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Basura como joyas: tribus de Etiopía transforman la basura en adornos corporales (FOTOS)

Arte

Por: Alejandro Albarrán - 10/01/2015

Algunas tribus del valle de Omo, en Etiopía, utilizan las corcholatas y distinta basura para crear adornos corporales como collares, tocados para el cabello e incluso pelucas
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Imagen: Eric Lafforgue

 

Todo el discurso sobre las necesidades se basa en una antropología ingenua: la de la propensión natural del ser humano a la felicidad. La felicidad, inscrita en letras de fuego detrás de la más trivial publicidad de unas vacaciones en las Canarias o de unas sales de baño, es la referencia absoluta de la sociedad de consumo: es propiamente el equivalente de la salvación. Pero, ¿cuál es esa felicidad cuya búsqueda atormenta a la civilización moderna con semejante fuerza ideológica?

Jean Baudrillard

 

La idea de que la basura de un hombre puede ser el tesoro de otro hombre es un dicho que aplica a las tribus del valle del Omo, en Etiopía, quienes utilizan basura como relojes rotos y corcholatas oxidadas para crear bellos tocados y pelucas de moda.

El hiperconsumo y la hiperproducción humanos son agresivos y violentan nuestro entorno, lo violentan hasta el punto de modificarlo, de modificar nuestro paisaje y su concepción de naturaleza. En lugar de flores, corcholatas inundando los contornos de un paisaje desolado; en lugar de listones, pedazos de metal oxidados colgando del cabello, el mundo como un espejo: el basurero de nosotros mismos, o mejor dicho, de lo que queremos ser: el basurero de nuestras múltiples e insaciables necesidades. El basurero de nuestra necesidad de ser dentro del mundo.

En su ensayo “Elogio de la profanación”, Giorgio Agamben habla sobre la idea de profanación como medio para restituir a un objeto su uso común entre los hombres, en ese sentido, un objeto resignificado perderá (junto con su semántica) su valor y le será restituido otro por medio del juego (algo parecido también pasa con el arte conceptual). En su ensayo, Agamben dice:

Esto significa que el juego libera y aparta a la humanidad de la esfera de lo sagrado, pero sin abolirla simplemente. El uso al cual es restituido lo sagrado es un uso especial, que no coincide con el consumo utilitario. La “profanación” del juego no atañe, en efecto, sólo a la esfera religiosa. Los niños, que juegan con cualquier trasto viejo que encuentran, transforman en juguete aun aquello que pertenece a la esfera de la economía, de la guerra, del derecho y de las otras actividades que estamos acostumbrados a considerar como serias. Un automóvil, un arma de fuego, un contrato jurídico se transforman de golpe en juguetes.    

Así, los montes de basura de la hiperproducción capitalista son transformados de golpe en adornos para el cuerpo en el valle del Omo. Lo que antes era perecedero y había sido "despojado" totalmente de su uso (del fin para el que fue creado) de pronto es recontextualizado, cuestionando y resignificando su permanencia, su uso y su valor. Si la basura violenta un entorno, entonces habrá que resignificar a la basura y por medio de ella la percepción de dicho entorno, como lo hacen estas tribus africanas. 

El valle bajo del Omo o simplemente valle del Omo es uno de los conjuntos de yacimientos paleontológicos más importantes de África, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1980. El valle del Omo es el hogar de numerosas tribus, sin embargo, el fotógrafo francés Eric Lafforgue, el autor de este impresionante registro fotográfico, pasó más tiempo con los Bana, Dassanech y Mursi.

Lamentablemente la civilización moderna acecha, lenta y peligrosamente, el valle del Omo y el avance de la tecnología occidental no se queda atrás. Con la finalización de una presa hidroeléctrica río abajo, muchas tribus perderán sus tierras ancestrales y se verán obligadas a reasentarse en los entornos modernos, el paisaje será totalmente modificado y se volverá muy difícil resignificarlo todo. 

