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Cuarto de espejos te multiplica ad infinitum mientras te columpias

Por: pijamasurf - 10/24/2015

“El fénix está más cerca de lo que parece”. Vertiginoso juego de reflejos convierte a una persona en una multitud: todos somos uno

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En un espacio rectangular de 30 metros cuadrados en la galería KUNSTEN de Dinamarca se escondió uno de los lugares más alucinantes posibles: un cuarto tapizado con cientos de espejos y un columpio para sentarse a observarlos.

La instalación del artista berlinés Thilo Frank, ominosamente titulada El fénix está mas cerca de lo que parece, provoca que el que entre se vea a sí mismo multiplicado en las paredes, el techo y el piso de la galería en una rigurosa geometría que expande los horizontes mucho más lejos de lo que alcanza la vista, como si estuviera inmerso en un mundo infinito de repeticiones.

Aunque los juegos especulares no sean cosa nueva, lo que hace a la instalación de Frank distinta de las demás es el columpio individual, suspendido del techo, desde donde uno observa todos sus reflejos. Ello añade a la experiencia un elemento de mareo que aumenta considerablemente las ilusiones ópticas posibles.

La instalación, además de eso, va a acompañada de un texto que resulta también bastante abrumador:

Una vez que el visitante comienza a columpiarse, la desorientación está al efecto máximo: paredes, techo y piso desaparecen en un movimiento espacial centrifugado, que parece jalar al cuerpo dentro y fuera del espacio infinito.

En total, la experiencia es un viaje a una dimensión de desdoblamientos y multiplicidades en donde tú mismo eres una multitud de fantasmas, y los límites del espacio se ven alterados por el movimiento pendular del columpio en el que estás sentado (todo está más cerca de lo que parece). Quizá lo único que no hay que perder de vista es la localización exacta de la puerta. 

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Altruismo efectivo, o cuando los millonarios quieren salvar al mundo

Por: pijamasurf - 10/24/2015

El dinero parece ser la panacea para terminar con los problemas del mundo, ¿pero dónde invertir una suma obscena de dinero si queremos hacer un cambio real?

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¿El dinero puede remediar los problemas que el capital ha creado? La pregunta es capciosa, pero necesaria. Si todo lo que hiciera falta para aliviar el hambre, la pobreza y la enfermedad del mundo fuera dinero, y si contáramos ya con ese dinero, ¿por dónde empezaríamos a salvar al mundo?

Dustin Moskovitz, uno de los fundadores de Facebook, y su esposa, Cari Tuna, fundaron Good Ventures, que planea salvar al mundo invirtiendo la fortuna que les ha legado la red social, aproximadamente unos 8.3 mil millones de dólares. A decir de Tuna, "queremos echarlo todo a nuestra fundación antes de morir, e idealmente mucho antes de morir". Fue por eso que la pareja unió fuerzas con otras asociaciones para crear el Open Philantropy Project, un club de millonarios que buscan salvar al mundo.

¿Pero dónde poner los millones? ¿Acabar de un plumazo con el hambre de África? ¿O mejor enseñar a todos los niños del mundo a escribir? ¿Qué tal comenzar con algo pequeño, como campañas de prevención para evitar enfermedades sexualmente transmisibles? ¿Y si mejor se lo damos todo a un buen proyecto para curar el cáncer? 

El problema --o el área de oportunidad, en la jerga de emprendedores de nuestra época-- es que el dinero no soluciona nada por sí mismo, si no se sabe aprovechar. El desafío que enfrenta Open Phil y asociaciones afines como GiveWell es el de determinar con métodos empíricos y/o científicos qué causas caritativas benefician más al mundo, lo cual parece ser la tarea del filantrocapitalismo del presente. Y el filantrocapitalismo crea maravillosos titulares y conmovedoras historias, como la de Mark Zuckerberg anunciando que va a donar 99% de sus acciones, lo que origina una nueva forma de publicidad: la del "buen millonario" que, muy al estilo cristiano, se desprende de sus posesiones para poner el ejemplo.

La corriente de pensamiento que se va fraguando en estas pláticas de millonarios lleva el pegajoso nombre de "altruismo efectivo": implica retomar las bases del positivismo para llegar a aplicaciones viables y concretas del capital disponible para hacer el mayor "bien". La tarea parece conceptualizarse como asunto de sobrevivencia: se trata de hacer un cambio tan radical en el presente que sea capaz de aumentar las posibilidades de sobrevivencia de la especie a gran escala en el futuro. La pregunta es: ¿beneficiamos un poco a muchas organizaciones altruistas o lo invertimos todo en una sola? 

Según los miembros de Open Phil, el problema en otros tiempos ha sido que los filántropos eligen sus "causas" basados en preferencias personales o motivaciones subjetivas. Fundar un museo con el nombre de un familiar fallecido es una bonita forma de honrar la memoria, pero si el objetivo es contribuir a la supervivencia de la especie, tal vez existan gestos de desaprobación. La base del altruismo efectivo consiste en una notoria investigación: en este documento pueden leerse cuántos y cuán variados son los frentes donde la sobrevivencia humana está en juego, desde reformas laborales y penales que ayuden a que la gente viva mejor, hasta atacar directamente el calentamiento global, ese gran enemigo de nuestra época.

Enfrentarnos, al menos teóricamente, a los problemas del mundo asumiendo que tenemos los recursos intelectuales y materiales suficientes para hacer un cambio no es solamente un paliativo para que algunos millonarios se sientan mejor consigo mismos: más allá de sus esfuerzos, éxitos y fracasos, nos lleva también a pensar cuál es el rol de los Estados-nación en la resolución de problemas concretos y en la garantía de supervivencia de la especie humana. Parece que hemos entrado en una fase del capitalismo donde son precisamente los capitalistas los que pueden tomar las funciones del Estado bajo su tutela subjetiva y exclusiva... ¿pero qué haríamos si estuviéramos en su lugar?