaturescos de horror, disfrute y erotismo es acentuada en la obra de Keiichi Tanaami

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Estas esculturas del artista japonés Keiichi Tanaami fueron creadas en los años 80, en los cuales Tanami sufrió un edema pulmonar que casi le quita la vida. Paralelamente denotan una cierta influencia psicodélica resultado de su residencia en San Francisco 1 década antes, y recuerdan también su paso por Nueva York, en donde fue testigo de la transición de Andy Warhol de publicista y diseñador gráfico a artista, proceso que, como el propio Tanaami reconoce, influyó en su apuesta por experimentar con múltiples técnicas y métodos. 

La obra de Tanaami nos remite a una potencial conjugación de lo horroroso con lo divertido, originando piezas que bien podrían parecer un juguete. ¿Quién podría imaginar que éstas fueron sustraídas de un período de enfermedad en el que casi muere y en el que además sufría alucinaciones que después le servirían de inspiración?

Keiichi Tanaami vivió sucesos como el ataque aéreo a Tokio en 1945 y con ello, los horrores de la guerra. Tal vez por eso la identidad de  su trabajo se debate entre lo grotesco y lo imaginario, entre los buenos tiempos y los sueños que, como él mismo menciona, se mezclan con los recuerdos y son parte de la realidad misma.

 

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Keiichi Tanaami, No More War
 
Keiichi Tanaami, No More War
 
Keiichi Tanaami, No More War
 
Keiichi Tanaami, No More War
 
Keiichi Tanaami, No More War
 
Keiichi Tanaami, No More War