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Twitter del autor: @tplimitrofe

Sobre una sirena de plata: “El extraño color de las lágrimas de tu cuerpo” (Hélène Cattet y Bruno Forzani, 2014)

Arte

Por: Psicanzuelo - 10/01/2015

Un género completamente nuevo, saturado de reminiscencias del pasado, este neogiallo se plantea lleno de referencias a las vanguardias del arte de inicios del siglo pasado, mientras satura nuestros sentidos más dormidos

 

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Sobre una sirena de plata: A la búsqueda de significados en “El extraño color de las lágrimas de tu cuerpo” (Hélène Cattet y Bruno Forzani, 2014)

Cattet y Forzani iniciaron inquietando a la audiencia en el año 2009, dirigiendo y escribiendo una audaz y misteriosa cinta déjà vu, Amer, causando también gran impresión en la crítica especializada con este relato fragmentado, en formato de neogiallo que se asumía como película de época. La pareja creadora no sólo homenajeaba el género de películas de terror característico de la cinematografía italiana en los años 70, sino que intentaba producir una cinta que pareciera pertenecer a ese tiempo, con toda su parafernalia. De entrada estaba filmada en super 16mm para tener un proceso químico fotográfico de blow-up a 35mm, logrando así estéticamente cierto grano en la película que le daba una sensación de antigüedad, de material arrumbado, extraviado y recuperado de algún cine italiano, con colores muy saturados.  

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Para seguir cumpliendo con la ilusión y nuestra expectativa de estar experimentando un legítimo giallo italiano con Amer, presenciamos parte de la infancia del atractivo personaje femenino donde recibía su característico trauma de parte de un adulto, para cortar al futuro tiempo presente donde el trauma era básico para poner al sujeto en conflicto psicológico, con una audiencia en total empatía, lista a sufrir con Ana. El acercamiento de Cattet y Forzani explora notablemente la sexualidad del personaje, definiéndola en la manera como enfrenta y se despliega en el mundo que la contiene por medio de esta, es fundamental para construir la trama. Amer resultaba un filme hipnótico, por la manera como por medio del montaje fraccionaba el tiempo y el espacio en una realidad cinematográfica que hace puentes de percepción intensos e instantáneos, metiéndonos de golpe y a la fuerza en los zapatos de Ana. Amer tendría más que ver con el expresionismo que con el giallo, que simplemente es cine de suspenso exacerbado y con lazos al gore y el film noir, sin duda el padre irresponsable del slasher norteamericano. 

 

 

Pero como Forzani lo aclara en una entrevista, no es propiamente un homenaje lo que hacen con el giallo, sino una reinterpretación/reutilización de su lenguaje que les ayuda para contar la historia que quieren contar. Cattet continúa argumentando en específico en torno a ciertas herramientas particulares del giallo: fuertes elementos iconográficos son transfigurados para lograr ciertos objetivos dramáticos, por ejemplo la figura del asesino, que es una  llamativa y escandalosa imagen. En ese sentido el uso de la música es una fuerte reminiscencia de clásicos del giallo dirigidos por Dario Argento con la colaboración de la banda de rock progresivo Goblin como Profundo rojo (1975), Suspira (1977) y Tenebre (1982). 

 

 

De manera intrigante y sorpresiva, hay un ejercicio de apropiacionismo de soundtracks originales que pertenecen a cintas comerciales de la Italia de aquellos años pero que tienen que ver más con otros géneros de cine de explotación, películas de las denominadas eurotrash en años posteriores y softporn, con temas reutilizados de cintas dirigidas por Kawalerowicz y Joe D’Amato, por ejemplo. Hay un par de temas compuestos por Ennio Morricone, a quién no podríamos olvidar, porque le dio la clave a Dario Argento para encontrar la manera de musicalizar todos los giallos que siguieron a El pájaro de las plumas de cristal (1970).     

 

 

  

 

La mancuerna nos prepara con un cortometraje para el frenético caleidoscopio que es El extraño color de las lágrimas de tu cuerpo, con su contribución para el ómnibus film El ABC de la muerte (Varios, 2012), que rápidamente se está convirtiendo en un clásico serial del cine de terror contemporáneo. El corto sigue fragmentando los sucesos en primera persona, que nos plantean la percepción del personaje en vivos colores contrastantes que provienen del negro, de la oscuridad del subconsciente que va encontrando metáforas sexuales en fetiches al tiempo que en el aire explotan burbujas. La sexualidad se va volviendo el máximo vehículo para la agresividad animal que contiene al hombre en sí mismo, para buscar expandirse en el otro incansablemente.

 O es por orgasmo (Cattet y Forzani, 2012):

 

El segundo largometraje de Cattet y Forzani es casi indescriptible si nos queremos ajustar a una trama, la anécdota estorba para criticarla, es una lluvia de imágenes que provocan una realidad aparte, un frenesí que proviene de la fricción de ultrexpresivos y sofisticados planos detalle, comunicando sensualmente y violentamente las dimensiones sutiles casi extrasensoriales con las carnales. 

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Mucho más en la vena del cine de vanguardia dadaísta de inicios del siglo pasado, con autores como Fernand Léger ó Max Reinhardt, que con cualquier cine comercial de género, digamos películas de terror.

El ballet mecánico (Léger, 1924):

 

En El extraño color de las lágrimas de tu cuerpo encarna la maquinaria ancestral que sostiene al cinematógrafo en su más pura esencia, la yuxtaposición de tomas compulsivas, que con cada detalle causan conflicto visual y arritmia sincopada. Con técnicas artísticas que recuerdan al fastuoso Jan Svankmajer de Fausto (1994), por medio de la confusión llegamos al ansia de muerte. Pero la cinta en cuestión va amarrando en cada secuencia esta ansiedad tanática con la sexualidad compulsiva, que permea desde las sombras acechando al personaje principal. 

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A muy grosso modo, si el lector anda pensando en darle una oportunidad a El extraño color de las lágrimas de tu cuerpo, hablando de la enredada trama podríamos plantear a  un personaje, Dan Kristensen, que de regreso a su casa no encuentra a su esposa, con algo de ecos del Roman Polanski nuevamente expatriado en París en Búsqueda frenética (1988), hablando de las acciones del doctor Richard Walker (Harrison Ford) tras la desaparición de su  esposa de su cuarto de hotel, a las pocas páginas de inicio del guión. 

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Así vendrá la búsqueda de su esposa por parte de Kristensen acudiendo a un inspector de policía. La pantalla se parte en cuatro partes equivalentes, y sucesivamente en dos que son una que contiene al inspector interrogando.

Los directores hablan de la casa construida a partir de filmar siete casas distintas, como un cubo Rubik, y la metáfora del cubo Rubik es la conceptualización de la cinta en sí, se van conteniendo las secuencias sucesivamente y por medio de las combinaciones de colores podemos ir penetrando en el misterio de la desaparición. Extraños personajes empiezan a aparecer, desde los pasillos de edificios contiguos o de la memoria. Una conjunción de tilts y paneos frenéticos que encuentran lo que no hay en la mente del espectador.

Si el lector en cambio quiere descubrir qué demonios presenció en los últimos 102 minutos, encontrar alguna clave que le revele el enigma encriptado, podríamos decirle que en otra entrevista se menciona la influencia de Profundo rojo. Por la necesidad de ver las escenas varias veces para encontrar el sentido; es la diferencia la que crea un sentido, así se construye un cine que simplemente no funciona para mirarse una única vez, la película debe verse en más de dos ocasiones, lo que la posiciona en un lugar distinto del entretenimiento de forma automática.

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Podemos experimentar en múltiples proyecciones la sensualidad femenina que se desdibuja por los planos detalle demasiado cercanos para encontrarles forma, fuera de la textura que son sólo pueden volver a ser sensualidad de vuelta (devuelta) en una fotografía, en un elemento análogo lejos del recurso digital que esta pareja belga cuestiona en cada cuadro de película. La cinta es completamente distante de lo digital, se aventura en lo antiguo, un conato gráfico con una atmósfera de un tiempo que ya no es, desde hace varias décadas.

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Cine abstracto en la córnea de un ojo que en realidad no mira los colores del arcoíris sobre su cabeza; colores saturados que empapan los momentos más álgidos, llenos de una tensión que puede encarnarse en las joyas brillantes y punzantes de los anillos que adornan los dedos de una mano asesina, que empuña un filoso cuchillo que canta como una sirena de plata. 

 

 

Twitter del autor: @psicanzuelo